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Blog de alberto

En el lecho me acuerdo de ti

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

Luz perpetua

Ya no será el sol tu luz en el día, ni te alumbrará en la noche la claridad de la luna, porque el Señor será tu luz perpetua y tu Dios, que es Amor, su esplendor.

Aquí parad, que aquí está quien luz a los ciegos da: Dios es el puerto más cierto y si habéis hallado puerto, no busquéis estrellas ya ...

Que se postren ante Él todos los reyes

Que se postren ante Él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. Porque Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; El se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. (Salmo 71).

Tu, Jesús, modelo consumado del hombre verdadero

Tu, Jesús, modelo consumado del hombre verdadero,
muéstranos que el amor es el camino.
Ven, Jesús, ten paciencia con nosotros,
mira con ternura a este mundo desgarrado y envuélvelo en tu misericordia.
Ven, Jesús, amigo del ser humano.
Crezcan en nuestro campo tus fermentos
y llegue tu amor a todos nuestros rincones.
¡Venza tu calor nuestros inviernos!

Te pusiste a recorrer aldeas y pueblos

Te hiciste niño y ternura, Enmanuel.
Dejaste la gloria y te manchaste en el barro.
Olvidaste los caminos estrellados,
y te pusiste a recorrer aldeas y pueblos.
Crecías y reías, crecías y llorabas y temías.
Sabiduría infinita, tuviste que aprender, y dudar, y no saber.

Naciste, niño- Dios, en un planeta dramático.
El hombre mata para sobrevivir y para prevalecer.
Y Tú viniste a esta tierra,
que también se abre a la belleza y al progreso.
Venías con un mensaje de esperanza: que otro mundo es posible,
que es preferible el entendimiento a la guerra,
compartir a acaparar, el perdón a la venganza,
el respeto al abuso, la bondad a la crueldad.

¡Mirad cómo nos amó el Padre!

¡Mirad cómo nos amó el Padre! El amor que nos regaló hasta el punto de llamarnos hijos de Dios y realmente lo somos. El mundo no nos reconoce, porque no lo ha reconocido a él. Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en él, se hace santo así como él mismo es santo.

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