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Blog de alberto

Los mayores que saben serlo

Los mayores que saben serlo, han podido integrar la vida y la muerte. Miran al pasado como algo valioso y reconocen la ambigüedad de sus logros. Son conscientes de sus limitaciones. Gozan de lo vivido y de lo que tienen, con la paz del desasimiento de sí mismos. Han llegado a la sabiduría.

Naturaleza y educación

La diferencia entre naturaleza y educación hace que al llegar a la edad adulta vayamos equipados de forma distinta. Si las relaciones afectivas fueron poco seguras, la ansiedad crece. Si la educación ha culpabilizado las pulsiones, nuestras necesidades humanas tienden a estar reprimidas. Si se valoró la competitividad social, nuestro conflicto viene de la autoimagen. Hasta la adolescencia el desarrollo depende del ambiente, de que no sea opresor, sino posibilizador. A partir de ahí, el desarrollo depende de cómo reaccione el yo con el ambiente.

La madurez espiritual es proporcional al amor

El proceso de maduración cristiana está marcado por la totalización de la propia vida en Cristo. La madurez espiritual es proporcional a la maduración del amor de caridad, del Ágape del Nuevo Testamento.

Sobre la paz misteriosamente intacta

No hay madurez cristiana sino a través de experiencias fundantes. Momentos o etapas en las que el encuentro con el Dios vivo transformó el sentido de la vida. No fue dispuesto, vino dado. Posteriormente hubo crisis, dificultades que parecían insuperables. Bastó recordarlas y retomarlas de nuevo en un acto de fe. Así la certeza de Dios se hace fundamento absoluto, roca firme y se nota en esa paz misteriosamente intacta, que es más fuerte que nuestros vaivenes psicológicos.

Prodigios de los que creen en Dios

Estos prodigios acompañarán a los que crean en el Señor: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán.

La autoafirmación y la sexualidad son compañeras de camino

Una persona madura equilibra, sin mayores tensiones, el corazón y la cabeza, la afectividad y la razón. La persona madura se muestra tal cual es, sin tener que ocultar lo que siente sino estando en orden consigo mismo e integrando la dureza sin replegarse. La autoafirmación y la sexualidad son compañeras de camino, no enemigas. Disfruta de la amistad y ternura, le encanta luchar y tener un mundo propio.

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