Mujer

 

 

Carta de una madre en defensa de su hijo gay

 

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“Son muchas las cartas que han llegado ya al diario de mi localidad sobre “la amenaza homosexual” en Vermont (USA). Y desde esa misma tribuna les respondo. Yo soy la madre de un hijo gay y estoy harta de ustedes, “la gente buena”. Ustedes son crueles e ignorantes –buscan asociar homosexualidad y sexo con menores, pese a que las estadísticas demuestran que no es así- y me han estado robando las dichas de la maternidad desde que mis hijos eran chicos.

 

Desde que empezó a ir a la escuela, mi primer hijo comenzó a sufrir a manos de matoncitos morales y beatos de familias “moralmente correctas”, como las suyas, porque se le percibía como gay. Fue abusado física y moralmente desde la primaria hasta que salió del colegio. Durante la educación media, mientras que los hijos de ustedes hacían lo que otros niños de esa edad hacen, el mío elaboraba borrador tras borrador de una carta de suicidio para asegurarse que su familia supiera cuanto les amaba. Mi sollozante hijo de diecisiete me desgarró el corazón cuando estalló diciendo que no soportaba seguir viviendo, que no quería ser gay –en ese entonces-, y que no podía enfrentar una vida sin dignidad.

 

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No sé por qué mi hijo es gay, pero si sé que Dios no lo puso a él - ni a millones como él - en esta tierra para regalarles a ustedes a alguien a quien abusar. Ustedes, “creyentes”, no soportan la idea que mi hijo pueda emerger del infierno que fue su infancia, que pueda aspirar a encontrar quien lo acompañe para el resto de la vida y pueda ser feliz en alguna medida. Ofende sus “sensibilidades” que él solicite el derecho a visitar a ese amigo en el hospital o pueda tomar decisiones médicas en su nombre. “¿Cómo se atreve? -dicen ustedes-, esas inaceptables demandas amenazan la existencia misma de nuestras familias, insultan la santidad del matrimonio”. Ustedes usan su religión para abdicar de su responsabilidad de ser seres humanos pensantes. Pero Dios les dio cerebro para pensar y ya es tiempo de que empiecen a hacerlo. ¡Sépanlo! Hay grandes cantidades de gente religiosa que encuentra sus posturas repugnantes.

 

Al verlos a ustedes, tantas cosas del Evangelio se me vienen a la mente: que hagamos con otros lo que quisiéramos que hicieran con nosotros; que no vino por “los buenos” (¡qué ironía!), pues éstos no tienen necesidad de Él; que seremos medidos según como midamos; que si a Él le han llamado “Beelzebul”, ¿qué pasará con nosotros sus hijos?; que no es voluntad del Padre celestial que se pierda uno solo de sus pequeños; que los últimos serán los primeros y los primeros los últimos... ¿No entienden, verdad? Lo dijo Jesús: “Para un juicio he venido a este mundo: para los que no ven, vean; y para los que “ven”, se vuelvan ciegos...Porque si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen “vemos”, su pecado permanece en ustedes” .

 

Porque si ustedes quieren vanagloriarse de su propia moral, sería bueno que salieran con algo mas sustantivo que su propia heterosexualidad, porque no hicieron nada para merecerla. Si no están de acuerdo me encantaría escuchar su historia, pues mi propia heterosexualidad fue una realidad que viví sin ningún esfuerzo. Está tan urdida en mi propia esencia que nada podría cambiarlo. Aquellos de ustedes que reducen la orientación sexual a una simple elección, a una cuestión de carácter o un mal hábito, me dejan perpleja. Me pregunto, ¿querrán decir que la orientación homosexual es algo que ellos eligieron y que pueden alterar a su gusto? ¿Es que pueden ustedes cambiar la propia orientación homosexual a voluntad? Si ustedes no pueden cambiar la propia, ¿por qué otros sí deberían poder cambiar?

 

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Un tema recurrente en sus cartas es que Vermont ha sido infiltrado por “extraños”, por “emigrantes”, “forasteros”. Ambos lados de mi familia han vivido en Vermont por generaciones, soy una "Vermontiana" de alma y corazón, así es que les agradecería que dejaran de decir que ustedes son los "auténticos Vermontianos". Invocan la memoria de gente valiente que peleó en campos de batalla por este gran país.

 

Mi padre, de 83 años, luchó en algunas de las más horrorosas batallas de la segunda guerra mundial, fue herido y condecorado con el "corazón púrpura". Con tristeza mueve su cabeza por la vida que su nieto ha tenido que vivir. Dice que él luchó codo a codo con homosexuales en esas batallas, que ellos hicieron su parte y no molestaron a nadie. Uno de sus mejores amigos era gay y él nunca lo supo hasta el final, y cuando se enteró, no tuvo importancia alguna. Esa no es la medida de un ser humano.

 

El homófobo autor de una carta de día 12 se pregunta: "¿qué pasó con la idea de superarse?". Yo le respondo, en efecto, señor, ¿Qué pasó? ¿Qué les pasa que no pueden superarse?”. Ustedes tienen la audacia de hablar de proteger a las familias y sus niños de “la amenaza”, pero son ustedes quienes destruyen familias como la mía y conducen a niños y jóvenes a la desesperación. Recuérdenlo: Dios, amor sin límites, no abandona ni abandonará jamás a sus hijos más sufridos.

 

(*) Esta carta nos ha sido enviada por Marta M. Gutiérrez (nickname) a Solidarigay.com.

 

Agradecemos su colaboración.

Desde pecado o pena de muerte... hasta la obispa lesbiana

Periódico 20 Minutos 6 de Febrero de 2012 página 6


 


Ver artículo completo en el periódico 20 Minutos (una vez aparezca el pdf ir hasta la página 6 para ver el artículo).

El hijo de una pareja lesbiana recibe el Bautismo en una parroquia gaditana

Podría interpretarse de muchas formas. Como un acto de acogida de una Iglesia, que a fuerza de los vaivenes y cambios sociales, no le queda otra que adaptarse -a su ritmo- al devenir histórico. O cómo el día a día de las bases eclesiásticas, las que están en contacto con sus feligreses, demuestran que la institución acepta a todos sus 'hijos', aunque a veces cueste. Ese es el análisis, la consecuencia de un hecho tangible que hace dos semanas ocurrió en la parroquia de La Merced. Ese día, un 24 de septiembre, fiesta de la Virgen de la Merced, una pareja de lesbianas, sin pretenderlo, puso una piedra más para la integración de los homosexuales en la Iglesia Católica. Fue gracias a un pequeño de casi seis meses que recibió las aguas bautismales. Lo cuenta La Voz.


