Oraciones y Celebraciones

 

Todos los jueves a las 20:45h en Barbieri 18, tiene lugar un rato ecuménico de oración comunitaria a la que está todo el mundo invitado. En este apartado se añaden algunas de las oraciones realizadas. Si quieres orar, esta es tu sección.

Celebraciones de la Cena del Señor

Esta sección contiene las celebraciones de la Cena del Señor, más cercanas a la tradición católica debido a la mayoría católica de simpatizantes de CRISMHOM.

2014-11-22 Cena del Señor: XXXIV Domingo "Cristo Rey"

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

FIESTA DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

FINAL DEL CICLO LITÚRGICO “A”

Nos aproximamos al final del año litúrgico del calendario eclesial y por tanto se nos invita a reflexionar sobre la recapitulación de todo en Cristo.

Desde esta perspectiva me gustaría invitaros personalmente a contemplar las lecturas que se proponen en esta fiesta:

Las claves de comprensión vienen dadas por la primera lectura y por la última o Evangelio:

PASTOR-JUICIO

Dios mismo en persona es el que sigue nuestro rastro en la vida, estemos perdidos o no, para librarnos del mal. Pero si el Señor es mi pastor, como dice el Salmo, entonces nada me puede faltar. Aquí está la cuestión primera que se nos presenta. ¿Es Cristo nuestro pastor? Si no lo es Él…,¿Qué o quién lo será?

Primero de todo tenemos que reconocer nuestra condición de oveja y de dependencia ante un mundo que nos viene grande. Queramos o no, somos dependientes e interdependientes los unos de los otros, por eso no vivimos solos, sino en sociedad.

Esta sociedad nos ofrece múltiples “pastores” entre comillas y en minúscula que pretenden liderar nuestros sentidos:

a)   Las ideologías, las políticas, las luchas sociales… por los derechos y deberes.

b)   El hedonismo, estado del bienestar personal sin dejar que nada me afecte y conmueva el suelo que piso o la seguridad alcanzada.

c)    El culto al cuerpo físico

d)   Las drogas, el alcohol que anestesian nuestra conciencia para evadirnos de la realidad.

e)   El consumismo material como relleno de nuestros complejos

f)     El sexo como consumo humano.

No seamos ingenuos, nuestro corazón necesita afectos, nuestra mente necesita ideas y desafíos, nuestro cuerpo necesita ejercicio y calor humano y nuestra alma necesita paz y elevación espiritual.

¿Dónde encontrar la paz de nuestros sentidos?

A mi modo de ver, como cristiano, poniéndolos al servicio y la guía del único Pastor que merece nuestra entrega, Jesucristo.

Él recreó al ser humano crucificando en su humanidad todas nuestras pasiones para dominarlas y redimirlas. En sus heridas fuimos sanados y reconducidos hacia el Padre que nos creó.

Hacia lo Bello, lo bueno, lo noble y lo verdadero. Para habitar en la casa del Señor por años sin término.

Si ya te sientes oveja, el segundo paso es ser de Cristo, seguirlo a Él, escuchar su voz. No a otros dioses y señores.

¿Para qué?

Para que nos conduzca a las verdes praderas, hacia las fuentes tranquilas, a la paz del espíritu.

Dice el Papa Francisco:

1.    Vive y deja vivir

2.    Date a los demás como el agua del río se da por donde pasa, porque si se estanca, se corrompe.

3.    Que tus aguas sean remanso de peregrinos y no cascada turbulenta.

4.    Juega, diviértete con los tuyos, familia, amigos…, antes que divertirte sólo para ti mismo.

5.    Haz del Domingo un día especial.

6.    Ayuda a otros a conseguir sus objetivos en la vida.

7.    Cuida la naturaleza que nos acoge, nuestra casa común.

8.    Olvida rápidamente lo negativo, tan rápido como te sacas una espina que se te clava.

La necesidad por hablar mal del otro con chismes o difamación de sus secretos o intimidades, es indicativo de una baja autoestima, es decir, “yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro”.

9.    Respeta al que piensa distinto: Podemos inquietar al otro con nuestro testimonio, pero dialogar para convencer,nunca. Cada uno dialoga desde su identidad. Se crece por atracción y no por conquista.

10. Busca activamente la PAZ, que es Cristo mismo, no la idea de quietud, parálisis o alienación, sino una paz activa del que sale al encuentro del ser humano.

Porque sólo es libre el que sabe hacia dónde va y con quién va en esta vida que es un viaje.

Cristo de una mano y el prójimo de la otra como cuando rezamos el padrenuestro, juntos caminando hacia Dios.

El Evangelio de Hoy habla por sí mismo. El juicio de Dios no será para indagar por el cumplimiento de las normas, de los cánones, ni por la exactitud con que se hayan celebrado los ritos. Sino que escudriñará el cumplimiento del mandamiento del amor a Dios y al prójimo.

“Cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron”

Tuve hambre y me disteis de comer

Tuve sed y me disteis de beber

Fui forastero y me hospedasteis

Estuve desnudo y me vestisteis

Enfermo y me visitasteis

En la cárcel y vinisteis a verme

Esta es la tarea y el examen, pero el premio no nos corresponde a nosotros adjudicárnoslo ni tampoco disfrutarlo sin la tarea realizada.

¿No será este nuestro caballo de batalla desde el mundo lgtb?

La tentación de disfrutar de todo sin dar,  sin sacrificio, sin entrega, sin complicaciones, sin pérdidas de tiempo. Buscar el premio sin estas premisas, es ser ladrón y bandido como en la parábola del reino.

Todavía hoy se sigue vulnerando constantemente este binomio de amor que conduce a Dios (Cristo-prójimo) cuando no hay justicia social, derechos humanos, derechos LGTB, Y deberes comunes de convivencia.

Se preferiría una fe individual sin complicaciones comunitarias, pero pretender esto es relegar la fe a un rincón pequeño de nuestra conciencia. Sería desconocer el alcance del orden nuevo que inaugura el resucitado, una nueva creación en la que hay que reinventar todas las estructuras contaminadas por el pecado.

Por tanto, el mensaje de este domingo es claro: no es la forma o el resultado del juicio, sino el hecho de que habrá un juicio justo.

Que el mundo no viene de la casualidad y no acabará por casualidad. Ha comenzado con una palabra: “Que exista la luz…”  “Hagamos al ser humano…” y terminará con una palabra: “Venid benditos… Apartaos de mí, malditos…” La injusticia y el mal no tendrán la última palabra.

Con esta fiesta de Jesucristo Rey del universo, celebramos anticipadamente al Rey que vino, viene y vendrá desde nosotros mismos hasta su Parusía final.

Cena del Señor en torno al Adviento

 

¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad. El Advenimiento que esperamos los cristianos es la Navidad, ¡es el Reino de Dios que se hace realidad en la Tierra! No es otro mundo… Es este mismo mundo… ¡pero «totalmente otro»!
 
Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda…!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura antiutópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios… No podemos dejar de darnos la mano con los todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo. Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó “Reino de Dios”, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio.
 
 
Ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta».
 
Primera Lectura: Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18a
Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén:
«No temas, Sión, no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva.
Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.»
Palabra de Dios
 
Salmo responsorial: Is 12, 2-3. 4bed. 5-6 
R. Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.»
El Señor es mi Dios y salvador: 
confiaré y no temeré, 
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, 
él fue mi salvación. 
Y sacaréis aguas con gozo 
de las fuentes de la salvación. R.
Dad gracias al Señor, 
invocad su nombre, 
contad a los pueblos sus hazañas, 
proclamad que su nombre es excelso. R.
Tañed para el Señor, que hizo proezas, 
anunciadlas a toda la tierra; 
gritad jubilosos, habitantes de Sión: 
«Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel.» R.
 
Segunda Lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 4-7
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Palabra de Dios
 
EVANGELIO: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 3, 10-18
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
- «¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó:
- «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
- «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
- «No exijáis más de lo establecido.»
Unos militares le preguntaron:
- «¿Qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
- «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
- «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.
Palabra del Señor.
 
Comentarios, ecos y reflexiones personales
 
GESTO: CONSTRUYENDO UN BELÉN DIFERENTE
Este año pondremos una casa diferente, sin ángeles, sin pastores, sin reyes, porque en mi pueblo ya casi no existen, y niños y adultos no entienden que estén contigo sólo los que no se ven en la calle.
En su lugar pondremos personas de nuestra realidad.
 
Un parado, víctima de todas las multinacionales, de la codicia sin exceso, con las manos callosas. Tiene vergüenza y duele verle.
 
Una emigrante, sin patria, sin hogar ni papeles, de color, con olor y hambre. Quizá esta noche lo acoja alguien.
 
Un homosexual, perseguido por su afectividad, incomprendido y culpado de su realidad. Ansia ser aceptado y liberado de sus cadenas.
 
Una lesbiana, oculta e incomprendida, cargada con el lastre de su realidad de mujer. Hoy espera no ser prejuzgada y no ser señalada.
 
Un bisexual, que debe negar su realidad, obligado a elegir para no ser mirado como un bicho raro. Puede ser que pronto no sea visto como un vicioso.
 
Una transexual, a la que se ve como un monstruo, como un bicho raro, objetivo de burlas y mofas. Desea ser feliz e integrarse como una persona feliz.
 
Una prostituta, con mirada triste y mirada palpitante, usada y juzgada por casi toda la gente. Quizá esta noche reencuentre su dignidad.
 
Un drogadicto, aferrado a sus viajes y estrellas artificiales porque en la tierra no tiene presente. Quizá esta noche vea la estrella de su vida.
 
Una presa, de las de siempre, sin causa ni gloria, al margen de la sociedad y con barrotes. Quizá esta noche le llegue una ráfaga de aire libre.
 
Un enfermo de sida, separado, aislado, como una peste, tumbado en el lecho sin futuro y casi sin presente. Quizá esta noche alguien se acerque a él y le bese. ...
 
Ya sé que no están todos;
pero si me atrevo a ponerme yo,
y no me olvido a colocarte a Ti,
en este Belén será un belén en el que nos encontraremos todos
 
 
OFERTORIO
Señor, Dios nuestro, Madre y Padre lleno de Amor, en esta celebración te hacemos la ofrenda del Pan y el Vino, que representan tu cuerpo y tu sangre. Escogiste el alimento básico de las mujeres y los hombres sencillos, que elaboraban con el trabajo de sus manos. Elegiste el vino, bebida de fiesta y de confraternización. Señor, te los presentamos como signo de tu Amor a las mujeres y los hombres. 
 
Señor, te presentamos la bandera del Arco Iris, símbolo de la diversidad de la Creación. Sus colores nos recuerdan la riqueza que sólo tu infinito amor pudo crear. Te la ofrecemos con la esperanza que ponemos en tu Gracia y como nuestro estandarte para la consecución de tu Reino.
 
Señor, te presentamos el portal de Belén que acabamos de construir. En él se encuentran las mujeres y los hombres que anhelan tu nacimiento, que te buscan y que quieren  adorarte. No tienen más regalo que su corazón desbordante de esperanza y de amor hacia Ti.
 
Señor, junto a este portal nos ofrecemos a nosotras y a nosotros mismos, con nuestro carisma, nuestras aptitudes, nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestros puntos fuertes. Nos ponemos frente a ti como somos, felices de ser tus hijos e hijas, sin necesidad de ocultar quienes somos.
 
Peticiones
Señor, te pedimos:
Por nuestra Comunidad, para que en estas fiestas seamos testigos del nacimiento del Niño que viene a ser la salvación y la esperanza de la humanidad. Te pedimos que sepamos ser candil que ilumine en medio de esta sociedad.
 
Para en estos tiempos difíciles aflore la solidaridad, la fraternidad y el deseo por el bien común. Te pedimos que renazca el calor en los corazones, el deseo de ayudarnos los unos a los otros. Que CRISMHOM sea ejemplo y albergue de estos sentimientos.
 
Que te hagas presente en nuestros corazones, encendiendo en nosotros más amor por ti, por tu Evangelio y por nuestros hermanos y hermanas.
 
Por las personas que lo están pasando mal y se están quedando sin recursos; por los olvidados y olvidadas de nuestra sociedad; por las personas que viven en la calle; por los enfermos, por los sin techo, por los que no son aceptados en la sociedad. Por los ancianos, niños y mujeres que no tienen a nadie. 
 
Por los que trabajan por ayudar a los demás y por construir una sociedad mejor, para que nunca les falte tu aliento y sigan siendo canal por el que fluye tu amor.
 
Por las comunidades dentro de las Iglesias que nos discriminan, para que nos consideren verdaderos hermanos y lancen mensajes de inclusión y de solidaridad.
• Por los cristianos y cristianas que son discriminados por su realidad de fe y de afectividad y se sienten perdidos, para que encuentren en Ti el consuelo y el les sirvas de guía en su vida.
• Por los gays, lesbianas, transexuales y bisexuales de todo el mundo que tienen que enfrentarse al odio, a la injusticia y a la cárcel, que son víctimas de la homofobia, bifobia y transfobia, que se encuentran solos y perdidos; 
Dios nuestro, por tu misericordia, escucha nuestra oración.
 
(Peticiones libres)

Celebraciones de la eucaristía católica

Comentario al Evangelio del domingo

2017

2017-10--22 "Jesús anuncia con palabras y signos la buena noticia del amor del Padre a todos los hombres"

Este domingo celebramos el Domund, la  Jornada Mundial de las Misiones 2017. Jesucristo es el primero y el más grande evangelizador (Pablo VI). Jesús anuncia con palabras y signos la buena noticia del amor del Padre  a todos los hombres con la fuerza del Espíritu Santo. La Iglesia continúa en la historia la misión de Jesús de Nazaret.
En una sociedad que ha eclipsado la realidad de Dios, la misión de la Iglesia se centra en el primer anuncio del Evangelio, de la persona de Jesucristo. Como nos dice para esta jornada el Papa Francisco “ A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra”.
Todo cristiano por el bautismo está llamado a ser misionero, evangelizador. Se necesitan misioneros cristianos lgtb que proclamen el primer anuncio del Evangelio entre los hombres y mujeres lgtb indiferentes a Dios y alejados  de la Iglesia. Parafraseando el lema del Domund: SE VALIENTE  y atrévete a formarte y a ser el misionero en el colectivo lgtb. Te invitamos a que  participes en la comisión de evangelización de Crishmom que reflexiona, prepara, y realiza acciones de cara a la evangelización del colectivo lgtb.
(Padrre Ramon LLorente Garcia) 
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,15-21):

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. 
Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?» 
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» 
Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» 
Le respondieron: «Del César.» 
Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra del Señor
 
 
 

2017-10-01 "Muchos homosexuales y transexuales os precederán en el reino De Dios."

El evangelio denuncia el postureo, forma de vida con doblez de todos aquellos que dicen y no hacen justificándose con discursos y palabras sin plasmarse en obras.Jesús amonesta a aquellos que con muy buena educación defienden la ortodoxia y sin embargo no viven las exigencias de la fe.Por el contrario, felicita a quien es con palabras más bruscas y hechos desenfadados o menos ortodoxos llevan a término lo que Dios quiere de ellos. La consecuencia es clara: muchos homosexuales y transexuales os precederán en el reino De Dios.

(Padre Ramon Llorente Garcia)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,28-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» 
Contestaron: «El primero.» 
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Palabra del Señor

 

2017-10-08 Sembradores y cosechadores en la viña del colectivo LGTB+H

Dios ha dado al hombre una viña que es la hermana tierra para que la cultive la cuide y la proteja. El cristiano ha sido llamado y enviado a transformar la tierra en el reino de Dios. En otoño el Señor viene a recoger los frutos de nuestra cosecha. Pedimos perdón al Señor porque a veces  hemos sido viñadores perezosos y no hemos trabajado suficientemente por la implantación del reino de Dios y sus valores en el colectivo lgtb. También te ofrecemos, Señor, los frutos evangelizadores que hemos cosechado a lo largo del curso pasado como asociación cristiana lgtb. Te pedimos, Señor, que nos capacites  y nos  muevas a estar más comprometidos en la evangelización del colectivo lgtb.

(Padre Ramon LLorente Garcia) 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,33-43):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» 
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» 
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra del Señor

2017-10-15 "No dejen de andar alegres."

Hay dos aspectos que caracterizan el ministerio de Jesús de Nazaret: la participación en banquetes y su dedicación a sanar íntegramente a las personas. Desgraciadamente muchas veces hemos convertido el cristianismo en una religión donde se destaca el sufrimiento, el dolor, la tristeza, y la resignación. Como dice frequentemente el papa Francisco muchos cristianos andan con cara de funeral. El evangelio de este domingo nos invita a recuperar el sentido de gozo de sentirnos hijos e hijas de Dios, la alegría de vivir y transmitir la buena noticia de Jesús y el carácter festivo de nuestras celebraciones litúrgicas.
Hoy celebramos también la memoria de Santa Teresa de Jesús. Mujer animosa y entusiasta decía a sus monjas:”andar alegres sirviendo”. La verdadera santidad es alegría porque “ un santo triste es un triste santo”.
El colectivo lgtb ha sido y sigue siendo un colectivo perseguido, maltratado, y humillado. También es un colectivo que por su lucha militante ha ido consiguiendo el reconocimiento de sus derechos civiles. Esto tiene que ser motivo de felicitación y de alegría. Por el sufrimiento acumulado en muchas ocasiones el colectivo lgtb  cae en un victimismo dolorista. Por supuesto que hay que solidarizarse con el dolor de tantos hombres y mujeres que por su condición sexual han sido y son perseguidos y discriminados pero eso no debe llevarnos al pesimismo y a la tristeza.Frente a ello las personas lgtb deben vivir la alegría de su diversidad afectivo sexual y transmitir con gozo la riqueza existencial de su  condición sexual y la experiencia de sentirse amados por Dios y  miembros queridos de la Iglesia. Como resumen, unas palabras de la doctora de la Iglesia:” no dejen de andar alegres”.
(Padre Ramon Llorente Garcia)
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,1-14):

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra del Señor

2017-10-24 "La Iglesia está llamada a convertirse actuando y mirando con los ojos de Dios."

Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo (20,1-16)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra del Señor

La lógica de Dios es diferente a la lógica humana. A Dios le impulsa la pura gratuidad mientras que a nosotros nos mueven los  esfuerzos y los méritos acumulados. Dios llama a trabajar en su reino a todos los hombres y mujeres sin distinción de raza, idioma, color, y condición afectivo sexual. Que hombres y mujeres lgtbi  sean llamados por Dios para trabajar en su viña y que reciban de Dios la misma valoración y recompensa que los heterosexuales sigue sorprendiendo y escandalizando a muchos cristianos. La Iglesia está llamada a convertirse actuando y mirando con los ojos de Dios.

(Padre Ramon Llorente Garcia)

Celebraciones ecuménicas de la Palabra

Este apartado contiene los materiales utilizados en las celebraciones de la Palabra que se realizan los segundos sábados de cada mes.

 

 

2011 Celebración ecuménica de la palabra

2011-07-25: Sobre el fin de los tiempos

Celebración de la Palabra


1. Palabras de acogida y bienvenida

2. Canto de entrada: “In manus tuas Pater, commendo spiritum meum”

(En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu)

3. Petición de perdón. (Espontáneamente, quien quiera, en voz alta)

Entre petición y petición cantamos: “En nuestra oscuridad enciende la llama de tu
amor Señor, de tu amor Señor, en nuestra oscuridad enciende la llama de tu
amor Señor, de tu amor Señor” (Taizé)

4. Primera Lectura (Ml 3, 19-20ª)

“Mirad que llega el día,
ardiente como un horno:
malvados y perversos serán la paja,
y los quemaré el día que ha de venir
-dice el Señor de las Huestes-,
y no quedará de ellos ni rama ni raíz.

Pero a los que honran mi nombre
los iluminará un sol de justicia
que lleva la salud en las alas.”

Canto antes del Salmo (Taizé): « Laudate Domino, laudate Domino, omnes gentes,
Aleluya! »

(todos juntos)

Tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan,
aplaudan los ríos, aclamen los montes,
al Señor que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia,
y los pueblos con rectitud.

Canto después del Salmo (Taizé): « Laudate Domino, laudate Domino, omnes
gentes, Aleluya! »

6. Segunda lectura (2 Ts 3, 7-12)

Pablo escribe:
“Hermanos:
Ya sabéis cómo tenéis que imitar mi ejemplo:
No viví entre vosotros sin trabajar,
nadie me dio de balde el pan que comí,
sino que trabajé y me cansé día y noche,
a fin de no ser carga para nadie.
No es que no tuviera derecho para hacerlo,
pero quise daros un ejemplo que imitar.
Cuando viví con vosotros os lo dije:
el que no trabaja, que no coma.

Porque me he enterado de que algunos
viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada.
Pues a esos les digo y les recomiendo,
por el Señor Jesucristo,
que trabajen con tranquilidad
para ganarse el pan.”

7. Canto antes del Evangelio

(Solo) Aleluya.
(Todos) Aleluya, aleluya, aleluya.
(Solo) Slava tiebie Boze, Slava tiebie Boze, Slava tiebie Boze. (te alabamos Señor)
(Todos) Aleluya, aleluya, aleluya

“En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de
la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
-Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra:
todo será destruido.
Ellos le preguntaron:
-Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está
para suceder?
El contestó:
-Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre
diciendo: «Yo soy» o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.
Luego les dijo:
-Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes
terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.
Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los
tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por
causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y
sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario
vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y
matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia
salvaréis vuestras almas.”

9. Ecos del Salmo y las lecturas (Espontáneamente, en voz alta, quien lo desee)

(Mientras se desarrolla, cantamos “Da pacem Domine, da pacem Oh Christe, in
diebus nostris” (©Taizé)

11. Peticiones y Acción de Gracias (Espontáneamente, quien quiera)

Señor Jesucristo te pedimos tu protección e intercesión ante el Padre por toda la
comunidad LGTB, por todas aquellas hermanas y hermanos que sufren en la soledad,
que se sienten solos, que son perseguidos, que no son aceptados en su entorno más
cercano y te damos gracias y pedimos por Crismhom, para que construyamos Reino
y, seamos luz y faro en nuestra comunidad LGTB de Madrid.

(Por el bautismo, todos hemos sido llamados a participar en el ministerio sacerdotal
de Jesucristo, por lo que nos imponemos las manos los unos a los otros y nos
bendecimos entonando)

“En nombre de Dios, que es Padre y Madre y que nos ama tal como somos, mujeres,
hombres y sea cual sea nuestra condición afectivo-sexual, nos bendecimos (†) en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Hermanas y hermanos, vayamos en paz a comunicar al Mundo el mensaje de amor de
Cristo. Amén”

15. Canto de salida. (Mientras recogemos y apagamos las velas, cantamos):

« Magnificat, magníficat, magníficat anima mea Dominum, magníficat, magníficat,
magníficat anima mea » (©Taizé)

2011-09-10: Sobre el perdón

Sábado 10 de Septiembre Celebración de la Palabra "Perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó"

 

Introducción

La celebración de la Palabra de este sábado nos centra en uno de los dones más misteriosos y preciosos del corazón de Dios. El perdón, la misericordia. "Misericordia quiero, que no sacrificios" repite Jesús en el Evangelio de Mateo, refiriéndose a la actitud hipócrita de sus discípulos. Y es necesario encontrar en nuestra vida una luz, el Amor de Dios, que nos ayude a ser misericordiosos con el prójimo, sobre todo con aquellos que nos hieren. Dios nos ha hecho así, a su imagen y semejanza. Podemos perdonar, y estamos creados para perdonar.

Un fraile dominico, Henri Lacordaire, decía habitualmente: "¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona". La primera lectura nos habla de la actitud de Dios ante la venganza. Dios actúa en aquellos que son misericordiosos. A estos les escucha, les perdona, les sana y les salva.

El salmo es un canto al derroche de misericordia que el Señor tiene con cada uno de sus hijos. Es preciso sentir ese amor por nosotros para ser capaces de perdonar desde Él. "La experiencia liberadora del perdón, aunque llena de dificultades, puede ser vivida también por un corazón herido, gracias al poder curativo del amor, que tiene su primer origen en Dios-Amor. La inmensa alegría del perdón, ofrecido y acogido, sana heridas aparentemente incurables, restablece nuevamente las relaciones y tiene sus raíces en el inagotable amor de Dios." (Juan Pablo II)

La segunda lectura de Pablo nos recuerda la necesidad de pertenecer a nuestro señor en todo momento. Y así debe ser en todas las etapas y situaciones de nuestra vida. Vivir en el Señor, perdonar en el Señor, acoger en el Señor… La comunidad de Romanos en la época de Pablo sufrió grandes tribulaciones y persecución, por tanto es muy significativo que Pablo se dirija a esta comunidad y les pida que también mueran en el Señor, como Él, perdonando a sus verdugos. Y he aquí que muchos de aquellos que murieron por su fe lo hicieron perdonando, y por ello, siendo mártires y ejemplos de la misericordia de Dios.

 

Comenzamos nuestra oración invocando al Espíritu Santo, para que abra nuestros corazones y nos inunde del amor sanador y la misericordia del Señor. Con el corazón abierto hacemos propósito de escucharle lo que nos tenga que decir.

Canto de entrada: Ven, Espíritu de Dios.

Ven Espíritu de Dios y de tu amor enciende la llama.

Ven Espíritu de Amor, ven Espíritu de Amor.

Libro del Eclesiástico (27, 33—28, 9)

Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará del vengativo y llevará rigurosa cuenta de sus pecados. Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón se te perdonarán tus pecados. Si un hombre le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor? El que no tiene compasión de un semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados? "Perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó"

Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el perdón de sus pecados, ¿hallará quien interceda por él? Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro y guarda los mandamientos. Ten presentes los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo. Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas.

Salmo 102

Bendice al Señor, alma mía;

que todo mi ser bendiga su santo nombre.

Bendice al Señor, alma mía,

y no te olvides de sus beneficios.

El Señor perdona tus pecados

y cura tus enfermedades;

él rescata tu vida del sepulcro

y te colma de amor y de ternura.

El Señor no nos condena para siempre,

ni nos guarda rencor perpetuo.

No nos trata como merecen nuestras culpas,

ni nos paga según nuestros pecados.

Como desde la tierra hasta el cielo,

así es de grande su misericordia;

como un padre es compasivo con sus hijos,

así es compasivo el Señor con quien lo ama.

Carta del apóstol san Pablo a los romanos (14, 7-9)

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.

Canto: Los misericordiosos

Tengo miseria de no tener, soy miserable en la cumbre.

Por querer ser quien no soy, no soy ni siquiera yo.

Mi vacío me hace comprender a quienes no me entienden

y a aquellos que me maltratan ¡Sé que yo no soy mejor!

Espero ser yo algún día, en mi miseria yo espero

que algo nazca de mi nada, aunque sé que nada soy.

Alguien repite en mi mente que en mi miseria me ama,

con misericordia me quiere y ese alguien es mi Dios.

Si me sintiese herido o tratado con violencia,

nunca quisiera sentirme lleno de odio y rencor.

Ha de llenarse mi alma de infinita misericordia.

Hay alguien que me lo pide y ese alguien es mi Dios.

Canto: Aleluya

Evangelio según san Mateo (18, 21-35) "Perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó"

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete". Entonces Jesús les dijo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: „Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo‟. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: „Págame lo que me debes‟. El compañero se le arrodilló y le rogaba: „Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo‟. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda. Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: „Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?‟ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con vosotros, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".

Silencio

Impresiones

Oración de Crismhom:

Abba, Padre, ilumina nuestros corazones con el vendaval del Espíritu Santo, pon en pie nuestra alegría y disipa nuestros miedos, para que Crismhom sea cada día más instrumento tuyo, para que construyamos Reino y tomemos nuestras decisiones individuales y comunitarias inspirados por Ti.

Señor, también te pedimos por todos aquellos hermanos y hermanas LGTB que sufren en la soledad, que se sienten solos, que son perseguidos, que no son aceptados en su entorno más cercano. Te pedimos, que nadie se sienta solo en nuestra presencia, que viéndonos a nosotros te vean a ti. Por eso, te rogamos Señor, por estas manos nuestras que tantas veces se cierran, por nuestros corazones que no aman como debieran, para que cada día abramos más las puertas de nuestra vida a tu presencia.

Que tu Espíritu Santo anime, ilumine y guíe nuestra comunidad para llevar adelante la misión otorgada por ti de evangelizar al colectivo LGTB.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Paz: Oracion de la Sencillez

Señor, hazme instrumento de tu paz,

donde haya odio ponga amor,

donde haya ofensa, perdón

donde haya error, ponga yo verdad "Perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó"

Donde haya tinieblas ponga luz,

donde haya duda ponga fe,

donde haya tristeza, alegría.

Oh, mi Señor, ponga yo tu amor.

Porque dando yo recibiré,

olvidándome te encontraré,

comprendiendo al hombre te seguiré.

Oh, mi Señor, enséñame a querer. (bis)

Padre Nuestro

Acción de gracias

Bendición y canto de salida: Vaso nuevo

Gracias quiero darte por amarme.

Gracias quiero darte yo a ti, Señor.

Hoy soy feliz porque te conocí.

Gracias por amarme a mí también.

YO QUIERO SER, SEÑOR AMADO,

COMO EL BARRO EN MANOS DEL ALFARERO.

TOMA MI VIDA, HAZLA DE NUEVO,

YO QUIERO SER UN VASO NUEVO. (Bis)

Te conocí y te amé.

Te pedí perdón y me escuchaste.

Sí, te ofendí, perdóname, Señor,

pues te amo y nunca te olvidaré.  

2011-10-08: El banquete de bodas

CELEBRACIÓN DE LA PALABRA

CRISMHOM, 8 DE OCTUBRE DE 2011

Introducción

Todas las culturas religiosas han dado a la comida un sentido comunitario,

entre sus miembros o con la divinidad. En la Biblia el banquete es un gesto de

capital importancia. La comida humana significa fiesta, hospitalidad, amistad,

paz sagrada. El banquete alcanza su mayor expresividad cuando viene Cristo.

