2º Domingo de Adviento  

Hoy es el segundo domingo de Adviento. El evangelio de san Mateo nos presenta a Juan el Bautista invitándonos a la conversión: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Por los años 27 ó 28 del siglo I apareció en el desierto en torno al Jordán este profeta original e independiente que provocó un fuerte impacto en el pueblo judío: las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.

Todo su mensaje se puede concentrar en un grito: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». Después de veinte siglos, el Papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio.

Su propósito es claro: «Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos». No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El Papa no se sorprende: «La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida». Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: «¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas que han perdido capacidad de respuesta?».

Algunos sectores de la Iglesia piden al Papa que acometa cuanto antes diferentes reformas que consideran urgentes. Sin embargo, Francisco ha manifestado su postura de manera clara: «Algunos esperan y me piden reformas en la Iglesia, y debe haberlas. Pero antes es necesario un cambio de actitudes».

 

Escrito por crismhom el Sáb, 07/12/2019 - 19:39

1º Domingo de Adviento  

Hoy primer domingo de Adviento comienza el Año Litúrgico, con cuatro domingos de preparación para la Navidad. Este año seguiremos la lectura del evangelio de Mateo.

Hace dos mil años, cuando los primeros cristianos tenían conciencia de la venida inminente de Cristo, los evangelistas utilizaron un lenguaje apocalíptico para hablar del fin del mundo. A Mateo le preocupa la repentina parusía o venida de Cristo en el mundo. Los discípulos querían saber cuándo iba a ser el juicio de Dios, cuándo terminaría la historia y quiénes estaban preparados para salvarse. Jesús les responde que el fin ni se sabe ni se puede saber. ¿Cómo será esa venida? Repentina: El evangelista menciona el relato de Noé, en el libro del Génesis, cuando el diluvio vino sobre el mundo y nadie se lo esperaba; sólo Noé, que tenía la actitud adecuada, estaba preparado. Y refiriéndose a los dos hombres del campo y las dos mujeres que muelen juntas, los divide en dos grupos: esa venida, a unos se lleva y a otros deja atrás, lo que quiere decir que unos están más preparados que otros. Del mismo modo, esa venida es como el amo de la casa que se prepara porque sabe cuándo viene el ladrón.

Jesús vendrá de nuevo. Su venida será rápida y sorprendente. En esos ejemplos no hay ningún indicio sobre el cuándo, pero sí un mensaje claro sobre la necesidad de una actitud expectante. El capítulo 24 de Mateo no da ninguna pista sobre la fecha del fin del mundo, y además quita la preocupación por el final y nos centra en la salvación presente desde la esperanza del futuro.

Pero el mensaje de Jesús es insistente: “estad también vosotros preparados”. Nos invita a estar siempre preparados para recibir al Señor, que pronto viene a salvarnos. Si esperamos ahora a Jesús como salvador, se nos recuerda que el día final ha de venir como juez. Que el Hijo del hombre vendrá y nos pide que velemos, significa que al final prevalecerá su verdad; Jesús quiere decirnos que Él es la verdad definitiva. Los creyentes tenemos la certeza que la salvación de Jesús está todavía haciéndose en una misteriosa venida continua, por ello celebraremos la Navidad y a la vez esperamos que Jesús regrese al final de la historia.

 

Escrito por crismhom el Sáb, 30/11/2019 - 18:41

34º Domingo del TO. Solemnidad de Cristo Rey

Celebramos la solemnidad de Cristo Rey. Decir “Cristo Rey” equivale a decir “Jesús es el Señor” (es decir, Dios, el Salvador), que es el tema central de la fe cristiana. El evangelio nos ha presentado la investidura regia de Jesús en el calvario. Extraña ceremonia esta última donde la corona es una corona de espinas, el trono una cruz (en cuyo vértice campea una irónica inscripción que proclama “Rey de los judíos” al que allí muere ajusticiado), y la corte la forman dos ladrones crucificados a derecha e izquierda.