Un hecho «inusual» en la Diócesis que tuvo un transcurso de lo más normal, si no fuera porque se trataba de dos madres. Las mismas que prefieren preservar su identidad por discreción y por «huir de protagonismos innecesarios». Pongamos que se llaman María e Irene, una pareja de jóvenes gaditanas que después de estar casadas por lo civil y de alumbrar a su hijo (por medio de una fecundación in vitro) en abril, quisieron que su hijo «se educara en la fe de la Iglesia». «Las dos somos católicas y desde el primer momento tuvimos claro que queríamos bautizar al niño», explica la madre biológica, María. De hecho, tenían previsto «visitar distintos templos de la ciudad hasta que un párroco aceptara». Para ellas era «muy importante», así que empezaron por la parroquia de María de toda la vida, la de La Merced.


«Es en la que me bauticé e hice la comunión y me hacía ilusión que fuera ahí», comenta. Y eso que iban con cierta «cautela» ante una negativa que obtuvo una familiar en otra parroquia al ser madre soltera. «Le expusimos la situación al cura y su reacción fue normal. Nos lo hizo todo muy sencillo y estamos muy agradecidas». Al que se encontraron al otro lado de la mesa de un despacho parroquial de La Merced fue al vicario Pedro R. Molina. «Ellas llegaron y me explicaron que querían educar a su hijo en los valores cristianos. Solo hice lo que debía, además las madres manifestaron una actitud muy buena» -matiza con humildad el párroco- «vi en ellas una predisposición que no se encuentra en alguna que otra pareja casada por la Iglesia».


Así se puso en marcha un proceso «irregular», desde el punto de vista canónico. De hecho, una circular emitida por la Conferencia Episcopal el 11 de mayo de 2007, daba las pautas a seguir en estas circunstancias. «En principio se considera irregular todo bautizo de un niño que no nazca en un matrimonio canónico», explica el Vicario General de la Diócesis, Guillermo Domínguez Leonsegui.


Precisamente a él se dirigió el sacerdote para poder administrar el sacramento al pequeño. De hecho, la circular determina que en estos casos «irregulares», «corresponde al ordinario del lugar (el obispo)» autorizarlo. De esta forma, el escrito en el que se basó el posterior decreto de la Iglesia local determina que «no se excluye que el niño sea educado en la religión católica».


Es decir, «se prioriza el derecho del niño a ser bautizado», como explica el vicario parroquial de La Merced y corrobora el propio Leonsegui. En este caso, había «garantías» suficientes para acreditar que sus madres lo educarán en el catolicismo. Por ello, fue fundamental la petición cursada por el sacerdote de la iglesia de Santa María de «en virtud de que eran feligresas de la parroquia». De esta forma, las dos gaditanas pudieron forjar un día «muy alegre, encima en el día en el que la Virgen estaba a los pies del altar», explica María. El hecho sin precedentes conocidos (o al menos usuales) en la Diócesis no solo vino con el bautismo sino con la posterior inscripción en los libros parroquiales.


Y es que existe la obligación de que el registro eclesiástico coincida en apellidos con el Registro Civil. Por eso, se optó por inscribir al pequeño en la parroquia con los apellidos con los que ya está registrado para el Estado, los de ambas madres. Ahora las dos gaditanas se muestran «contentas con el trato» y «esperanzadas» en que el sendero lo sigan más parejas homosexuales católicas. «Tengo a unas amigas con un hijo que cuando se han enterado de lo de mi bautizo se han alegrado mucho y ahora se lo plantean», explica con ilusión María, que también espera que «más parejas en nuestra situación se animen a hacerlo. Por eso hemos accedido a contar nuestra historia».


 

El nuevo perfil de la mujer con sida en España

Madres heterosexuales, cercanas a los 40 años y diagnosticadas tardíamente.

El perfil de la mujer con sida en España ha cambiado hasta situarse en los patrones de madre cercana a los 40 años, de tendencia heterosexual y diagnosticada de manera tardía, según un estudio que se presentará del 8 al 11 de noviembre en el III Congreso Nacional GeSIDA que se celebra en Sevilla.

El estudio del que se han extraído estos datos ha sido realizado a 748 mujeres que estaban hospitalizadas en 23 centros sanitarios. El documento -que ha sido elaborado en colaboración con el Plan Nacional sobre el Sida- también afirma que la población afectada en España ha diversificado razas y nacionalidades, y es que más de la mitad de los nuevos diagnósticos de VIH en mujeres pertenecen a la población inmigrante.

A la capital hispalense acudirán más de 400 médicos para tratar con el Grupo de Estudio de Sida (GeSIDA), de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), temas como políticas específicas de género para la prevención y lucha contra el VIH en mujeres. Durante las conferencias sobre sida se debatirán datos como que el 20% de los nuevos diagnósticos del virus se dan en mujeres, o que la transmisión heterosexual es la principal en ellas, suponiendo el 79% del total de los casos. Para GeSIDA, "es necesario sentar las bases para una atención diferenciada, y que concluye con la necesidad de incorporar a las mujeres en los ensayos clínicos".

Cambio de perfil
Los nuevos datos sobre el perfil de mujer con sida en España también evidencian que en los últimos años se ha producido una disminución significativa en el número de madres de recién nacidos con VIH, gracias a las pruebas realizadas en mujeres embarazas. Todas estas conclusiones se han extraído de un análisis en pacientes diagnosticadas entre el año 2006 y 2010.
La edad media de la mujer con sida alcanza los 38,31 años, comprendiéndose el 78% de las afectadas entre los 25 y los 49 años. Además, el 66% de las mujeres enfermas no recibieron un diagnóstico precoz.
Otros datos que presenta el estudio de GeSIDA son que el 44,2% de las mujeres era de raza blanca, el 21,93 negra y el 9,76 procedía de países latinoamericanos. Por otra parte, el 46,66% vivían en casa individual y el 38,5 eran trabajadoras activas. El nivel de estudios de las mujeres con sida que se analizaron era de enseñanza primaria en el 39,44% de los casos y de secundaria en el 20,72.