Se le invita a la mesa de Lázaro,a las bodas de Caná, a casa de Sim6n, come

con publicanos, aprueba la hospitalidad, recomienda el último puesto en el

banquete y da de comer a la multitud. Al resucitar se hace reconocer con un

banquete, la comunidad cristiana revive al resucitado en la fracción del pan,

en la alegría y comunión fraterna.

Interesa por tanto comprender y profundizar el significado de la parábola de

los convidados a la boda del hijo del rey, que vamos a leer y disfrutar hoy.

Dejémonos por tanto deducir por la invitación al banquete de nuestro Señor.

Un banquete abierto a todos y todas, independiente de nuestra historia

personal, nuestra vida, nuestros gustos, orientación sexual, origen, raza, ideas o

aspecto físico. Solo se nos pide que aceptemos la invitación y que vayamos

vestidos (o revestidos) con el amor y la luz interior que se ajustan a este

especial convite.

Canción

No sé como alabarte, ni qué decir, Señor.

Confío en tu mirada, que me abre el corazón.

Toma mi pobre vida, que sencilla ante ti,

quiere ser alabanza por lo que haces en mí.

GLORIA, GLORIA A DIOS (4)

Siento en mí tu presencia, soy como Tú

me ves; bajas a mi miseria, me llenas de tu paz.

Indigno de tus dones, más por tu

gran amor, tu Espíritu me llena;

gracias te doy, Señor.

Revisión de nuestras faltas

Como es normal en cualquier invitación, para el banquete del Señor es

importante tanto la asistencia como la indumentaria interior que llevemos.

Hagamos una reflexión personal de aquellos detalles de nuestra vida que

queramos mejorar. Compartamos si queremos con la Comunidad aquello de lo

que queramos pedir el perdón del Maestro.

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

El Señor de los ejércitos

ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña

un banquete de manjares suculentos,

un banquete de vinos añejados.

Él arrancará sobre esta montaña

el velo que cubre a todos los pueblos,

el paño tendido sobre todas las naciones.

Destruirá la muerte para siempre;

el Señor enjugará las lágrimas

de todos los rostros,

y borrará sobre toda la tierra

el oprobio de su pueblo,

porque lo ha dicho Él, el Señor.

Y se dirá en aquel día:

«Ahí está nuestro Dios,

de quien esperábamos la salvación:

es el Señor, en quien nosotros esperábamos;

¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!»

Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.

Palabra de Dios

Salmo (a dos coros)

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

Él me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal,

porque Tú estas conmIgo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo.

Amen

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 4,

12-14. 19-20

Hermanos:

Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho

absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como

a no tener nada. Yo lo puedo todo en Aquél que me conforta.

Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades.

Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a

su riqueza, en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios

Aleluya

Evangelio de Mateo 22, 1-14.

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a

los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los cielos se parece a un rey que

celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los

convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados encargándoles que

les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses

cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda».

Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus

negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta

matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos

asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda

está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de

los caminos y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda». Los criados

salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos.

La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a

los comensales reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo,

¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?». El otro no abrió la boca.

Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera,

a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los

llamados y pocos los escogidos».

Palabra de Dios

REFLEXIÓN PERSONAL EN SILENCIO

COMPARTIR REFLEXIÓN PERSONAL

El “banquete de bodas” es llamada a participar en el gozo del Reino de Dios.

Los llamados son muchos, son todos. Es voluntad de Dios que la entera

comunidad humana entre en su Alianza. Pero va a ser la respuesta libre de

cada hombre la que determine el número real de los “escogidos”. Dios sigue

llamando a su banquete a todos los hombres y mujeres del mundo. Todos

somos convocados. Especialmente a los excluidos de la sociedad. Dios nos invita

en serio, pues es nuestro Padre y quiere ver la sala del banquete llena y alegre.

Como Dios es Padre y Madre a la vez, tiene los sentimientos que tienen los

padres y las madres, pero en grado infinito y perfecto. ¿Cómo respondemos a

esta llamada?

Paz

En las bodas se ofrecen regalos. Que mejor regalo en la reunión de la

celebración de esta Comunidad de Crismhom que ofrecernos los unos a los

otros la Paz de Dios.

Padre Nuestro

Acción de gracias y peticiones de la comunidad

Libremente.

Bendición

Canción final

El amor es la palabra limpia que hace vivir.

Es el fruto de la tierra buena y es sufrir.

Es decirle al hermano pobre: solo no estás...

No dejes que pase tu tiempo sin más.

EL AMOR ES NUESTRO CANTO A LA VIDA QUE SE DA.

Y QUE ESPERA UN AMANECER EN LA VERDAD (BIS)

El amor es el regalo eterno que nos da Dios.

Es tener el corazón abierto y es perdón.

Es la fe y la esperanza cierta del más allá.

No dejes que pase tu tiempo sin más.

El amor es un camino largo y sin final.

Es la luz que inunda sombras en la oscuridad.

Es la vida que nos brinda un tiempo de oportunidad.

No dejes que pase tu tiempo sin más.

Señor, bendice a esta comunidad y a todos quienes la integra, para que así entremos en tu

banquete con el corazón alegre y espíritu firme. Por Jesucristo nuestro Señor

2011-11-11: El buen samaritano

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Ven, Espíritu de Dios, sobre mí

Me abro a tu presencia

Cambiarás mi corazón. (2)

 

Toca mi debilidad,

Toma todo lo que soy.

Pongo mi vida en tus manos

Y mi fe.

Poco a poco llegarás

A inundarme de tu luz.

Tú cambiarás mi pasado.

Cantaré.

 

 

 

 

Quiero ser signo de paz.

Quiero compartir mi ser.

Yo necesito tu fuerza,

Tu valor.

Quiero proclamarte a ti.

Ser testigo de tu amor.

Entra y transforma mi vida.

¡Ven a mí!


 

 

Ten piedad (4 veces)  Ten piedad de mí Señor, tengo que reconocer que falló mi poco amor, que me ha faltado fé. No me siento fuerte para andar sin Ti, me faltan tus manos, necesito creer en Ti.
Si alguna vez te fallé perdóname, sabes que nada valgo si no te puedo tener... Ten piedad, Señor ten piedad (2 veces) Señor (señor), Señor (señor), Señor (señor ten piedad, Señor) Señor (señor) Señor (señor) Señor ten piedad.

 

 

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS TESALONICENSES 5, 1-6

 

Hermanos:

En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis que os escriba. Sabéis perfectamente que el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: "paz y seguridad", entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.

 

 

SALMO ( a dos coros)

 


 

De ti, Señor, nos fiamos,
en ti confiamos siempre,
pues sabemos que tú
jamás abandonas
a todos tus amigos,
de los que cuidas
con infinita ternura.

Sabemos, Padre bueno,
de tus inmensos cuidados
para con el pájaro y la flor.
Sabemos, nos lo han contado,
de tus infinitos detalles
de delicadeza y amor
que vas sembrando por la vida.

Te damos gracias,
te alabamos siempre,
porque cuidas de los pobres,
de «los Lázaros» de este mundo,
de los que no traen nada.
Tú eres siempre
sabor a hogar y a pan
para los sin nada.


Ayúdanos a descubrirte
a ti que eres fortaleza. Amén.


CANTO: Aleluya Cantará quien perdió la esperanza y la tierra sonreirá, Aleluya.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 25, 14-15.19-21

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

--Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira he ganado otros dos." Su Señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eras exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al quien tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

ECOS DE LA PALABRA

Comentario: El texto del Evangelio de hoy nos habla de un hombre que entrega un cierto capital a tres empleados suyos. Dos de ellos negocian con lo recibido arriesgan… y duplican lo recibido. En cambio el tercero decide esconder lo recibido, prefiere no invertir, apuesta por dejar las cosas tal como están; ¿para qué complicarse la vida? La Parábola alaba la actitud de los dos primeros, que recibe una merecida recompensa. Por el contrario, critica la del último, al que llama negligente y holgazán, y aquello que había guardado con tanto cuidado le es quitado, a causa de su talante excesivamente prudente. En nuestras comunidades, con frecuencia, sobran actitudes exageradamente razonables: es mejor no cambiar nada, no arriesgar. El proceder al que nos invita Jesús es bien diferente. Cada uno de nosotros ha recibido diversos talentos. Lo fácil, algunos dirán lo aconsejable, es dejar las cosas como están, no complicarse la vida, no apostar por echarle imaginación y ganas a la tarea a la que estamos llamados comunitaria y socialmente, convencernos que si arriesgamos podemos perder lo que tenemos. El mensaje del Evangelio no es compatible con esa forma de ver las cosas.

 

 

 

Canto: Quiero Alabarte

Quiero alabarte más y más aún

Quiero alabarte más y más aún

buscar tu voluntad, tu gracia conocer  quiero alabarte.

Yo quiero amarte más y más aún

Yo quiero amarte más y más aún

hacer tu voluntad, tu gracia recibir yo quiero amarte.

Las aves del cielo cantan para Ti

las bestias del campo alaban tu poder

quiero yo cantar  quiero levantar mis manos hacia Ti.

 

COMPARTIR, ACCIÓN DE GRACIAS, PETICIÓN

 


 

Padre nuestro tu que estás

en los que aman la verdad,

has que el reino que por Ti se dio

llegue pronto a nuestro corazón,

que el amor, que tu hijo,

nos dejó, ese amor...

habite en nosotros.

 

(Se reza la oración tradicional del Padre Nuestro)

 

Y en el pan de la unidad,

Cristo danos Tu la paz

y olvídate de nuestro mal,

si olvidamos el de los demás,

no permitas, que caigamos

en tentación...

oh señor...

y ten piedad...

del mundo.


 

 


 

¡CUÁNTO MIEDO TENGO, SEÑOR!

De no invertir mi vida como, Tú en la cruz, lo hiciste:

con silencio, grandeza y dolor

con perdón, humildad y sacrificio

con fe, esperanza o misericordia

 

¡CUÁNTO MIEDO TENGO, SEÑOR!

De mirarme a mí mismo,

y viendo lo mucho que me has dado

creer que no merece la pena arriesgarlo todo:

por Dios y por el hombre

por la Iglesia y por el mundo

por mis hermanos y por mí mismo

 

¡CUÁNTO MIEDO TENGO, SEÑOR!

Que vengas…y me pilles con el pie cambiado

lejos de tus caminos y, con mis talentos,

sin haberlos utilizado a fondo.

Amén



 

Sois la semilla que ha de crecer
Sois estrella que ha de brillar
Sois levadura, sois grano de sal
Antorcha que ha de alumbrar
Sois la mañana que vuelve a nacer
Sois espiga que empieza a granar
Sois aguijón y caricia a la vez
Testigos que voy a envíar

Id amigos por el mundo, anunciando el amor
Mensajeros de la vida, de la paz y el perdón
Sed amigos los testigos de mi resurrección
Id llevando mi presencia, con vosotros estoy

 

2012 Celebración ecuménica de la palabra

2012-11-02: Cumplimiento de la promesa

 

INTRODUCCIÓN


CANCIÓN: In manos tuas Pater, commendo Spiritus meum


ORACIÓN:

Que seamos, Cristo, manos reunidas en oración y en
el don. Unidas a tus Manos en las del Padre, unidas a las alas
fecundas del Espíritu, unidas a las manos de los pobres.
Manos del Evangelio, sembradoras de Vida, lámparas de
Esperanza, vuelos de Paz.
Unidas a tus Manos solidarias, partiendo el Pan de todos. Unidas
a tus Manos traspasadas en las cruces del mundo. Unidas a tus
Manos ya gloriosas de Pascua.
Manos abiertas, sin fronteras, hasta donde haya manos. Capaces
de estrechar el Mundo entero, fieles al Tercer Mundo, siendo
fieles al Reino.
Tensas en la pasión por la Justicia, tiernas en el Amor. Manos
que dan lo que reciben, en la gratuidad multiplicada, siempre más
manos, siempre más unidas.
Pedro Casaldáliga


• SALUDOS entre los miembros de la comunidad. Manos.


REVISIÓN DE V IDA


LECTURAS


Salmo 110

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos,
en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que
las aman.
-
Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por
siempre;
ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.
-
Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de
los gentiles.
-
Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos
merecen confianza;
son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y
rectitud.
-
Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza;
su nombre es sagrado y temible.
-
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor, tienen buen juicio
los que lo practican; la alabanza del Señor dura por siempre.
A

men
1 carta de Juan 3, 16-20


En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó
su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la
vida por nuestros hermanos. Si alguien que posee bienes
materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene
compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios
habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios
para afuera, sino con hechos y de verdad. En esto sabremos que
somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de Él.


Evangelio Lc 4, 14-21


Con la fuerza del Espíritu regresó Jesús a Galilea, y la noticia se
difundió por toda la comarca. Enseñaba en aquellas sinagogas, y
todos se hacían lenguas de él. Llegó a Nazaret, donde se había
criado. El sábado entró en la sinagoga, según su costumbre, y se
levantó para tener la lectura. Le entregaron el volumen del
profeta Isaías y, desenrollando el volumen, dio con el pasaje
donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor descansa sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha
enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los
cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a
proclamar el año favorable del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al sacristán y se sentó. Toda la
sinagoga tenía los ojos clavados en él y empezó a hablarles:
“Hoy ha quedado cumplido este pasaje ante vosotros que lo
habéis escuchado”.


MANOS DISPUESTAS


• DINÁMICA CON MANOS


ORACIÓN:


Porque las manos son símbolo de trabajo, de esfuerzo, de ayuda,
de unión, de confianza, de cariño, de ternura y solidaridad...

2013 Celebración ecuménica de la palabra

2013-01-12: En torno al agua del bautismo

Esta celebración de la palabra tuvo lugar el sábado 12 de enero de 2013. El tema es el bautismo de Jesús y gira en torno al símbolismo del agua.

Abro mi ser y alzo mis manos y mi ser hacia Ti. Mi corazón se abre a la voz de tu Espíritu. Dame la luz de tu mirada. Calma la sed de tu Palabra que hay en mí. Quiero rendirme y entregarme a tu voluntad. No me abandones ni me dejes pues confío en ti.

Mi corazón se abre a la voz de tu Espíritu (Juan 1, 19-34)
Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy.» - «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.» Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» Dijo él: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.» Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.» Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel.» Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre Él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo." Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.»

Mi alma canta de gozo
1. Abro mi ser y alzo mis manos                              2. Calma la sed de tu Palabra
y mi voz hacia ti.                                                        que hay en mí, oh, Jesús.
Quiero rendirme,                                                        No me abandones ni me dejes
entregarme a tu voluntad.                                         pues confío en ti.

3. Mi corazón se abre a la voz                                    4. Dame la luz de tu mirada,
de tu Espíritu de amor.                                                mírame, oh Jesús,
Mi alma canta de gozo (3)                                         cambia mi vida con tu fuerza
en ti, Señor.                                                                    y yo te alabaré.

Dame la luz de tu mirada (Hechos de los Apóstoles, 10, 34-38)
En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos. Ya sabéis lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él”.

Cambia mi vida con tu fuerza (Juan 2, 1-11)
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dice:
−No les queda vino.
Jesús le contesta:
−Mujer, déjame: todavía no ha llegado mi hora.
Su madre dice a los sirvientes:
−Haced lo que Él os diga.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice:
−Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les manda:
−Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al novio y le dice:
−Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos el malo; tú, en cambio, has guardado el vivo bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en Él.

Del ritual del bautismo
- RENUNCIO a Satanás: esto es: al pecado, como negación de Dios; al mal, como signo del pecado en el mundo; al error, como ofuscación de la verdad; a la violencia, como contraria a la caridad; al egoísmo, como falta de testimonio del amor.

DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos, creadores de la historia,
GRANDE PARA AMAR;             constructores de nueva humanidad.
DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos que viven la existencia
FUERTE PARA LUCHAR.            como riesgo de un largo caminar.

- RENUNCIO a sus obras, que son: mis envidias y odios, mi pereza e indiferencia; mi cobardía y mis complejos; mis tristezas y desconfianzas; mis injusticias y favoritismos; mi materialismo y sensualidad; mi falta de fe, de esperanza y de caridad.

DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos, creadores de la historia,
GRANDE PARA AMAR;             constructores de nueva humanidad.
DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos que viven la existencia
FUERTE PARA LUCHAR.            como riesgo de un largo caminar.


- RENUNCIO a todas sus seducciones, como puede ser: el creerme el mejor, el verme superior; el estar muy seguro de mí mismo; el creer que ya estoy convertido del todo; el quedarme en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos, y no ir a Dios.


DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos, creadores de la historia,
GRANDE PARA AMAR;             constructores de nueva humanidad.
DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos que viven la existencia
FUERTE PARA LUCHAR.            como riesgo de un largo caminar.

Calma la sed de tu Palabra (Juan 4, 1-45)
Llegó, pues, a una ciudad de Samaría, llamada Sícar, junto al campo que dio Jacob a su hijo José. Estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: Dame de beber. Sus discípulos se habían marchado a la ciudad a comprar alimentos. Entonces le dijo la mujer samaritana: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? Pues no se tratan los judíos con los samaritanos. Jesús le respondió: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, tú le habrías pedido y Él te habría dado agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes ni con qué sacar agua y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas, pues, el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús: Todo el que bebe de esta agua tendrá sed de nuevo, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna.

DIÁLOGO: Danos de esa agua (Oración joven, p.149)
Nos anuncian muchas fuentes
para apagar la sed de felicidad.
Pero no todas son buenas;
las hay contaminadas.
Al beber en ellas, te intoxicas
y te llenas de sed irresistible.
Id a la fuente de agua viva.
¿Dónde está esa fuente de agua viva?
El secreto lo tiene la samaritana.
¿Cómo descubriste el agua viva
que quita la sed del corazón?
“Acercaos al lugar donde Jesús está
esperándonos con sed,
para descubrir vuestra sed;
Él os dará su agua viva
si aceptáis su Palabra”.
He aquí la comunidad que busca al Señor.


Quiero rendirme, entregarme a tu voluntad (Juan 13, 1-5 y 12-16)
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.

Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo:
- ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía.
No me abandones ni me dejes, pues confío en Ti (J.A. Pagola, 2007)

El Bautista habla de manera muy clara: «Yo os bautizo con agua», pero esto sólo no basta. Hay que acoger en nuestra vida a otro «más fuerte», lleno de Espíritu de Dios: «Él os bautizará con espíritu santo y fuego».

Son bastantes los «cristianos» que se han quedado en la religión del Bautista. Han sido bautizados con «agua», pero no conocen el bautismo del «espíritu». Tal vez, lo primero que necesitamos todos es dejarnos transformar por el Espíritu que cambió totalmente a Jesús. ¿Cómo es su vida después de recibir el Espíritu de Dios?

Jesús se aleja del Bautista y comienza a vivir desde un horizonte nuevo. No hay que vivir preparándonos para el juicio inminente de Dios. Es el momento de acoger a un Dios Padre que busca hacer de la humanidad una familia más justa y fraterna. Quien no vive desde esta perspectiva, no conoce todavía qué es ser cristiano.

Movido por esta convicción, Jesús deja el desierto y marcha a Galilea a vivir de cerca los problemas y sufrimientos de las gentes. Es ahí, en medio de la vida, donde se le tiene que sentir a Dios como «algo bueno»: un Padre que atrae a todos a buscar juntos una vida más humana. Quien no le siente así a Dios, no sabe cómo vivía Jesús.

Jesús abandona también el lenguaje amenazador del Bautista y comienza a contar parábolas que jamás se le hubieran ocurrido a Juan. El mundo debe saber lo bueno que es este Dios que busca y acoge siempre a sus hijos perdidos porque sólo quiere salvar, no condenar. Quien no habla este lenguaje de Jesús, no anuncia su buena noticia.

Jesús deja la vida austera del desierto y se dedica a hacer «gestos de bondad» que el Bautista nunca había hecho. Cura enfermos, defiende a los pobres, toca a los leprosos, acoge a su mesa a pecadores y prostitutas, abraza a niños de la calle. La gente tiene que sentir la bondad de Dios en su propia carne. Quien habla de un Dios bueno y no hace los gestos de bondad que hacía Jesús desacredita su mensaje.

Y yo te alabaré (Oración joven, p. 205)
Te doy gracias, Señor,
por el don del bautismo.
Me has incorporado a tu Iglesia
y me cuentas entre tus hijos.
Has abierto la fuente de agua viva
y yo puedo venir
y beber de ella hasta saciarme.

Te doy gracias, Señor, por esta vida nueva
que debo ir cultivando en mí;
una vida de cercanía contigo,
una vida de encuentro,
una vida de sentirme tan unido a Ti
como lo está el sarmiento con la cepa.

Te doy gracias, Señor, por esta familiaridad
a la que me has llamado.
No eres un Dios lejano e innombrable,
eres el Dios Padre que, cada mañana,
abre sus brazos
para recibir al hijo que sale de la noche.

Te doy gracias, Señor,
por las aguas del bautismo
que un día cayeron sobre mí
y riegan mi vida ya para siempre.
Siempre podré beber en tu fuente divina,
siempre podré tener un sitio a tu mesa,
siempre podré sentirme hermano
de cuantos te invocan como padre.

 

2013-03-09: Celebración del perdón 2013

Esta celebración del perdón tuvo lugar el sábado 9 de marzo de 2013 en Barbieri 18. Se centró en la reconciliación interior de cada uno y entre los presentes.

Ritos iniciales
Canto: Ven, no apartes de mí los ojos,  te llamo a ti, te necesito para que se cumpla en el mundo el plan de mi Padre.


Saludo del presidente
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Bendito sea Dios,
Que en su infinito amor nos ha dado a su Hijo Jesucristo.
Que su misericordia esté siempre con todos vosotros.

Oración presidencial:
Oremos pidiendo a Dios que nos ilumine para poder ver con claridad el camino de la conversión (Instantes de silencio)

Dios Padre, rico en  Misericordia, al poner en tu presencia y revisar nuestras vidas, descubrimos que estamos lejos de responderte con total generosidad y por ello reconocemos tu bondad y nuestro pecado. Danos ánimo para recorrer con entusiasmo el camino de conversión a ti, siguiendo a tu Hijo Jesucristo. Envíanos tu Espíritu santo, Espíritu que sane nuestras heridos, anime nuestro seguimiento y enderece nuestros caminos. A Ti, Padre bueno, y lleno de ternura que nos amas con amor inmenso por tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amen.

Primera Lectura: Lucas 10, 25-28)
Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: “Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Dijo entonces: “bien has respondido haz eso y vivirás”.

¿Quién es tu Dios? ¿A que Dios ha entregado tu corazón? ¿Cuáles son tus ídolos? Tenemos necesidad de sanar nuestras imágenes de Dios. Dios es como una madre, que siempre está pendiente de ti. ¿Cuántas veces Dios ha sido presentado como el enemigo de nuestra felicidad, como un aguafiestas, un policía siempre vigilándonos, un Dios sádico que disfruta con nuestros sacrificios y nuestro sufrimiento. Pero Dios es amor, es luz, es tu plenitud. Te tiene tatuada en sus manos, te lleva siempre en sus palmas. ¿A qué Dios sirves? ¿Estás dispuesta a abandonar los ídolos, que te conducen a la muerte?

Canto: Cuánto he esperado este momento, cuánto he esperado que estuvieras aquí, cuánto he esperado que me hablaras, cuánto he esperado que vinieras a Mí. Yo sé bien lo que has vivido, Yo sé bien lo que has llorado, Yo sé bien lo que has sufrido, pues de tu lado no me he ido. /Pues nadie te ama como Yo,/ (bis) mira la Cruz, esta es mi más grande prueba, nadie te ama como Yo. /Pues nadie te ama como Yo,/ (bis) mira la Cruz, fue por ti, fue porque te amo, nadie te ama como Yo.

Segunda lectura: Mateo 18, 21-35
Entonces Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: Señor, si mi hermano me hace algo malo, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?  Jesús le contestó: No basta con perdonar al hermano sólo siete veces. Hay que perdonarlo una y otra vez; es decir, siempre. Muchas veces estamos heridos. Cuantas cosas que no nos hemos perdonado.

Cuanto miedo y rencor habitan en nuestro corazón. ¿Te sientes perdonado por Dios? Deja entrar el perdón de Dios en tu vida. ¿Tienes que perdonar a alguien que te ha ofendido? Quizá a tus padres por los que nunca te sentiste querido, o a  la Iglesia o sus sacerdotes que no dejaron que te quisieras y aceptaras?  ¿Aquella ofensa que nunca has podido olvidar? ¿Aquella infidelidad que está siempre en tu recuerdo? Deja que el perdón de Dios entre en tu vida. Déjate perdonar por Dios para poder perdonar.


Canto: Me levantaré e iré a  mi Padre, le declararé te amo Señor

Tercera lectura (1Corintios 1, 10ss)
Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio. Porque, hermanos míos, estoy informado de vosotros, por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros.

Me refiero a que cada uno de vosotros dice: "Yo soy de Pablo", "Yo de Apolo", "Yo de Cefas", "Yo de Cristo" ¿Esta dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? Porque mientras haya entre vosotros envidia y discordia ¿no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano?  ¿No sabéis que sois pueblo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el pueblo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el Pueblo de Dios es sagrado y vosotros sois ese pueblo.

 

Canto: Como el Padre me amo

Cuarta lectura: (Mateo 35,35ss)
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme."  Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?  ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"  Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.  Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;  era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis."  Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"  Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»

¿Podemos celebrar la Eucaristía hoy sin sentir el aguijón de que al otro lado de la mesa del Señor de todos se sienta más de la mitad de la humanidad que pertenece a la multitud de desheredados, por lo que Jesús sentía una conmovedora compasión? ¿Somos cristianamente epulones, indiferentes a los Lázaros de nuestras puertas?

Liturgia del Perdón
Presidente
: Conscientes de nuestra realidad, acudimos a Dios, rico en misericordia:


Canto: Ten piedad (4 veces)
Ten piedad de mí Señor, tengo que reconocer que falló mi poco amor, que me ha faltado fe. No me siento fuerte para andar sin ti me faltan tus manos, necesito creer en ti. Si alguna vez te fallé perdóname sabes que nada valgo si no te puedo tener. Ten piedad, Señor ten piedad (2 veces) Señor (señor) Señor (señor) Señor (señor ten piedad Señor) señor (señor)

Perdón Señor por nuestros egoismos, nuestra insolidaridad, por la dureza de nuestros corazones. Perdón Señor por nuestras intolerancia. Perdón Señor, por nuestras comodidades riquezas y apegos.

Canto.

Perdón Señor por nuestros orgullos y por menospreciar a los demás. Perdón, Señor, por nuestros individualismos. Perdón Señor, por no descubrirte en el pobre.

Canto
 

Celebración de la reconciliación
Acción de gracias
En verdad es junto y necesario darte gracias, Señor, Padre santo, porque no dejas de llamarnos a una vida plenamente feliz.

Tú, Dios de bondad y misericordia, ofreces siempre tu perdón e invitas a los pecadores a recurrir confiadamente a tu clemencia.

Muchas veces los hombres hemos quebrantado tu alianza; pero tú, en vez de abandonarnos, has sellado de nuevo con la familia humana, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, un pacto tan sólido que ya nada lo podrá romper.

Y ahora, mientras ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación, lo alientas en Cristo para que vuelva a ti, obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo, y se entregue al servicio de todos los hombres viviendo el mandamiento del amor.

Por eso, llenos de admiración y agradecimiento, unimos nuestras voces a las de los coros celestiales para cantar la grandeza de tu amor y proclamar la alegría de nuestra salvación:

 

Gesto de la paz: En Cristo que nos ha enseñado el servicio y la entrega con su ejemplo y nos ha hecho hermanos y hermanas con su cruz, y como signo de reconciliación daos fraternalmente la paz.

Padre Nuestro: Haznos Señor Jesús como tu: pobres, humildes, serviciales, solidarios, generosos y compasivos. Con la oración que tú mismo nos enseñaste nos dirigimos a tu Padre y a nuestro Padre.


Oremos al Dios que nos ha perdonado
Dios Padre bueno, te damos gracias por el perdón recibido. Aquí nos tienes a hacer eficaz la luz recibida, abierto a tus llamadas. Queremos proclamar que tu vives, y que tu misericordia es eterna. Bendito sea por los siglos de los siglos. Amen.

Bendición
Dios Padre os bendiga y os ayude a ser testigos del perdón celebrado. Amen

Que habiendo recibido la misericordia de Dios, podíais comprender las faltas de los demás como Dios comprende las vuestras. Amen

Que en su bendición aleje de vosotros las envidias, las faltas de amor, y las ideologías para que crezca la comunión y se construya la comunidad Cuerpo de Cristo. Amen

Canto final: Esta es la casa del Señor
 

 

Foto: cuadro de R. Margareto.

2013-03-10: La oveja perdida

Introducción


Nos juntamos hoy para celebrar y hacer vida la Palabra de Jesús, nuestro compañero en este camino hacia el Padre. En nuestro peregrinar se nos hace arduo en ocasiones andar porque nos damos cuenta que nos hemos alejado de ese camino. Por ello vamos a implorar al Padre bueno que nos envíe con un canto su Espíritu Santo.
Acto seguido, explicaremos la dinámica de esta celebración, en la que nuestras palabras se van a ver contestadas por la respuesta del Padre.
Después, leeremos el capítulo de Lucas donde Jesús expone, mediante parábolas, la misericordia del Padre que acabamos de experimentar.
Escucharemos una canción que actualiza el mensaje de Jesús en esta Palabra de ánimo y esperanza, para por último expresar nuestra gratitud. Es la mirada agradecida de un hijo que se da cuenta del infinito amor de su Padre, y reconoce la necesidad que tiene de él.
Hagamos, pues, silencio orante, para pedir luz a Dios.

