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Blog de alberto

Felicidades, Mateos

Hoy, día de San Mateo, contemplo su llamada. Alguien con un “buen” o al menos bien remunerado trabajo (era recaudador), no bien visto por su sociedad (como les pasa a los que trabajan hoy en los bancos), sin gustar quizá el sentido de su actividad pero sin una mejor opción que le animara a atreverse a darle un giro a su vida. Hoy contemplo cómo se le acerca Jesús y le llama. Sin aspavientos se levanta y le sigue. Mateo necesitaba una llamada y recibió la de Jesús. Otros muchos están preparados para recibir esa llamada. Quizá no ha llegado aún el momento de recibirla. Jesús llama cuando quiere, en realidad llama en el momento más propicio. Aquel día le llegó el momento a Mateo y él sin dudas se levantó y le siguió.

¿A quién se parecen los hombres de esta generación?

¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.» Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores». Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón (Lc 7,31-35).

Me hizo capaz. Se fio de mí

Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un violento. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. Dios derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor cristiano (1Timoteo 1,12-14).

Me hizo capaz. Se fio de mí

Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un violento. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. Dios derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor cristiano (1Timoteo 1,12-14).

Personas de referencia

Agradeciendo tener personas de referencia en mi vida. Personas que en ocasiones no veo con frecuencia pero que están ahí cuando uno las necesita. Para preguntar y contrastar, para compartir, para acordarse y recordar. Personas que no me dan necesariamente la razón sino que con cariño me cuestionan, hacen el esfuerzo de comprenderme y me hacen caer en la cuenta de otros puntos de vista. Gracias por estar siempre ahí, Dios me muestra su rostro más humano y divino a través de ellas. Gracias.

Aprendiendo a decir las cosas

Contemplando mis sentimientos ante una cadena de comentarios sin mayor importancia, dichos sin malicia, incluso con cierto sentido del humor (aunque no lo entendiera así en ese momento). Mirando el punto en el que empiezan a hacer mella, cuando uno empieza a sentirse mal hasta que llega la gota que colma el vaso. Cayendo en la cuenta de los mecanismos que se activan dentro de mí: una cadena retroalimentada de negatividad, de sentimiento de abandono que me incapacita para poder estar bien. Siendo consciente de los pensamientos y respuestas que sin ser pronunciadas se vienen a mi mente. Comentarios que sin duda harán daño a quien los oiga: no hay mejor defensa que un buen ataque. Doy gracias por sentirme empujado a acercarme con sencillez a quien me hablaba para decirle que aunque sabía que era una tontería, sus palabras me habían hecho mella.

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