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Blog de alberto

Jesús, ¿qué me dices cuando callas?

Cuando callo lo que digo es “que te quiero”,
que mi amor te ama en silencio,
como en silencio muere el grano para darse por entero.

Cuando callo lo que digo es “dame tiempo”,
el tiempo necesario para poner sobre tu rostro un beso nuevo.

Cuando callo lo que digo es “que te espero”,
que siempre te he esperado, aunque tú,
no siempre aquí hayas vuelto.

Cuando callo lo que digo es “que me cuentes lo que vives y sin miedo”;
pues cuando tímido me dices:
“¿Señor, no sé en verdad cómo comienzo?”,
Yo ya he empezado a leer en tu secreto.

Cuando callo lo que digo es “te respeto”,
pues siendo el que todo lo hizo y aún más puedo,
para hacerlo ahora en ti, necesito tu “sí, quiero”.

Cuando callo lo que digo es “que de ti estoy sediento”;
de regalarte la verdad que dé tu alumbramiento.
¡Quiero llenarte de Vida !!!!

Cuando callo lo que digo es “¡escuchemos!”,
el soplo del Espíritu ya va a levantar vuelo

Estar sin aprovechar, sin rendir

Para fortalecer mi convicción y apuntalar mi voluntad, me centré en lo que estimé que era más determinante: EL SILENCIO. Me refiero tanto a lo que hay en el silencio como al silencio mismo, que es una auténtica revelación […] Para alguien como yo, occidental hasta la médula, fue un gran logro comprender, y empezar a vivir, que yo podía estar sin pensar, sin proyectar, sin imaginar; ESTAR SIN APROVECHAR, SIN RENDIR: un estar en el mundo, un con-fundirme con él, un ser del mundo y el mundo mismo sin las cartesianas divisiones o distinciones a las que tan acostumbrado estaba por mi formación. (4, “Biografía del Silencio”, Pablo d’Ors).

Ser quien eres

Yo empecé a meditar para mejorar mi vida; ahora medito sencillamente para vivirla [...] Así que meditar es para mí estar conmigo, mientras que cuando no medito no sé en verdad dónde estoy. No se trata fundamentalmente de ser más feliz o mejor (lo que viene por añadidura) sino de SER QUIEN ERES. Estás bien con lo que eres, eso es lo que se debe comprender. Ver que ESTÁS BIEN COMO ESTÁS, eso es DESPERTAR (33, “Biografía del Silencio”, Pablo d’Ors)

¿Quién ha medido a puñados el mar?

Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas
como si no existieran,
valen para él nada y vacío.

Isaías 40, 10-17

Calidad frente a cantidad

La cantidad de experiencias y su intensidad sólo sirve para aturdirnos. No creo que la persona esté hecha para la cantidad, sino para la calidad […] Conviene dejar de tener experiencias, sean del género que sean y limitarse a vivir […] Todas nuestras experiencias suelen competir con la vida y logran, casi siempre, desplazarla e incluso anularla. La verdadera vida está detrás de lo que nosotros llamamos vida. No viajar, no leer, no hablar … Todo eso es mejor que su contrario para el descubrimiento de la luz y de la paz […] Para vislumbrar algo de todo esto, tuve que familiarizarme con mis sensaciones corporales y, lo que todavía es más arduo, clasificar mis pensamientos y sentimientos, mis emociones. Porque es fácil decir que uno tiene distracciones, pero muy difícil, en cambio, saber qué clase de distracciones son. Tardé un año en poner nombre a lo que aparecía y desaparecía de mi mente cuando me sentaba a meditar. (3, “Biografía del Silencio”, Pablo d’Ors).

No hay arma más eficaz que la atención

Durante los primeros meses meditaba mal, muy mal. Tener la espalda recta y las rodillas dobladas no me resultaba nada fácil […] respiraba con cierta agitación […] Sin embargo, había algo muy poderoso que tiraba de mí, la intuición de que el camino de la meditación silenciosa me conduciría al encuentro conmigo mismo […]. Durante el primer año, pronto me di cuenta de que prácticamente no había un instante en que no me doliera alguna parte del cuerpo. Mientras me preguntaba ¿qué me duele? ¿cómo me duele? e intentaba responderme, el dolor desaparecía o sencillamente cambiaba de lugar. No tardé en extraer de esto una conclusión: la pura observación es transformadora […] no hay arma más eficaz que la atención. (2, “Biografía del Silencio”, Pablo d’Ors).

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