Desde que se desató la epidemia mundial en España han padecido sida 79.363 personas, según datos de la Secretaria del Plan Nacional sobre el Sida, dependiente del Ministerio de Sanidad. A pesar de que el incremento de nuevos casos de infección se produce sobre todo en hombres que practican sexo con otros hombres, GeSIDA subraya la especial vulnerabilidad de la mujer frente al VIH, sobre todo en los segmentos de población menos favorecidos.

A nivel mundial, el crecimiento del número de mujeres infectadas es uno de los fenómenos más preocupantes en relación con el VIH, representando ya el 52% de los casos.

Fuente: Diario El Mundo

En Perú, una mujer es rechazada como donante de sangre por ser lesbiana

Una mujer lesbiana de Perú es rechazada como donante de sangre para su sobrino menor de edad por la homofobia de las enfermeras de la clínica. 

Jenny Trujillo es el nombre de la ingeniera geóloga peruana que fue discriminada del proceso de donación de sangre a su sobrino de ocho años por ser considerada dentro de un grupo factor de riesgo debido al hecho de ser lesbiana.
 
El centro de salud en que tuvo lugar dicha discriminación fue Clínica Anglo Americana. La mujer denunció éste acto tras rellenar un formulario previo a la donación y ser acusada por parte de los médicos de dicha clínica de no haberlo hecho correctamente al haber ocultado su “riesgo de infección” por ser homosexual.
La aludida pidió una disculpa por parte de las enfermeras, quienes justificaron su actitud argumentando que “no tenía buenas venas” para extraer sangre. Así, el centro emitió un comunicado que fue difundido la noche del martes por el canal América Televisión, en el que rechazaba cualquier tipo de discriminación por orientación sexual y argumentó que el formulario entregado a la afectada cumple con la legalidad vigente.
Tras esto, Jenny consideró que tal acto era claramente denunciable así como injustamente discriminatorio: “Me sentí muy mal cuando me preguntaron si mi familia era conocedora de mi opción sexual. No me considero una persona de riesgo porque sé a lo que se refieren. Mi pareja tiene un bebé 11 meses, y no por ser homosexuales tenemos que ser irresponsables, promiscuos o infieles”, explicó Trujillo. Para continuar leyendo este artículo, pulsa AQUÍ.
 
 

La monja, Teresa Forcades, se posiciona a favor de las familias homoparentales

También en el seno de clero católico surgen voces discordantes con la postura oficial de la iglesia católica respecto a gays y lesbianas.La hermana Teresa Forcades,asegura que el crecimiento de los hijos no depende del sexo de sus padres, sino del amor que reciben." Lo único que afecta a la persona es la calidad del amor que se le da".

También en el seno de clero católico surgen voces discordantes con la postura oficial de la iglesia católica respecto a gays y lesbianas. Es el caso de Teresa Forcades, monja benedictina española que ha defendido públicamente la posibilidad de que las parejas del mismo sexo puedan criar hijos.

En una conferencia titulada “Igualdad de mujeres y hombres” pronunciada hace pocos días en Alicante, Teresa Forcades ha defendido, apoyada en el resultado de estudios de parejas de mujeres lesbianas con hijos, que el crecimiento de los hijos no depende del sexo de sus padres, sino del amor que reciben. “La socialización en familias monoparentales y homosexuales no van en detrimento del crecimiento”.

Lo único que afecta a la persona es la calidad del amor que se le da. Cada persona es un ser único con un carácter individual que le ha dado Dios o la naturaleza y que es independiente del género“, afirmó la monja, que también habló de los roles de género y de cómo estos están condicionados por el trato diferenciado que niños y niñas reciben incluso desde que son bebés.

Teresa Forcades, que además de monja benedictina en el Monasterio de San Benedicto de Montserrat (Barcelona) es teóloga y doctora en Medicina, alcanzó gran popularidad hace unos meses tras la difusión de un vídeo en el que denunciaba los intereses comerciales que, a su juicio, rodearon la declaración por la OMS de la pandemia de gripe A (Forcades es, de hecho, autora del ensayo Los crímenes de la grandes compañías farmacéuticas, publicado por el Centre d’estudis Cristianisme i Justícia).

Más allá de sus posiciones sobre este tema, en las que no entraremos, la monja Forcades ha destacado por sus posiciones cercanas a la denominada Teología de la Liberación y su defensa del feminismo (se ha llegado a posicionar, por ejemplo, a favor de respetar la decisión de aquellas mujeres que deciden abortar).

Fuente: agmagazine.info

Las mujeres han sido olvidadas e ignoradas por la tradición masculina

La profesora Mercedes Navarro coordina la colección "La Biblia y las Mujeres", un completo compendio editado por Verbo Divino y que será presentado este jueves en el Colegio Mayor Chaminade de Madrid. Un proyecto "ecuménico, en cierto modo inter-religioso (judaísmo) y con una clara perspectiva crítica de género (feminista, en realidad, si se entiende correctamente el término)".


¿Qué supone esta colección?
Para describir este proyecto, suelo comenzar diciendo lo que no es, pues ayuda a entender mejor su peculiaridad. No es, por ejemplo, un diccionario sobre mujeres de la Biblia; no es una Biblia en femenino ni una especie de historia compensatoria. El proyecto La Biblia y las Mujeres pretende recuperar la recepción de las mujeres, generalmente olvidada e ignorada por la tradición masculina, o desconocida a nivel local y especializado. Por lo tanto, este proyecto hay que entenderlo como parte de la historia de la recepción que intenta actualizar la Biblia, y su historia de la interpretación, en el contexto de una sociedad con una democracia de género. En este sentido, el proyecto debe ser considerado como un intento de inculturación que evalúa las posibilidades de una antropología, bíblicamente fundamentada y teológicamente respetuosa con los géneros, afrontando de modo crítico tanto las Escrituras como la Tradición.