Ante la cruz de Jesús se encuentran los magistrados del pueblo, los soldados y la multitud que le lanzan un desafío: “Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. San Lucas insiste en la palabra “sálvate” que aparece una y otra vez en boca de los presentes dirigida a Jesús. Quieren que Jesús muestre su divinidad mediante un signo prodigioso, mediante un milagro que evite su sufrimiento y su muerte, que le evite la cruz.

Sálvate a ti mismo bajando de la cruz. Esa fue la gran tentación que rodeó a Jesús y nos amenaza también a nosotros. Sálvate a ti mismo, piensa sólo en ti, es el mensaje que el mundo nos dirige constantemente: Baja de tu cruz. Huye de todo lo que signifique esfuerzo, lucha, entrega, caridad y misericordia. Evita toda dificultad, todo problema, toda pena. No te compliques la vida por nadie, no te incomodes por nada y menos aún por algo tan poco rentable como la religiosidad. Sobre todo no ames (porque el amor es doloroso y te hará sufrir), no hagas el bien; pásatelo bien, vive bien, eso sí, pero no hagas el bien porque ¿qué vas a ganar con eso? Busca siempre tu interés, no el de los demás, y si para lograr lo que te conviene hay que pasar por encima de los otros, pues ¡hazlo!, al fin y al cabo tú eres tu única norma, tú eres tu rey, eres tu dios.

¡Cuántas veces sucumbimos nosotros a esta tentación! Sin embargo, Jesús no; Él no baja de la cruz sino que la abraza hasta el final, cumpliendo la voluntad del Padre, hasta morir en ella como supremo testimonio de amor (porque “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”). Desde la cruz, Jesús nos explica cuál es la verdadera naturaleza de su reino: el amor misericordioso de Dios. Pues bien, el evangelio nos invita hoy a contemplar la cruz de Cristo como un camino real que conduce a la salvación, como el trono en el que se encuentra la verdadera realeza, la del amor.

 

Escrito por crismhom el Sáb, 23/11/2019 - 22:26

33º Domingo del TO  

El año litúrgico va llegando a su fin, y la palabra de Dios hoy parece que quiere hablarnos de los signos del final de los tiempos.

Jesús ya se encuentra en Jerusalén y el relato nos va aproximando a su pasión. Dice el evangelio que algunos discípulos valoraban la belleza del templo de Jerusalén, uno de los edificios más grandes e impresionantes de la antigüedad. Jesús insiste en la efímera existencia del templo porque Jerusalén y aquel templo, como anuncia proféticamente, serán destruidos por la invasión de los romanos en el año 70 d. C.

El texto evangélico nos habla de acontecimientos trágicos, guerras, revoluciones, terremotos, signos en el cielo, etc., que todavía nos impresionan hoy. A través de estas imágenes, parece que Jesús quiso hacernos pensar en el fin del mundo, y los discípulos quieren prepararse para ese momento.

¿Por qué esta predicción de violencia y de destrucción? Los cristianos esperaban que la venida definitiva de Jesús fuera a suceder en seguida. Se preocupaban por reconocer los signos y creían descubrirlos en las persecuciones que ellos mismos sufrían. Pero aquí Jesús habla no tanto del fin del mundo y de su segunda venida, sino más bien del fin de “un mundo”, de nuestro mundo, que es temporal y está sacudido por el pecado. Las dificultades que describe Jesús son reales y hoy continúan: En el mundo hay males, sufrimiento y dolor, situaciones que se perpetúan por el pecado. Jesús describe el fin de los días como una acumulación y consecuencia de esos males: Las guerras, causadas por enfrentamientos; los terremotos y cataclismos climáticos, manifestación de una naturaleza sobreexplotada y frágil; la enfermedad de la peste y el hambre, producidas por deficiente salubridad y por la escasez, y que causan estragos entre los más vulnerables.

