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Blog de alberto

¿Qué sale de nuestra boca?

Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, así hará bien a los que lo oyen. No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo (Efesios 4,29-32).

Buenos días, Señor

Buenos días, Señor, a ti el primero
encuentra la mirada
del corazón, apenas nace el día:
Tú eres la luz y el sol de mi jornada.

Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda:
Tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
Tú, la esperanza firme que me queda.

Buenos días, Señor, a ti te busco,
levanto a ti las manos
y el corazón, al despertar la aurora:
quiero encontrarte siempre en mis hermanos.

Buenos días, Señor resucitado,
que traes la alegría
al corazón que va por tus caminos
¡vencedor de tu muerte y de la mía!

Osando pensar que si no hacen como yo, hacen mal

Y viene otro daño de aquí, que es juzgar a otros: como no van por nuestro camino, sino con más santidad (por aprovechar el prójimo tratan con libertad y sin esos encogimientos [creerse mejores]), luego os parecerán imperfectos. Si tienen alegría santa, parecerá disolución, en especial en las que no tenemos letras ni sabemos en lo que se puede tratar sin pecado. Es muy peligrosa cosa y un andar en tentación continuo y muy de mala digestión, porque es en perjuicio del prójimo; y pensar que si no van todos por el modo que vos, encogidamente [creyéndose mejores], no van bien, es malísimo. Y hay otro daño: que en algunas cosas que habéis de hablar (y es razón habléis) por miedo de no exceder en algo, no osaréis sino por ventura decir bien de lo que sería muy bien abobinaseis (Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección 41, 6).

Imágenes cotidianas

Se me escapan muchas imágenes cotidianas, escenas del día a día por no acabar de tener tiempo en pararme a mirarlas. Me maravillo contemplando estas escenas, escenas de lo más simple de este mundo pero vistas desde fuera de él. Este mundo no las ve, aunque no soy el único que lo hace. Yo las veo sin esfuerzo, sin buscarlo y me maravillo. Sin embargo, por no concederme un segundo en mirarlas, en ocasiones se me escapan.

Lo que a Dios le agrada

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados.

Que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.

La sabiduría de Dios, un tesoro inagotable

Aprendí la sabiduría sin malicia, la reparto sin envidia y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para hombres y mujeres: los que la adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda (Sabiduría 7,13-14).

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