Tanto las Escrituras como la Tradición, reclamaban el ecumenismo. De hecho, en la dirección general estamos mujeres cristianas, católicas y protestantes, pero en la organización y realización de la colección están muy presentes las mujeres judías: exegetas, historiadoras, especialistas en literatura y en arte...
El ecumenismo del proyecto y sus estrechas relaciones con el judaísmo han supuesto, desde el comienzo, un debate sobre dos cuestiones: el canon de las Escrituras y el concepto de Tradición. El tema del canon ya está cerrado, al tener que tomar una decisión entre diversas alternativas. La cuestión de la Tradición es abordada, de manera crítica, por las diferentes autoras y autores en sus respectivos artículos.
Por lo tanto, estamos ante un proyecto ecuménico, en cierto modo inter-religioso (judaísmo) y con una clara perspectiva crítica de género (feminista, en realidad, si se entiende correctamente el término).


Comprende más de 20 volúmenes, de los cuales 5 son bíblicos (tres de AT y dos de NT) y el resto aborda la recepción de la Biblia en la historia con las mujeres, desde ellas, sobre ellas, ya sea por presencia o por ausencia. Dicho de forma sumaria, trata de las figuras bíblicas femeninas; de la recepción de las mismas en la historia de la exégesis; de los textos y temas relevantes en torno a cuestiones de género en el ámbito jurídico, filosófico, teológico y socio-político; de la recepción de figuras femeninas de la Biblia y cuestiones de género en el área del arte, la literatura y las costumbres; de las mujeres intérpretes de la Biblia en la tradición judeo-cristiana.


¿Por qué la Biblia y las mujeres?
La Biblia, obviamente, porque es "el" libro de la cultura occidental y las mujeres porque somos, desde siempre, la mitad de la humanidad. La Biblia ha tenido enormes efectos sobre la historia de la humanidad, desde la ética al derecho, pasando por la filosofía y el arte. Cada generación, cada país y cada época, actualiza, por ello, aspectos diversos del potencial significado del texto, formando una historia de la recepción enormemente diversa. Ciertos modos de recepción del texto bíblico pueden parecer «curiosos»; otros, en cambio, han marcado magistrales momentos de interpretación, pero hay un dato constante, prácticamente en todas las épocas y contextos, y es que la recepción de las mujeres ha sido cuantitativamente minoritaria, y sus tradiciones, en la mayor parte de los casos, marginadas o completamente ignoradas.


¿Cuál es el papel de la mujer en la Historia de la Salvación? ¿Por qué su misión ha estado tan "escondida" a lo largo de la historia?
A estas preguntas irán respondiendo los volúmenes uno a uno. Sería simplista y osado, por mi parte, tratar de responder a una pregunta tan importante, pues no existe una única respuesta ni una interpretación simple para algo tan plural y complejo.


En la presentación se dice que se trata de un proyecto histórico-cultural, que intenta establecer un freno contra una lectura de la Biblia realizada en una perspectiva fundamentalista. ¿En qué consiste esta perspectiva fundamentalista? ¿Utilizamos la Biblia para separar?
Como ya he dicho, de alguna manera, la Biblia, su recepción y su influjo en la transversalidad de la vida cotidiana no pueden entenderse más que de manera contextualizada: los libros bíblicos en el propio contexto, de manera que es imposible prescindir de la historia y la cultura; y la recepción occidental, por su parte, ¿cómo podría entenderse si no es en la historia y desde la cultura, en general y en particular, de cada época, sociedad y lugar concreto? Introducir la dimensión histórico-cultural y la perspectiva de género es, de hecho, un impedimento a cualquier lectura fundamentalista. Impide una lectura esencialista, atemporal, que prescinde de todas aquellas variables que hacen de la Biblia unas Escrituras encarnadas, primero en la historia de Israel, luego en la historia del cristianismo primitivo, y después en el resto de la historia, hasta el día de hoy. La historia, la cultura y el género no permiten lecturas "literales". En la presentación que haremos el próximo jueves explicaremos esto con ejemplos concretos.
¿Si utilizamos la Biblia para separar? La historia nos dice que la hemos utilizado para todo. Hemos justificado tantas cosas... Estos días estoy trabajando en la edición del próximo volumen sobre Medioevo II (ss. XII-V) y en uno de los artículos, su autora explica de qué manera la Biblia "ayudó a construir una bruja". Las interpretaciones y las glosas de autores de aquella época son alucinantes. Pero esta misma autora, en el mismo artículo, habla de otros inquisidores que frenan esta tendencia ¡utilizando los mismos textos! La Biblia, así, ha servido para "construir" una bruja y para "deconstruirla". Conocer la historia, por tanto, es un buen antídoto contra el fundamentalismo y contra cualquier literalismo. Cuando se trata de las mujeres, estas cuestiones se radicalizan mucho.


También explicáis las relaciones hombre-mujer a través del texto sagrado. ¿Cómo son y cómo van evolucionando?
Sí, imagino que esta pregunta ya está en cierto modo respondida. No obstante, remito a los volúmenes que ya están publicados, La Torah (EVD, 2010) y Evangelios. Narraciones e historia (EVD, 2011). El próximo, ya lo anuncio, será Medioevo (ss.XII-XV). Entre recepción e interpretación.


 

Lesbiana y Católica


¿Se puede ser lesbiana y católica y no caer en un conflicto moral indisoluble? María José Rosillo, autora del impresionante al tiempo que sencillo testimonio que publicamos en las páginas 4 y 5 de este número de ALANDAR, contesta con claridad: “¿Se puede cambiar un color de ojos, un color de piel?… ¡No! Podrán usarse lentillas provisionales, o implantes, pero jamás dejar de ser como se es”.


La historia y el presente de nuestra amada Iglesia están llenos de vivencias parecidas a las que comparte María José. Salirse de lo establecido y hacer caso al corazón, sin renunciar a la llamada de la fe, no resulta sencillo para una institución que, como la eclesial, rechaza por sistema a los espíritus libres. Para una mujer lesbiana, de igual modo que para un hombre homosexual, tomar la decisión de vivir en plenitud la fe y sus opciones afectivas le enfrenta con el rechazo y la intolerancia. Tanto en el mundo exterior como en el interior de la Iglesia.


