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Blog de alberto

¿Quién conoció la mente del Señor?

Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero para que él le devuelva? El es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos (Romanos 11, 29-33).

Solemnidad de Todos los Santos

Hoy, en la solemnidad de todos los santos, recordamos y hacemos presente a todos los que nos han dejado, a los que mantenemos en el vivo recuerdo de nuestra memoria. Porque siguen formando parte de nuestro corazón y nos seguimos queriendo, porque siguen presentes en nuestra vida. Les damos gracias por haber compartido su vida y porque desde la llama viva de su amor siguen cuidando de nosotros. Por todos los que desde el silencio y la cotidianeidad velan gratuitamente por nuestro bienestar, por los que nos incordian porque nos quieren. Por nosotros mismos que anónimamente también velamos y cuidamos de los que lo necesitan. Hoy, día de los que cuidan y se dejan cuidar, de los que dejan fluir el amor por sus vidas presentes pasadas y futuras. ¡Feliz solemnidad de Todos los Santos!

Contemplando granos de mostaza

El Reino de Dios se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas. Contemplando granos de mostaza. Con deseo de plantarlos y verlos crecer poco a poco con la esperanza de que un día sean puntos de sostén para otros.

Recibir el Espíritu a cualquier edad

Contemplando a una persona de la edad de mi padre que se une a un grupo de jóvenes para hacer la confirmación. Les triplicaría en edad, miembro de este grupo desde que tengo uso de razón. Allí estaba como uno más, disfrutando de recibir el Espíritu de Jesús en medio de una celebración llena de emociones. Un verdadero descenso del Espíritu.

El organista

Recordando los cantos y la música de un órgano en una misa a la que asistía con mi familia en una parroquia que frecuentaba cuando era niño. Reconocí una voz, era un canto que escuchaba cuando era pequeño. Al acercarme a comulgar, iba torpemente cantando y miré hacia el organista. Él me vio cantar y me sonrió, porque era de los pocos que cantaba. Devolviéndole la sonrisa, me di cuenta de era el mismo organista que conocí de niño en aquella parroquia, seguí cantando. Al terminar la misa me dirigí a él, le saludé y le felicité por llevar cuarenta años en aquella parroquia ofreciendo su voz y su música. Se acercó mi sobrina. Se la presenté sin poder ocultar la emoción que sentía al haber reconocido su voz después de cuarenta años. Gracias, Señor mío, por disfrutar de esta sencilla imagen que hoy tanto me recuerda a mi propia infancia. Gracias también por el tesón de este buen hombre que allí seguía después de cuarenta años.

Recordar, tener memoria

Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos [...] Entonces ten cuidado, no sea que te olvides del SEÑOR que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre [...] Porque tú eres pueblo santo para el SEÑOR tu Dios; el SEÑOR tu Dios te ha escogido para ser pueblo suyo de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra. El SEÑOR no puso su amor en vosotros ni os escogió por ser vosotros más numerosos que otro pueblo, pues erais el más pequeño de todos los pueblos; mas porque el SEÑOR os amó y guardó el juramento que hizo a vuestros padres, el SEÑOR os sacó con mano fuerte y os redimió de casa de servidumbre, de la mano de Faraón, rey de Egipto (Deuteronomio 4, 9; Dt 6, 12; Dt 7, 7).

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