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Blog de alberto

Mi corazón te sueña, no te conoce

Tras las cimas más altas,
todas las noches
mi corazón te sueña,
no te conoce.

¿Entre qué manos, dime,
duerme la noche,
la música en la brisa,
mi amor en dónde?

¿La infancia de mis ojos
y el leve roce
de la sangre en mis venas,
Señor, en dónde?

Lo mismo que las nubes,
y más veloces,
¿las horas de mi infancia,
Señor, en dónde?

Tras las cimas más altas,
todas las noches,
mi corazón te sueña,
no te conoce.

¿Quién conoció la mente del Señor?

Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero para que él le devuelva? El es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos (Romanos 11, 29-33).

Solemnidad de Todos los Santos

Hoy, en la solemnidad de todos los santos, recordamos y hacemos presente a todos los que nos han dejado, a los que mantenemos en el vivo recuerdo de nuestra memoria. Porque siguen formando parte de nuestro corazón y nos seguimos queriendo, porque siguen presentes en nuestra vida. Les damos gracias por haber compartido su vida y porque desde la llama viva de su amor siguen cuidando de nosotros. Por todos los que desde el silencio y la cotidianeidad velan gratuitamente por nuestro bienestar, por los que nos incordian porque nos quieren. Por nosotros mismos que anónimamente también velamos y cuidamos de los que lo necesitan. Hoy, día de los que cuidan y se dejan cuidar, de los que dejan fluir el amor por sus vidas presentes pasadas y futuras. ¡Feliz solemnidad de Todos los Santos!

Contemplando granos de mostaza

El Reino de Dios se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas. Contemplando granos de mostaza. Con deseo de plantarlos y verlos crecer poco a poco con la esperanza de que un día sean puntos de sostén para otros.

Recibir el Espíritu a cualquier edad

Contemplando a una persona de la edad de mi padre que se une a un grupo de jóvenes para hacer la confirmación. Les triplicaría en edad, miembro de este grupo desde que tengo uso de razón. Allí estaba como uno más, disfrutando de recibir el Espíritu de Jesús en medio de una celebración llena de emociones. Un verdadero descenso del Espíritu.

El organista

Recordando los cantos y la música de un órgano en una misa a la que asistía con mi familia en una parroquia que frecuentaba cuando era niño. Reconocí una voz, era un canto que escuchaba cuando era pequeño. Al acercarme a comulgar, iba torpemente cantando y miré hacia el organista. Él me vio cantar y me sonrió, porque era de los pocos que cantaba. Devolviéndole la sonrisa, me di cuenta de era el mismo organista que conocí de niño en aquella parroquia, seguí cantando. Al terminar la misa me dirigí a él, le saludé y le felicité por llevar cuarenta años en aquella parroquia ofreciendo su voz y su música. Se acercó mi sobrina. Se la presenté sin poder ocultar la emoción que sentía al haber reconocido su voz después de cuarenta años. Gracias, Señor mío, por disfrutar de esta sencilla imagen que hoy tanto me recuerda a mi propia infancia. Gracias también por el tesón de este buen hombre que allí seguía después de cuarenta años.

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