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Una Pascua de 50 años

Y el día ha llegado: Cristo resucitó y hoy me regala la fiesta de este final glorioso del triduo pascual en mi 50 aniversario, mi sobrina Natalia me canto mi canción preferida y yo hice este vídeo de celebración.

Viernes Santo, camino de la cruz

El camino de la cruz es una carrera de fondo, un camino que se construye día a día. Esta carrera el amor se expresa levantando rostros de Cristo, manteniendo alzadas imágenes que nos los recuerdan. Contemplando el amor y la fortaleza de María que ve morir a su hijo; conectando ese amor con el que sienten padres y madres cuando piensan en sus hijos y acompañan su camino. Camino de la cruz para acordarnos de personas, con sus situaciones e historias y mandarles mensajes, aunque nos parezca irreverente. Camino de cireneos para ayudar a llevar y levantar cruces ajenas. Camino para dejarse afectar sin más, sin motivo aparente. Camino de caídas, de dejarse caer por falta de fuerzas y dejarse levantar. Camino de fallos y limitaciones reiteradas, de inconsciencias y juicios reincidentes. Camino para contemplar los pecados estructurales del mundo, para conectar con nuestros problemas y reconocer que hay muchas cosas en nuestra vida que no nos acaban de gustar.

Jueves Santo: día del amor fraterno

Yo conozco a los que he escogido decía Jesús. Nos conoce, nos conocemos, nos hemos escogido unos a otros. Pedimos querer tener el corazón y los sentimientos que se despiertan en Jesús y que fluyen y se conectan con nosotros. Frente al peso de una creciente responsabilidad, limpia nuestros miedos, limpia mis prejuicios, lo que limita nuestro encuentro con los demás para aprender a mirarnos unos a otros como Dios los mira. Somos muy limitados, sin ánimo de fijarnos en todo lo que hacemos mal, contemplamos el gesto tan físico de lavar los pies a los demás. Símbolo de humildad, de dejarse hacer, dejarse tocar el corazón. Con el deseo de sentir y experimentar que Dios siempre está ahí, comidos por el estrés de la vida diaria con el sentimiento de no estar a la altura, con no defraudar, prescindimos de nuestra autosuficiencia, en ocasiones física, dejándonos cuidar y lavar en lo que más nos limita, en lo que más nos cuesta aceptar de nosotros mismos.

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Carta a María

 Hola María:

Hoy me permito, con tu permiso, dejar los asnos, mantas, palmeras y a la muchedumbre y sentarme, con mi Jesusito, a escribirte. (aún a pesar que en febrero de este año esta fiesta se ha pasado como solemnidad al 9 de abril)

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El otro Tomás

Me regalaron, de forma fortuita e inesperada, el libro “La Imitación de Cristo” de Tomas Kempis de edición 1949. Un libro que ya lleva 600 años en el mercado y que, a mi parecer, no ha sido igualado hasta la actualidad. Un alimento sólido para el alma que busca, que desea profundamente ENCONTRAR y que está dispuesta a vender todo para comprar el árido terreno donde el tesoro está oculto.

Llega nuevamente a mí, en plena cuaresma, como parte de la orquesta de la vida donde nosotrxs solo tocamos nuestro instrumento porque todo está dirigido por el gran Director.

Llega nuevamente a mí para recordarme que no solo de pan vive el hombre. Llega en medio de un tiempo donde todo se tiñe de cuaresma y de alegría pascual anticipada.

Gracias Dios!

Comentario al Evangelio desde fuera del armario de Ichthys. Quinto domingo de Cuaresma.

Nunca he tenido miedo a la muerte. Más bien tuve alguna vez miedo a la muerte de otros, de mis padres, mis hermanos, mis amigos… Pero soy consciente de que yo nunca tuve miedo a morir. Por el contrario, en mi adolescencia sí deseé mi muerte. En un retiro de esos que llevábamos a cabo durante el curso en el colegio donde estudiaba, el director espiritual empleó buen tiempo en abordar el tema moral, como si el sexto mandamiento fuera el pilar fundamental de la fe. Con dieciséis años ya era bastante consciente de mi identidad sexual, por mucho que hubiera asumido que ese fuera un terrible secreto que guardar, quizá para toda la vida. La discutible pericia pedagógica de aquel sacerdote me hizo sentir un ser despreciable, no ya para la sociedad entre la que se encontraban mis compañeros de clase, sino sobre todo ante Dios, para quien era un error, un indigno hijo suyo, un desviado, un degenerado.

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