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Gracias, María, gracias

Gracias, María, gracias, por ser del Señor. Por estar disponible y dispuesta a colaborar con el plan de Dios, dejando que sucediera en ti lo que había previsto. Gracias, María, gracias. Muchas gracias. Muchísimas gracias. Porque por ti, un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Y la soberanía reposará sobre sus hombros y le llamarán Maravilloso Consejero, Dios Todopoderoso, Padre Perpetuo, Príncipe de la Paz (Is 9, 10).

Apenas Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno

Apenas Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

Ayúdame a hacer silencio, Señor

Ayúdame a hacer silencio, Señor. Quiero escuchar tu voz. Toma mi mano y guíame al desierto. Encontrémonos a solas, tú y yo. Necesito sentirte dentro de mí, la calidez de tu voz, caminar juntos. Callar para que hables tú.

El cuidado de lo externo ayuda a que crezca lo interno

El cuidado de lo externo ayuda a que crezca lo interno. El silencio, la luz, la belleza no aparente, el color, encontrarse en comunión íntima con el propio cuerpo. Para ahondar en el deseo y desear con más fuerza. Antes de orar, humildad. Tras la oración, sólo agradecimiento.

Sobre la contemplación de un niño

Sobre la contemplación de un niño. Acercarse sin necesidad de decir nada, con sencillez y humildad, sin tener que aparentar nada. Indefenso nos desarma. Es mucho más lo que crea en nosotros sin hacer nada, que lo que logramos nosotros, queriendo hacerlo todo. Gracias, Dios mío, gracias, porque quisiste mostrarme tu rostro, el rostro de un niño.

El Dios de lo pequeño

El Dios de lo pequeño. La vida oculta de Jesús. Treinta años de su vida en la oscuridad. Lo cotidiano. Lo rutinario. Las parábolas de Jesús toman escenas cotidianas: la levadura que se echa en el pan, barriendo la casa para encontrar la moneda perdida. Soy de mi Señor, dice María. Estoy lista. Que suceda en mí lo que has dicho.

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