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Es a quien mucho se ama a quien se canta

Cantad al Señor un cántico nuevo. Cantad con la voz, cantad con el corazón, cantad con la boca, cantad con la vida. Es a quien mucho se ama a quien se canta. Y la gloria de a quien cantamos no es otra que los que le cantan. Seamos nosotros mismos lo que cantamos.

Tu amas todo lo que existe

Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que hiciste, pues si algo aborrecieras no lo hubieses creado. Y ¿cómo subsistiría nada si tú no lo quisieras? O ¿cómo podría conservarse si no hubiera sido llamado por ti? Pero tú perdonas a todos, porque todo es tuyo, Señor, que amas cuanto existe». (Sabiduría 11, 24-26)

Dios de consuelo

Dios de consuelo, tú te haces cargo de nuestras cargas,
de tal modo que podamos avanzar, en todo momento
de la inquietud hacia la confianza, de la sombra a la claridad.

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches de invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

(Rafael y Lope de Vega)

En tus manos están mis azares

Me siento feliz al decir estas palabras: "Tú eres mi Dios; en tus manos están mis azares". Se me quita un peso de encima, descanso y sonrío en medio de un mundo difícil. "Mis azares están en tus manos" ¡Benditas manos! ¿Y cómo he de volver a dudar a preocuparme, a acongojarme pensando en mi vida y en mi futuro, cuando sé que está en tus manos? Alegría de alegrías, Señor, y favor de favores.

No se avergüenza de llamarlos hermanos

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que te ocupes de él? Por poco tiempo lo pusiste debajo de los ángeles y lo coronaste de gloria y esplendor. Porque el que santifica y los que son santificados, tienen todos un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea.

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