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Blog de alberto

Osando pensar que si no hacen como yo, hacen mal

Y viene otro daño de aquí, que es juzgar a otros: como no van por nuestro camino, sino con más santidad (por aprovechar el prójimo tratan con libertad y sin esos encogimientos [creerse mejores]), luego os parecerán imperfectos. Si tienen alegría santa, parecerá disolución, en especial en las que no tenemos letras ni sabemos en lo que se puede tratar sin pecado. Es muy peligrosa cosa y un andar en tentación continuo y muy de mala digestión, porque es en perjuicio del prójimo; y pensar que si no van todos por el modo que vos, encogidamente [creyéndose mejores], no van bien, es malísimo. Y hay otro daño: que en algunas cosas que habéis de hablar (y es razón habléis) por miedo de no exceder en algo, no osaréis sino por ventura decir bien de lo que sería muy bien abobinaseis (Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección 41, 6).

Imágenes cotidianas

Se me escapan muchas imágenes cotidianas, escenas del día a día por no acabar de tener tiempo en pararme a mirarlas. Me maravillo contemplando estas escenas, escenas de lo más simple de este mundo pero vistas desde fuera de él. Este mundo no las ve, aunque no soy el único que lo hace. Yo las veo sin esfuerzo, sin buscarlo y me maravillo. Sin embargo, por no concederme un segundo en mirarlas, en ocasiones se me escapan.

Lo que a Dios le agrada

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados.

Que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.

La sabiduría de Dios, un tesoro inagotable

Aprendí la sabiduría sin malicia, la reparto sin envidia y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para hombres y mujeres: los que la adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda (Sabiduría 7,13-14).

Aprendiendo a ser

¿Quién soy? ¿Cómo ser quien soy? Primero, ¿cómo reconocerme? No quien creo o quiero ser, sino ¿cómo reconocer que efectivamente soy yo? Reconocerme en mi más pura esencia, en aquello que sé que soy sin lugar a dudas, en lo que quiero ser, en lo que doy gracias por ser. Segundo, mirarme y recrearme en que así soy y ¡qué gran suerte! ¡Qué inmenso regalo y tesoro ser así! Tercero, ya me veo, ya me siento, ya supe y sé que indudablemente soy yo. Por fin, quiero aprender y disfrutar a a ser quien soy. No siempre acertaré con las cosas. Sin embargo, más importante que acertar es aprender a ser.

No niegues un favor a quien lo necesita

Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita,

si está en tu mano hacérselo.

Si tienes, no digas al prójimo:

«Anda, vete; mañana te lo daré».

No trames daños contra tu prójimo,

mientras él vive confiado contigo;

no pleitees con nadie sin motivo,

si no te ha hecho daño;

no envidies al violento,

ni sigas su camino;

porque el Señor aborrece al perverso,

pero se confía a los honrados (Proverbios 3, 27-30).

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