ENVÍANOS TU SOPLO DE PADRE
Mándanos, Dios, tu Espíritu Santo,
envíanos, Dios, tu soplo de Padre,
que nos haga entender que tu fraternidad
somos toda la humanidad.

Padre, alúmbranos,
¡danos tu luz!
Infunde en las almas de los hombres tu amor,
que nadie quede fuera de nuestro corazón.

¡Ven, Santo Espíritu!,
renueva la tierra,
tráenos tu soplo que nos convierta,
pongamos la vida en vivir tu plan,
que todos sintamos tu amor y tu paz.

Padre, alúmbranos,
¡danos tu luz!
Infunde en las almas de los hombres tu amor,
que nadie quede fuera de nuestro corazón.

NADIE TE AMA COMO YO
Cuánto he esperado este momento
cuánto he esperado que estuvieras así,
cuánto he esperado que me hablaras,
cuánto he esperado que vinieras a mí.

Yo sé bien lo que has vivido,
yo sé bien por qué has llorado,
yo sé bien lo que has sufrido,
pues de tu lado no me he ido.

PUES NADIE TE AMA COMO YO,
PUES NADIE TE AMA COMO YO.
MIRA LA CRUZ, ESA ES MI
MAS GRANDE PRUEBA.
NADIE TE AMA COMO YO.
PUES NADIE TE AMA COMO YO.
PUES NADIE TE AMA COMO YO.
MIRA LA CRUZ, FUE POR TI,
FUE PORQUE TE AMO.
NADIE TE AMA COMO YO

Yo sé bien lo que me dices,
aunque a veces no me hablas,
yo sé bien lo que en ti sientes,
aunque nunca lo compartas.

Yo a tu lado he caminado,
junto a ti yo siempre he ido.
Aún a veces te he cargado,
yo he sido tu mejor amigo.

ME LEVANTARÉ
Me levantaré e iré a mi Padre,  
le declararé: “Te amo, Señor”

Lectura del Evangelio de Lucas 15

Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»
Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido." Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.
O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido." Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
Dijo: «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre.
Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta.
Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!" «Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."»

PADRE Y MADRE
Una vida distinta quiero empezar, sin más dependencias,
sin más malgastar.
Dije “Padre, dame mi parte” y atrás dejé su ley a cambio del vacío
del volar y del tener.
Padre, pequé, como un siervo trátame.
Malgasté toda tu herencia, por favor: acógeme. (Bis)
Con ternura me espera, ¡sigo siendo su hijo!
He vuelto a la hacienda, es como un nuevo bautizo.
Él me acepta cual soy, me enjoya y me viste.
“porque estabas muerto y hoy ya renaciste.”
Padre, a ti iré. Me levantaré. No te dejaré por ninguna otra ley. (Bis)
De mi egoísmo me levantaré. De mi prepotencia me levantaré.
Mi autosuficiencia la abandonaré, porque sólo tú eres Padre y Madre. (Bis)
Padre, a ti iré. Me levantaré. No te dejaré por ninguna otra ley. (Bis)


EXTIENDE TU MANO
Extiende tu mano, Señor
pues todo lo puede tu amor
hoy te confieso
mi Dios, mi Señor salvador
ya no hay tinieblas en mí
solo hay luz
ahora extiende tu mano, Jesús (Bis)

Escucha, Señor mi oración
hoy te entrego mi corazón
borra mis faltas, Dios salvador
hoy te confieso, Señor
Borra mis faltas, Dios salvador
hoy te confieso, Señor (Bis)

 

2013-05-05 Sobre el día de la madre

 

Saludo e invocación

Queridos hermanos y hermanas: bienvenidos a esta Celebración Ecuménica de la Palabra. Mañana celebramos el Día de la Madre y esta noche vamos a celebrar la maternidad, pero no la maternidad ñoña del Corte Inglés, sino la maternidad sin género, a la que todos estamos llamados: la maternidad que es origen, vida y meta. Origen, porque fue una mujer la que nos dio a luz. La luz de la fe también nos la da una mujer, la Ruah, la tercera persona de la Trinidad que confesamos y cuya venida celebraremos dentro de poco. Vida, porque es en la Gran Madre Tierra en la que vivimos, ella es quien nos da sus frutos para alimentarnos, su agua para beber y lavarnos y su aire para respirar y para cantar. Meta, porque en nuestra comunidad todos debemos llegar a ser madres los unos de los otros. Y más aún: meta definitiva, puesto que sólo reposaremos en Dios, que nos quiere con el amor de una madre. Así pues comenzamos nuestra celebración invocando a la Trinidad que todos confesamos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


Reconciliación con Dios, con nosotros y con los hermanos
¿Dónde me esconderé de Dios? ¿Dónde te esconderás, hermano? En su misma misericordia. Nadie puede huir de Dios mas que refugiándose en su misericordia (San Agustín, Sermón 351).

No es posible celebrar la acción de Dios en nuestra vida si no tenemos conciencia de que Le necesitamos, de que caminamos hacia Él a oscuras, tropezando, y que para levantarnos tenemos que reconocer que estamos en el suelo.

Vamos a pedirle al Señor perdón por todo aquello que nos aparta de El. Con cada petición de perdón sale una flor de primavera.

 

(Peticiones tras la reconciliación)

Confiados en que el Señor renueva y revitaliza a aquéllos que reconocen sus faltas, decimos todos juntos: Dios Todoamoroso tiene misericordia de nosotros, perdona nuestros pecados y nos lleva a la Vida Eterna. Amén.

 

Paz (2 coros)

Que el Señor os bendiga y os proteja
Que el Señor os mire con agrado
Que el Señor os muestre su Bondad.
Que el Señor os mire con amor
(todos) y que nos conceda la Paz y la Unidad. Amén.

 

Lecturas
Lectura del libro del Génesis

Como hubiese envejecido Isaac, y no viese ya por tener debilitados sus ojos, llamó a Esaú, su hijo mayor: ¡Hijo mío!» El cual le respondió: «Aquí estoy.» «Mira, dijo, me he hecho viejo e ignoro el día de mi muerte. Así pues, toma tus saetas, tu aljaba y tu arco, sal al campo y me cazas alguna pieza. Luego me haces un guiso suculento, como a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma, a fin de que mi alma te bendiga antes que me muera.»
Ahora bien, Rebeca estaba escuchando la conversación de Isaac con su hijo Esaú. Esaú se fue al campo a cazar alguna pieza para el padre, y entonces
Rebeca dijo a su hijo Jacob: «Acabo de oír a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú diciendo: Tráeme caza, y hazme un guiso suculento para que yo lo coma y te bendiga delante de Yahveh antes de morirme. Pues bien, hijo mío, hazme caso en lo que voy a recomendarte. Ve al rebaño y tráeme de allí dos cabritos hermosos. Yo haré con ellos un guiso suculento para tu padre como a él le gusta, y tú se lo presentas a tu padre, que lo comerá, para que te bendiga antes de su muerte.» Jacob dijo a su madre Rebeca: ¡Pero si mi hermano Esaú es velludo, y yo soy lampiño! ¡A ver si me palpa mi padre, y le parece que estoy mofándome de él! ¡Entonces me habré buscado una maldición en vez de una bendición!» Dícele su madre: «¡Sobre mí tu maldición, hijo mío! Tú, obedéceme, basta con eso, ve y me los traes.»

El fue a buscarlos y los llevó a su madre, y ella hizo un guiso suculento, como le gustaba a su padre. Después tomó Rebeca ropas de Esaú, su hijo mayor, las más preciosas que tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo pequeño. Luego, con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y la parte lampiña del cuello, y puso el guiso y el pan que había hecho en las manos de su hijo Jacob.

Lectura del Evangelio según San Mateo (15, 21-28)
Jesús se marchó de allí y se retiró al país de Tiro y Sidón. Y hubo una mujer cananea, de aquella región, que salió y se puso a gritarle: -Señor, Hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le contestó palabra. Entonces los discípulos se le acercaron a rogarle: Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les replicó: -Me han enviado sólo para las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se puso a suplicarle: -¡Socórreme, Señor! Jesús le contestó: -No está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perros. Pero ella repuso: -Anda, Señor, que también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. Jesús le dijo: -¡Qué grande es tu fe, mujer! Que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Preguntas para la reflexión

• ¿Cómo actúan las mujeres en estos dos relatos? ¿Es lo que esperaría de ellas una sociedad patriarcal? ¿Qué las mueve a actuar?
• Y yo, ¿cómo actúo en mi vida ante situaciones difíciles? ¿Actúo como espera de mi la sociedad de hoy? ¿Me salto las reglas si lo creo necesario? ¿No será que actúo a mi conveniencia? ¿Dónde está Dios en todo esto?

Jesus dijo: "pedid y se os dará". Pidamos con confianza por nuestras necesidades y las de todos los hijos e hijas de Dios al Padre-Madre amorosa, que las conoce antes que nosotros mismos. 

• Por la unión de los hijos e hijas de Dios en pro de la Justicia y la Solidaridad. Que sepamos trabajar codo a codo con los hermanos, que sepamos poner a disposición nuestro tiempo y nuestros talentos para mostrar a los hombres y mujeres del mundo y, en especial del mundo LGTB, el abrazo amoroso de Dios.

• Por la unión de los hijos e hijas de Dios en la vida. Que sepamos ver las necesidades del hermano y la hermana, con quien trabajamos, con quien vivimos, con quien estamos en la Comunidad. Que no pase un día sin preocuparnos por aquellas personas que Dios pone en nuestra vida para santificarnos y santificar el mundo.
• Por la unión de los hijos e hijas de Dios en la celebración. Que sepamos celebrar la fe tanto en Crismhom como fuera de una manera abierta y participativa, como muestra de la riqueza y multiplicidad de las manifestaciones del Dios de la diversidad.

Bendición (2 coros)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que su Nombre sea alabado
hasta los confines del orbe.

 

2013-12-07 Celebración ecuménica de la palabra: contemplando la encarnación

Ejercitándose en la práctica de la presencia de Dios en la vida y en andar el camino que Dios quiere hacer con nosotros. Entrenándose en la escucha de la voz de Dios en el corazón. Dándose tiempo a sentir la resonancia interior de las cosas sencillas y pequeñas; los suaves impulsos con los que el Espíritu Santo nos llama poco a poco, configurando nuestra propia vocación: la llamada de Dios a proclamar su amor con nuestra vida.

Deseemos que ejercitarnos espiritualmente nos ayude a revivir en nosotros la oración incesante, volver a experimentar el amor que Dios nos tiene y reconocer los impulsos del Espíritu, que quiere convertirnos cada vez más en la imagen que Dios tiene de nosotros.

 

Celebración de Adviento: contemplación de la encarnación

 
Canto: "Preparad el camino al Señor y escuchad la palabra de Dios".
 
Introducción: Comenzamos el tiempo de Adviento con el deseo de estar atentos y despiertos: porque un niño nace nuevamente entre nosotros. Un niño que con su inocencia entra en nuestra vida y lo va poniendo todo patas arriba. Hoy pedimos para que le dejemos acampar y entrar. El Adviento va sobre preparativos, estar pendientes de un nacimiento, la esperanza de una venida, tener las cosas a punto. Cuando un niño nace, acapara toda la atención. El Adviento es la etapa final del embarazo. Un niño nace y acampa entre nosotros. Viene a compartir, a hacerse nuevamente uno de nosotros hasta la venida final del Señor. El inicio de nuestro Señor omnipotente es el de un niño indefenso que sólo puede subsistir con nuestros cuidados. Preparad el camino al Señor, haced rectas todas sus sendas. Que el lobo habite con el cordero. No harán daño y estrago por todo mi Monte Santo. Consolad, consolad a mi pueblo, que se ha cumplido su servicio y está pagado su pecado. Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él. Este es el clima del Adviento. Dispongámonos y preparémonos porque un niño se nos ha dado, al que llamarán Dios Todopoderoso, el Padre perpetuo, el Príncipe de la paz. Hagámosle un hueco en nuestra vida aunque nos ponga todo patas arriba. Él a cambio, nos dará la felicidad.
 
Ejercitándose espiritualmente cada día.
Ejercitándose en la práctica de la presencia de Dios en la vida y en andar el camino que Dios quiere hacer con nosotros. Entrenándose en la escucha de la voz de Dios en el corazón. Dándose tiempo a sentir la resonancia interior de las cosas sencillas y pequeñas; los suaves impulsos con los que el Espíritu Santo nos llama poco a poco, configurando nuestra propia vocación: la llamada de Dios a proclamar su amor con nuestra vida.
 
Deseemos que ejercitarnos espiritualmente nos ayude a revivir en nosotros la oración incesante, volver a experimentar el amor que Dios nos tiene y reconocer los impulsos del Espíritu, que quiere convertirnos cada vez más en la imagen que Dios tiene de nosotros.
 
Ejercitarse espiritualmente para vaciar la casa y que Dios pueda entrar en todas las habitaciones de nuestra vida. ¿Puede acaso entrar Dios en la habitación de mi trabajo, en la de mi pareja, mis amigos, mi familia? ¿Acaso en las habitaciones de los demás? ¿Soy acaso dueño de mi casa? ¿Hay otros dueños que abren y cierran, que hacen lo que no queremos y no nos dejan hacer lo que queremos? ¿Dejamos estar a Dios en todas las habitaciones o facetas de nuestra vida?
 
Llevo años buscando un dracma perdido en mi casa. Barro la casa y enciendo un candil. Busco pero no encuentro, hay muchos trastos. Hay habitaciones en las casi no se puede ni entrar. Contemplo a veces el momento en que convoco a mis amigos y vecinos para decirles: ¡¡felicitadme!!, ¡¡felicitadme mucho!! Porque después de tanto buscar, he encontrado el dragma perdido.
 
Conozco tus obras y tu arduo trabajo y paciencia, dice nuestro Señor; conozco que no puedes soportar a los malvados y que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido y has tenido paciencia y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete.
 
Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia [...] Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él para alcanzar la Vida eterna.
 
Canto: "La misericordia del Señor, cada día cantaré"
 
1. El tiempo no perdona, perdonamos cada uno de nosotros. El olvido que da el tiempo no es el perdón. Para perdonar lo imperdonable, tratamos de comprender. Sin embargo la raíz honda del perdón es el amor sin comprensión. Ostentamos nuestro poder de perdonar, decidiendo y negociando el momento y la forma en que perdonamos. El verdadero perdón es incondicional.
 
2. La causa del perdón no es el tiempo, la comprensión o el poder personal de perdonar. Cuando el perdón ocurre, es un auténtico acontecimiento que se produce en un instante concreto, inspirado, "mágico", que se recuerda con día y hora rozando lo sobrenatural, que viene de fuera y nos sorprende hasta el punto de reconocer que no es nuestro. El perdón es ese instante, quizá desencadenado por un proceso previo, tras el que se inicia otro: la reconciliación.
 
3. El perdón supone una relación no deseada con el mal que se nos hace, una vinculación con el resquemor, la venganza y otros sentimientos que experimento en mi interior y que conscientemente decido no volcar en los demás, para sufrirlos yo. No se puede perdonar a medias. Es preciso una renuncia, a veces faraónica, a uno mismo, a mis propias heridas. 4. El perdón consciente, incondicional y gratuito sólo puede darse cuando uno ha sido y se siente infinitamente querido y perdonado. Y tan agradecido por ello, que uno no puede sino imitar ¡aquello tan grande que le han regalado.
 
4. El perdón consciente, incondicional y gratuito sólo puede darse cuando uno ha sido y se siente infinitamente querido y perdonado. Y tan agradecido por ello, que uno no puede sino imitar ¡aquello tan grande que le han regalado.
 
5. Para los creyentes, el perdón verdadero, el más hondo y puro se realizó una vez en la historia: cuando Jesús con sus brazos extendidos en la cruz nos acoge diciendo: "perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen". Y tras ese instante sobrenatural, nos encomendó una tarea: la de intentar replicarlo con su ayuda hasta el confin de los tiempos.
 
Mateo 3,1-12: Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos." Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: "Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos." Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: "¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga."
 
Contemplando la encarnación
Sobre el cariño con que Dios creó el mundo: "Una vez se le presentó a Ignacio de Loyola en el entendimiento con grande alegría espiritual el modo con que Dios había criado el mundo, que le parecía ver una cosa blanca, de la cual salían algunos rayos, y que della hacía Dios lumbre. Mas estas cosas ni las sabía explicar, ni se acordaba del todo bien de aquellas noticias espirituales, que en aquellos tiempos le imprimía Dios en el alma".
 
Contemplando el cariño inmenso con que Dios creó el mundo. Mirando cómo la Trinidad contempla el mundo. Egos y desamores, guerra y violencia. Empatizando con el sufrimiento y la pena de las tres personas. Contemplando la potencial guerra en Siria, atentados, dirigentes que matan a su propia gente con armas químicas, niños incluidos ... Mirando cómo cada cual va a lo suyo, buscando el propio interés. Viendo en mi entorno cercano indiferencia y omisión, individualismo y egocentrismo.
 
Contemplando el mal en el mundo, la guerra, la explotación con un profundo sentimiento de impotencia. Contemplando a las tres personas divinas mirando la situación en el mundo. Viéndose afectadas hondamente por esta situación, deciden enviar a una de ellas para salvar al mundo. Haciéndose hombre, uno de tantos, nacido en un pesebre, en medio de pastores.
 
Contemplando la mirada cariñosa de Dios al mundo, hilando un plan de felicidad. Mirando también la solidaridad y la tolerancia, el cariño correspondido de creatura a Creador. También la infelicidad de las personas que se cierran al amor. Deciden así las tres personas divinas, enviar al Hijo amado para redimir al mundo. Hilando un plan de felicidad para todas las personas que viven y generan el desamor y para las que con su amor rompen esa dinámica.
 
Sobre la humanidad de Cristo: "Muchas veces y por mucho tiempo, estando en oración Ignacio de Loyola, veía con los ojos interiores la humanidad de Cristo, y la figura, que le parecía era como un cuerpo blanco, sin distinción de miembros [...] Esto visto le confirmó tanto entonces como siempre en la fe, que muchas veces ha pensado consigo: si no hubiese Escriptura que nos enseñase estas cosas de la fe, él se determinaría a morir por ellas, solamente por lo que ha visto".
Mirando cómo el ángel Gabriel anuncia a María ese plan soñado por Dios para que ella le ayude. Mirándolo con mucha envidia, porque me encantaría recibir ese anuncio en el que Dios me cuenta sus planes.
 
"En este tiempo trataba Dios a Ignacio de Loyola de la misma manera que trata un maestro a un niño, enseñándole; y ora esto fuese por su rudeza y grueso ingenio, o porque no tenía quien le enseñase, o por la firme voluntad de servirle, que claramente él juzgaba y siempre ha juzgado, que Dios le trataba desta manera".
Uniendo voluntad y corazón, intención y deseo para pedir y buscar conocimiento interno del Señor, que por mí se hizo hombre, para que más le ame y le siga.
 
Contemplando la omnipotencia de Dios que no quiere llevar a cabo solo, el proyecto de redención del mundo. Quiere necesitar y depender de la ayuda de una chiquilla, María,  y la mía (un alguien insignificante) para llevarlo a cabo. Contemplando cómo tanto María como yo mismo, somos piezas clave para el proyecto de redención de Dios. Contemplando la humanidad de Cristo, el deseo expreso de ser  uno de tantos, carne de nuestra carne, limitado y pequeño.
 
Creando conciencia, haciendo silencio en medio de mucho ruido. Contemplando a María, su desconcierto y confusión. Mirando también mis miedos, mis excusas. Mirando cómo María pregunta que cómo va a ser posible tener un hijo sin conocer varón. Escuchando palabras del ángel: "no tengas miedo". Escuchando y recibiendo un plan que no es el suyo. Viéndose de Dios y perteneciendo a Él, deja que se haga según su voluntad. Sea mi voluntad y mi corazón movido, para poder decir que SÍ.
 
Compartiendo sufrimientos. Acumulando tensión por ayudar al que está en una situación límite. Unos corriendo, olvidando, volviendo. Otros enfermando por no poder más. Compartiendo inseguridades y agobios. Haciendo presencia silenciosa. Pensando en mí, sin pensar en los demás. Pensando en los demás, sin pensar en mí. Con grandes dudas, mucha indecisión. Si vosotros compartís nuestros sufrimientos, también compartiréis nuestro consuelo; os lo decimos y lo esperamos con mucha firmeza.
 
Quiera mi Señor mover mi voluntad para tomar decisiones acertadas. Poniendo día a día en mi ánima, afecto y razón sobre lo más conveniente. Deseando y eligiendo ir acertando en las pequeñas decisiones diarias, para que así educado, tenga a bien mi Señor concederme la dicha de acertar en las grandes decisiones. Eligiendo con su favor y ayuda, lo que sea su mayor servicio y alabanza.
 
Contemplando a los colaboradores de Dios. Se sintieron llamados a seguirle, con sutiles percepciones e intuiciones que les hicieron encontrarse encajados en su sitio. Sintiéndose con paz, alegría y esperanza, pese a la crudeza de ciertas situaciones que tuvieron, tienen y tendrán siempre que vivir, precisamente por seguir esa intuición, que les hizo sentirse en su sitio.
 
Estamos tan ocupados con nosotros que no oímos cuando Dios nos llama, ni escuchamos lo que nos dice a través de los demás. Seleccionamos lo que nos da seguridad, descartamos lo que nos cuestiona. No percibimos los sutiles sonidos de los demás, cuando nos dicen que su situación es difícil.
 
Si yo, con mis grandes limitaciones y omisiones, soy capaz de ofrecerte lo mejor que tengo, ¡cuánto más, nuestro Padre celestial, dará Espíritu Santo a los que se lo pidamos! Es por eso que pido, busco y llamo, para recibir, encontrar y que se me abran ventanas y puertas para seguir siempre hacia adelante.
 
Peticiones espontáneas
Padrenuestro
Paz
 
Despedida: Profetizando con denuncia y renuncia. Poniendo a Dios primero y después a las instituciones. Intentando hacer cosas ordinarias con amor extraordinario. Porque Dios no busca a los capaces, sino que capacita a los que buscan. Saliendo de nosotros mismos, de nuestros lugares cómodos, para encontrar otros donde a pesar de poder estar más incómodos, en realidad nos encontramoss mucho mejor. No queriendo sólo hacer memoria de lo que sucedió, sino deseando vivamente celebrar lo que está por venir. En nombre de CRISMHOM, os deseamos muy FELIZ ADVIENTO:
 

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado.

Y la soberanía reposará sobre sus hombros.

y le llamarán:

Maravilloso Consejero, Dios Todopoderoso,

Padre Perpetuo, Príncipe de la Paz.

(Isaías 9, 10)

“For unto us a child is born, Unto us a Son is given.

And the government shall be upon his shoulder.

And His Name shall be called:

Wonderful Counsellor, Almighty God,

The Everlasting Father, The Prince of peace”.

(Isaiah 9, 10)

 

 

Nuevo evento: 
Sáb, 07/12/2013 - 20:30 - 22:00

2014 Celebración ecuménica de la palabra

2014-04-17 Oración Jueves Santo y Celebración Ecuménica: Jueves Santo

 “Cristo Acoge No Margina”Crismhom - ICM Pan de Vida

 

1.- Saludo.

Queridos hermanos y hermanas, os damos la bienvenida a todos y todas... que el Señor esté siempre con vosotros.

Y con tu espíritu.

 

2.- Introducción al culto.

Esta tarde-noche hemos venido, juntos como hermanos y hermanas, a celebrar la memoria de la Cena de Despedida de Jesús...

 

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3.- Invocación.

Senor, en la eucaristia nos llamas a todos juntos para ser uno en ti, pero fallamos en poner aparte nuestras diferencias y edificar juntos justicia y amor entre nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Oh Cristo, Señor nuestro: En la eucaristía tú nos sirves pero el servicio y el sacrificio en beneficio de otros nos parecen con frecuencia demasiado humillantes y nos cuesta demasiado realizarlos.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, en la eucaristía tú sigues entregándote a ti mismo por nosotros, pero, cuando nosotros tenemos que compartir, con frecuencia medimos y pesamos nuestros dones y no nos damos a nosotros mismos.

Señor, ten piedad de nosotros.

Sabemos que nos amas, y que gracias a ti y a la Comunión que vamos a recibir, nuestras faltas son perdonadas. Enséñanos a servirte a ti y a la gente desde lo profundo de nuestros corazones.

Gracias por el sacrificio que has hecho por nosotros, Señor. En ti somos perdonados y nos salvamos.

Pidamosle a Dios fortaleza para continuar mejorando en el camino de nuestra vida cristiana. (breve silencio para meditar)

 

4.- Canto: ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪

 

5.- La Palabra. Salmo 115

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Mucho le cuesta al Señor

la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

hijo de tu esclava;

rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

 

1ª Lectura: Éxodo (12.1-8.11-14)

2ª Lectura: 1 Corintios (11,23-26)

Evangelio: Juan (13,1-15)

 

6.- Homilía.

 

7.- Lavatorio de los pies

Dice el Señor: “Si yo, que soy vuestro Maestro y Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros, porque os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo hice con vosotros”.

8.- Compromiso por la unidad.

Pablo retaba a los cristianos de Corinto a que conocieran en su corazon y mostraran en sus acciones que Cristo no esta dividido...

Con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor suyo y nuestro,

 Juntos, estamos llamados a ser santos.

 Agraciados por Dios en todas las maneras,

 Juntos, damos gracias los unos por los otros.

Enriquecidos sobremanera con toda clase de dones por medio de nuestra unión con Cristo,

 Juntos, no carecemos de ningún don espiritual.

Firmes en Dios que nos fortalece para el amor y el servicio,

Juntos, confesamos que Dios cumple su palabra.

Abrazados por Jesucristo,

 Juntos, estamos llamados a la concordia.

Unidos en un mismo pensar y sentir,

Juntos, buscamos la armonía.

Superando nuestras riñas por aquel que fue crucificado por nosotros,

 Juntos, pertenecemos a Cristo.

¿Es que Cristo está dividido?

 ¡No! ¡Juntos, salimos al mundo para proclamar su buena noticia!

 

9.- Ofrenda: Demos gloria y gracias a Dios con nuestras ofrendas.

 

10.- Bendición de las Ofrendas.

Te damos gracias Señor por estas ofrendas que nos brindas, las cuales nos permiten continuar con la misión de llevar el mandamiento del amor a los excluidos...

Amén.

 

11.- La Paz: ♪♪ ♪♪ ♪♪ La paz este con nosotros ♪♪ ♪♪ ♪♪

Como hermanos y hermanas en Cristo, nos damos la paz.

 

12.- Liturgia Eucarística / 13.- Santa Comunión y Cena Fraterna

14.- Oración C omunitaria.

En esta noche, tan diferente de otras noches, estamos invitados con los apóstoles a la Cena del Señor. Roguémosle que sepamos conectar íntimamente con su propia actitud y disposición interior, en aquella noche antes de su pasión, y digámosle:

R/ Quédate con nosotros, Señor.

Y ahora, en voz alta o en privado abrimos nuestros corazones y alzamos nuestras oraciones.

Señor te pedimos que escuches las plegarias de nuestra comunidad, y que seamos un hogar para todas las gentes sin importar su origen o condición. En tus muchos nombres oramos.

Amen.

 

15.- Padre Nuestro/ Oración Crismhom

Guiados por Jesús mismo, oramos con su plegaria confiada a Dios.

Oración

Señor, Jesucristo, imploramos tu protección e intersección ante el Padre, por toda la comunidad LGTB, por todos aquellas personas que no se aceptan a sí mismas, que sufren en soledad, son perseguidas por su orientación sexual o su identidad de género y que no son comprendidas ni aceptadas en su entrono mas cercano.

Te damos gracias y te pedimos por CRISMHOM. Para que juntos construyamos tu Reino y seamos luz y faro en nuestra comunidad LGTB de Madrid. Amen

 

16.- Bendición.

Después de la Última Cena, Jesús fue con sus apóstoles al huerto de Getsemaní a orar, antes de que lo apresaran y comenzara así su pasión, para morir al día siguiente en la cruz. Como a los apóstoles, el Señor nos pide a nosotros también vigilar y orar con él. Que la bendición de Dios, Padre-Madre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca siempre!

 Amén.

 

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2014-04-18: Viernes Santo

I N T R O D U C C I Ó N

Vamos a hacer este rato de meditación y oración, trayendo ante nosotros el día de Viernes Santo, ese momento crucial en la vida de Jesús, en el que se desarrolla el drama entre el Padre y su Hijo. Jesús ha nacido para hacer la voluntad de Dios, su Padre, fuente de toda bondad y belleza. Al principio de su vida pública, la voluntad de Dios es alegre. Jesús junta a un grupo de amigos y sale a los caminos a predicar la Buena Nueva del Reino, el Evangelio de la misericordia y del perdón para todos. Y hay lirios del campo, y tesoros escondidos y perlas preciosas y bienaventuranzas aunque sean paradójicas.

 

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Pero poco a poco, las cosas se van torciendo y Jesús se va dando cuenta de que hay hombres que endurecen su corazón para no escucharle y de que su mensaje y su visión de Dios, provocan un enfrentamiento cada vez mayor con los guardianes de la Religión del Templo, que le va a conducir a la muerte. Y Jesús se va haciendo progresivamente consciente de esos negros presagios y la voluntad de Dios, que es amor y solo amor, se va volviendo oscura para él. Y hasta parece que el Padre Bueno se vuelve ausente en la cruz, aunque Jesús grita desde el madero su confianza en Él.

                         La realidad del mal

CANTO: A ti levanto mis ojos,a ti que habitas en el Cielo, a ti levanto mis ojos, porque espero tu misericordia.