La primera muralla la levanta la hipocresía de colectivos que se declaran progresistas y defensores de los derechos de las personas. Entre las asociaciones lésbicas y homosexuales no está bien visto que uno de sus miembros exhiba como seña de identidad el hecho de ser seguidora o seguidor del mensaje de Jesús de Nazaret. ¡Y qué decir de lo que le sucede en la Iglesia a quien proclama abiertamente su homosexualidad! Acaso piensan los látigos de la moral que el Maestro condenaría a nadie por escuchar su corazón y ser fiel ante lo que siente. En estos dos mundos tan lejanos y tan unidos por la sinrazón, las mujeres lesbianas y cristianas son silenciadas, denigradas o perseguidas. A menudo se sienten, con razón, incomprendidas, ninguneadas o invisibles. Ni siquiera reciben la comprensión de los colectivos feministas no cristianos, pese a compartir un mismo análisis de género que busca deconstruir una sociedad patriarcal injusta.


Somos cada vez más los que, enorgulleciéndonos de pertenecer a la Iglesia de Cristo, defendemos que no es una quimera plantear que ya es hora de integrar fe y sexualidad en el marco de la naturalidad más cotidiana. A quienes se afanan en convertir la doctrina católica en un escarnio y condena permanente de todo lo que suene a amor carnal, sólo les queda aceptar que, afortunadamente, el mundo es muy diverso. Nadie debería poner en duda que optar por el celibato y los hábitos resulta tan respetable como disfrutar con el amor de las personas de tu mismo sexo. ¿Cuándo se bajarán del guindo en el que se encumbraron los maestros de la doctrina y la moral y descubrirán que el concepto de familia ya es mucho más amplio que el clásico padre-madre-prole? Caer en la cuenta de estas realidades y poner en práctica la virtud de la tolerancia y el mandamiento del amor fraterno evitará mucho sufrimiento a mucha gente y fortalecerá a quienes creemos que el Reino que hay que construir o tiene por cimientos la diversidad y el amor, o no será. 

Religiosa realiza su labor evangélica con mujeres que ejercen la prostitución

Alicia Martel (Jinámar, 1947) es una mujer excepcional. Religiosa y comprometida, trabaja desde hace más de diez años con las prostitutas del mar de plástico de Almería.

CIRA MOROTE MEDINA
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
- ¿Cómo va a parar usted a Almería?

- Llevo allí más de diez años... ¡Cómo pasa el tiempo! Mi congregación, las Religiosas Oblatas del Santísimo Redentor, nació en 1968 para dar apoyo a las mujeres en situación de exclusión, sobre todo en el mundo de la prostitución y todo lo que eso conlleva. En aquel momento tuvieron mucha visión de futuro, porque si no se educa a las mujeres, éstas no salen adelante. He estado en otros destinos, siempre con este tipo de tarea, y me destinaron a Almería. Cuando llegué, mis compañeras ya estaban trabajando allí con una academia de peluquería, cursos, etc; pero en 2002, Almería dio un vuelco. Comenzó un desarrollo económico espectacular gracias a la agricultura intensiva y eso produjo un efecto llamada de la población extranjera. El 90% de los trabajadores eran de otros países. De Nigeria, de Ghana, de Guinea Ecuatorial, pero también de países del Este, sobre todo, rumanos. Entonces, articulamos un nuevo proyecto dirigido a las mujeres que llegaron con ellos y que muchas veces acaban en la prostitución.

- ¿En qué consiste ese proyecto?

- Se llama Encuentro y lo llevamos a cabo con otra congregación, las Adoratrices, y con voluntarios. La diferencia con los programas anteriores estriba en que hacemos un acercamiento directo a las mujeres en su lugar de trabajo. Visitamos 35 clubes, 54 cortijos...

- ¿Cortijos?

- Sí, son las antiguas casas que han quedado en medio de kilómetros de invernaderos y que se usan como prostíbulos improvisados, desprovistos por completo de higiene y seguridad. Pero, sobre todo, donde trabajamos es en la calle, con las chicas que están en la calle, que son las que están en peores condiciones.

- ¿Cómo se acercan a ellas?

- Vamos tres en una unidad móvil, que tiene habilitada la parte de atrás como una especie de salón de estar. Allí hacemos tertulia, les ofrecemos un café con leche calentito, información, preservativos... Son encuentros informativos que redundan, sobre todo, en los riesgos que su trabajo puede acarrear a su salud. También les explicamos las opciones que les ofrece la ciudad donde viven, les planteamos alternativas de vivienda, recursos sociales... Les damos nuestra tarjeta para que nos llamen si necesitan algo y por si quieren salir de la prostitución, tenemos pisos de acogida temporal, donde pueden vivir mientras se forman y buscan otro trabajo. Es acompañamiento, información y seguridad.

- ¿Es cierto que muchas de ellas están extorsionadas con ritos de vudú?

- Sí, tienen muy arraigadas esas creencias y las temen muchísimo. Luego empiezas a hablar con ellas y te das cuenta de cómo han sido sus vidas y de que no han tenido posibilidad de recibir una educación. Sus países de origen están muy poco desarrollados y eso se nota. Si en occidente todavía no hemos logrado la igualdad entre hombres y mujeres, imagínese allí.

- ¿Muchas llegan a España siguiendo a sus parejas?

- Sí, más o menos engañadas, con promesas falsas, que, al final, acaban en la prostitución. Eso que se ve en la televisión, esas vidas duras, truncadas, todo eso existe. Si no lo ves, crees que eso sólo pasa en las películas. Las acompañas a hacer una denuncia y sigues todo el proceso y te das cuenta de cómo ha sido su vida, cómo ha sido utilizada, cómo se han incumplido todas las promesas que le hicieron. Una me decía que, en seis meses, sólo le habían dado 600 euros y había generado 30.000 euros.

- ¿Recuerda algún caso especial?

- Pues sí, el de una chica que había venido totalmente engañada y se plantó en el club y les dijo que ella no se prostituía. La encerraban, no le daban de comer... Pero ella no se achantó en ningún momento. Se puso en la puerta y dijo: "O me matas o me mato, pero yo salgo de aquí". Y lo consiguió. Ahora no tiene ningún problema de aparecer en televisión y denunciar lo que viven muchas mujeres.

- ¿Cómo reaccionan ellas cuando ustedes se les acercan?

- En un principio se extrañan de que vayamos por allí. Nosotras también usamos estrategias. Sabemos que hay una entre el grupo que está para vigilar, que suele ser la compañera del proxeneta. Lo que les ofrecemos es ayuda, pero ellas viven en un mundo de sospecha e intervienen muchos factores y personas, incluidos los clientes, por llamarles de alguna manera.

