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Blog de alberto

Dame la luz de tu mirada

Abro mi ser y alzo mis manos y mi ser hacia Ti. Mi corazón se abre a la voz de tu Espíritu. Dame la luz de tu mirada. Calma la sed de tu Palabra que hay en mí. Quiero rendirme y entregarme a tu voluntad. No me abandones ni me dejes pues confío en ti.

No con muchas palabras, sino con gran corazón

Un deseo incesante forjado en la fe, la esperana y el amor es una oración incesante. Es necesario que en el seno mismo de nuestra actividad, el deseo continúe la oración. No con muchas palabras, sino con gran corazón.

Dios no necesita que le digamos lo que queremos

Dios ciertamente no necesita que le digamos lo que queremos, porque Él ya lo sabe. Lo que quiere es que la oración ejercite nuestros deseos para hacernos capaces de recibir lo que con gran cariño nos prepara.

Dios nos amó primero

Nosotros amamos porque Dios nos amó primero. El que dice: "Amo a Dios", y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? Este es el mandamiento que hemos recibido de él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos que no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.

Estáte tranquilo, soy yo

La barca estaba en medio del mar. Remaban muy penosamente porque tenían viento en contra. En la madrugada se acercó Jesús andando sobre el agua. Pensaron que era un fantasma, se pusieron a gritar, estaban sobresaltados. Tranquilizaos, soy yo; no temais. El viento se calmó. Tranquilizaos, soy yo; Estáte tranquilo, soy yo.

Hemos conocido el amor que Dios nos tiene

Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. La señal de que permanecemos en él y él permanece en nosotros, es que nos ha comunicado su Espíritu. Y nosotros hemos visto y atestiguamos que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo. El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

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