Como están los ojos de los esclavos, fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia

Como están los ojos de la esclava, fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de burlas, misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecio.

Nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, nuestra alma está saciada del desprecio de los orgullosos.

ORACIÓN:  Jesús, hijo del Padre Bueno, ayúdanos a comprender la realidad del dolor, que se nos vuelve tan oscura, a combatir el mal en la forma en que tú lo has combatido y a vercon tus ojos de misericordia y amor a todos los que sufren. Amén.

CANTO: ¿ Hasta cuándo Señor, seguirás olvidándome?¿ hasta cuándo Señor, va a triunfar mi enemigo?

1-           En Uganda, el presidente Yoweri Miseveni ha firmado una ley que aumenta las penas de prisión para los homosexuales, incluyendo cadena perpetua para los reincidentes y que castiga a familiares y allegados que no denuncien estas prácticas.

 

LECTURA:Lamentaciones 3, 1-9

Yo soy un hombre que ha probado el dolor bajo la vara de su cólera,/ porque me ha llevado y conducido a las tinieblas y no a la luz;/ está volviendo su mano todo el día contra mí. / Me ha consumido la piel y la carne y me ha roto los huesos;/ en torno mío ha levantado un cerco de veneno y amargura/ y me ha confinado en las tinieblas, como a los muertos de antaño. / Me ha tapiado sin salida cargándome de cadenas; / por más que grito “Socorro” , se hace sordo a mi súplica; me ha cerrado el paso con sillares y ha retorcido mis sendas.

CANTO: ¿Hasta cuándo…

2-           En España, la valla que separa Marruecos de la Ciudad Autónoma de Melilla, está provista de unos objetos cortantes llamados concertinas que provocan graves lesiones en los inmigrantes africanos que, huyendo de las guerras y la miseria intentan saltarla para llegar a nuestro país.

LECTURA: Isaías II 50, 4-8 Tercer cántico del siervo

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, / para saber decir al abatido una palabra de aliento. / Cada mañana me espabila el oído, / para que escuche como los iniciados. /El Señor me abrió el oído:/ yo no me resistí ni me eché atrás:/ ofrecí la espalda a los que me apaleaban, / las mejillas a los que mesaban mi barba; / no me tapé el rostro ante ultrajes y salivazos. / El señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes;/, por eso endurecí el rostro como pedernal,/ sabiendo que no quedaría defraudado./ Tengo cerca a mi defensor, ¿ quién pleiteará contra mí?

CANTO: ¿Hasta cuándo…

3-           En Rusia, el Presidente Vladimir Putin aprobó en junio de 2013 una ley que prohíbe la propaganda de las relaciones sexuales no tradicionales. La ley define como propaganda todas aquellas manifestaciones públicas sobre relaciones con personas del mismo sexo. Desde la aprobación de la ley, la violencia homófoba ha experimentado un crecimiento vertiginoso.

LECTURA: Salmo 13

¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome,/ hasta cuándo me esconderás tu rostro?/ ¿ Hasta cuándo he de estar cavilando/ con el corazón apenado todo el día?/ ¿ Hasta cuándo va a triunfar mi enemigo?/ Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;/ sigue dando luz a mis ojos,/ líbrame del sueño de la muerte;/para que no diga mi enemigo:” Le he podido”,/ ni se alegre mi adversario de mi fracaso./ Pues yo confío en tu lealtad,/mi corazón  se alegra con tu salvación/ y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

CANTO: ¿Hasta cuándo…

4-           En España, según el Informe de Cáritas, el riesgo de pobreza entre los niños menores de 18 años se situó en 2012 en el 29,9%, casi 9 puntos por encima de la media de la Unión Europea.

LECTURA:Hebreos 5, 7-10

Jesús, en lo días de su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, a gritos y con lágrimas, al que podía salvarlo de la muerte; y Dios lo escuchó, pero después de aquella angustia, Hijo y todo como era. Sufriendo, aprendió a  obedecer y así consumado, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que lo obedecen a él, pues Dios lo proclamó sumo sacerdote en la línea de Melquisedec.

CANTO: ¿Hasta cuándo…

5-           En Siria, tras tres años de conflicto han muerto más de 150.000 personas un tercio de ellas civiles.

LECTURA: Crucifixión y muerte de Jesús según san Mateo

Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber.. Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. Luego se sentaron a vigilarlo. Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos.»  También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

 Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.» Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él!  Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.»  Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban.

 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la punta de una caña para darle de beber. Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.»  Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.

En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso. Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente. El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.».

SILENCIO: “Erbarme dich mein Gott” (Misericordia, Señor)

ADORACIÓN DE LA CRUZ.

ORACIÓN: Señor, Dios Padre bueno, Tú que estabas sosteniendo a Jesús, tu Hijo Amado, en la oscuridad de su noche en la cruz, ayúdanos a confiar en ti en el dolor y a sostener a nuestros hermanos que sufren por Jesucristo Nuestro Señor: Amén

CANTO FINAL: Nada te turbe

 

 

“A TI LEVANTO MIS OJOS”
Texto: SALMO 121
Música: MIGUEL MANZANO
Versión Original.

Intro: mim la mim

lam7 RE7 SOL7+ mim
A ti levanto mis ojos, __
lam6 SI7 mim
a ti, que habitas en el cielo,
lam7 RE7 SOL7+ mim
a ti levanto mis ojos, __
lam6 SI7 mim
porque espero tu misericordia.

mim lam6
1. Como están los ojos de los esclavos
SI7 mim
fijos en las manos de sus señores,
FA#7
así están nuestros ojos en el Señor
SI7 mim
esperando su misericordia.
 

 

2. Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de sus señora,
así están nuestros ojos en el Señor,
esperando su misericordia.

3. Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de burla,
misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecio.

4. Nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos;
nuestra alma está saciada
del desprecio de los orgullosos.

 

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2014-10-11 Celebracion ecumenica de la Palabra Shema Israel

Palabra de acogidaBienvenidos todos, hermanos, a esta contemplación de la Palabra; parece que la palabra es apenas escuchada, oída distraídamente las más de la veces.
Pero yo os propongo una contemplación más que una escucha, la Palabra es el Verbo de Dios, y en esta sociedad en que todo es ruido estridente, palabras vacías, música de relleno,  cuesta escuchar, todos queremos hablar, hablamos a la vez, nos interrumpimos unos a otros, pero es en el silencio en que se oye la Palabra, estamos sordos, tenemos oídos y no oímos, como tenemos ojos y no vemos.
Os invito al silencio, a la escucha, a la contemplación de lo que pasa al lado de nosotros, de la suave brisa en que esta Dios.
 
Shemá Israel, Deuteronomio 6,4
 
“Oye, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor.
Ama al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Graba en tu mente todas las cosas que hoy te digo,
ensénaselas continuamente a tus hijos; 
háblales de ellas tanto en casa como en camino,
cuando te acuestes y cuando te levantes.”

 
Palabra del Antiguo Testamento.
La Creación por la Palabra Génesis 1, 1ss
“En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra.
la tierra no tenia entonces forma alguna;
todo era un mar profundo cubierto de oscuridad,
y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas.
 
Dios dijo “Haya luz!”
 
Y hubo luz. Al ver que la luz era buena, la separó de la oscuridad
y la llamó “día,” y a la oscuridad la llamó “noche”.
De este modo se completó el primer día.
 
…Así fue, y vio Dios que todo lo que había hecho era bueno, muy bueno.”
 
Palabra en San Pablo.  Gálatas 3, 22-29 Todos sois hijos de Dios.
“Hermanos,
La Escritura presenta al mundo entero prisionero de pecado, para que lo prometido se dé por la unión en Jesucristo a todo el que cree en él.
Antes de que llegara la fe, estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la ley se manifestase.
Así, le ley fue nuestra niñera, hasta que llegara Cristo y Dios nos aceptara por la fe.
 
Una vez que la fe ha llegado, ya no estamos sometidos a la ley, porque todos somos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesus.
Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo, os habéis revestido de Cristo.
 
Ya no hay distinción entre
 judíos y gentiles.
esclavos y libres,
hombres y mujeres,
homosexuales y heterosexuales
porque todos sois uno en Cristo Jesus.
 
Y si sois de Cristo, sois descendencia  de Abraham
y herederos de su promesa.”
 
Palabra del Evangelio.  Juan 1,1ss
En el principio era la Palabra.
 “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la recibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. 
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria, 
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar:
"Este es aquel del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; 
el que lo ha revelado es el Hijo único,
que es Dios y está en el seno del Padre.”
 
 
 
Momentos de escucha en el silencio 10’
 
Palabras de los Santos en Jesus.
 
Peticiones, Bendiciones, Agradecimientos.
 
Padrenuestro:
 
 
Oración Comunitaria: 
  Amén.
 
Bendición Mutua.
 
Que el Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su Rostro, tenga misericordia de nosotros y nos conceda la paz. Amen.
 

2014-11-08 Culto Ecuménico " La casa de mi amigo"

Crismhom - ICM Pan de Vida  Sabado 8 de Noviembre 2014 Culto Ecuménico de la Palabra:  La casa de mi amigo

.- Introducción al culto y preludio.

(Celebrante)Los cristianos construimos templos para dar culto a Dios. Pero esos templos no tienen sentido si no apuntan hacia el Cuerpo de Cristo animado por su Espíritu. Dios está presente, en primer lugar, allí donde está el pueblo cristiano reunido con su fe, esperanza y amor. Nosotros somos la Iglesia, y por la gracia de Dios nosotros hacemos la Iglesia; somos sus piedras vivas para la construcción. Cuando venimos al templo, expresamos que somos el nuevo pueblo vivo de Dios que construye nuestras vidas en Cristo.

Recordar, hermanos y hermanas, que este lugar es santo, porque el Señor está aquí con nosotros.   Recordemos que nosotros mismos estamos llamados a ser santos ya que somos templo de Dios.  Que el Señor, Jesús, esté siempre con vosotros. (Todos/as) Y con tu espíritu.

 

2.- Invocación.

(C) Te alabamos y te bendecimos, Dios de Vida.

(T)  Bendícenos con tu presencia cada día de nuestra vida.

(C) Te vimos y te sentimos en la historia, siempre cercano a tu pueblo.

(T) Dios, esté presente en nuestras historias, en nuestras comunidades, haciéndote parte de nuestras vidas.

(C)Con amor y misericordia cuidaste, condujiste, animaste y sostuviste a tus hijos e hijas por muchas generaciones.

(T)  Cuídanos y anímanos también a nosotros, úsanos para hacer visible tu paz, justicia y verdad.                

(C)Sabemos que nos amas, y que gracias a ti, nuestras faltas son perdonadas. Enséñanos a servirte a ti y a la gente desde lo profundo de nuestros corazones.

(T) Gracias por el sacrificio que has hecho por nosotros, Señor. En ti somos perdonados y nos salvamos.

(C) Pidámosle a Dios fortaleza para continuar mejorando en el camino de nuestra vida cristiana. (breve silencio)

3.- Himno 

4. Salmo 45

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,

poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe.

 

5.- La Palabra. (lectores/as)

 

1ª Lectura:  Ezequiel (47,1-2.8-9.12)

(Lector/a) Palabra de Dios. (Todos/as) Te alabamos, Señor.

2ª Lectura:Corintios (3,9c-11.16-17)

(L) Palabra de Dios. (T) Te alabamos, Señor.

Evangelio:Juan (2,13-22)

(L) Palabra del Señor. (T) Gloria a Ti, Señor Jesús.

6.- Reflexión y Ecos de La Palabra. (entre todos/as)

*Abrimos un espació de silencio y reflexión para que todos juntos y de forma breve podamos compartir lo que las lecturas de hoy nos inspiran.

 

7.- Confesión de Fe.

(Compendio en Credo Apostólico de M.L.)

(C)Tras escuchar la Palabra, y a quien le sea posible, puestos en pié confesemos nuestra fe.

(T) CREO que Dios me ha creado a mi juntamente con las demás criaturas... Por tanto, estoy obligado a darle gracias por todo, ensalzarle, servirle y obedecerle.

(T) CREO en Jesucristo, verdadero Dios, engendrado del Padre en la eternidad... que me ha redimido a mí.

(T) CREO que el Espíritu Santo me ha iluminado en sus dones y me ha santificado y guardado mediante la verdadera fe... Esto es ciertamente la verdad. Amen.

 

8.- Doxología.

(C) Te damos gracias siempre y en todo lugar, Dios todopoderoso...

 

9.- Acción de Gracias.

 

(C)San Pablo, en su Primera epístola a los Tesalonicenses (1 Tes. 5:18), nos dice lo siguiente: “Manteneos en constante acción de gracias, porque esto es lo que Dios quiere de vosotros como cristianos.” Sumándonos a lo que nos enseña San Pablo, abrimos un espacio para dar gracias en voz alta por todo lo que Dios a obrado en nuestras vidas.

10.- La Paz.

11.- Comunión Espiritual.

*Cada uno de forma individual y en silencio puede recitar esta oración u otra personal.

Creo, Jesús mío, que estás en el Sacramento de la Eucaristía: Te amo y deseo. Ven a mi corazón. Te abrazo; no te apartés nunca de mí. Amen.

 

12.- Peticiones Universales.

(C) Oremos a Jesús, Señor nuestro...

(C)…En tus muchos nombres oramos. (T) Amen.

13.- ???? ?? Padre Nuestro ?? ?? ?? (entre todo/as)

(T) Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros, venga tu reino; hágase tu voluntad; así en la tierra como en el cielo. El pan, danos hoy, nuestro pan de cada día; perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros, perdonamos a quién nos ofende. Y no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal, Amén. Y tuyo, es el reino, y el poder. La gloria, es tuya, eternamente. Amén.

14.- Avisos.

15.- Oración Comunitaria. (entre todo/as)

(T)  Señor Jesucristo, imploramos tu protección e intercesión ante el Padre por toda la comunidad LGTB, por todas aquellas personas que no se aceptan a sí mismas, que sufren en soledad, son perseguidas por su orientación sexual o su identidad de género y que no son comprendidas, ni aceptadas en su entorno más cercano. También te damos gracias y te pedimos por Crismhom y por ICM Pan de Vida, para que juntos construyamos tu Reino y seamos luz y faro en nuestra comunidad LGTB de Madrid. Amén.

16.- Bendición final. (entre todo/as)

(T) Que el Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su Rostro, tenga misericordia de nosotros y nos conceda la paz. Amen.

 

 

2015 Celebración ecuménica de la palabra

2015-01-10 Celebración Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Esta celebración de la palabra tuvo lugar el sábado 10 de enero de 2015 a las 20:30h en Barbieri 18. Es una celebración preparatoria de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que tendrá lugar del 18 al 25 de enero. Contó con la presencia de Juan Larios, pastor de la Comunidad Cristiana La Esperanza de Alcorcón, perteneciente a la IERE (Iglesia Española Reformada Episcopal de comunión Anglicana). Esta comunidad recibió el premio Arco Iris CRISMHOM 2013, por su carácter inclusivo acogedor y abierto a la realidad LGTB.

Viaje, sol abrasador, cansancio, sed … «Dame de beber». Este es el deseo de todo ser humano. Dios, que se hace hombre en Cristo (Juan 1, 14) y se vacía a sí mismo para compartir nuestra humanidad (Filipenses 2, 6-7), es capaz de decirle a la mujer samaritana: «Dame de beber» (Juan 4, 7). Al mismo tiempo, este Dios que sale a nuestro encuentro nos ofrece el agua viva: «el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed sino que esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna» (Juan 4, 14). Consejo Nacional de Iglesias Cristianas de Brasil (CONIC)

 

 

 

Celebración de la palabra

 

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Viaje, sol abrasador, cansancio, sed … «Dame de beber». Este es el deseo de todo ser humano. Dios, que se hace hombre en Cristo (Juan 1, 14) y se vacía a sí mismo para compartir nuestra humanidad (Filipenses 2, 6-7), es capaz de decirle a la mujer samaritana: «Dame de beber» (Juan 4, 7). Al mismo tiempo, este Dios que sale a nuestro encuentro nos ofrece el agua viva: «el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed sino que esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna» (Juan 4, 14). 

 

Canto: Busca el silencio, ten alerta el corazón, calla y contempla.

 

INTRODUCCIÓN

M: En el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea luz y paz.

C: Amén.

M: Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre del Señor.

C: Sea el nombre del Señor bendito desde ahora y para siempre.

M: ¡Oh Dios, cuyo nombre es bendito desde la salida del sol hasta su ocaso! Llena de ciencia nuestros corazones y abre nuestros labios en tu alabanza, para que como eres bendito con el debido honor por todos los siglos, así seas alabado de oriente a occidente por todas las naciones.

C: Amén.

 

CONFESIÓN

 

Canto: En mi debilidad, me haces fuerte, en mi debilidad, me haces fuerte. Sólo en tu amor, me haces fuerte, sólo en tu vida, me haces fuerte, en mi debilidad, te haces fuerte

en mí.

 

M: Hermanos muy amados: Reconociendo con sinceridad lo lejos que estamos de haber cumplido fielmente la voluntad del Señor, humillémonos en su presencia y con un corazón arrepentido, confesemos todas nuestras faltas, seguros de que Él escuchará nuestras súplicas.

C: Dios misericordioso; confesamos que hemos pecado contra ti, por pensamiento, palabra y obra; por lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer. No te hemos amado con todo el corazón; no hemos amado a los demás como a nostros mismos. Sincera y humildemente nos arrepentimos. Ten piedad de nosotros: perdona lo que hemos sido, corrige lo que somos y dirige lo que seremos; así tu voluntad será nuestra alegría y andaremos por tus caminos, para gloria de tu Nombre. Por Jesuscrito, nuestro Salvador. Amén.

M: Dios todopoderoso tiene misericordia de vosotros y os perdona los pecados por medio de Jesucristo; os santifica y os da la vida eterna por el poder del Espíritu Santo. Amén.

C: Dios tenga también de ti misericordia, perdone tus pecados por medio de Jesucristo y te dé la vida eterna por el poder del Espíritu Santo. Amén.

M: El Señor sea siempre con vosotros.

C: Y con tu espíritu.

 

Canto: En mi debilidad

 

LECTURAS BÍBLICAS

 

Efesios 4, 1-17: Yo, que estoy preso por causa del Señor, les ruego que vivan como es digno del llamamiento que han recibido, y que sean humildes y mansos, y tolerantes y pacientes unos con otros, en amor. Procuren mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Así como ustedes fueron llamados a una sola esperanza, hay también un cuerpo y un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos, el cual está por encima de todos, actúa por medio de todos, y está en todos. Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado la gracia conforme a la medida del don de Cristo.

 

Canto: Canta aleluya al Señor, canta aleluya al Señor. Canta aleluya, canta aleluya, canta aleluya al Señor.

 

Juan 4, 1-42: Se enteró Jesús de que los fariseos supieron que cada vez aumentaba más el número de sus seguidores y que bautizaba incluso más que Juan, aunque de hecho no era el mismo Jesús quien bautizaba, sino sus discípulos. Así que salió de Judea y regresó a Galilea. Y como tenía que atravesar Samaría, llegó a un pueblo de esa región llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. Allí se encontraba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca de mediodía.

 

Y en esto que llega una mujer samaritana a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber». Los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. La mujer samaritana le contesta: «¡Cómo! ¿No eres tú judío? ¿Y te atreves a pedirme de beber a mí que soy samaritana?» (Es que los judíos y los samaritanos no se trataban). Jesús le responde: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: "dame de beber", serías tú la que me pedirías de beber, y yo te daría agua viva».«Pero Señor —replica la mujer—, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es hondo. ¿Dónde tienes esa agua viva? Jacob, nuestro antepasado, nos dejó este pozo, del que bebió él mismo, sus hijos y sus ganados. ¿Acaso te consideras de mayor categoría que él?» Jesús le contesta: «Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed sino que esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna». Exclama entonces la mujer: «Señor, dame de esa agua; así ya no volveré a tener sed ni tendré que venir aquí a sacar agua».

 

Jesús le dice: «Vete a tu casa, llama a tu marido y vuelve acá». Ella le contesta: «No tengo marido». «Es cierto —reconoce Jesús—; no tienes marido. Has tenido cinco y ese con el que ahora vives no es tu marido. En esto has dicho la verdad». Le responde la mujer: «Señor, veo que eres profeta. Nuestros antepasados rindieron culto a Dios en este monte; en cambio, ustedes los judíos dicen que el lugar para dar culto a Dios es Jerusalén». Jesús le contesta: «Créeme, mujer, está llegando el momento en que, para dar culto al Padre, ustedes no tendrán que subir a este monte ni ir a Jerusalén. Ustedes los samaritanos rinden culto a algo que desconocen; nosotros sí lo conocemos ya que la salvación viene de los judíos. Está llegando el momento, mejor dicho, ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque estos son los adoradores que el Padre quiere. Dios es espíritu, y quienes le rinden culto deben hacerlo en espíritu y en verdad». La mujer le dice: «Yo sé que el Mesías (es decir, el Cristo) está por llegar; cuando venga nos lo enseñará todo». Jesús, entonces, le manifiesta: «El Mesías soy yo, el mismo que está hablando contigo».

 

En ese momento llegaron los discípulos y se sorprendieron al ver a Jesús hablando con una mujer; pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería de ella o de qué estaban hablando. La mujer, por su parte, dejó allí el cántaro, regresó al pueblo y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha adivinado todo lo que he hecho. ¿Será el Mesías?» Ellos salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús.

 

Mientras tanto, los discípulos le insistían: «Maestro, come». Pero él les dijo: «Yo me alimento de un manjar que ustedes no conocen». Los discípulos comentaban entre sí: «¿Será que alguien le ha traído comida?» Jesús les explicó: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo sus planes. ¿No dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la cosecha? Pues fíjense: los sembrados están ya maduros para la recolección. El que trabaja en la recolección recibe su salario y recoge el fruto con destino a la vida eterna; de esta suerte, se alegran juntos el que siembra y el que hace la recolección. Con lo que se cumple el proverbio: "Uno es el que siembra y otro el que cosecha". Yo los envío a ustedes a recolectar algo que no han labrado; otros trabajaron y ustedes se benefician de su trabajo».

 

Muchos de los habitantes de aquel pueblo creyeron en Jesús movidos por el testimonio de la samaritana, que aseguraba: «Me ha adivinado todo lo que he hecho». Por eso, los samaritanos, cuando llegaron a donde estaba Jesús, le insistían en que se quedara con ellos. Y en efecto, se quedó allí dos días, de manera que fueron muchos más los que creyeron en él por sus propias palabras. Así que decían a la mujer: «Ya no creemos en él por lo que tú nos has dicho, sino porque nosotros mismos hemos escuchado sus palabras, y estamos convencidos de que él es verdaderamente el salvador del mundo».

 

 

CREDO APOSTÓLICO

M: Hermanos, confesemos nuestra fe.

C: Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra del Espíritu Santo; nació de María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos; está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso; de donde ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; en la santa Iglesia Universal, la comunión de los santos, el perdón de los pecados; la resurrección de la carne; la vida eterna. Amén.

M: El Señor sea siempre con vosotros.

C: Y con tu espíritu.

PREDICACIÓN

TIEMPO DE ORACIÓN

ORACIÓN DEL SEÑOR

Padre nuestro, que estás en los cielos: Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánolo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal, porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén.

 

Canto: Qué te puedo dar ¿Qué te puedo dar que no me hayas dado Tú? ¿Qué te puedo decir que no me hayas dicho Tú? ¿Qué puedo hacer por ti? Si yo no puedo hacer nada, si yo no puedo hacer nada si no es por ti, mi Dios.

Todo lo que sé, todo lo que soy, Todo lo que tengo es tuyo. (bis)

OFRENDA: rito de entrada de nuevos socios

RITO DE LA PAZ

ANUNCIOS

BENDICIÓN

M: En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, terminemos con paz. La iglesia del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo, sea con todos vosotros Amén.

Canto despedida: Llevad la buena noticia, a todo ser que respira y decidles que la paz está dentro de sus vidas, y que ellos paz serán si desparraman amor, a todos los hombres que encuentren, por esos caminos de Dios...

 
Nuevo evento: 
Sáb, 10/01/2015 - 20:30 - 22:00

2015-04-03 VIERNES SANTO ADORACIÓN DE LA CRUZ

                      INTRODUCCIÓN   VIERNES   SANTO   2015

Esta celebración de Viernes Santo, he querido que fuese una oración eminentemente contemplativa, de silencio y meditación ante el misterio del dolor. También de adoración silenciosa de nuestro Dios, que ha querido compartir con nosotros todas las tragedias. Para ello, he elegido una travesía por varios autores del siglo XX, músicos y poetas no necesariamente cristianos, pero que han gritado a Dios, como Jesús en la cruz.

El primero es Francis Poulenc, un músico francés, este sí, cristiano, con el sobrecogedor comienzo de su Stabat Mater. El segundo es Paul Celan, un poeta judío de habla alemana, poeta suicida, que grita a Dios todo el horror del Holocausto. Vamos a escuchar también a Job, que litiga incansablemente contra Dios, porque sabe que el daño que sufre no es fruto de su pecado. Y también una saeta del pueblo gitano, un pueblo que a lo largo de la Historia ha sufrido todo tipo de discriminaciones. Escucharemos también a George Trakl, poeta austriaco, drogadicto, atormentado por el amor incestuoso por su hermana, que se suicidó ante la visión de los horrores del frente en la Primera Guerra Mundial. Y por supuesto, escucharemos la voz de Jesús en su Pasión.

Como cristianos, sabemos que la única respuesta que Dios da al dolor del ser humano, es la entrega a ese mismo sufrimiento por amor. Y que la gloria de Dios, que atraviesa la muerte, se revela al tercer día en resurrección de la carne herida.

 

A D O R A C I Ó N   D E   L A   C R U Z

STABAT MATER  ( F. Poulenc )

Stabat mater dolorosa                              Estaba la madre dolorosa

Justa crucem lacrimosa                           junto a la cruz llorosa

Dum pendebat filius                                de la que pendía su hijo.

TENEBRAE 

Estamos próximos, Señor,

próximos y apresables.

Ya apresados, Señor,

Uno en otro enzarzados, como

si la carne de cada uno de nosotros fuese

tu carne, Señor.

Ora, Señor,

invócanos,

estamos próximos.

Ladeados por el viento íbamos,

caminábamos para inclinarnos

sobre la zanja y la oquedad.

Al abrevadero íbamos, Señor.

Era sangre, era

lo que tú has derramado, Señor.

Brillaba.

Nos arrojó tu imagen a los ojos, Señor.

Los ojos y las bocas tan abiertos están, tan vacíos, Señor.

Hemos bebido, Señor,

la sangre con la imagen que en ella estaba.

Ora, Señor.

Estamos próximos.

 

                                                                                   Paul  Celán

 

SILENCIO ( 10 minutos )

 

 

Jesús llegó con sus discípulos a un huerto que llamaban Getsemaní, y les dijo:

- Sentaos aquí, mientras yo me voy allí a orar.

Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:

- Me muero de tristeza. Quedaos aquí y estad en vela conmigo.

Adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y se puso a orar diciendo:

- Padre mío, si es posible, que se aleje de mí ese trago. Sin embargo, no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.

 

                                                                             Mateo 26, 36-39

SILENCIO (10  minutos )

 

“ …Una sombra soy yo lejos de oscuras aldeas.

 Silencio de Dios

Bebí en la fuente del bosque.

Frío metal huella mi frente.

Arañas buscan mi corazón.

Hay una luz que se apaga en mi boca…”

 

                                                                               George Trakl

 

SILENCIO ( 10 minutos )

 

Vivía yo tranquilo cuando me trituró

me agarró por la nuca y me descuartizó, hizo de mí su blanco:

cercándome con sus saeteros

me atravesó los riñones sin piedad y derramó por tierra mi hiel,

me abrió la carne brecha a brecha

y me asaltó como un guerrero.

 

Me he cosido un sayal sobre el pellejo

y he hundido en el polvo mi hombría;

tengo la cara enrojecida de llorar

y la sombra me vela los párpados;

aunque en mis manos no hay violencia

y es sincera mi oración.

 

                                                                        Job 16, 12-17

 

SILENCIO( 10 minutos )

SAETA AL CRISTO DE LOS GITANOS

¿Quién me presta una escalera para subir al madero

Para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?

Al llegar el mediodía toda aquella tierra quedó en tinieblas hasta media tarde. A media tarde gritó Jesús muy fuerte:

- Eloí, Eloí lemá sabaktani (  que significa: “ Dios mío, Dios mío ¿ por qué me has abandonado?”)

Algunos de los presentes, al oírlo,decían:

- Mira, está llamando a Elías.

Uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña y le dio de beber diciendo:

- Dejadlo, a ver si viene Elías a descolgarlo.

Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró, y la cortina del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo.

El capitán, que estaba frente a él, al ver que había expirado dando aquel grito, dijo:

- Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.  

                

                                                                            Marcos  15, 33-39 

 

SILENCIO( 10 minutos )

 

PADRE  NUESTRO

 

CANTO FINAL: Nada Te Turbe

( 4 veces )     

2016 Celebración de la palabra y cultos ecuménicos

2016-01-09 Celebración de la palabra: El bautismo del Señor

El sábado 9 de enero tuvo lugar esta celebración de la palabra conducida por Jesús. Se celebró en torno al bautismo de Jesús. Herman@s, Sed bienvenidos a esta celebración de oración, de acción de gracias y de alabanza al Señor, por el año que empezamos 2016. Juntos en nuestra casa común, en la comunidad, queremos decir a Jesus encarnado todo nuestro amor toda nuestra gratitud, nuestra acción de gracias y alabanza por el don de la vida y cuantas gracias recibiremos durante este año. También queremos pedirle perdón al Señor, pues no siempre corresponderemos a su gran amor, y reconocemos que necesitamos su misericordia.