- ¿Qué opinión tiene de los hombres que pagan por el sexo?

- Pues que si hay prostitución es porque hay demanda. Todo esto habría que regularlo, porque ellas mismas te dicen que es una alternativa laboral, con estas palabras, y eso debería tener sus normas, sus derechos y sus obligaciones. Hay mucha hipocresía entre los llamados abolicionistas. Intentaron en un ayuntamiento de por allí quitarlas de la calle, pero no pudieron, porque nos opusimos las ONG. Lo que querían era que no se las viera, no protegerlas. Mi experiencia me dice que si una mujer tiene otra alternativa, no quiere ser prostituta. Es la sociedad que tenemos, la sexualidad mal entendida, por eso nosotras les intentamos dar una salida.

- ¿En los pisos de acogida?

- Sí, ellas nos llaman cuando están más desesperadas, porque es un mundo violento, hay palizas, hay problemas. Quedamos con ellas en un punto y les proporcionamos refugio y formación. Luego vuelan solas, porque no se puede estar siempre viviendo de los servicios sociales.

- ¿Qué le parecen medidas como la de Bonn, donde les cobran seis euros por usar la calle? ¿No es esto criminalizar a la víctima?

- No emplee ese término. Hay algunas que son víctimas, hay otras que no. El lenguaje es muy importante. El lenguaje inclusivo, por ejemplo, debe estar en todas partes, en las escuelas, en las iglesias, porque todo esto viene de una educación patriarcal y machista que hace a las mujeres dependientes emocionalmente. El hombre cree que puede hacer uso de la mujer a su antojo, que le pertenece. Yo les digo siempre que piensen con la cabeza, no sólo con el corazón.

- ¿Cómo es que usted reparte preservativos cuando el Papa ha hablado en contra de su uso? 

fuente: Diario La ProVincia

Soñando un futuro nuevo para la mujer en la Iglesia

Soñar es una manera de alentar el deseo y éste tiene una gran fuerza transformadora. Soñar es el primer paso para cambiar la realidad, es una manera de hacer verdad las utopías. Soñar y … empujar la historia en la dirección de lo soñado.

Los sueños no siguen un orden lógico, ni teológico. Son caóticos, espontáneos, brotan libremente del inconsciente, no se ajustan a normas establecidas, en ellos no todo encaja en lo “políticamente correcto“… así me voy a permitir yo soñar.

Sueño una Iglesia que es realmente una comunidad inclusiva y paritaria, donde mujeres y hombres concentramos nuestras fuerzas en hacer verdad la Buena Noticia, luchando por expulsar los “demonios” de la pobreza, la injusticia, la violencia, el sexismo, el patriarcalismo, la violación de los derechos humanos, la explotación y el tráfico sexual de mujeres y niñas, la explotación laboral, la violación como arma de guerra…

Sueño una Iglesia toda ella ministerial, en la que los ministerios no estén concentrados en manos de los sacerdotes, sino que cualquiera de ellos pueda ser ejercido, desde la llamada de Dios, el reconocimiento de la comunidad que elije y designa a las personas que están capacitadas para ello, sin ninguna discriminación sexual. Entonces podrá ser de verdad una Iglesia servicial, apasionada por todas las personas que sufren exclusión por razón de su clase, raza, sexo, orientación sexual… una Iglesia cuidadora del cosmos y de toda la vida del planeta.

Sueño una Iglesia en la que los lugares de decisión y gobierno no estén condicionados por el sexo sino por la preparación, el amor y la capacidad de servir a la comunidad y de un modo prioritario a los más necesitados.

Una Iglesia donde las mujeres dejamos de ocupar los bancos como escuchadoras semi-mudas y pasantes de los cestillos, para tomar la palabra y constituirnos en sujetos activos de las celebraciones litúrgicas y sacramentales ,en un servicio rotativo, igualitario cuyo requisito no sea ser varón y clérigo, sino ser personas preparadas y dispuestas a servir así a la comunidad.

Una iglesia toda ella tan sensibilizada a la lacra de la violencia machista, que sea la primera en salir a la calle y animar a hacer lo mismo a la comunidad social, cada vez que una mujer es asesinada o maltratada..

Sueño una Iglesia donde ninguna mujer tenga que aceptar la situación clandestina de “amante secreta” de ningún clérigo, porque el celibato no sea una obligación sino una opción en libertad, separado del ejercicio del carisma sacerdotal..

Una iglesia donde las congregaciones religiosas femeninas, tengan los mismos derechos que las masculinas y no necesiten estar supervisadas, controladas ni “paternizadas” por ningún varón.

Una Iglesia que haga imposible que se digan cosas como las que dijo San Juan Crisóstomo, llamado por su elocuencia “Boca de Oro”:

“Qué soberana peste la mujer, ella es la causa del mal, la autora del pecado, la puerta del infierno, la fatalidad de nuestras miserias”.

O como las de Tertuliano:

“¿No os dais cuenta de que cada uno de vosotras sois una Eva? La maldición de Dios sobre vuestro sexo sigue plenamente vigente en nuestros días. Culpables tenéis que cargar con sus infortunios. Vosotras sois la puerta del mal, vosotras violasteis el árbol sagrado fatal; vosotras fuisteis las primeras en traicionar la ley de Dios; vosotras debilitasteis con vuestras palabras zalameras al único sobre el que el mal no pudo prevalecer por la fuerza. Con toda facilidad destruisteis la imagen de Dios, a Adán. Sois la únicas que merecíais la muerte; por culpa vuestra el Hijo de Dios tuvo que morir”.

Sueño una iglesia donde no se considere palabra de Dios, sino palabra de varón, textos denigrantes para la mujer como las siguientes:

“El ángel que hablaba conmigo me dijo: alza los ojos y mira, ¿qué aparece?. Pregunté: ¿qué? Me contestó: Un recipiente de veinte y dos litros; así de grande es la culpa en todo el país.

Entonces se levantó la tapadera de plomo y apareció una mujer sentada dentro del recipiente. Me explicó: Es la maldad. La empujó dentro del recipiente y puso la tapa de plomo” (Zac 5,5-8)”.

