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Blog de alberto

Dios no se contenta con que aceptemos su amor

La primera respuesta al amor de Dios es a través de la fe, acogiendo llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama.

El "sí" de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido.

Sin embargo, Dios no se contenta con que aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir como San Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (Ga 2, 20).

Dejar que Dios viva en nosotros

Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a Él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos al amor de Dios significa dejar que Él viva en nosotros y nos lleve a amar con Él, en Él y como Él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente a "actuar por la caridad" (Ga 5, 6) y Él mora en nosotros (1 Jn 4, 12).

Examen de cuaresma

Ayuno: abstenerse de lo habitual para dejar paso a lo inesperado. ¿Me comporto con coherencia cristiana? ¿En qué situaciones vivo encerrado en mi propio amor, querer e interés? ¿A qué no soy capaz de renunciar por amor?

Limosna: la fuerza de los pequeños gestos. ¿Cuáles son mis faltas de omisión en el servir y amar al prójimo? ¿Cómo está el termómetro de mi solidaridad, de la compasión, de dejarme afectar por la necesidad del otro?

Oración: la alegría de escuchar y acoger La Palabra. ¿Cómo está mi relación con Dios? ¿Escucho y acojo La Palabra?

La Cuaresma: tiempo de curación

La Cuaresma no es tanto un tiempo de castigo cuanto de curación.

La Cuaresma es una época de especial reflexión y oración, un retiro de cuarenta días en que cada cristiano, en la medida de sus posibilidades, trata de seguir a Cristo al desierto mediante la oración y el ayuno.

De este modo, para la iglesia, la Cuaresma no es un tiempo de prácticas penitenciales formales, sino un tiempo de metanoia (cambio), la conversión de todas las mentes y corazones a Dios, en preparación para celebrar el misterio Pascual.

Thomas Merton

La fe que no razona

Dame, Señor, la fe que no razona y que en todo te ve.

Esclarece los ojos de mi alma, dame vida de fe.

Yo no entiendo el porqué de muchas cosas, pero confío en ti.

Cuando Tú lo permites y lo dispones, convendrá así.

Que eres el más amante de los padres, no lo puedo dudar.

Por eso, aunque me aflijas, te quiero siempre amar.

Quiero vivir unido siempre a tu voluntad y verte a Ti en todos los sucesos de mi vida.

Y, ciegos los ojos del sentido, que ni entienden ni ven,
elevar mi mirada hacia el cielo, "por la vida de fe".

¡Qué mañana tan insulsa, sin conocer al dueño!

 

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