Sigue Jesús diciendo que el final no vendrá en seguida, sino que antes será necesario que ocurra esto. Cuando la comunidad de Lucas recordaba estas palabras de Jesús, vivía un momento muy tenso, de sufrimiento. Ya estaba teniendo lugar la persecución de los cristianos, también con denuncias de los propios familiares y allegados, y con consecuencia incluso de cárcel y pena de muerte. Lo cual le interesaba recalcar al evangelista para mantener la expectación ante la segunda venida de Jesús.

 

Escrito por crismhom el Sáb, 16/11/2019 - 22:29

32º Domingo del TO  

Hoy el evangelio nos presenta el misterio de la resurrección de los muertos, una de las verdades fundamentales de nuestra fe.

Había entre los judíos un grupo político-religioso, muy influyente, los saduceos, que sólo aceptaban los libros de Moisés -el Pentateuco- y rechazaban toda doctrina que no estuviera en estos libros, como la de la resurrección que se contiene en el libro de Daniel (Dan 12, 2-3), o que encontramos asimismo en el Libro de los Macabeos (2 Mac 7, 9. 11. 14. 23. 29). Algunos de estos saduceos quieren poner en ridículo a Jesús tratando de demostrar esa doctrina como absurda. Y, basándose en la ley del levirato -que obligaba a tomar por mujer a la viuda de un hermano- ponen el ejemplo de siete hermanos que sucesivamente toman por esposa a la misma mujer, y preguntan: “Cuando llegue la resurrección ¿de cuál de ellos será la mujer?”. Es absurdo creer de esa manera en la resurrección: La creencia de los judíos en la resurrección suponía una vuelta a la vida en la tierra aunque provista de todo en abundancia.

Frente a esta concepción, Jesús señala que la vida de los resucitados será totalmente diferente de la que se vive en la tierra. Así, en la vida futura los hombres y las mujeres serán inmortales, no se casarán: “Son como ángeles, y son hijos de Dios”, dice el evangelio. Resurrección significa que no sólo hay inmortalidad del alma sino que todo el ser, cuerpo glorificado y alma, participará de la gloria de Dios. Jesús recurre a un texto de Moisés, concretamente del libro del Éxodo (Ex 3, 6), para hacer ver a los saduceos que Moisés ya dio a entender que los muertos resucitan porque Dios se le presenta como el Dios de Abrahán, de Isaac, de Jacob y “no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos”. Con lo cual Jesús afirma una cosa fundamental: a pesar de la muerte, el ser humano siempre vive para Dios. Los saduceos querían demostrar que la resurrección era un absurdo, pero Jesús les ha demostrado que son ellos los que interpretan la Escritura de forma absurda.

 

Escrito por crismhom el Sáb, 09/11/2019 - 22:54

31º Domingo del TO  

El texto de este domingo pone de manifiesto algunas de las características y temas más destacados del evangelio de Lucas: la ternura y la misericordia de Dios con los pecadores, la necesidad de la conversión, y la necesidad de renunciar a las riquezas.

Jesús va al encuentro de Zaqueo, jefe de publicanos y rico. Señalamos tres rasgos importantes: a) "Zaqueo": Jesús llama por su nombre a un hombre odiado por todos por ser jefe de publicanos; b) "Es necesario que hoy me aloje en tu casa": sí, precisamente hoy ha llegado para Zaqueo el momento de la salvación; y c) ¿Por qué "es necesario"? Porque Jesús va a "buscar y a salvar lo que estaba perdido", que es el mensaje de Jesús que resume toda su obra.

Pero el relato deja bien claro que es Jesús quien interpela a Zaqueo para entrar en su casa. La iniciativa está de parte de Jesús. Da la impresión de que Jesús no «pasaba» por casualidad, sino que le estaba buscando. Zaqueo responde a la invitación de Jesús, baja del sicómoro, se pone de pié, y responde con la decisión de repartir la mitad de sus bienes a los pobres y la restitución de lo robado. La presencia de Jesús produce un efecto en el estilo de vida de Zaqueo: se convierte y se hace solidario.

 

Escrito por crismhom el Dom, 03/11/2019 - 06:41