 
 
Celebración de la Palabra: El Bautismo del Señor 
 
1.-BIENVENIDA – INTRODUCCIÓN (Liturgo)
 
Herman@s, Sed bienvenidos a esta celebración de oración, de acción de 
gracias y de alabanza al Señor, por el año que empezamos 2016. Juntos en 
nuestra casa común, en la comunidad, queremos decir a Jesus encarnado todo 
nuestro amor toda nuestra gratitud, nuestra acción de gracias y alabanza por el 
don de la vida y cuantas gracias recibiremos durante este año. 
 
También queremos pedirle perdón al Señor, pues no siempre corresponderemos 
a su gran amor, y reconocemos que necesitamos su misericordia. 
 
Nos sentimos pequeños y vulnerables, y ante Jesus, hecho niño, con sencillez le 
suplicamos su ayuda, para comenzar este año con entusiasmo renovado; con 
una determinación de ser mejores, mas fieles a su amor, queriendo vivir este 
año desde la misericordia, para con todos y especialmente con los más 
cercanos y necesitados de entre nosotros. 
 
Somos conscientes de que el tiempo pasa y corre muy deprisa, y con el también 
nuestra vida y ante, un nuevo año que se nos abre en el horizonte, no queremos 
que el tiempo, la vida, sin vivirla en su plenitud. 
 
Por esto queremos “pararnos” en el tiempo y alabar, dar gracias al Señor, y 
reflexionar para así mejor vivir el tiempo bajo la mirada de Dios, en profundidad, 
verdad y libertad. 
 
Dispongámonos a acoger la vida y vivirla en toda su plenitud. 
 
 
2.- CANTO/HIMNO (Tod@s) 
 
Tu eres el Dios, la luz que nos ilumina, la mano que nos sostiene, y el techo 
que nos cobija. 
 
Y sacaremos con gozo del manantial de la vida, las aguas que dan al 
hombre, las fuerzas que resucitan. 
 
Entonces proclamaremos: ¡Cantadle con alegría! ¡El nombre de Dos es 
grande, su caridad infinita! 
 
¡Que alabe al Señor la tierra, contadles sus maravillas! ¡Que grande en 
media del pueblo, el Dios que nos justifica! 
 
3.- LECTURAS 
 
Isaias 43,1-4. 6-7 (Lector/a) 
 
Salmo 28 (Tod@s) 
 
Hijos de Dios, aclamad al Señor, 
aclamad la gloria del nombre del Señor, 
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. 
 
La voz del Señor sobre las aguas, 
el Señor sobre las aguas torrenciales. 
La voz del Señor es potente, 
la voz del Señor es magnífica. 
 
El Dios de la gloria ha tronado. 
En su templo un grito unánime: “¡Gloria!” 
El Señor se sienta por encima del aguacero. 
el Señor se sienta como rey eterno. 
 
Hechos de los Apóstoles 10, 34-38 (Lector/a) 
 
Lucas 3,15-16 16.21-22 (Lector/a) 
 
 
4.- REFLEXIÓN COMUNITARIA (Tod@s) 
 
Quien lo desee puede hacer una intervención o decir unas palabras 
personales, peticiones, acciones de gracias ...
 
5.-CONFESIÓN DE FE 
 
Adaptación del “Credo por la Paz”, elaborado por Martin Luther King. 
 
Hoy, en la noche del mundo, con la esperanza de la Buena Nueva, 
afirmo con audacia mi fe en el porvenir de la Humanidad. 
 
Rechazo la idea de que en las actuales circunstancias las personas 
estén incapacitadas para hacer un Mundo mejor. 
 
Rechazo la opinión de quienes consideran que las personas estamos 
prisioneras de la guerra, el racismo, la homofobia, y que nunca podremos 
llegar a la realidad luminosa de paz y fraternidad. 
 
Rechazo la predicción según la cual los pueblos descenderán uno tras 
otro por el torbellino del militarismo hasta el infierno de la destrucción. 
 
Creo que la verdad y el amor sin condiciones tendrán efectivamente la 
última palabra, pues la vida es siempre más fuerte que la muerte. 
 
Creo firmemente que aun en medio de las bombas que estallan y los 
cañones que truenan, permanece la esperanza de un mañana de paz y 
justicia. 
 
Tengo el coraje de creer que un día todos los habitantes de la Tierra 
tendrán derecho a tres comidas por día, a la educación y la cultura para 
la salud de su espíritu, a la igualdad y la libertad para la vida de sus 
corazones. 
 
Creo igualmente que un día toda la humanidad reconocerá en Dios la 
fuente del amor, que la bondad salvadora y pacífica será algún día la 
Ley, que el lobo y el cordero reposarán juntos, que toda persona se 
sentará bajo su higuera en su propia viña y que nadie tendrá motivo para 
tener miedo. 
 
Creo firmemente que obtendremos la victoria.

2016-03-05 Celebración comunitaria del perdón y la reconciliación

En este camino cuaresmal, hoy nos reunimos como comunidad para recibir la fuerza de Jesús. Una fuerza que se manifiesta en nuestra debilidad, que nos levanta y nos grita ¡VIVE!, la fuerza de su amor que nos posibilitará celebrar las fiestas de la Pascua, donde junto a toda la Iglesia reconoceremos a Cristo vivo y resucitado en su palabra y en la fracción del pan, proclamaremos nuestra fe en la Resurrección y renovaremos nuestras promesas bautismales, por las cuales estamos llamados y posibilitados a vivir como hombres y mujeres nuevos.Vivamos con ilusión esta celebración, en la cual por el sacramento del perdón, seremos reconciliados con Dios y con nuestros hermanos.

canto

 

saludo del celebrante

La gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor, que se entregó a SÍ mismo a la muerte, por nuestros pecados, este con todos vosotros.

 

  • Y con tu espíritu

oración

Cel.: Oremos hermanos y hermanas, para que con Dios, que nos llama a la conversión, nos conceda la gracia de una verdadera y fructuosa penitencia.

 

(Todos oran durante algunos momentos. Luego, el sacerdote recita la siguiente plegaria.)

 

Cel.: Dios Padre Bueno, que nos has reunido en nombre de tu Hijo para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie. Abre nuestros ojos para que descubramos el mal que hemos hecho; mueve nuestro corazón, para que, con sinceridad, nos convirtamos a ti; para que, restaurado tu amor en nosotros, resplandezca en nuestra vida la imagen de tu Hijo que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

  • Amén

Canto

 

 

Liturgia de la palabra

 

Lectura del Santo Evangelio según S. Juan.

 

En aquel tiempo Jesús se retiró al monte de los olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a Él y sentándose, les enseñaba.

Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y colocándola en medio, le dijeron: - Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en fragante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú ¿qué dices?

Le preguntaron esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo. – El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo unos a uno, empezando por los más viejos, hasta el último. Y quedó solo Jesús y la mujer en medio, de pie. Jesús se incorporó y le preguntó: - Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿Ninguno te ha condenado?

Ella contestó: - Ninguno Señor.

Jesús dijo: - Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más.

  • Palabra del Señor

 

 

homilía

 

 

confesión general de los pecados

 

Cel.: Recordando hermanos y hermanas la bondad de Dios, nuestro padre, confesemos como comunidad nuestros pecados.

 

Señor, como miembro de esta comunidad, te pido perdón por mis pecados personales. Los que cometí de pensamientos, sentimientos, emociones, actos; todas las cosas erradas que hice.

Te pido perdón, Señor, por todas las palabras erradas que dije, palabras falsas, ofensivas, que hirieron a nuestras hermanas y hermanos y que no fueron convenientes.

Te pido perdón por todas mis omisiones; por todas las cosas que debía hacer y no hice, por no haber orado como debía, por no interceder cómo debía, por no vigilar cómo debía, por no hablar cuando debía, por no callarme cuando debía,… finalmente Señor, todas mis omisiones.

Te pido perdón por toda mi malicia, maldad, falsedad, hipocresía… de todo mi pecado, Señor. Tú sabes de la sinceridad de mi corazón.

Digo sinceramente, delante de Ti: rompo con el pecado. No quiero pecar, Señor. Digo “no” al pecado.

Ahora asumo la autoridad espiritual que no es mía, pero que tú me diste, sobre mi comunidad. Asumiendo esta autoridad espiritual, digo:

Perdón Señor, por los pecados de la comunidad que me diste. Los asumo sobre mí, como tú asumiste sobre ti los pecados de tu pueblo y los de la familia, que el Padre te dio. Tú fuiste hasta la cruz y derramaste Tu Sangre por esta familia.

Señor, te pido perdón por todos los pecados de pensamientos, de juicios, de palabras, de sentimientos, de emociones que – por mi culpa o sin mi culpa –mi comunidad cometió.

Te pido también perdón por todas las omisiones de mi comunidad. Por todo aquello que mis hermanas y hermanos queridos, hicieron ofendiendo tu Corazón, disgustando e hiriendo a los demás.

Hoy rompemos con el pecado, ya no queremos seguir este camino. Yo y mi comunidad, ya no queremos ser una “hija apóstata”. Ya no queremos quedarnos vagando por caminos errados, por los caminos de la tentación, resbalando en el pecado y dando apertura a él.

Sabemos de nuestra fragilidad, Señor, pero firmes en la fe, firmes en tu poder, en el poder de tu cruz, hacemos esta proclamación: “Mi comunidad y yo rompemos con el pecado”. Mi Señor y mi Dios, lávanos ahora con tu Sangre preciosa. Lava toda mi comunidad a todos aquellos que bondadosamente me diste.

  • Amén 

 

 

 

padre Nuestro (cantado)

 

Oh Dios, que has dispuesto los auxilios que necesita nuestra debilidad: Concédenos recibir con alegría los frutos de tu perdón y mantenerlos con una vida santa.

 


 

confesión y absolución individual

Soy pecador

Soy pecador Señor y vengo ante Ti porque tienes manos que levantan, ojos que atraen y acogen, palabras que regeneran. Señor vengo ante Ti con la alegría de quien puede confiar y salir del frío de la noche. Vengo ante Ti Señor porque tengo donde arrojarme, donde cobijarme, tengo una casa donde entrar, un Dios que me vuelve feliz. Porque puedo volver a decir: «Padre no soy digno, pero regreso para decirte de nuevo: ¡Padre!»

(Canto y tiempo de silencio)

¿Dónde estás?

 

Señor, como siempre tomé el camino fácil y corrí a esconderme entre los árboles, lejos de tu vista, lejos de la verdad. Pero sonaron tus palabras en el silencio de mi corazón cansado. -¿Dónde estás? -Estoy aquí, Señor. Fui donde Tú me dijiste que no entrara; fui para levantarme un pedestal y hacerme yo mismo dios. Fui y sólo tengo vacías las manos. Pero Tú has vuelto a hablar y has ido a buscarme. Aquí estoy Señor, de vuelta, para ir donde Tú me mandes y hacer caminos nuevos porque hoy reconozco que Tú eres mi Dios y mi Señor.

(Canto y tiempo de silencio)

Acéptanos como somos

 

No has venido, Señor, para juzgar, sino para buscar lo que estaba perdido; para liberar a quien está aprisionado por la culpa y el temor, y para salvarnos, cuando el corazón nos acusa. Acéptanos como somos: con nuestro pasado de pecado y lo del mundo, con nuestra infidelidad al amor actual. Tú eres mayor que nuestro corazón y nuestra maldad e infidelidad. Tú eres el creador de un futuro nuevo, un Dios de amor hasta la eternidad. Acéptanos, Dios, como somos.

(Canto y tiempo de silencio)

Desde el desierto

 

Señor, desde el desierto de nuestras tentaciones elevamos nuestro corazón para que nos eches una mano. Sentimos hambre de tener cosas y más cosas, ayúdanos a alimentarnos del pan de tu Palabra para que te sintamos cerca. Sentimos también el deseo de mandar sobre los demás. Danos tu Espíritu que nos haga capaces de servirte sólo a Ti y a los que están cerca de nosotros con un corazón nuevo. Muchas otras veces queremos destacar, ser los mejores. Danos la humildad de Jesús, sentirnos pequeños, entre tus manos, acompañados por tu presencia en este lugar de desierto.

(Canto y tiempo de silencio)

Danos tu luz

Señor Jesús, danos tu luz que romperá la noche de nuestros miedos, de nuestras mentiras y engaños. Cuenta con nosotros. Ayúdanos a ver las cosas con tu mirada, a hablar a los que nos rodean con tu verdad y amar a todos con tu amor. Quita la venda de nuestros ojos y haz que abracemos tu luz, que caminemos con ella y hacia ella.

(Canto y tiempo de silencio)

Hombres nuevos

Señor, haz de mí una persona nueva que no tenga un corazón de piedra, sino de carne; que no quiera acaparar, sino compartir; que no quiera ser servido, sino servir; que no desee aparentar, sino ser; que no siembre discordia, sino paz; que no viva para mismo, sino para los demás; que no me fíe tanto de mí, y mucho más de ti; que no vea primero el pecado ajeno, sino el mío; que no me empeñe tanto en evidencias, sino en confiar en Ti. Señor, haz de mí una persona nueva.

(Canto y tiempo de silencio)

 

 

 

acción de gracias por la misericordia de dios

 

El Señor esté con vosotros ---- Y con tu espíritu

Levantemos el corazón ----Lo tenemos levantado hacia el Señor

Demos gracias al Señor nuestro Dios -----Es justo y necesario

 

 

En verdad es justo y necesario darte gracias, Señor, Padre santo,

porque no dejas de llamarnos a una vida plenamente feliz.

 

Tú, Dios de bondad y misericordia,

ofreces siempre tu perdón y nos invitas a recurrir confiadamente a tu misericordia.

 

Muchas veces hemos quebrantado tu alianza;

pero Tú en vez de abandonarnos, has sellado de nuevo con la familia humana,

un pacto tan sólido, que ya nada lo podrá romper.

 

Y ahora, mientras ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación,

lo alientas en Cristo para que vuelva a ti,

obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo

y se entregue al servicio de todos los hombres y mujeres.

 

Por eso, llenos de admiración y agradecimiento por la reconciliación,

unimos nuestras voces a las de los coros celestiales para cantar la grandeza de tu amor

y proclamar la alegría de nuestra salvación.

 

 

rito de conclusión

 

El Señor esté con vosotros - Y con tu espíritu

 

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. - Amén

 

El Señor nos ha perdonado. Podéis ir en paz -Demos gracias a Dios.

 

Intenciones del Mes

2017

2017-10 Intención por la salida del armario - despatologización trans - visibilidad intersexual - misión

Intención de oración del mes de octubre

(11 de octubre, Día para  salir del armario)

 Oh Señor,  Tú que saliste del Infinito Ocultamiento de la Trinidad  para dar a conocer al Padre y al Espiritu Santo y Su Amor y así liberar a todos los hombres de todas sus cadenas, te pedimos que ayudes y des fortaleza a tod@s l@s personas LGBT a poder ser ellas mismas tal como son no sólo en su intimidad sino en su entorno familiar y social y no tener que ocultarse en ningún armario y a los que lo desean pero no pueden por motivos especiales de trabajo u otros impedimentos haz que se puedan comprometer con la misión liberadora de todo cristiano a pesar de su forzada invisibilidad. Amén 

(19 de octubre, Día por la despatologización de las personas transexuales)

Te pedimos Señor por las personas transexuales para que sean reconocid@s y aceptad@s.  Que puedan ser y sentirse como realmente quieren ser y, que no sean marginadas por el colectivo LGTBI y el resto de la sociedad, ell@s también son hij@s tuyos.

(26 de octubre, Día de la visibilidad intersexual)

En este día de la visibilidad Intersexual, te pedimos Señor, que tus hijos intersexuales, sean libres e iguales. Que dejen de ser un colectivo invisible y puedan ser y amar como quieran ser. Te pedimos un reconocimiento de su libertad, por el colectivo LGTB y por el resto de la sociedad. No necesitan ser corregidos. Son perfectos tal y como son, porque son hijos tuyos. Te pedimos Señor tu proteccion para el colectivo intersexual y sean reconocidos sus derechos y no se vean sometidos a ningún tipo de abuso. Amen.

(Mes misionero)

 Te pedimos Señor, que en este mes de octubre, que celebramos “ el mes misionero”, nos ayudes a dar la buena nueva de tu existencia a nuestro colectivo LGTBI. Porque tu tambien nos amas sin ningún tipo de distinción en nuestra orientación sexual. Ayúdanos a echar las redes. Ayúdanos a vivir y transmitir el evangelio a nuestro colectivo. Ayúdamos a saber transmitir tu amor y misericordia. Ayúdamos para que aquellos que nos juzgan por querer vivir en torno a ti y contigo, sepan entender, que Tu, no nos juzgas, eres nuestro mejor amigo y amemos a quien amemos, nos quieres tal y como somos. Amen. 

 

Lectio Divina

Esta sección recoge oraciones según el método de la "Lectio Divina" que se explica a continuación. Para encontrar oraciones particulares siguiendo este método pulsa aquí o vete al final de este artículo.

Lectio Divina

Algunas veces se ha complicado demasiado la oración; otras veces se convierte en una búsqueda individual o comunitaria de búsqueda de sentimientos o de una paz transitoria. Las primeras comunidades cristianas tenían una forma muy sencilla, a la par que práctica de oración: la “lectio divina”. Por eso os quiero sugerir este modo práctico y sencillo de vida espiritual, basado en la Palabra de Dios. Si nos comprometemos a perseverar en él con determinación, será para ti un camino de crecimiento en la fe y en la oración de cada día.


El tiempo de la “lectio divina”, es un momento de confrontarse personalmente con Dios. Es hacer de tu vida una prolongación de esa Palabra que es escuchada, interiorizada y orada. El sentido de la “lectio divina” es llevar al creyente a la experiencia de Dios. Si uno lee la Palabra movido por el mismo Espíritu que la inspiró, esa Palabra leída, medita e interiorizada conduce a la oración, que es trato de amistad con Dios, y transforma la vida.


Diversos Pasos (sólo son orientativos)

1)    Invoca al Espíritu Santo para que te ilumine y descendiendo a ti, te haga comprender su Palabra en la hondura de la fe. NO se trata de que la Palabra te diga lo que necesitas oír, sino que te dejes envolver por ese Espíritu del que la Palabra es cauce. Por eso invocando al Espíritu estás diciendo a tu corazón que se ponga a la escucha de una Palabra que te lleva a un camino desconocido, pero en la seguridad de la fe, de que estás siempre en manos de un Dios que es todo amor. Ponte alerta, invoca con fuerza, con intensidad al Espíritu, que te hará llegar a la hondura de esa Palabra material, escrita, que tienes delante de tus ojos. NO es una Palabra muerta, sino que el Espíritu hará que se convierta para ti en fuente de vida y esperanza.

Te sugiero por si te ayuda esta oración: “Abba, Padre bueno, que eres la luz y la vida, abre mis ojos y mi corazón para que pueda penetrar y comprender tu Palabra.
Envía al Espíritu Santo, al Espíritu de tu Hijo Jesús, para que acoja dócilmente tu Verdad.
Concédeme un ánimo abierto y generoso, para que dialogando contigo pueda conocer y amar a tu Hijo Jesús para mi salvación y pueda testimoniar tu Evangelio a todos mis hermanos.


Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

2)    Leer la Palabra atentamente y con atención tratando de que llegue al corazón. Este es el momento de perder el tiempo leyendo, sin cansarse, una y otra vez. NO tengas prisa por terminar el texto. Lee, una y otra vez, tres, cinco, diez, hasta que mueva el corazón. Lee incluso en voz alta. La lectura de la Palabra se hace con la certeza de estar escuchando a Alguien: la persona viva que te habla es el mismo Jesús. Subraya aquella palabra o frase que más te llegue. La Biblia es un libro para no pasar corriendo, dedícate a ello sin prisas, sin querer terminar la lectura. Lee desde el corazón. Subraya aquellas palabras o frases que más te llegan, que te mueven, y vuélvelas a leer, reléelas.


3)    Medita la Palabra de Dios. Busca el sabor de la Palabra, cierra los ojos y contrasta el texto con tu vida. Plantéate algunas preguntas. ¿Qué dice el texto? ¿Qué me dice? La Biblia no es una Palabra extraña, sino una Palabra que toca lo más hondo de nuestro corazón, como si se tratase de sentimientos que forman nuestro propio ser. La Biblia es como una partera, que saca de nosotros aquello que Dios ha puesto en lo más íntimo de nuestro corazón. Detente en los distintos personajes, mira que tienen que ver contigo. Trasládate a su mundo, y después tráelos al tuyo. Déjate interpelar por la Palabra; no tengas miedo si acusa tus pecados, si te mueve a cambiar de vida. Confía en Dios, que te llama a una vida nueva, pero una vida de felicidad, de confianza total en ÉL.


4)    Orar la Palabra de Dios. Orar es decir sí a Dios, a su voluntad sobre nosotros. Orar es pedir fuerzas cuando nos puede el desaliento, cuando vemos nuestras pocas fuerzas. Orar es pedir perdón, porque no vivimos según esa Palabra. Orar es poner nuestra vida en manos de Dios, sabiendo que nuestra conversión sólo depende de su gracia.


5)    Contempla la Palabra. La contemplación es un don del Espíritu que brota de la experiencia de la lectura de la Palabra bien hecha. Es un momento pasivo de intimidad en que la acción corresponde a Dios. Contemplar es olvidar los detalles para llegar a lo esencial. Ya no hacen falta las palabras; es dejar que Dios actúe en nosotros. La contemplación es mirar con agradecimiento, con admiración, en silencio, el misterio de Dios-Amor. En este punto tus situaciones personales pasan a segundo plano y la experiencia objetiva de la contemplación te llevará necesariamente a la praxis, ala evangelización, a la caridad del servicio.


6)    Lleva la Palabra a la vida. No te quedes en consideraciones abstractas que no valen para nada. Toma compromisos concretos, aunque te duela. Busca una frase que te acompañe toda la semana. Es el momento de vivir aquello que Dios ha puesto en tu corazón en este rato que has pasado en diálogo con ÉL.

Y no olvides nunca que lo más importante en la oración es la perseverancia. La oración cuesta, se nos hace pesado, nos dormimos y aburrimos. Por eso el perseverar es fundamental, pues nos jugamos mucho en ese dialogo, amoroso y sencillo con Dios. Jesús pasaba muchas noches dedicado a la oración. A lo largo de los siglos muchos seguidores y seguidoras de Jesús han dedicado su vida a la oración, una oración que transformo sus vidas y el mundo.

Lectio Divina 2011

27/11/2011: Primer domingo de Adviento.

04/12/2011: Segundo domingo de Adviento.

11/12/2011: Tercer domingo de Adviento.

18/12/2011: Cuarto domingo de Adviento: pronto vendrá el Señor y veréis su gloria.

Lectio Divina 2012

01/01/2012: Santa María Madre de Dios.

08/01/2012: Bautismo del Señor.

15/01/2012: Segundo domingo del tiempo ordinario.

22/01/2012: Tercer domingo ordinario.

20/01/2012: Cuarto domingo del tiempo ordinario.

05/02/2012: Quinto domingo del tiempo ordinario.

12/02/2012: Sexto domingo del tiempo ordinario.

19/02/2012: Séptimo domingo del tiempo ordinario.

01/03/2012: Primer domingo de cuaresma.

04/03/2012: Segundo domingo de Cuaresma.

11/03/2012: Tercer domingo de Cuaresma.

Lectio Divina 2013

Esta página contiene la Lectio Divina con reflexiones escritas por el Reverendo D. Mariano Perrón, sacerdote católico de la archidiócesis de Madrid. Mariano Perrón es entre otras cosas licenciado en filosofía y teología por la Universidad Pontificia Comillas, ha sido delegado diocesano y episcopal para ecumenismo y relaciones interconfesionales de la diócesis de Madrid durante 38 años y notario de matrimonios mixtos interconfesionales. La versión en inglés de esta Lectio Divina es publicada por la American Bible Society.

Lectio Divina 2013-10-27: Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava

27 de Octubre de 2013 (San Odrano, Abad)
Trigésimo domingo del Tiempo Ordinario
 
DIOS HA PUESTO SUS OJOS EN MÍ, SU HUMILDE ESCLAVA
Lucas 18, 9-14
"El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no"
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:"¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo."El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:"¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."
 
Otras lecturas: Sabiduría 35:12-14, 16-18; Salmo 34:2-3, 17-18, 19, 23; 2 Timoteo 4:6-8, 16-18
 
 
Lectio:
Volvemos a encontrar este domingo el tema de la oración. Pero no es precisamente de la oración de lo que Jesús quiere hablar a sus discípulos (o más bien, al grupo de oyentes seguros de sí mismos y llenos de orgullo religioso). Lo cierto es que la oración no es más que una excusa para mostrar dos maneras distintas de acercarse a Dios y relacionarse con él. Desde el comienzo mismo de su ministerio, Jesús ha proclamado el Reino de Dios como un don para los pobres, los abandonados, los miembros más olvidados de Israel. Incluyendo, claro está, a quienes eran considerados los “pecadores oficiales” de aquella sociedad. Cuando define su papel como el Enviado de Dios a su pueblo, Jesús se compara con un médico que ha venido a curar a los enfermos y a liberar a cuantos se veían oprimidos por el mal, la injusticia ajena o sus propios pecados (Lucas 4:17-21;5:31-32;7:21-23). Mateo (11:28-30) va todavía más lejos y desvela una dimensión más honda de la misión de Jesús: consolar a quienes han perdido hasta la última migaja de esperanza en sus vidas: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar…” Y, sin duda, una de las cargas más pesadas que han de soportar los humanos es la de sus propios pecados. 
 
En este contexto es donde debemos leer el pasaje del evangelio de hoy. En buen número de ocasiones hemos oído cómo criticaba Jesús a los maestros de la Ley y a los fariseos por su falta de coherencia entre lo que proclamaban y lo que vivían. “Hipócritas”, “sepulcros blanqueados”, “guías ciegos”, “serpientes”, “raza de víboras”… son algunos de los términos usados por Jesús para describirlos (Mateo 15:1-9; 23:1-22; Marcos 7:1-13; 12:37-40; Lucas 11:37-54).
 
No es este el caso del fariseo mencionado en el evangelio de hoy. La verdad es que, al menos según sus propias palabras, es un judío fiel, observante de la Ley, cuyo género de vida es totalmente coherente con sus creencias y sus principios morales. Nadie puede reprocharle acciones ilícitas o transgresiones de la Alianza. Va incluso “más allá” de sus exigencias y reglas más estrictas. Por eso, tiene razones más que de sobra para sentirse orgulloso de su conducta. Hasta cierto punto, podría ufanarse ante Dios: cinco veces usa los verbos en primera persona del singular. Y por eso, no pide nada en su oración. A lo sumo, la suya es una oración de acción de gracias por ser tan piadoso y observante. Por el contario, Dios debería “sentirse agradecido” por tener fieles de tal categoría en Israel. 
 
No sucede lo mismo con el recaudador de impuestos, cargado sin duda con su “pecado oficial” (colaboracionismo con el opresor romano, extorsión…) y, además, con su propios fallos personales. Su actitud, desde el hecho de quedarse al final del templo y tener clavados los ojos en el suelo, hasta su oración pidiendo misericordia, nos muestra abiertamente que necesita por todos los medios ser justificado: en su vida no hay ni un ápice de “justicia” o virtud que pueda presentar como algo positivo en favor suyo. Por eso vuelve a casa justificado por la misericordia de Dios, mientras que el fariseo regresa tal como llegó. Al cabo, se cumple lo que había anunciado María en el “Magníficat”: “puso en alto a los humildes”, “llenó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lucas 1:46-55). 
 
Meditatio:
Tras contemplar a los dos personajes del texto de Lucas, admitamos que nuestra respuesta al evangelio puede ser peligrosamente ambigua. Podemos identificarnos fácilmente, al menos en parte, con el fariseo, aun cuando aceptemos ciertas “limitaciones” en nuestra vida cristiana. Pero lo cierto es que frecuentamos la iglesia, rezamos, contribuimos a las necesidades de nuestra comunidad, realizamos alguna labor de voluntariado, incluso pertenecemos a un grupo de Lectio Divina, donde oramos y tratamos de profundizar en nuestra fe… Por otra parte, no somos tan vanamente orgullosos como él: sabemos que, también hasta cierto punto, compartimos los sentimientos de culpa del recaudador. Claro que tampoco hasta el extremo de quedarnos en un rincón de nuestra iglesia: a veces aceptamos alguna tarea en la liturgia, hablamos y compartimos nuestros sentimientos religiosos en las reuniones… Podemos decir, pues, que compartimos rasgos de los dos “tipos”. Si al menos fuéramos un poco más objetivos. Por lo menos, hasta atrevernos a mirar en nuestro propio interior y reconocer que, en el fondo, tratamos más o menos conscientemente de identificarnos con el “lado bueno” de los dos personajes y, de ese modo, alcanzar nuestra propia justificación. Francamente, ¿aceptamos que necesitamos del perdón? ¿Admitimos que en algunos casos no estamos pidiendo perdón por nuestras culpas reales, las más hondas, sino por nuestros fallos y errores más superficiales y “periféricos”? Desde sus propias posturas, los dos personajes eran sinceros y veraces. ¿Podemos decir lo mismo de nosotros? Tal vez, la única respuesta válida sea un silencio profundo y humilde en la presencia del Señor.
 
Oratio:
Ante todo, recemos por nosotros mismos: por cuanto de fariseo y recaudador hay en nuestro interior, por nuestras hipocresías y por nuestra suficiencia, por nuestros pecados reales y por los que nos inventamos: para que sepamos presentarnos ande Dios tal como somos y aceptemos su perdón.
Pidamos por los marginados de nuestra sociedad, por los oficialmente pecadores, impuros, despreciados y marginados: para que encuentren acogida y el anuncio gozoso de la justificación que sólo Cristo nos pude ofrecer. 
 