Ni se vuelva a leer en ninguna liturgia otros textos, más cercanos, como los de Pablo, mandando callar a las mujeres en la Iglesia, pidiéndoles sometimiento a sus maridos, proclamando al varón cabeza de la mujer.

Y si por casualidad se lean que sea para decir: “esta no es palabra de Dios y por ellas no te alabamos Señor.”

Una Iglesia que recupere la memoria y reconozca que quién fue tentación no fue la mítica Eva, sino el personaje histórico Pedro a quien Jesús llamó Satanás.

Sigo soñando una Iglesia en la que, ya que nos atrevemos a imaginar y proponer imágenes de Dios antropomórficas, éstas sean fieles a mostrar la verdad de que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, y ya nunca más se excluya de la representación de Dios el cuerpo de la mujer y su sexualidad. Que de una vez por todas el cuerpo femenino deje de ser no apto para revelar a Dios.

Una Iglesia en la que las orientaciones de moral sexual y familiar sean hechas por hombres y mujeres casados que desde su experiencia y su preparación y eficiencia puedan, de verdad, no solo orientar, sino ser testigos creíbles de aquello que proponen a los demás.

Una iglesia que tenga un lenguaje litúrgico no sexista, ni patriarcal y reconozca que Dios tiene hijos e hijas, hermanos y hermanos…y donde no ocurra, lo que acontece ahora tantas veces, que en una liturgia donde prácticamente sólo hay mujeres, la persona que presida la Eucaristía, las invisibiliza en su lenguaje y se dirige al público todo el tiempo en masculino.

Una Iglesia que se tome en serio y sepa respetar no sólo la teología que elaboran los teólogos sino también la que elaboran las teólogas, y por tanto sea paritaria la presencia de mujeres y hombres en las facultades de teología y en los centros de formación sacerdotales y laicales. Aunque, pensándolo bien quizás lo ideal es que desaparecieran el dualismo clerigal/laical.

Sueño y sueño y no dejo de soñar… una comunidad eclesial fiel a Jesús de Nazaret. Él hizo verdad una comunidad de iguales, sin exclusión alguna, no estructuró su grupo de seguidores y seguidoras desde el orden patriarcal dominante, sino como una familia de iguales, sin relaciones de poder jerarquizado. Lo expresó muy claro: llamándolos amigos y no siervos (Jn 15,15), pidiéndonos que no llamásemos padre, ni maestro a nadie más que a Dios, porque todos los demás somos hermanos y hermanas. Hizo visible la comunidad que quería lavando los pies a los suyos y diciéndole a Pedro que si no entiende ese gesto suyo no puede formar parte de la nueva familia (Jn 13,6-8).

Sueño una iglesia que, como Jesús, cambie radicalmente la mirada sobre las mujeres y visibilice de un modo nuevo nuestros cuerpos:

· No como objetos sino como sujetos autónomos y libres.

· No como reproductoras sino como constructoras de la Historia de Salvación, del Reino de Dios.

· No como cuerpos tentadores sino como amigas entrañables suyas, como quienes “aman mucho”, “tienen mucha fe”.

· No como inferiores en nada sino como iguales en todo: en dignidad, derechos, deberes, tareas en su comunidad.

· No para estar detrás y debajo de nadie sino junto a, al lado de… construyendo la historia.

· No como ignorantes que nada tienen que decir sino como “maestras” de las que él aprendió

· No lejos de los espacios significativos sino dentro de la comunidad, ejerciendo los mismos roles y funciones que los varones.

· No dentro del hogar sino donde la vida nos cite, donde Dios nos llame, en la vida, en la historia, en la plaza publica, en todos los ministerios eclesiales También, por supuesto, en el hogar compartiendo tareas y cuidados con los varones.

· No como imposibilitadas para mostrar el rostro de Dios sino como revelación suya.

Es hora de despertar y no quiero, no quiero encontrarme con la realidad que ahora vivimos las mujeres en la Iglesia, pero es preciso despertar ,levantarnos, liberarnos de nuestros encorvamientos ancestrales, arriesgar a tocar la prohibido por leyes y preceptos patriarcales, es preciso unirnos, trabajar al unísono mujeres y hombres en la Iglesia para ir empujando este Iglesia nuestra, santa y pecadora, fiel e infiel en la dirección del sueño de Dios: una comunidad de hijas/os, hermanas/os.

En esta hermosa y ardua tarea todos y todas necesitamos convertirnos a la Buena Noticia del Reino y su llamada a creer en ella y a hacerla verdad en la historia, en la Iglesia.

Una lesbiana, probable líder de los conservadores escoceses

Ruth Davidson (en la fotografía), diputada conservadora en el Parlamento escocés y abiertamente lesbiana, ha presentado su candidatura a liderar a los conservadores escoceses. Una candidatura que se daba por hecha desde hace varias semanas y que parte como la gran favorita. Davidson, de 32 años, contaría al parecer con el respaldo del primer ministro británico, el también conservador David Cameron.


En caso de confirmarse los pronósticos y ser elegida, Davidson tendría ante sí un reto muy complicado: los conservadores son el tercer partido de Escocia, pero a gran distancia de nacionalistas y laboristas. En las últimas elecciones al Parlamento escocés consiguieron menos de 15% de los votos, y disponen solo de de 17 de los 129 diputados.

Ver fuente del artículo aquí.

“No queremos volver al armario”

“nosotras hemos vivido un doble rechazo. Entre los católicos por ser lesbianas y en los lésbicos por ser cristianas. Muchas veces nos han dicho: ¿Qué hacéis vosotras en la Iglesia cuando la Iglesia os está rechazando? Y nosotras afirmamos: La Iglesia nos rechaza pero Jesús de Nazaret no nos rechaza. Tenemos que seguir trabajando pero siempre desde dentro de la Iglesia”.

Corre el año 72 en una España oscurantista y reprimida. Está en vigor, desde 1970, la ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, que sustituye a la de 1933 sobre vagos y maleantes. La ley de 1970 es de términos muy parecidos a la del 33, pero incluye penas de hasta cinco años de internamiento en cárceles o manicomios para los homosexuales y demás individuos considerados peligrosos sociales, con el fin de que se «rehabiliten».