Contemplatio:
Vuelve a recitar los dos himnos en que Lucas narra la incomparable misericordia de Dios para con su pueblo, para con nosotros necesitados de perdón y justificación: el “Magníficat” (1:46-55) y el “Benedictus” (1:67-79).  
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón, Sacerdote católico, 
Arquidiócesis de Madrid, España
 
 
Primera Lectura: Eclesiástico 35, 12-14. 16-18
"Los gritos del pobre atraviesan las nubes"
El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.
 
Salmo Responsorial: 33
"Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha."
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R.El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él. R.
 
Segunda Lectura: II Timoteo 4, 6-8. 16-18
"Ahora me aguarda la corona merecida"
Querido hermano:Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente.He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie measistió. Que Dios los perdone.Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león.El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo.A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
 
Evangelio: Lucas 18, 9-14
"El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no"
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:"¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo."El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:"¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."
 
Liturgia de las Horas: 2da. Semana del Salterio

Lectio Divina 2013-11-03: Hoy ha llegado la salvación a esta casa …

A veces son las opiniones políticas o la orientación religiosa e incluso cristiana, o la situación matrimonial o afectiva… Por las razones que sean, todos tendemos a crearnos nuestros propios “pecadores públicos oficiales”, aquellos a los que menospreciamos o evitamos. Seamos sinceros e intentemos identificarlos y las razones por las que los miramos con espíritu de superioridad. ¿Hay alguna manera de vencer esos sentimientos, de convertirnos en signos de reconciliación? ¿Qué pasos tendríamos que dar para “compartir nuestra mesa” con ellos?

 

 

 

3 de Noviembre de 2013

Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario

 

HOY HA LLEGADO LA SALVACIÓN A ESTA CASA …

Lucas 19:1-9

"El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido"
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa."Él bajo en seguida y lo recibió muy contento.Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador."Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: "Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más."Jesús le contestó: "Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán.Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido."

 

Otras lecturas: Sabiduría 11:22 – 12:1; Salmo 145:1-2, 8-9, 10-11, 13, 14;

2 Tesalonicenses 1:11 -2:2

 

Lectio:

            “Cuando ya se acercaba el tiempo en que Jesús había de subir al cielo, emprendió con valor su viaje a Jerusalén” (Lucas 9:51)… Esas eran las palabras que señalaban el comienzo del largo viaje de Jesús que terminará inmediatamente después de su encuentro con Zaqueo. Y las últimas palabras de esta sección son sumamente significativas: “El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (19:10). A partir de este momento, en que “Jesús siguió su viaje a Jerusalén” (19:28), el resto de su misión se desarrollará en la ciudad santa. Su ascensión, cuando “fue llevado al cielo” (24:51), significará el cumplimiento de todas las promesas de salvación para su pueblo y para todas las naciones.

            Curiosamente, el pasaje de hoy tiene también una conexión muy importante con el que leíamos la semana pasada. En ambos casos, encontramos a un personaje que encarna lo más opuesto al “pueblo santo” de Israel: un “jefe de recaudadores”, un pecador público, despreciado por cooperar con los romanos, inclinado al cohecho y la extorsión, alguien cuya compañía evitaba cualquier judío piadoso y observante de la Ley. El personaje que veíamos el domingo pasado no se atrevía a “levantar los ojos al cielo” (Lucas 18:13). Por el contrario, Zaqueo intentará ver a Jesús, aunque eso signifique trepar a un árbol, ya que la multitud y su corta estatura le impiden alcanzar a ver al Señor. Fuera por pura curiosidad o porque tenía la intuición de que Jesús podría realizar algo importante en su propia vida, el hecho es que no sólo pudo ver a Jesús, sino que también él “fue visto” y se encontró con el compromiso inesperado de tener que ser su anfitrión.    

            Tal como había sucedido cuando a Jesús le ungió los pies la mujer pecadora en casa de Simón e fariseo, el hecho de entrar en casa de Zaqueo provoca una reacción entre la multitud. En aquel otro caso, su silenció arrojaba la sombra de la duda sobre su condición de “hombre de Dios”: “Si este hombre fuera de veras un profeta… (Lucas 7:39). En esta ocasión, “todos comenzaron a criticar a Jesús”: entrar  en casa de un pecador implica aceptar y compartir la condición pecaminosa del anfitrión. Sin embargo, lo que transmite la visita a la casa de Zaqueo es una serie de mensajes distintos para quienes la contemplaron… y para nosotros mismos. La salvación es siempre posible para el pecador; pero, aunque sea siempre un regalo, un don de parte de Dios, también requiere una acción de nuestra parte: “subirse a un árbol”, ver y “hacerse ver”, descubrir la paradoja de que nuestra búsqueda es en el fondo una respuesta a la llamada misteriosa de Dios. Además, implica aceptar al Salvador que “llama a nuestra puerta” y se invita a compartir nuestra mesa (Apocalipsis 3:20); así como cambiar nuestro género de vida: “Voy a dar a los pobres la mitad de todo lo que tengo…, y devolveré cuatro veces más…” (Lucas 19:8). Lo que podría haber sido un momento de condena para el pecador, se conviertes en un signo de la misericordia de Dios: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. Y frente a los que se presentaban como auténticos herederos de Abraham, Jesús hace que se cumpla lo que ya había anunciado Juan Bautista; “A estas piedras puede convertirlas Dios en descendientes de Abraham” (Lucas 3:8). Puede decirse que, dando un rodeo, el texto del evangelio nos remite a la primera lectura de hoy: “Dios no se fija en los pecados de los hombres, para que se arrepientan…  hace que reconozcan sus faltas para que, apartándose del mal, crean en él.” (Sabiduría 11:23, 12:2).

 

Meditatio:

            Aunque pueda parecer una aproximación “poética” o simbólica al evangelio de hoy, no sería mala idea compararnos, no con Zaqueo, sino con las gentes que le rodeaban. ¿Hasta qué punto nosotros, “el pueblo de Dios”, impedimos que otros (ya sean “pecadores”, no creyentes o sencillamente personas que tratan de descubrir al Señor) puedan ver a Jesús? ¿Nos alegramos de verdad cuando alguien se convierte al Señor, o nos sentimos escandalizados y criticamos frente a las conversiones? Seamos “poéticos” una vez más: ¿a cuánto dinero, tiempo, espacio de ocio o comodidad estaríamos dispuestos a renunciar si Jesús se invitara a quedarse en nuestra casa? “¿A qué “árbol” seríamos capaces de encaramarnos para ver al Señor cara a cara?    

 

Oratio:

            Recemos por nosotros mismos para que sepamos superar los obstáculos que nos impiden ver a Jesús: nuestra pereza espiritual, nuestro conformismo con la rutina de nuestra vida cristiana de cada día, nuestra falta de interés por maneras nuevas de abordar el evangelio y su mensaje, nuestros prejuicios, nuestra codicia…

            Recemos por quienes están buscando a Jesús pero se sienten desencantados por la falta de auténticos ejemplos de vida cristiana a su alrededor: para que quienes nos llamamos miembros de su Cuerpo seamos testigos vivos de Jesús y comuniquemos su mensaje de misericordia y esperanza. 

 

Contemplatio:

            A veces son sus opiniones políticas o su orientación religiosa e incluso cristiana, o su situación matrimonial o afectiva… Por las razones que sean, todos tendemos a crearnos nuestros propios “pecadores públicos oficiales”, aquellos a los que menospreciamos o evitamos. Seamos sinceros e intentemos identificarlos y las razones por las que los miramos con espíritu de superioridad. ¿Hay alguna manera de vencer esos sentimientos, de convertirnos en signos de reconciliación? ¿Qué pasos tendríamos que dar para “compartir nuestra mesa” con ellos?

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España

 

Lectio Divina 2013-11-10: No es Dios de muertos, sino de vivos

El año litúrgico está a punto de terminar, al igual que el evangelio de Lucas, que ha sido nuestro hilo conductor a lo largo del ciclo C. También se acerca Jesús al su propio final: está a un paso de dar cumplimiento a su misión por medio de la muerte… y la resurrección.
 
 
Lucas 20:27-38
 
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella." Jesús les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos."
 
 
Lectio:
El año litúrgico está a punto de terminar, al igual que el evangelio de Lucas, que ha sido nuestro hilo conductor a lo largo del ciclo C. También se acerca Jesús al su propio final: está a un paso de dar cumplimiento a su misión por medio de la muerte… y la resurrección. Después de su llegada a Jerusalén (Lucas 19:28) y su entrada en medio de la aclamación popular, el evangelista describe la actividad de Jesús como una serie de enfrentamientos con las autoridades religiosas. Desde la purificación del Templo (19:45-46), el tono de sus parábolas y discusiones con los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley, los fariseos y los saduceos va in crescendo, y el resultado será la decisión final de sus enemigos: “los jefe de los sacerdotes y los maestros de la Ley, que tenían miedo de la gente, buscaban la manera de matar a Jesús” (Lucas 22:2). Le ha llegado el momento de enfrentarse a su final inmediato y definitivo.
La idea de una vida después de la muerte, de algún tipo de vida eterna, la resurrección como tal, tardó mucho en desarrollarse en Israel. Aparte de un par de ejemplos en Isaías 26:19 y Job19:26-27, el pasaje de Macabeos que hoy leemos es tal vez la expresión más antigua de la resurrección en todo el Antiguo Testamento, y debemos tener en cuenta que ya estamos en el siglo segundo antes de Cristo, y en un libro deuterocanónico. Que no existía una doctrina común y bien definida sobre la resurrección queda bien claro cuando vemos que, incluso en tiempos de Jesús, uno de los “dogmas” de los saduceos era su oposición frente a la misma.
Es en este contexto ideológico y en este momento histórico en el que hemos de situar la discusión entre Jesús y los saduceos. Para sus oponentes, se trata tan sólo de una mera cuestión que le plantean a Jesús para ponerle a prueba y, en cierto sentido, dejarle en ridículo tanto a él como a los fariseos, que defendían la idea de la resurrección del cuerpo después de la muerte. Pero para Jesús, se trata de algo más que teología: la cuestión le hace pensar en su destino inminente y le lleva a comunicar a sus oyentes una nueva dimensión de Dios y una concepción nueva de la otra vida. Según el razonamiento de Jesús, es un error considerar la otra vida, la vida tras la resurrección, como si se tratara de volver a la vida ordinaria sin más, teniendo que seguir las mismas reglas y mandamientos por los que se regían los humanos antes de la muerte. En realidad, se tratará de una nueva dimensión que Jesús compara con la condición de los ángeles. Así, no tiene sentido preocuparse por unos descendientes que garanticen la supervivencia del hombre: ya no se aplica la ley del Levirato y, por tanto, el argumento de los saduceos se nos muestra como vacío y falso. 
Pero hay, además, algo muchísimo más importante. Al hablar de la resurrección, Jesús no menciona ni recurre a la inmortalidad de las almas ni a otro tipo de cualidad espiritual humana referente a la vida después de la muerte. Subraya, por el contrario, la cualidad divina del amor. Abraham, Isaac, Jacob, todos ellos están vivos porque Dios los ha amado y su amor supera cualquier frontera, incluso la barrera que separa la vida y la muerte. Jesús está poniendo así los cimientos para la teología que desarrollará Pablo más tarde, y que Juan expresará con palabras sencillas y limitadas: “Dios es amor”, y quienes entran en el ámbito del amor, entran también en el ámbito de Dios, el mundo de la  nueva vida en Cristo. Aunque se trate tan sólo de una vislumbre de nuestra propia resurrección, “hemos pasado de la muerte a la vida, y lo sabemos porque amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14).  
 
Meditatio:
Cada vez que recitamos el Credo de los Apóstoles proclamaos que creemos en “la resurrección de la carne y la vida eterna”; o, si usamos el Credo de Nicea, decimos que esperamos “la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”. Esa es nuestra práctica litúrgica, repetida mil veces en nuestra vida cristiana. ¿Representa de verdad lo que creemos? ¿Qué idea tenemos de nuestra propia resurrección? ¿Cómo concebimos la vida después de la muerte? ¿Es la esperanza nuestro sentimiento fundamental de cara a la muerte? Como verás, la lista de preguntas es demasiado larga. Podría reducirse a una sola y bien sencilla: ¿Creemos, confiamos en Cristo Resucitado, dador de vida? 
 
Oratio:
Reza por quienes ven la muerte como un agujero oscuro y profundo, donde quedan absorbidos la esperanza y el sentido: para que Cristo resucitado disipe sus dudas, aleje sus temores y los colme de esperanza.
Reza por quienes han perdido a sus seres queridos: para que la esperanza de la resurrección en Cristo les ayude a encontrar consuelo en su dolor.
Oremos por nosotros mismos: para que el don de la esperanza en Cristo resucitado nos ayude a vencer nuestros temores y nos convierta en testigos de la resurrección.
 
Contemplatio:
Dos pasajes muy breves de Pablo nos pueden ofrecer material para repensar nuestra actitud respecto a la muerte y la resurrección. Para el apóstol, en cualquier momento y en cualquier circunstancia, la confianza es la única manera en que un cristiano puede enfrentarse a cualquier acontecimiento, en la vida o en la muerte: el amor de Dios lo penetra todo y abraza a cuantos confían en él. Lee en paz silenciosa estos dos pasajes de la carta a los Romanos: 8:31-39 y 14:7-9.  
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España

 

Lectio Divina 2013-11-17: La piedra que los constructores desecharon

Las palabras de Jesús anuncian un orden nuevo. Podrían interpretarse y aplicarse a cualquier momento de la historia: ¿ha tenido la humanidad algún momento en que no hubiera guerras, revoluciones o inestabilidad política o social? Pero aunque los tiempos que seguirán a la muerte de Jesús, especialmente la guerra contra los ocupantes romanos y la destrucción del Templo y la ciudad santa, sean peligrosos y sobrecogedores, ese no será el fin. En cierto sentido, para los cristianos seguidores del “nuevo camino” proclamado por Jesús, su actitud siempre se enfrentará a los poderes de este mundo, y esa lucha será una guerra constante a lo largo de la historia.

17 de Noviembre de 2013, Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

 

LA PIEDRA QUE LOS CONSTRUCTORES DESPRECIARON…

Lucas 21, 5-19:

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: "Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido."Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? "Él contesto: "Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida. "Luego les dijo: "Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas."

Otras lecturas: Malaquías 3:19-20; Salmo 98:5-6, 7-8, 9; 2 Tesalonicenses 3:7-12

Lectio:

Falta muy poco tiempo para que detengan, torturen, juzguen y ejecuten a Jesús. Las discusiones con los saduceos y los maestros de la Ley han llegado a un punto sin retorno: no se trata tan sólo de una cuestión de debates teológicos, sino que incluso las parábolas de Jesús son una crítica permanente de la hipocresía y la falta de coherencia de las autoridades religiosas. Está cerca el final de Jesús, y el Templo es precisamente el punto de partida para el anuncio de otro “fin”. En tono escatológico, el Maestro trata de impartir una última lección a sus discípulos. La admiración que sienten por el Templo encarna la misma actitud religiosa del resto del pueblo: la reverencia ante las creaciones humanas que, más pronto o más tarde, habrán de desaparecer. A pesar de estar tan cerca de Jesús, todavía no han entendido lo que significan el Reino y su venida, y cómo todas las cosas pierden su valor supuestamente  “absoluto” cuando se comparan con él.

Las palabras de Jesús anuncian un orden nuevo. Podrían interpretarse y aplicarse a cualquier momento de la historia: ¿ha tenido la humanidad algún momento en que no hubiera guerras, revoluciones o inestabilidad política o social? Pero aunque los tiempos que seguirán a la muerte de Jesús, especialmente la guerra contra los ocupantes romanos y la destrucción del Templo y la ciudad santa, sean peligrosos y sobrecogedores, ese no será el fin. En cierto sentido, para los cristianos seguidores del “nuevo camino” proclamado por Jesús, su actitud siempre se enfrentará a los poderes de este mundo, y esa lucha será una guerra constante a lo largo de la historia.

Este pasaje (y la siguiente sección del evangelio de Lucas) podría enmarcarse con toda validez en un contexto doble y bien distinto. El de la lectura de la carta de Pablo a los Tesalonicenses: tras la vuelta de Jesús al Padre, la comunidad cristiana espera el regreso inmediato del Señor. Eso hace que algunos de sus miembros piensen que todo es “provisional” y por eso viven como auténticos entrometidos ociosos. El consejo de Pablo de que lleven una vida ordenada refleja la dimensión práctica de alerta realista recomendada por Jesús: “Tengan cuidado para no dejarse engañar” (Lucas 21:8), que puede aplicarse también a aquellas circunstancias.

El otro contexto, sin duda, se acerca más al nuestro. En momentos históricos críticos e inestables, la zozobra y la ansiedad empujan a la gente a buscar nuevos “mesías” que puedan ofrecer soluciones, respuestas, esperanzas e ilusiones. Poco importa que sean totalmente falsas e irreales: son la respuesta que todos están necesitando en tiempos de angustia. Jesús es bien consciente de esa tentación: cuando estaba hambriento en el desierto, también a él se le ofrecieron pan, poder y riquezas, con tal que aceptara la autoridad del tentador y se sometiera a él. “Dirán ‘Yo soy’” significa en realidad ”Soy vuestro dios, adoradme”. Jesús también es consciente de los temores y angustias que habrán de experimentar los discípulos cuando se vean sometidos a la persecución: serán los mismos que él sentirá cuando le entreguen a “los poderes de este mundo”. Pero incluso en circunstancias como las descritas por Lucas o las anunciadas por Malaquías, no tiene sentido preparar las palabras para la propia defensa o buscar cómo escapar de la persecución. Sólo la perseverancia fiel y confiada salvará a quienes han puesto su confianza en el Señor. Tal como leíamos hace una semanas en el profeta Habacuc (2:4) “los justos vivirán por su fidelidad a Dios”

Meditatio:

A no ser que vivamos en uno de esos países donde la regla común es la intolerancia religiosa y política, sería muy extraño que los cristianos nos viéramos sometidos a discriminación, persecución o cualquier tipo de obstáculo para vivir en conformidad con nuestra fe. Por eso me sigue resultando un tanto sospechosa la facilidad con que vivimos en un mundo que no es tan distinto del de tiempos de Jesús. ¿No tendría que “chirriar” nuestro género de vida al contrastarlo con los valores de este mundo? ¿Tanto miedo nos da no ser social o políticamente “correctos”, que nos olvidamos de nuestra vocación a una vida radicalmente nueva? Otro aspecto de nuestras lecturas es la admiración de los discípulos ante “las piedras” del Templo. Podríamos trasladar la imagen a nuestra devoción ante otros “templos” y otras “piedras”: las instituciones, las ideologías, el poder y el dinero... ¿Es Jesús la auténtica piedra angular de nuestra existencia? ¿Sobre qué cimiento construimos nuestra vida cristiana?

Oratio:

Reza por los creyentes, cristianos o no cristianos, cuyas vidas se ven realmente amenazadas o sufren en la actualidad cualquier tipo de persecución o discriminación a causa de su fe: para que encuentren valor en el ejemplo de los primeros mártires y auxilio en la presencia salvadora del Señor.

Recemos por nosotros mismos: para que sepamos vivir en confianza y esperanza incluso en medio de las circunstancias más adversas; para que sepamos apoyarnos por completo en Cristo y podamos dar testimonio del Evangelio.

Contemplatio:

Recuerda las palabras de Jesús sobre el rechazo que sufrió de parte de los maestros de la Ley y los sacerdotes (Lucas 20:9-19), y vuelve a leer la parábola de los dos constructores (Lucas 6:46-49). “Señor, tú eres mi roca, tú eres mi fortaleza” podría ser una brevísima oración para repetir confiadamente cuando notemos que estamos perdiendo el ánimo.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España

 

Lectio Divina 2013-11-24: Cristo, imagen visible del Dios invisible

Lucas 23, 35-43

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido." Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: "Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo." Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: "Éste es el rey de los judíos." Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros." Pero el otro lo increpaba: "¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que  hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada." Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino." Jesús le respondió: "Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso."

Otras lecturas: 2 Samuel 5:1-3; Salmo 122:5-6, 7-8, 9; Colosenses 1:12-20

 

 

 

JESÚS, REY DEL UNIVERSO

-Último domingo del tiempo ordinario y del Año Litúrgico - 

 

Lectio:

            Por fin hemos llegado al final (aparente) de nuestra historia. El Mesías, el heredero de David, esperado y deseado, el Rey de Israel, ha sido entronizado (¡en una cruz!). Como en el caso de los demás reyes, comienza su reinado con un regalo para su pueblo. ¿Y hay acaso mejor regalo que un gesto de buena voluntad y misericordia para los necesitados que viven en la miseria? “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). A partir de este momento, la historia se desarrolla con toda fluidez, como si se hubiera escrito el guión para filmarlo plano a plano.

            La sucesión de las imágenes es, en cierto modo, un resumen de los motivos que ha usado Lucas en su evangelio. Tal como veíamos al comienzo de la vida de Jesús, sólo los humildes, los olvidados, los que para nada cuentan, son capaces de entender la importancia de los hechos de la historia de la salvación. Recordemos una vez más a los pastores de Belén, a Simeón y Ana en el Templo, al leproso samaritano, o los pecadores “oficiales” como la mujer que le ungió los pies a Jesús o Zaqueo el recaudador, o la mujer que sufría flujos de sangre… todos ellos eran personajes secundarios y en cierto sentido “marginados”. Pero fueron los únicos capaces de reconocer quién era y qué significaba Jesús. En torno a la cruz, la muchedumbre observaba sin entender; las autoridades miraban con desprecio y se mofaban de Jesús; también los soldados se burlaban de él, e incluso uno de los dos malhechores crucificados con él le insultaba. De todos estos personajes, sólo el otro criminal es capaz de “ver”, reconocer a Jesús y llamarle por su nombre… y recibir la promesa de su compañía.

            Todo esto podría considerarse como el enfoque humano frente a la realeza de Jesús, la manera en que podemos acercarnos a él y adoptar la actitud adecuada para reconocerle y aceptarle como nuestro Salvador y Rey. Hay, además, otra dimensión: el contraste entre la idea que podemos tener de Dios y la manera en que llevó a cabo nuestra salvación. En todos nosotros hay un profundo sustrato de mentalidad pagana: inconscientemente pensamos en un dios procedente del “espacio exterior”, que se “disfraza” como si fuera un hombre, pero que en realidad es ajeno a nuestra naturaleza humana. Esa es la conclusión  que podríamos sacar del himno de Pablo en Colosenses si limitáramos nuestra lectura a 1:12-19. Pero en el verso 20 tenemos un elemento totalmente inesperado. La naturaleza divina y gloriosa de Cristo, por el que se realizó nuestra salvación, tiene una dimensión totalmente insospechada: “Dios hizo la paz mediante  la sangre que Cristo derramó en la cruz”. Todos nuestros esquemas mentales se ven sacudidos por un Dios que asume y comparte de verdad nuestra condición humana sin excluir ninguna de sus limitaciones y miserias. Debemos recordar ahora otro himno paulino, el de Filipenses 2:6-11, según el cual la aceptación por parte de Cristo de su misión como Salvador implicaba también asumir el nivel más bajo de la naturaleza y el destino humanos: el de esclavo, criminal y falso Mesías.

Así, Cristo como “imago Dei” implica también su condición de “imago hominis”. Non podemos decir “¡Hemos visto al Señor!”, el Cristo Resucitado (Juan 20:24), sin aceptar también “¡Ahí tienen a este hombre!”, el  profeta de Galilea abandonado, torturado y ejecutado (Juan 19:5). Al cabo, nuestros esquemas se ven zarandeados y muy poco es lo que queda de lo que nos había hecho creer nuestro razonamiento humano. ¿Podría ser de otro modo? “A pesar de ser Hijo, sufriendo aprendió lo que es la obediencia…y llegó a ser fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:8-9). 

 

Meditatio:

            Resulta sumamente difícil entender y adaptar la idea de Cristo como “rey” en la sociedad del siglo XX. Pocas son las monarquías reinantes, y su manera de gobernar (si es que gobiernan) en Occidente tiene muy poco que ver con el viejo sistema de antaño o el de los reinos que subsisten hoy día en Oriente o en algunos países de África. En el antiguo Israel, a pesar de la aceptación de la institución política, el único rey verdadero era Yahveh. Él era el modelo de los reyes del mundo, ya que era misericordioso y administraba la justicia con equidad; cuidaba de los pobres, las viudas y los huérfanos, y defendía a su pueblo frente a sus enemigos… Eso es lo que exigía y esperaba el pueblo de un verdadero rey. La realidad, con todo, era bien distinta: “Entre los paganos, los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos” (Mateo 20:25), y eso, obviamente, no siempre significaba justicia o misericordia. En el Reino de Dios, las normas son diferentes: “Pero entres ustedes no debe ser así… el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser su esclavo” (vv. 26-28). Esta es la clave para entender las palabras de Jesús cuando dice que su reino no es de este mundo y que ha venido a servir y no a ser servido. Su muerte es precisamente la manera en que puso en práctica su doctrina. No añado más citas, ya que pueden encontrar un buen número de ellas por sí solso. Sobre estos cimientos, tan sólo una pregunta para nuestra Meditatio: ¿Es esta nuestra manera de entender el Reino de Dios, nuestra manera de concebir el poder, de responder a la llamada de Cristo, la manera de actuar entre nosotros, en el seno de nuestra Iglesia particular?

 

Oratio:

            Oremos por nosotros mismos: para que seamos capaces de entender que seguir a Cristo significa aceptarle como Rey y Señor y que en su reino “servir es reinar”.

            Recemos por quienes sufren bajo los “poderes de este mundo”, los que padecen explotación, abusos, opresión o humillación, cuantos viven sometidos a cualquier tipo de esclavitud: para que Jesús, que sufrió bajo esos mismos poderes, les conceda la libertad y la dignidad de los hijos de Dios.

            Termina el año litúrgico: demos gracias por todos los dones que nos ha otorgado el Señor, especialmente el hecho de estar unidos a él mediante la meditación de sus palabras y el espíritu de oración que ha derramado en nosotros.

 

Contemplatio:

            Lee y compara las dos versiones de la “constitución” del Reino de Dios, las Bienaventuranzas (Mateo 5:1-12 y Lucas 6:17-22). Luego, trata de ver en qué medida puedes experimentar el Reino en tu espíritu de pobreza, en tu aceptación del sufrimiento, en tu esfuerzo por construir un mundo conforme a los planes de justicia y paz que Dios nos propone… 

 

            Sé que este último domingo de nuestro ciclo es mucho más largo de lo acostumbrado. Con todo, permítanme una nota personal. Quiero darles las gracias a todos ustedes con quienes he recorrido el camino de estos tres años compartiendo mis meditaciones, contemplaciones y oraciones. Aunque no podamos vernos, formamos una comunidad unida en el mismo esfuerzo por seguir a Jesús. En la American Bible Society me han concedido el regalo de encomendarme de nuevo las reflexiones para el “ciclo A”. Si Dios quiere, seguiré con ustedes un año más. Recen para que ese mismo espíritu de oración permanezca en nosotros durante las semanas que vienen y nos haga crecer en fidelidad al Señor.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 2013-12-01: Manténganse despiertos porque no saben qué día ...

Y aquí estamos de nuevo, dispuestos a comenzar un nuevo año litúrgico, el ciclo A, en el que el evangelio de Mateo será la columna vertebral de la nueva serie de pasajes de la Escritura que leeremos cada domingo. Es también el comienzo de un nuevo tiempo litúrgico, el Adviento, nuestra preparación para la celebración del nacimiento de Jesús.

“¡Caminemos a la luz del Señor!” (Isaías 2:5) y “Manténganse despiertos… Estén preparados” (Mateo 24:42, 44). Estas dos frases contienen el núcleo de este denso periodo litúrgico, cuya culminación será la celebración de la Natividad: Dios se hizo hombre y compartió nuestra condición para hacernos partícipes de su propia divinidad. En el proceso hacia esa festividad, la “luz” y el “estar en vela y despiertos” son los símbolos a los que nos referiremos constantemente. Los cristianos de “la primera generación”, interpretaron las palabras del Señor como el anuncio y la voz de alerta respecto a su vuelta gloriosa, que ellos creían inminente; para nosotros, su significado puede ser menos urgente, pero implica las mismas exigencias en lo que toca a nuestra vida diaria.

1 de Diciembre de 2013

Primer Domingo de Adviento

 

MANTÉNGANSE DESPIERTOS, PORQUE NO SABEN QUÉ DÍA…

Mateo 24:37-44

Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé. En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada. Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

 

Otras lecturas: Isaías 2:1-5; Salmo 122:1-2, 3-4, 4-5, 6-7, 8-9; Romanos 13:11-14

 

Lectio:

            Y aquí estamos de nuevo, dispuestos a comenzar un nuevo año litúrgico, el ciclo A, en el que el evangelio de Mateo será la columna vertebral de la nueva serie de pasajes de la Escritura que leeremos cada domingo. Es también el comienzo de un nuevo tiempo litúrgico, el Adviento, nuestra preparación para la celebración del nacimiento de Jesús. Como puedes ver, hay tal vez demasiadas cosas para una sola Lectio. Sin embargo, dos sencillas frases de las lecturas de hoy pueden proporcionarnos un punto de partida realista. Aunque nos parezcan muy simples y humildes, pueden convertirse en los hitos que nos guíen en nuestro camino y nos conduzcan de manera eficaz en este tiempo de esperanza.

            “¡Caminemos a la luz del Señor!” (Isaías 2:5) y “Manténganse despiertos… Estén preparados” (Mateo 24:42, 44). Estas dos frases contienen el núcleo de este denso periodo litúrgico, cuya culminación será la celebración de la Natividad: Dios se hizo hombre y compartió nuestra condición para hacernos partícipes de su propia divinidad. En el proceso hacia esa festividad, la “luz” y el “estar en vela y despiertos” son los símbolos a los que nos referiremos constantemente. Los cristianos de “la primera generación”, interpretaron las palabras del Señor como el anuncio y la voz de alerta respecto a su vuelta gloriosa, que ellos creían inminente; para nosotros, su significado puede ser menos urgente, pero implica las mismas exigencias en lo que toca a nuestra vida diaria.

            La primera lectura de la misa de Medianoche de Navidad comenzará con un texto de Isaías (9:1): “El pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz”. Y en el pasaje del evangelio de Juan (1:9) que se lee en la misa durante el Día, escucharemos: “La luz verdadera que alumbra a toda la humanidad venía a este mundo”. Esa luz, Cristo mismo, es el tema central de este tiempo litúrgico y expresa el misterio de la Encarnación: la presencia de Dios en medio de nosotros, como un hermano dispuesto a compartir nuestro destino y conducirnos a la vida verdadera. Por eso, a medida que avanzamos por el camino del Adviento, que es también un símbolo de nuestro esfuerzo por aceptar con gratitud el don de Dios, encendemos nuestras velas de Adviento, como si fueran jalones en nuestro caminar hacia el nacimiento de Jesús.

            La liturgia de hoy, no obstante, va más allá de este ámbito que puede resultarnos demasiado simbólico, demasiado poético tal vez, y nos obliga a enfrentarnos a la realidad, tan alejada de las imágenes dulzonas a las que estamos acostumbrados. Hay mucho más que luz en este tiempo litúrgico: hay exigencias vitales. No se trata tan sólo de esperar que la luz salvífica de Cristo brille en nuestro cielo. La venida del Señor, su “adviento”, nos hace repensar nuestra relación con el Cristo al que a veces dejamos en el pasado, como si fuera un mero personaje religioso histórico que rememoramos en la liturgia. O como un juez de la historia y de las naciones en un futuro distante; habría en este caso una mezcla de temor a ser juzgados y de confianza en su misericordia. Historia antigua, celebración litúrgica inmediata, venida futura en gloria para juzgar a vivos y muertos… esas tres dimensiones pueden constituir un verdadero peligro. Pueden impedir que mantengamos el estado de alerta en nuestras vidas. Y eso significaría perdernos la venida de Cristo a nosotros aquí y ahora: podemos dormitar y caer en la rutina perezosa de una familiaridad con el Señor que damos por sentada. El Adviento está aquí para despertarnos: es tiempo de dejar atrás las tinieblas, de entender que la salvación está ahora más cerca. Como no sabemos la hora de la venida del Señor, tenemos que mantener los ojos abiertos de par en par y estar alerta para descubrirle y “verle” entre nosotros.

 

Meditatio:

            Isaías habla de un futuro de paz y concordia entre las naciones, y de un conocimiento del Señor. ¿De qué manera cooperamos en la creación de ese mundo nuevo? ¿Hasta qué punto consideramos el Reino de Dios, no sólo como un don, sino como una tarea que hemos de emprender y llevar a cabo aquí y ahora? Las promesas que hicimos la noche de Pascua implicaban cambiar de vida, abandonar la vieja mentalidad pagana que llevamos en lo más hondo de nuestro ser: ¿No podría ser el Adviento la ocasión para descubrir la venida del Señor con un auténtico deseo de acogerle en nuestra vida? ¿Seremos capaces de hacer que esa luz alumbre la oscuridad de nuestro mundo?  

 

Oratio:

            Reza por quienes piensan que la situación presente es un punto sin retorno y han  perdido la esperanza en la posibilidad de transformar este mundo o su propia condición: para que el anuncio de la venida de Cristo ilumine nuestras vidas y nos renueve con su nacimiento.

            Demos gracias por este tiempo de gracia que se nos concede para acoger al Señor. Recemos también para que sepamos mantenernos despiertos y descubrirle no sólo en la liturgia sino en nuestra vida diaria. 

 

Contemplatio:

Vivimos “tiempos oscuros”, una época de profunda crisis en todos los ámbitos. Los titulares de nuestros noticiarios sobre la política y la economía, la moral y los valores, son sombríos y parecen gravitar sobre nosotros como nubes de tormenta. En medio de tanta angustia y desazón, repitamos con el salmista: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿de quién podré tener miedo?” (Salmo 27). Lee el salmo entero y usa ese primer verso como jaculatoria a lo largo de la semana que hoy empezamos.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 2013-12-08: Preparad el camino del Señor

 Mateo 3,1-12

 

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos." Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: "Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos." Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

 

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: "¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga."

 

 

Otras lecturas: Isaías 11:1-10; Salmo 72:1-2,  7-8, 12-13, 17; Romanos 15:4-9

 

Lectio:

            De pronto, en nuestro paisaje litúrgico han “aparecido” literalmente nuevos elementos: el desierto, un lugar especial que a los Israelitas les trae a la memoria su peregrinar camino de la Tierra Prometida, las dudas y tentaciones, la revelación de Yahveh y la Alianza… Un personaje peculiar, único: Juan el Bautista. Además, una nueva dimensión temporal: no sólo el futuro escatológico anunciado en Isaías y en el Evangelio de la semana pasado, sino un presente relativamente  cercano a los lectores de Mateo (3:1): “Por aquel tiempo se presentó Juan el Bautista…” Y también un recordatorio para todos nosotros: se acerca la salvación y tenemos que prepararnos para recibir el don  de Dios.   

            Todo esto nos obliga a abordar el Adviento con  un enfoque nuevo y distinto. Acostumbrados a celebrar el nacimiento de Jesús, corremos el riesgo de perdernos el resto de su historia. Recordemos que, después de la Epifanía, nuestra primera celebración será el bautismo de Jesús, las tentaciones y el comienzo de su ministerio. También es importante recordar que ni Marcos ni Juan mencionan el nacimiento de Jesús, sino que ambos comienzan sus evangelios con la predicación de Juan.  

            Así pues, tratemos de profundizar en los elementos nuevos de la liturgia de hoy. El desierto, donde predica Juan, nos proporciona el “ambiente”: al igual que en las tentaciones de Jesús, es en la soledad donde se manifiestan Dios y su mensaje, con tal que nos atrevamos a abrir los ojos y los oídos para entender nuestra situación actual. El clima sociopolítico en que vivimos se parece mucho al de tiempos de Jesús: un periodo de desasosiego, en el que se han abandonado los valores tradicionales; la gente ya no confía en la autoridad, ni política ni religiosa; y, al mismo tiempo, hay una honda necesidad de un líder, un héroe, alguien que encarne las promesas del pasado e instaure un orden nuevo de paz y reconciliación. Juan no es el único predicador de aquel momento, ni su mensaje es muy diferente del que proclaman otros profetas de desgracias. Hay, sin embargo, algo especial: además de animar a la gente a que se convierta, anuncia la venida del Reino de Dios y de alguien que será el verdaderamente Enviado de lo alto para bautizar a Israel, no con agua como hace él, sino con fuego y Espíritu santo y transformar la sordidez de su existencia.

            Según el texto de Mateo (3:2, 4:17), las palabras de Juan y las que usará Jesús desde el comienzo mismo de su ministerio son exactamente idénticas: “Conviértanse, porque el reino de los cielos está cerca”. Con todo, cuando comparamos la manera en que expresan esa “conversión” Jesús y Juan, encontramos una tremenda diferencia: el mensaje de Juan es básicamente “ascético”, da la impresión de que sólo implica renuncia; mientras que Jesús añadirá un tono y un contenido esencialmente salvíficos. Él es quien anuncia  “las buenas noticias del Reino” y trae consigo perdón, misericordia, reconciliación, salud de alma y cuerpo. Sin duda, su vida será el cumplimento del pasaje de Isaías que hoy leemos: juzgará a los pobres con justicia, y la tierra se llenará del conocimiento del Señor. Incluso la naturaleza vivirá en un estado de paz y concordia.

            Aun así, a pesar de ver en Jesús al niño que traerá paz a la tierra y reconciliación a nuestro mundo humano, tenemos por delante la tarea de preparar el camino al Señor que viene a salvarnos. Por eso sigue siendo válido y necesario el mensaje de Juan, ya que corremos el verdadero riesgo de los saduceos y los fariseos: reducir nuestro “bautismo de Adviento” a un ritual meramente religioso (la corona de Adviento, los cánticos navideños, tal vez la misa de Medianoche…), o incluso al rito respetable, pero puramente pagano, de compartir una comida familiar o intercambiar regalos. Como les sucedía a ellos, dar por supuesta o incluso alardear de nuestra condición de “cristianos o descendientes de Abraham” no puede eximirnos de la exigencia de conversión.

 

Meditatio:

            Se ha producido este domingo un cambio de rumbo en nuestra trayectoria de Adviento: hemos pasado de anunciar un mensaje de esperanza a adoptar las actitudes que exige de nosotros aquella promesa. ¿Cuáles son las palabras de Juan que se aplican a nuestra propia manera de vivir? ¿Cuáles son los frutos que podría esperar de nosotros el Señor cuando llegue? ¿En qué medida reflejan nuestra mentalidad y nuestra actitud las exigencias del evangelio? ¿Es el “espíritu de la Navidad” algo más que un eslogan comercial o un “fruto del tiempo”? Pablo (¡con cuánta frecuencia dejamos a un lado la “segunda lectura”!) insiste en la importancia de la reconciliación y la armonía entre los cristianos de origen judío y gentil. ¿Cuáles son las “fronteras” que trazamos nosotros, y quiénes son los “otros” cristianos con los que deberíamos reconciliarnos?

 

Oratio:

            Reza por quienes ven cómo se ignoran o pisotean sus derechos, que buscan justicia y sentencias justas en sus vidas, que necesitan superar la angustia de una vida sin esperanza: para que el Señor, juez justo, haga que puedan ver satisfecha su sed de justicia.

            Recemos por nosotros mismos: para que el mensaje de Juan nos impulse hacia una nueva manera de vivir el Adviento como periodo de transformación, recibir al Señor en nuestras vidas y reflejar en ellas su presencia salvadora.

 

Contemplatio:

            La Navidad es la celebración de la venida de Dios y su comunicación con nosotros. Preparémonos acercándonos más los unos a los otros. Todos tenemos un número de familiares o amigos “olvidados”, que se pasan meses en un rincón oscuro de nuestra memoria. Antes de que llegue el barullo de las fiestas, ¿no podríamos hacerles una vista? O, al menos, una llamada de teléfono o unas líneas (¡no una tarjeta de Navidad!) para hacerles sentir que no los ignoramos del todo…

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 2013-12-15: ¿Quién decís que soy yo?

Evangelio, Mateo 11, 2-11
 
En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”
 
Jesús les respondió: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”.
 
Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: “¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se lo aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ningu no más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él”.
 

Otras lecturas: Isaías 35:1-6, 10; Salmo 146:6-7, 8-9, 9-10; Santiago 5:7-10 

 
 

 Lectio:

            La pregunta que he tomado como título para la Lectio de hoy (Mateo 16:13-28) puede chocar, ya que es la misma que les hizo Jesús a los discípulos para explicarles después qué clase de Mesías era él (algo totalmente distinto de lo que ellos esperaban). Pero puede darnos una pista muy especial sobre las cuatro preguntas que leemos en nuestro pasaje del evangelio. En realidad, reflejan el constante malentendido que hallamos cada vez que tratamos de acercarnos al significado más profundo de las palabras de Jesús. Dejando al margen las conjeturas en torno a las supuestas dudas de Juan respecto a la naturaleza y la misión de Jesús, lo cierto es que nadie parece captar el papel y la significación  de Jesús o de Juan.

            Comencemos con la pregunta de Juan. Creo que estaba convencido de que Jesús era “el que había de venir”, pero también es obvio que Jesús venía de una manera que él no podía entender. Como vimos la semana pasada, ambos proclamaban el mismo mensaje: “Conviértanse, porque el reino de los cielos está cerca.” Pero, para el Bautista, el papel de Jesús tendría que haber consistido en hacer que se cumpliera lo que él había anunciado: terminar con el viejo orden de pecado, utilizando su bautismo con Espíritu santo y fuego para quemar la paja. Pero no. Jesús, por el contrario, anuncia el comienzo de una nueva época, la llegada de un reino de misericordia, perdón y esperanza. Hay, además, algo peculiar en las respuestas de Jesús a la preguntas de los discípulos de Juan. En vez de contestar, “Yo soy la luz verdadera”, dice “los ciegos ven”; en vez de “Yo soy la Palabra de Dios”, recuerda que “los sordos oyen”; en vez de “Yo resucitaré de entre los muertos”, “los muertos vuelven a la vida”… Frente a las formulaciones teológicas de nuestro credo, Jesús responde citando acciones concretas.

            Los malentendidos en torno al papel de Juan se resuelven también de manera semejante: el Bautista no es lo que la gente esperaba ver en el desierto. No es un mero predicador o profeta callejero, sino el Profeta, con “P” mayúscula, la encarnación de Elías, ya que ha cumplido la misión más importante que ningún otro mensajero de Dios había realizado hasta entonces: señalar al que había de venir a realizar las promesas de antiguo. Las palabras de Isaías, no sólo las que leemos en la liturgia de hoy, sino también las de 26:19; 28:18-19; 61:1, son la prueba de la naturaleza mesiánica de Jesús, pero son también la confirmación de Juan como varón enviado por Dios, el mayor de los nacidos de mujer. 

            Hay, con todo, una pequeña pega, un cabo suelto, en todo el pasaje. Entre las promesas referentes a la venida del Mesías, hay una que no parece haberse realizado: “anunciar libertad a los presos, libertad a los que están en la cárcel” (Isaías 61:1). Y eso que Jesús lo había anunciado en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4:16-30). Esto no parece haberse cumplido en la vida de Juan, que sigue en la cárcel y acabará siendo decapitado. En este caso, hemos de recurrir a la lectura de Santiago. La paciencia esperanzada o la espera paciente es un rasgo que comparten muchos en este tiempo de Adviento: Juan, que esperaba la realización del Reino a la vez que aguardaba su propia muerte; la primera comunidad cristiana, que pensaba que era inmediata la vuelta del Señor; María, a la que veremos el domingo próximo esperando el nacimiento de Jesús; y nosotros, que nos preparamos para su nacimiento en la liturgia. Como al labrador, la paciencia nos da fuerzas para esperar la eclosión definitiva del Reino que, como semilla humilde caída en el terreno o levadura dentro de la masa, crece de manera lenta pero eficaz: así lo promete Jesús en las parábolas que recogen Mateo 13:31-33, Marcos 4:26-33 y Lucas 13:18-21.

 

 Meditatio:

            No es preciso verse en una situación tan dura como la de Juan para pronunciar su pregunta: “¿Eres tú el que…?” Aunque nos consideremos creyentes “profundos”, dispuestos a plantearnos la fe como algo más serio que una tradición familiar, el problema del mal, incluso el de nuestros pequeños “males” de cada día, pueden crear dudas en torno a la naturaleza de Jesús y su poder salvífico. Tal vez podríamos plantearnos la cuestión de manera distinta:¿es Jesús el único y verdadero Mesías, el que había de venir? ¿Elegimos bien cuando decidimos seguirle? O en un plano más a ras de tierra: ¿es esta la verdadera Iglesia, la comunidad adecuada en la que puedo encontrar al Jesús verdadero? En cualquier caso, incluso cuando nos enfrentamos al grave problema de nuestras contradicciones internas, hemos de dar una respuesta en libertad: “¿También ustedes quieren irse?” fue la pregunta crucial que les planteó Jesús a los discípulos cuando algunos de ellos comenzaron a abandonarle. La respuesta de Pedro, como entonces, es la única válida que nosotros podemos pronunciar: “Señor, a quién podemos ir?” (Juan 6:66-71).

 

 Oratio:

            Cerca ya de la Navidad (faltan sólo diez días), es el momento adecuado para darle gracias a Dios por su regalo a la humanidad: su Hijo único supera todo lo que podríamos imaginar. Reza por quienes abrigan dudas sobre el poder salvador de Jesús, por los que le consideran un mero profeta o un maestro espiritual… Pero recemos especialmente por nosotros mismos, por nuestra actitud frágil y contradictoria de discípulos y creyentes: para que nuestra respuesta ante Dios sea un “Sí” sin límite alguno.

            Reza para que por debajo y más allá de las celebraciones coloristas y comerciales de la Navidad podamos hallar al Jesús verdadero que nos llama a dar testimonio de amor a los pobres, los que están solos, los enfermos… todos aquellos que yacen en la oscuridad de sus propias prisiones.

 

 Contemplatio:

            Mira a tu alrededor, a tu entorno presente y pasado. Trata de descubrir alguno de los pequeños signos de curación, de salvación limitada que cerca de ti. ¿No hay ningún caso de sordera a la reconciliación que haya sido curada por los consejos de un amigo? ¿Ni una palabra de esperanza que le haya abierto los ojos a alguien y le haya hecho ver la luz en su vida? ¿Ni alguien que haya resucitado después de estar enterrado en la soledad y la desesperanza? ¿No podemos descubrir alguna acción salvadora de Jesús, limitada pero real, para disipar nuestras dudas? Vuelve a mirar a tu alrededor.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 2013-12-25: La Palabra se hizo carne

NAVIDAD
 
Juan 1,1-18
En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
 
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."" Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
 
 
Otras lecturas: Misa de la Vigilia: Isaías 62:1-5; Salmo 89:4-5, 16-17, 29; Hechos 13:16-17, 22-25; Mateo 1:1-25. Misa de Medianoche: Isaías 9:1-6; Salmo 96:1-2, 2-3, 11-12, 13; Tito 2:11-14; Lucas 2:1-14. Misa de la Aurora: Isaías 62:11-12; Salmo 97:1, 6, 11-12; Tito 3:4-7; Lucas 2:15-20. Misa del Día: Isaías 52:7-10; Salmo 98:1, 2-3, 3-4, 5-6; Hebreos 1:1-6; Juan 1:1-18. 
 
 
Lectio:
 
Todos los años, al llegar la Navidad y la Pascua, me siento abrumado por el número de lecturas de la Sagrada Escritura que despliega nuestra liturgia. Son tantas las posibilidades que se nos ofrecen para la Lectio, que siempre tengo la sensación de he dejado de lado o he prestado poca atención a dimensiones, aspectos o incluso a temas básicos que ni he llegado a mencionar. Lo cierto es que nuestra Lectio semanal no es un curso de teología bíblica ni un manual para la oración o la meditación. Los límites y el objetivo de estas páginas de la web están muy claros: ofrecer algunas pistas a los lectores para que sigan su propio camino en el proceso de acercamiento a Jesús y a sus palabras. Tenemos que recordar una vez más que la Lectio no es más que un “método”, una manera de orar. Y en la oración, aun cuando esto pueda resultar chocante, “todo vale”, con tal que alcancemos un conocimiento personal, cercanía e intimidad con el Señor. Ese es el fin y lo demás, medios. Tengamos esto muy en cuenta. 
 
Como otras veces, podríamos abordar nuestra Lectio de hoy como si fuera un mosaico, donde las piececitas difícilmente pueden entenderse aisladamente, sino que cobran todo su significado cuando las ensamblamos y las situamos en un contexto más amplio. Comencemos con los dos relatos del nacimiento de Jesús: el de Mateo, que se lee en la misa de la Vigilia, y el de Lucas, de la misa de Medianoche. Debo reconocer que me quedé sorprendido cuando, de repente, tuve la impresión de que estas historias eran una especie de “introducción”, una síntesis mínima de todo el Evangelio. 
 
El anunciado “Príncipe de la Paz” nace en un momento histórico llamado “Pax Augusta”, un periodo de calma social: el final de inacabables guerras civiles significa solaz y progreso. Aquella paz, sin embargo, tiene muy poco que ver con la paz anunciada por los ángeles, y cuyos destinatarios son “los hombres que gozan de su [de Dios] favor” (Lucas 2:14); y menos aún con la paz que les dará Jesús a sus discípulos: “No se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tengan miedo” (Juan 14:27). De hecho (dejemos al margen las consideraciones históricas), para la familia de Jesús implica trastorno y desconcierto: tienen que dejar su propia aldea y desplazarse a Belén. 
 
Nuestro “Príncipe”, heredero del trono de David, no nacerá en la capital, Roma, ni siquiera en Jerusalén, sino en “la más pequeña” de las principales de Judá. E incluso Belén no es bastante pequeña, ya que “no había alojamiento para ellos en el mesón” (Lucas 2:7). “Vino a su propio mundo, pero los suyos no lo recibieron” (Juan 1:11). Así que María tuvo que acostarlo en un pesebre. Lo cierto es que “Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde recostar la cabeza” (Mateo 8:20).
 
“La luz brilla en las tinieblas” (Juan 1:5), pero aquellos a los que vino no le reconocieron: de hecho, había venido “para que los ciegos vean” (Juan 9:39)… y fueron los Magos (que carecían de la visión de la fe de Israel) quienes “vieron la estrella y se alegraron mucho… y vieron al niño con María, su madre” (Mateo 2:10). Los que tenían que haber sido capaces de ver y entender –la corte con el rey, los sacerdotes de Jerusalén- no tenían ni la menor idea de la presencia del Mesías en medio de ellos. Pero los pastores, los más bajos de los más bajos de la escala social y cultural de Israel “fueron deprisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado” (Lucas 2:16)… “Has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos” (Mateo 11:25).
 
 “Su hijo lo ha concebido [María] por el poder del Espíritu Santo” (Mateo 1:20): lo que parecía una excepción a la “naturaleza” es el dato que confirma, sin más, lo que leemos en Juan 1:12-13 y manifiesta lo que para nosotros significa la Encarnación como imagen de nuestra propia fe y nuestro nacimiento a la vida nueva: “quienes lo recibieron y creyeron en él… son hijos de Dios no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado”. 
 
Meditatio:
Como podrás ver, hay demasiados temas (y, como dije al comienzo, ha quedado al margen un número mayor) para una sola “sesión” de oración. La única sugerencia que hago, no sólo para hoy sino para el resto de estos días en que todos nos vemos arrastrados por la locura fundamentalmente pagana de “las fiestas”, es seguir el humilde ejemplo de María en medio de tantos acontecimientos y en un mar de imágenes y mensajes: “María guardaba todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente” (Lucas 2:19, 50-51). Cualquiera de los personajes o de las situaciones de estos pasajes del evangelio suscitará peguntas en torno al significado de nuestras actitudes y respuestas frente a la presencia de Jesús en medio de nosotros. ¿Quiénes son los pastores de nuestro mundo y cómo podemos anunciarles la buena noticia del nacimiento del Salvador? ¿Hasta qué punto seguimos teniéndole miedo a las maneras tan inesperadas en que se manifiesta Dios y hemos restringido nuestra búsqueda a las sendas que nos son familiares? ¿En qué pesebres podemos descubrir a Jesús? 
 
Oratio:
Que de nuevo nos sirva de ejemplo María y su humilde silencio. Aunque tampoco nosotros lo “entendamos” todo, que nuestra oración gravite en torno a dos puntos: la gratitud y la humildad. Que nuestra oración sea, ante todo, un susurro de acción de gracias por el don de Jesús, Hijo del Padre y hermano nuestro. Que el humilde entorno de su nacimiento dirija nuestras miradas hacia los humildes y humillados de nuestro mundo y nos impulse a rezar por ellos: recordemos que no hace falta pensar en los olvidados del Tercer Mundo, tenemos multitudes a nuestro alrededor. Procuremos en medio de tanto trajín buscar unos momentos de silencio para contemplar, sin más, al recién nacido.
 
Contemplatio:
Uno de los errores que con mayor frecuencia cometemos durante la Navidad es dejarnos arrastrar por los sentimientos de nostalgia: “antes”, “en el pasado”, las Navidades eran siempre más sinceras, más religiosas, se centraban más en la familia y no estaban tan “comercializadas”… Francamente, en la mayor parte de los casos la verdadera diferencia es que éramos más jóvenes. Sin embargo, volvamos la mirada a alguna Navidad especialmente significativa de nuestra vida y veamos si hay en ella algo que podamos aportar a nuestra celebración del presente para hacerla más llena de sentido, más cálida y gozosa.
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España
 

Lectio Divina 2013-12-29: La Sagrada Familia

La Sagrada Familia: Jesús, María y José. Pues sí: familia, y santa, porque en medio de las circunstancias más duras y angustiosas, pueden permanecer unidos y dar una respuesta de fidelidad a los planes de Dios. Sí, porque conocen y viven “revestidos” de compasión, humildad y paciencia; porque entienden que el único tipo de sometimiento, obediencia o consideración que observa un cristiano es el que se le debe a Dios. Edificada sobre ese cimiento, el amor de Dios al hombre y del hombre a Dios, cualquier relación humana, cualquier gesto de servicio y cariño, de sacrificio y vida en común, los trabajos y los gozos, todo se convierte en culto y comunión. El texto de Colosenses, insisto, puede darnos a clave para entender esta fiesta. 

 

Mateo 2:13-15, 19-23

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo." José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: "Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto".

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño." Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.

 

Colosenses 3,12-21

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

 

Lectio:

            Resulta sumamente difícil –por no decir imposible- leer la Sagrada Escritura sin algún tipo de prejuicio o postura preconcebida. Incluso el hecho de escoger u omitir ciertos pasajes puede ser una buena pista que nos delata. Tomemos como ejemplo la liturgia de hoy. En la lectura de Colosenses “puede omitirse” el último párrafo (versículos 18-21). El Evangelio “da un salto” para evitar los versículos 16-18. ¿A qué viene esta lectura “selectiva”? Me temo que la razón es bien sencilla: el texto de Colosenses, y en ese sentido también el del Eclesiástico, no es “políticamente correcto”. El papel sumiso de la mujer descrito en el texto de Pablo no cuadra con nuestros actuales esquemas mentales. Ni el relato de la matanza de los inocentes de Mateo le resulta aceptable a nuestra mentalidad, que rechaza radicalmente la crueldad o la violencia, en especial contra los niños.

            Así, tenemos que admitir que incluso quienes seleccionaron los textos que usamos en nuestra liturgia tenían su propio enfoque personal. Tal vez, el miedo a ofender ciertos sentimientos o a contravenir nuestros esquemas mentales socialmente aceptables. En cualquier caso, todos nos acercamos a la Escritura con nuestro propio bagaje de preferencias y antipatías. ¿Cómo, pues, podemos entender la celebración de la “Sagrada Familia” utilizando estos textos? En primer lugar, debemos aceptar que los libros de la Biblia tienen su propio trasfondo histórico, social e ideológico que no podemos ignorar ni modificar para que se acomode, además, a nuestro propio contexto. Para superar estas cortapisas, creo que el fragmento de Colosenses puede ofrecernos una perspectiva más amplia: la de la familia cristiana. Recordemos las palabras de Jesús: “No llamen ustedes padre a nadie en la tierra, porque tienen sólo un padre, el que está en el cielo” (Mateo 23:9). Sólo desde este punto de partida, situando todos los detalles dentro de ese marco, podemos entender por qué podemos llamar no sólo “santa” sino incluso “familia” al grupo constituido por Jesús, María y José, tan poco común y tan difícil de clasificar.

            En el relato del nacimiento de Jesús, Mateo reelabora y entremezcla las historias de José, Moisés y el mismo pueblo hebreo. El Evangelio (2:10-11) describe a los Magos: “Arrodillándose le rindieron homenaje. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra”. Son casi las mismas palabras con que se describen los gestos que habían realizado en el pasado los hermanos de José (Génesis 43:25-26). Y lo mismo que Moisés (y los demás niños hebreos) habían visto amenazada su vida por el decreto del Faraón (Éxodo 1:15-22), también se ven en peligro Jesús y los niños de las aldeas cercanas (2:13-18). Pero en nuestro caso, la historia da un giro inesperado y la huida a Egipto se convierte en una auténtica paradoja: para escapar a la muerte, el Mesías tiene que refugiarse en la tierra de la esclavitud y el exterminio…

            Contra este telón de fondo (y el del relato de Lucas) debemos situar a nuestros personajes. Según la oración inicial de la liturgia católica, son una “familia santa”, “ejemplo maravilloso” cuyas “virtudes domésticas” debemos imitar. ¿Una “familia santa” cuando la novia se queda embarazada antes de convivir con su prometido? ¿Un ejemplo ellos, que no pueden ofrecerle al recién nacido las condiciones humanas más básicas? ¿Ellos, que tienen que abandonar a toda prisa el país, no sea que les maten al niño? ¿“Virtudes domésticas” cuando el niño puede ausentarse tres días y ni siquiera es capaz de ofrecer una humilde excusa por su desobediencia y desconsideración…?

            Pues sí: familia, y santa, porque en medio de las circunstancias más duras y angustiosas, pueden permanecer unidos y dar una respuesta de fidelidad a los planes de Dios. Sí, porque conocen y viven “revestidos” de compasión, humildad y paciencia; porque entienden que el único tipo de sometimiento, obediencia o consideración que observa un cristiano es el que se le debe a Dios. Edificada sobre ese cimiento, el amor de Dios al hombre y del hombre a Dios, cualquier relación humana, cualquier gesto de servicio y cariño, de sacrificio y vida en común, los trabajos y los gozos, todo se convierte en culto y comunión. El texto de Colosenses, insisto, puede darnos a clave para entender esta fiesta. 