Con este “caldo de cultivo”, Paulina Blanco y Encarnación Granjo se conocen en un pueblo pequeño de Extremadura en la España profunda de entonces. Encarnita fue a trabajar al pueblo de Paulina y comenzó una amistad que “luego se convirtió en amor”, “un amor con muchas dificultades por parte de la gente del pueblo, de la familia…”. Eran jóvenes y los problemas no las asustaban, apenas sí los veían en los comienzos de ese gran amor que las mantiene unidas desde hace casi cuarenta años.

Fueron superando las dificultades, pero tuvieron que salir del pueblo, donde no podían vivir su relación con libertad. Se fueron a Barcelona, donde vivieron y emprendieron juntas un camino común que permanece hasta hoy.

UNA FE QUE NOS HACE FUERTES
 
“Somos católicas y, pese a las dificultades que hemos tenido, nuestra fe es fuerte y es la que nos ha ayudado a andar el camino”, comenta Paulina. En Barcelona buscaron un lugar donde vivir y compartir su fe y permanecieron en una comunidad durante diez años, pero nadie sabía que eran pareja: eran hermanas, madre e hija, monjas... Un día conocen a un chico de la comunidad de gays y lesbianas cristianas y empiezan a frecuentar la comunidad. Es un espacio de libertad donde pueden vivir su ser como pareja y como creyentes. Porque, comenta Paulina, “nosotras hemos vivido un doble rechazo. Entre los católicos por ser lesbianas y en los lésbicos por ser cristianas. Muchas veces nos han dicho: ¿Qué hacéis vosotras en la Iglesia cuando la Iglesia os está rechazando? Y nosotras afirmamos: La Iglesia nos rechaza pero Jesús de Nazaret no nos rechaza. Tenemos que seguir trabajando pero siempre desde dentro de la Iglesia”.

Mi encuentro con Paulina y Encarnita se da en el marco del XIV Congreso Internacional que la Asociación Europea de Mujeres Para la Investigación (ESWTR en sus siglas en inglés) celebró en Salamanca en el mes de agosto pasado. Ellas organizaron un taller que titularon con el nombre de “Los colores del Arco Iris”. Coincidimos en un grupo de trabajo donde compartíamos lo vivido durante el día. Se presentaron como matrimonio, ya que se casaron al poco de aprobarse el matrimonio entre personas del mismo sexo en 2005. Son conscientes de los progresos que se han dado en los últimos años. Reconocen que “el taller que hemos podido hacer en este Congreso hace diez años no lo hubiéramos podido hacer”. Allí mismo hicieron una petición para que en el próximo Congreso se dé un paso más y haya una conferencia sobre el tema de gays, lesbianas y transexuales cristianos.

También son conscientes de que “la ley es una cosa y la sociedad es otra y, por supuesto, la Iglesia otra. No van caminando todas a la vez. La ley en nuestro país va por delante. Un día sí y otro también hay denuncias por homofobia, ataques a gays y lesbianas que han decidido vivir su relación en libertad, sin miedo, a la vista de los demás... “Tenemos el miedo dentro y vas pensando que a ver si me van a ver. El miedo de tanto tiempo no se quita tan fácilmente”. Nos comentan en el grupo que muchas veces se encuentran con personas que les dicen que ahora está de moda eso de ser gay o lesbiana, Paulina se pone muy seria y Encarnita asiente: “Yo he estado cuarenta años sin poder ir a mi pueblo, he pasado lo que nadie sabe para ocultar mi condición de homosexual y ahora que he salido del armario necesito decirlo”. No es cuestión de moda. Es un derecho ahora reconocido.
 
MILITANCIA ACTIVA

Durante nuestra conversación voy descubriendo que detrás de estas dos mujeres, sencillas y ya con una cierta edad, hay verdaderamente dos militantes, dos activistas convencidas, quizá con el deseo de que ninguna persona tenga que volver a vivir lo que ellas han vivido; quizá con el deseo de no dar un solo paso atrás en los derechos adquiridos sino más bien ir avanzando en un situación de igualdad con el resto de las personas heterosexuales; quizá con el deseo de que en la Iglesia sean consideradas como personas iguales al resto de creyentes en derechos y obligaciones.
Por eso están en distintos Foros: como creyentes en Redes Cristianas, como homosexuales en la coordinadora de Cataluña de lesbianas, gays y transexuales (LGTB). Desde el año 1983 participan en el Congreso Internacional de cristianos gays y lesbianas que el año pasado se celebró en Barcelona y que el próximo se celebrará en Berlín.
 

MAYORÍA DE EDAD

Los años van pasando y surge una pregunta: “¿Qué va a ser de nosotras cuando seamos mayores?”. Encarnita y Paulina, junto a otras personas con inquietud social, crean la Fundació Enllaç. En su web (http://www.fundacioenllac.cat/) podemos leer “La Fundación busca proteger la autonomía y la solidaridad de las personas LGBT ante las situaciones de más vulnerabilidad: vejez, pobreza, indefensión, enfermedad... Queremos asegurar que todas las personas LGBT puedan vivir con plena dignidad, sin renunciar a la propia identidad, sea cual sea su situación individual.”

Encarnita y Paulina nos cuentan su experiencia: “La Fundación lleva funcionando tres años y, de las primeras cosas que se está haciendo, una es orientar a las personas mayores sobre cómo hacer testamento vital, realizar las últimas voluntades, gestionar el patrimonio y también sobre el tema de las residencias. En este momento hay una homofobia instalada que no nos permite vivir con libertad nuestros últimos años de vida. Conocemos hombres que han ido a las residencias y porque han pedido estar juntos se han tenido que volver a su casa por no permitirles vivir su vida de pareja. Otros viven en las residencias pero han tenido que volver al armario. Cosa muy triste porque nosotros, los mayores, somos los que más hemos padecido porque hemos sufrido la represión, el rechazo social, hemos padecido las leyes homófobas que teníamos y ahora somos mayores y no sabemos qué va a ser de nosotras”.

La Fundación, en colaboración con el ayuntamiento de Barcelona, hace un curso de formación para cuidadores de personas LTGB, para que cuando nosotras tengamos que ir a la residencia o necesitemos atención en casa, estas personas cuidadoras sepan con quién están tratando y que nosotros no tengamos de nuevo que esconder nuestra condición de homosexual porque si no, no vamos a ser bien tratados”.

 

Fuente: Alandar.org