 

Meditatio:

            A veces, uno tiene la sensación de que a Dios le encanta complicar las cosas, hacérselas más difíciles a quienes tienen que desempeñar un papel crucial en la historia de la salvación. Imaginemos que la estrella no hubiera desaparecido y los Magos hubieran encontrado a Jesús directamente: ni visita a Herodes, ni necesidad de volverse a casa por otro camino, ni cólera del rey, ni matanza de inocentes, ni huida a Egipto… Jesús y su familia habrían vuelto a Nazaret y a la vida ordinaria. Pero en ese caso, Jesús no habría compartido la suerte de los perseguidos, los amenazados o los inmigrantes en tierra extraña, los zarandeados por la zozobras de la vida. Tenía que sentir lo que significa ser hombre para tantos seres humanos en Palestina de hace veinte siglos, o ahora en el Tercer Mundo o los barrios bajos de cualquier gran ciudad del próspero Occidente. Una pregunta-reflexión nada más: ¿somos conscientes de cuántas personas de nuestro entorno viven en situaciones semejantes a las de Jesús? Otra más: como seguidores suyos, ¿aceptaríamos o estaríamos dispuestos a compartir la suerte de quienes hoy padecen las mismas condiciones a las que él se sometió? La última: ¿estamos dispuestos a trabajar y luchar por la defensa de su dignidad y sus derechos humanos?

 

Oratio:

            Este es el último domingo del año. Creo que es un buen momento para buscar la intimidad y convertir nuestra oratio en una contemplatio. Recorramos estos doce meses pasados y descubramos las mil razones que tenemos para alabar a Dios y darle gracias por los dones recibidos. Seamos sinceros y humildes, y pidamos perdón por nuestros errores y culpas, en especial por todo lo que hemos dejado de hacer. Y, sobre todo, traigamos a nuestra memoria y presentémosle a Jesús los sufrimientos de nuestro mundo, incluyendo sin miedo a quienes tenemos más cerca, pero pensando en los más olvidados, aquellos que no tienen quien les recuerde en sus oraciones.

 

Contemplatio:

            Creo que es suficiente lo dicho en el párrafo anterior. Con todo, permíteme añadir mis mejores deseos de paz para ti y todos los tuyos en el año que está a punto de comenzar. Siempre estás presente en mis oraciones. No me olvides en las tuyas: las necesito para poder seguir sirviéndote humildemente en este  ministerio que se me ha confiado. Gracias.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España

 

Lectio Divina 2014

Esta página contiene la Lectio Divina con reflexiones escritas por el Reverendo D. Mariano Perrón, sacerdote católico de la archidiócesis de Madrid. Mariano Perrón es entre otras cosas licenciado en filosofía y teología por la Universidad Pontificia Comillas, ha sido delegado diocesano y episcopal para ecumenismo y relaciones interconfesionales de la diócesis de Madrid durante 38 años y notario de matrimonios mixtos interconfesionales. La versión en inglés de esta Lectio Divina es publicada por la American Bible Society.

2014-11-02: Lectio Divina: "Yo soy el camino" (Conmemoración de todos los Fieles Difuntos)

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 14, 1-6
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y a donde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dice:
--Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde: 
--Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.
Palabra del Señor.
 

Otras lecturas: Isaías 25:6-9; Salmo 27:1, 4, 7-8, 9; Romanos 8:28-39 (Día de los Fieles Difuntos); Apocalipsis 7:2-4, 9-14; Salmo 24:1-2, 3-4, 5-6; 1 Juan 3:1-3; Mateo 5:1-12 (Fiesta de Todos los Santos).

 Lectio:

            El hecho de que ambas fiestas coincidan en un fin de semana, cuando disponemos de más tiempo libre (y más ocupados estamos) me hizo pensar en la posibilidad de unir las lecturas y las ideas de las dos celebraciones en una misma Lectio. De hecho, en España y en otros países católicos hispanos, la gente suele hablar del “Día de los Santos”, refiriéndose la mayor parte de las veces al Día de Difuntos. Esa expresión popular revela, al cabo, la profunda unidad que existe en esa doble celebración. En cuanto a los textos como tales, los de Todos los Santos vienen impuestos por el leccionario, pero los de los Fieles Difuntos los escoge el celebrante o la comunidad litúrgica. 

            La combinación de lecturas pretende comunicar un mensaje que pueda aunar la doble dimensión de las dos fiestas en una sola Lectio. Lo cierto es que estamos ante una sola realidad: la de los cristianos que están “del otro lado” de la existencia humana. El grupo de los “santos” es el de las personas que, según las tradiciones de antaño o las declaraciones solemnes de hoy día, creemos que ya están en la presencia de Dios contemplando su gloria. El grupo de los “difuntos” es el de quienes ya han dejado este mundo y a los que encomendamos a la misericordia de Dios, con la esperanza de que también ellos participen en la  resurrección de Cristo. En cualquier caso, ambos grupos ya han compartido la fe cristiana y el seguimiento de Jesús mediante el mandamiento del amor.

            Los textos evangélicos se complementan, reuniendo el llamamiento radical que pronuncia Jesús en el Sermón de la Montaña y la esperanza sobre la que construimos nuestra confianza en él. Para los creyentes, la vida puede ser arriesgada. Como Jesús, pueden estar bajo la amenaza de la persecución; o sometidos a situaciones y pruebas tan arduas como asumir libremente la pobreza asumida, defender la justicia o compartir la suerte de los más humildes… Pero, pase lo que pase, la certeza de que el “el Reino de los cielos es suyo”, de que la promesa de Dios es la garantía de la felicidad, siempre los sostendrá en cualquier momento de aflicción. No hay nada que temer, porque “Dios es su luz y su salvación” (Salmo 27). Tampoco hay nada que temer respecto al momento de nuestra partida, o la de aquellos a quienes amamos y ya nos han dejado. Jesús ha vuelto al Padre antes que nosotros para prepararnos el lugar donde estemos con él (Juan 14:1-13). Y recordemos que, lo mismo que el nuevo Templo no es un edificio, sino el cuerpo de Jesús, la casa o la morada que nos ha preparado tampoco es un lugar, sino la realidad de “permanecer en él”, lo mismo que él permanece en el Padre (Juan 15:1-10).

            Podemos anticipar ese estado en nuestra vida común. Formar parte del cuerpo de Cristo (para ser más precisos, somos el cuerpo de Cristo) puede hacernos vivir ya la imagen usada por los profetas para anunciar y describir el llamamiento de Dios a todas las naciones a sentarse a la mesa y disfrutar de un banquete de comunión (Isaías 25:6-9) al compartir la cena eucarística. Caminar juntos siguiendo a Jesús y su mandamiento del amor también podría ser un adelanto de la muchedumbre del texto del Apocalipsis, pues tenemos la certeza de llevar el sello de nuestro bautismo como signo de que pertenecemos al Señor. En cualquier caso, quienes nos han precedido y a los que la Iglesia llama “santos” son una prenda de nuestro propio llamamiento a la santidad y a la salvación, y de la de quienes ya han dejado este mundo.

Meditatio:

            Siempre hubo (y ahí sigue) una auténtica tentación de concebir la salvación, el sentido y el destino de nuestra vida, como si fuera una especie de negocio, una “inversión” en buenas obras. Como si fuéramos niños buenos, debemos ser obedientes a las órdenes y mandatos recibidos para que, al final, nos recompensen con un postre o un juguete. La vida eterna, la vida “en el Señor” es algo mucho más serio que todo eso. Deberíamos preguntarnos: ¿Cómo entendemos las Bienaventuranzas? ¿Como un llamamiento a buscar el sacrificio en cuanto tal, como si la pobreza y la persecución fuesen el objeto de nuestra vida cristiana? ¿O más bien, como poner toda nuestra confianza en el amor de Dios? Porque si esto último es nuestra manera de entender nuestra salvación, entonces podemos estar seguros de que ni “el sufrimiento, las dificultades, la persecución, el hambre… ni la muerte, ¡nada podrá separarnos del amor que Dios  nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor!” (todo nuestro texto de Romanos). Pero si pensamos que la salvación es un premio a nuestros méritos, estamos muy lejos de entender que es por la gracia como estamos salvados (Efesios 2:1-10). Creo que estas dos simples pistas son más que suficientes para nuestra Meditatio.

Oratio:

            Reza por quienes hacen duelo y lloran con desesperanza la pérdida de sus seres queridos: para que comprendan que es por estamos salvados por la muerte de Jesús y encuentren consuelo en el Cristo resucitado.

            Da gracias porque mediante el bautismo hemos sido llamados a participar en la resurrección de Jesús, y pide que sepamos dar testimonio de él y comunicar un mensaje de esperanza a los que sufren.  

 Contemplatio:

            A veces pensamos que nuestra esperanza en la resurrección nos haría más insensibles al dolor y la pena de la pérdida. Incluso consideramos a Jesús como si fuera inmune a esos sentimientos. Creo que en el Evangelio de Juan (11:17-44) tenemos un hermoso ejemplo de las dos dimensiones implicadas en presencia de la muerte: el dolor y la angustia, junto con una profunda fe en la resurrección. Vuelve a leer el pasaje. Intentar dar una respuesta a los versículos 25-26 puede ser una manera de comprobar nuestra propia fe. 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón, Sacerdote católico, Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio 2014-09-21: "Los últimos serán los primeros"

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 20, 1-16
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
 
-- El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña."
 
Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.
 
Palabra del Señor.
 
 

[or] Otras lecturas: Isaías 55:6-9; Salmo 145:2-3, 8-9, 17-18; Filipenses 1:20-24, 27

 

[h1] Lectio:

            “Mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya”. Este texto de Isaías 55:8 nos da la clave para leer y captar en profundidad el contenido de la liturgia des hoy. Podríamos ir más lejos todavía: pone de relieve uno de nuestros errores fundamentales de nuestra comprensión de Dios: nuestra tendencia a proyectar sobre él nuestros sentimientos e ideas, nuestra manera de comprender la vida y el mundo como tales. Esa diferencia básica entre las ideas de Dios y las nuestras es lo que nos conduce con tanta frecuencia a nuestro desencanto ante la manera en que se desarrolla la historia y se hace presente entre nosotros la salvación.

            La parábola que hoy leemos debe ubicarse en su contexto: la de los capítulos 19 -22 de Mateo. El leccionario ha omitido el capítulo 19 entero, así que debemos salvar un hueco largo y muy significativo. Se trata del comienzo de una sección nueva. “Después de decir estas cosas, Jesús se fue de Galilea “. Emprende el camino hacia Jerusalén, a su pasión, muerte y resurrección. Y es el momento oportuno para hablarles a los discípulos y anunciarles, mediante una serie de temas que Jesús aborda desde una perspectiva nueva y personal, la concepción distinta de la vida que deben aprender. Sólo desde esa perspectiva podrán captar el significado del Reino y de los acontecimientos que presenciarán bien pronto en Jerusalén. Aparecen los temas del divorcio y el celibato, la importancia de los más pequeños, los niños, la observancia de la Ley y la renuncia a las riquezas… En todos los casos, Jesús transmitirá el mismo mensaje básico: en el Reino hay un sistema de valores diferente y una necesidad de juzgar las cosas según unos criterios distintos. Una sencilla frase podría resumir tal concepción: “Los últimos serán los primeros” (Mateo 20:16).

            Debemos recordar aquí cómo desde su nacimiento en un establo, la vida de Jesús presenta una discordancia radical con lo que se espera del Mesías: le consideran un transgresor de la Ley, anuncia su ignominiosa pasión y muerte (una vez más en 19:1-19), aconseja a sus discípulos a renunciar a las riquezas (¡que eran un signo de bendición!), urge al rico observante de la Ley a que lo venda todo y se lo dé a los pobres para alcanzar la vida eterna… En este contexto, nuestra parábola es un ejemplo de “últimos y primeros”. La conocemos de sobra y sigue sorprendiéndonos. Sin duda, la parábola no es un ejemplo de “justicia laboral distributiva”, pero subraya en cambio la gratuidad de la salvación de Dios: no es por nuestros méritos ni por nuestra santidad por lo que nos concede sus dones, sino que gracias a su generosidad recibimos al Mesías, la reconciliación y el don de la vida eterna. En la parábola no se trata injustamente a ningún obrero: a los que comenzaron de mañana se les da lo convenido, el salario habitual, por lo que no puede hablarse de explotación. ¿Podrían acusar al propietario por ser generoso y darles la misma paga a los obreros de la última hora…? Al cabo, la parábola refleja los sentimientos que provocaba la actitud de Jesús hacia los “últimos” (los pecadores públicos, recaudadores de impuestos, samaritanos…) en  quienes se consideraban “primeros” (los fariseos, maestros de la Ley, los judíos piadosos y observantes), que confiaban en su “duro trabajo religioso” más que en la gracia de Dios.  

 

[h2] Meditatio:

            La parábola, como se dice en las líneas anteriores, podría aplicarse al grupo de “creyentes oficiales” que no podía aceptar que se invitara a los “últimos” a participar de los planes salvíficos de Dios, destinados exclusivamente a Israel. También podría aplicarse a los “primeros” cristianos que procedían de la comunidad judía y se sentían superiores a los gentiles, los “últimos” en llegar a la salvación. Pero, claro está, también puede entenderse como dirigida a todos los que, por las razones que fueren, nos consideramos superiores a los cristianos “nuevos”, “conversos”, que carecen de raíces o “veteranía” en la fe. Hay, con todo, algo más hondo en nuestros sentimientos. ¿En qué medida creemos que seguir la Ley (en nuestro caso, el mandamiento del amor) es una pesada carga que llevamos sobre los hombros?¿Por qué ese deseo ciego de imponer a los demás las cargas que nosotros mismos somos incapaces de llevar? ¿Por qué esa tendencia pueril a comparar nuestras acciones con las de los demás, nuestras “recompensas” con las de los otros? Vuelve a leer Hechos 15:6-11 y podrás formular un buen número de preguntas en torno a nuestra actitud respecto a la gracia…

 

[h3] Oratio:

            Reza por la comunidad cristiana a la que perteneces: para que sea signo de la generosidad y la misericordia de Dios para con los “últimos” de nuestra sociedad, los pobres, las gentes del Tercer Mundo, quienes padecen discapacidades físicas o psíquicas, los “pecadores públicos”, las personas “grises”, sin importancia, los que siempre pasan desapercibidos…

            Recemos por nosotros: para que descubramos la distancia que hay entre los pensamientos de Dios y los nuestros y dejemos que el Señor de las misericordias configures nuestra mentalidad a imagen de la suya y aprendamos a juzgar con sus mismos criterios.

 

[h4] Contemplatio:

            Vuelve a leer Efesios 2:4-13, prestando especial atención a esta frase: “Por la bondad (gracia) de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios” (2:8). Ese es el misterio de nuestra salvación: Dios se rebaja hasta nosotros, comparte nuestra naturaleza humana, se nos da a sí mismo como regalo. Precisamente, lo que celebrábamos la semana pasada, la exaltación de la Cruz. Una sencilla sugerencia para esta semana, aunque parezca ingenua: repasa los dones más importantes que has recibido de Dios. No pienses sólo en los “grandes acontecimientos”, sino en los regalos sencillos, pequeños, que puedes descubrir en tu vida diaria. Y di humildemente “Gracias”.

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón, Sacerdote católico, Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 04-05-2014: "Quédate, es tarde" (Camino a Emaús)

13 Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén.
14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.
15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.
16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.
17 Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?
18 Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?
19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; (...) 
 
 
20 y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron.
21 Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.
22 Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro;
23 y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive.
24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.
25 Entonces él les dijo: !!Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!
26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.
28 Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos.
29 Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.
30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio.
31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.
32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos,
34 que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.
35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.

 

Otras lecturas: Hechos 2:14, 22-33; Salmo 16:1-2, 5, 7-8, 9-10, 11; 1 Pedro 1:17-21

 

[h1] Lectio:

            “Aquel mismo día [el primero de la semana] dos de los discípulos se dirigían…” La construcción de tiempo, “Aquel mismo día”, puede parecer un mero detalle sin importancia en el relato de Lucas, pero en realidad revela y subraya una rasgo peculiar de este “apartado de la Resurrección” de su evangelio. Todos los acontecimientos referentes a la resurrección del Señor hasta la Ascensión, parecen desarrollarse, uno tras otro, en un único día (al menos, no hay indicación alguna de que se llegase a interrumpir la serie). Así que estamos en el domingo siguiente a “lo que ha pasado allí en estos días”. Los dos discípulos que se dirigen a Emaús, han estado en Jerusalén y han debido presenciar el proceso, ejecución y entierro de Jesús, el “profeta” en quien habían puesto la esperanza de una nueva era para Israel: debía haber liberado a su pueblo de la opresión romana… y ya han pasado tres días desde su muerte sin ninguna señal del cumplimiento  de sus promesas. No es difícil imaginar el tipo de “conversación” que debían estar manteniendo mientras “se dirigían…”  Si aquello hubiera ocurrido en nuestra época, podríamos pensar en los seguidores  de un candidato a la presidencia que hubiera perdido las elecciones. “Nosotros teníamos la esperanza de que…”Los sentimientos de frustración, desencanto y fracaso son comunes en todo tipo de naufragio. La diferencia es que aquí se trata de un proyecto referente a la llegada del Reino de Dios… Este es el contexto. A partir de aquí, permíteme que realice la misma tarea que puedes reconocer por otras Lectiones anteriores: ofreceré tan sólo algunas pistas o sugerencias de un texto cargado de alusiones y referencias constantes a otros pasajes de la Escritura.

            “… dos de los discípulos se dirigían…” En el pasaje son numerosos los verbos que indican movimiento: “dirigirse” es el más sencillo, pero todos ellos están relacionados con un concepto básico para entender el evangelio de Lucas. En cierto sentido, la vida de Jesús es un viaje, un camino cuya meta es Jerusalén, donde morirá y recibirá la gloria de la resurrección. Debemos recordar la palabra tan especial de la Transfiguración: Moisés y Elías hablaban con Jesús  de “su éxodo” (Lucas 9:31). En cierto sentido, el viaje de los discípulos de Jerusalén a Emaús y su vuelta es una parábola de la propia historia de Jesús: en el evangelio de Lucas, todo había empezado en el Templo, con el mensaje a Zacarías y el anuncio de la salvación que estaba a punto de realizarse en favor de Israel. Y todo, la muerte y la gloria, terminaba también en Jerusalén. Los dos discípulos se habían marchado de la ciudad como si quisieran dejar atrás lo que había sido el escenario de un triste final para la carrera prometedora de un profeta “poderoso en hechos y palabras”. Pero, y este es el final inesperado e increíble de su viaje, volverán para anunciar la noticia gozosa de su encuentro con el Cristo resucitado.

            Mientras camina con  ellos, Jesús adopta el enfoque “teológico” y les ex plica los que habían anunciado la Ley y los Profetas sobre él y cómo todo lo que era preciso según los planes de Dios se había ejecutado y cumplido debidamente. Más tarde, en su nueva aparición en Jerusalén (24:44), recurrirá también a una tercera parte de la Escritura, los Salmos. Pero la ciencia bíblica no parece resultar efectiva para superar la incredulidad y el desencanto de los discípulos. Sólo cuando comparten una comida y ven a Jesús partiendo el pan “se les abrieron los ojos”. Un par de observaciones en torno a este texto. Aunque no habla expresamente de una comida eucarística, están presentes todos sus detalles. Las palabras para describir los gestos de Jesús son las mismas utilizadas en la multiplicación del pan y en la Última Cena. Y encontramos incluso un “término técnico”: cuando regresan a Jerusalén, los discípulos les contarán a los otros que reconocieron a Jesús, no por la voz o al verle el rostro, si no “én tê klasei toû ártou”, “en la fracción del pan” (24:35; véase Hechos 2:42; 7:11). Además, es “el primer día de la semana”, el comienzo de la nueva creación  en la muerte y resurrección de Jesús: lo mismo que les había pasado a Adán y Eva después de comer de la fruta prohibida (Génesis 3:7), también a ellos “se les abrieron los ojos”, no a un mundo bajo el poder del pecado y de la muerte, sino bajo el signo de la resurrección de Jesús: su muerte salvadora ha vencido a la muerte y ha abierto el camino hacia la vida eterna. Y. así, pueden ver la realidad bajo la luz de la esperanza cristiana.

 

[h2] Meditatio:

            El texto es tan rico que puede suscitar preguntas sobre un buen número de dimensiones básicas de nuestra vida cristiana. Permíteme sugerir un par de ellas. El concepto de “camino” usado para definir la vida de Jesús puede aplicarse también a nuestra andadura como creyentes: Lucas habla de los cristianos como los que “seguían el Camino” (Hechos 9:2; 16:17; 24:14, 22). ¿En qué medida hemos transformado ese estilo dinámico en una religiosidad “sedentaria”? ¿Por qué insistimos y nos apoyamos tanto en la exposición teológica de nuestra fe, en vez de en los gestos que la gente pudiera en verdad entender? ¿Es la comida eucarística de nuestras Iglesias un auténtico signo de que compartimos la misma vida, o la hemos reducido a una pobre rutina piadosa? ¿Dejamos que la gracia de Dios nos “abra los ojos” para reconocer al Señor en quienes caminan a nuestro lado, o con los que nos cruzamos en la orilla de la vida (Juan 21:12-13), o nos muestran las heridas de su dolor (Juan 20:27-29)? 

 

[h3] Oratio:

            Reza por quienes sufren bajo la carga del duelo por la pérdida de un ser querido: para que encuentren el consuelo de la esperanza cristiana en los gestos de compañía y comprensión compartidas de los demás y puedan también descubrir el rostro del Cristo resucitado.

            Da gracias por las mil razones que tenemos para mantenernos firmes en el seguimiento de Jesús: incluso el humilde hecho de leer estas páginas es un signo de su llamamiento a la salvación que sólo él nos puede dar.

            Reza por quienes han perdido la esperanza en sus vidas: para que encuentren una comunidad cristiana en la que puedan comunicarse con el Cristo vivo.

 

[h4] Contemplatio:

            Admitamos que en demasiadas ocasiones nuestras celebraciones eclesiales, incluyendo la eucaristía, están bastante lejos de ser gozosas o de hacer que nos “arda el corazón”. Aunque esto te suponga un auténtico esfuerzo, trata de asistir a la próxima misa o celebración religiosa con los ojos abiertos y dispuestos a reconocer al Señor. Y, seamos realistas, si esto no da resultado, repite humildemente y con confianza: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde…”

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 05-10-2014: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular"

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 21, 33-43
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
 
-- Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
 
Le contestaron:
 
-- Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
 
Y Jesús les dice:
 
-- ¿No habéis leído nunca en la Escritura?: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.
 
Palabra del Señor.
 
 
[or] Otras lecturas: Isaías 5:1-7; Salmo 80:9, 12, 13-14, 15-16, 19-20; Filipenses 4:6-9
 
[h1] Lectio:
Un viñedo, unos labradores, un propietario que se va de viaje; unos criados a quienes se envía para que pidan lo que le corresponde y a quienes, en vez de entregarles los beneficios, los apedrean y matan; un hijo a quien también se envía y a quien también matan… Algunos de los ingredientes de esta “receta” los conocen bien los lectores o quienes escuchan la parábola de Jesús. Como de costumbre, se da por sabido que el contexto es vital para enmarcarla y sacar las correspondientes consecuencias. 
Con todo, en esta ocasión el punto de vista de los oyentes es más importante de lo que solemos ver al abordar las parábolas y las imágenes bíblicas. Lo cierto es que la manera de comprender y reaccionar ante la parábola de los labradores malvados podría ser por completo diferente según el grupo que la escuchara. Aquellos a quienes iba dirigida, los jefes de los sacerdotes y los fariseos, “se dieron cuenta de que [Jesús] hablaba de ellos” (21:45) y sus palabras les impulsaron a provocar su arresto, pero no se atrevieron por temor a la gente. Es importante señalar que, aunque Jesús había dicho que hablaba en parábolas porque tenían “tapados los oídos” y habían “cerrado sus ojos para no ver ni oír” (Mateo 13:15), los oyentes en este caso parecen captar el mensaje sin la sombra de una duda.
Más tarde, la primera comunidad cristiana podría interpretar la parábola y aplicársela a esos mismos personajes y sacar sus propias consecuencias: los labradores que no habían entregado los frutos debidos y habían matado al Hijo (con “H” mayúscula”) eran no sólo los dirigentes religiosos, sino el mismo Israel de antaño, mientras que ellos eran los “otros labradores”: responderían fielmente a la labor encomendada y entregarían sus frutos a su debido tiempo. Este mismo proceso de interpretación habría de repetirse en los momentos históricos en los que un grupo de “otros labradores” se sintieran legitimados para hacerse cargo del viñedo porque quienes lo trabajaban no producían los frutos esperados…
En cualquier caso, de seguir esa línea de razonamiento, nos perderíamos buena parte de las consecuencias presentes en la parábola original. Ni se me ocurre abordar el texto desde una perspectiva estrictamente exegética (pueden acudir a cualquier comentario al evangelio de Mateo), pro creo que puedo dar algunas pistas para la “ruminatio” de la parábola. Trata de comparar la versión que ofrecen los otros Sinópticos: Marcos 12:1-12 y Lucas 20:9-19. Fíjate en las coincidencias y divergencias y trata de descubrir los contextos históricos que pudieron generar las diferencias. En especial, compara las quejas y reproches comunes a los textos de Isaías y Mateo. Trata de re-leer ambos pasajes a la luz de Juan 15:1-10. En este caso, Jesús usa una imagen semejante, pero el hecho de dar un paso más (él no habla de un viñedo, considerado aisladamente, sino que él es una vid como tal), añade una nueva dimensión todavía más profunda y personal al simbolismo de la parábola. 
 
[h2] Meditatio:
La parábola, como ocurre con frecuencia, puede ser manipulada fácilmente. Resulta sumamente sencillo aplicársela a los demás. Como dije más arriba, podríamos aplicársela a los dirigentes religiosos de Israel, que rechazaron a Jesús y la salvación que le ofrecía: Ezequiel (34:1-16) había hecho eso mismo utilizando la imagen de los pastores en vez de la de los labradores, pero la crítica era exactamente la misma. Cuando adoptamos tal enfoque, la parábola puede convertirse en un arma contra cualquier “enemigo” religioso que queramos. Desgraciadamente, es así como utilizamos en ocasiones esta y otras parábolas y dichos de Jesús. Esto debería llevarnos a una pregunta radical sobre nuestra manera de leer e interpretar la Escritura: ¿hasta qué punto nos aplicamos las palabras de Jesús a nosotros mismos, a nuestra manera de pensar y actuar? Volviendo a la triple imagen que se nos presenta (la vid, el viñedo y los labradores encargados del mismo), deberíamos hacernos una pregunta básica en torno a esas tres dimensiones simbólicas. ¿Cuál es nuestra actitud y nuestra respuesta como sarmientos de la vid que es Jesús mismo? ¿Qué clase de frutos personales, íntimos, cabe esperar de nosotros? Como miembros de un viñedo, nuestra comunidad o la Iglesia a la que pertenecemos, en lo que respecta a las personas nuevas que pudieran sumársenos ¿qué clase de frutos producimos en realidad? O, y esta podría ser una piedra de toque para cualquier comunidad que quiera garantizar su futuro, ¿cuántas vocaciones al ministerio han surgido de entre nosotros en los últimos veinte años? Como labradores, ¿qué clase de frutos “sociales” hemos producido en lo que se refiere a compromiso en los asuntos eclesiales, políticos o comunitarios? Como siempre, podríamos seguir y seguir.  
 
[h3] Oratio:
Reza por quienes piensan que su vida no produce frutos, en especial por los pastores y ministros: para que se sientan animados a proseguir esforzadamente con en su trabajo y la labor que se les encomendó produzca frutos pastorales satisfactorios.
Da gracias por el don de ser “un labrador nuevo”, y reza para que tu fidelidad al Evangelio de frutos de justicia y santidad.
 
[h4] Contemplatio:
No me gustaría que esta sección de nuestra Lectio Divina se convirtiera en el “departamento ético o moralizante”, pero no puedo renunciar a sugerir formas pequeñas y sencillas para prolongar nuestra meditación y nuestras oraciones hasta el ámbito de nuestra vida cotidiana. A lo largo de esta semana, antes de terminar la jornada, échale una mirada y trata de descubrir algún pequeño “fruto” que hayas producido. Dale gracias a Dios por ser “fructífero”, aunque se trate de alguna humilde acción insignificante. Y pide ánimos si el día fue “estéril”.
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 06-04-2014: La resurrección de Lázaro

 
Había un enfermo que se llamaba Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. 2 María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro había caído enfermo. 3 Entonces las hermanas le enviaron este recado:
—Señor, mira, aquel a quien amas está enfermo.
4 Al oírlo, dijo Jesús:
—Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, a fin de que por ella sea glorificado el Hijo de Dios.
 
 
5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Aun cuando oyó que estaba enfermo, se quedó dos días más en el mismo lugar. 7 Luego, después de esto, les dijo a sus discípulos:
—Vamos otra vez a Judea.
8 Le dijeron los discípulos:
—Rabbí, hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, y ¿vas a volver allí?
9 —¿Acaso no son doce las horas del día? —respondió Jesús—. Si alguien camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo; 10 pero si alguien camina de noche tropieza porque no tiene luz.
11 Dijo esto, y a continuación añadió:
—Lázaro, nuestro amigo, está dormido, pero voy a despertarle.
12 Le dijeron entonces sus discípulos:
—Señor, si está dormido se salvará.
13 Jesús había hablado de su muerte, pero ellos pensaron que hablaba del sueño natural.
14 Entonces Jesús les dijo claramente:
—Lázaro ha muerto, 15 y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis; pero vayamos adonde está él.
16 Tomás, el llamado Dídimo, les dijo a los otros discípulos:
—Vayamos también nosotros y muramos con él.
17 Al llegar Jesús, encontró que ya llevaba sepultado cuatro días. 18 Betania distaba de Jerusalén como quince estadios. 19 Muchos judíos habían ido a visitar a Marta y María para consolarlas por lo de su hermano.
20 En cuanto Marta oyó que Jesús venía, salió a recibirle; María, en cambio, se quedó sentada en casa. 21 Le dijo Marta a Jesús:
—Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano, 22 pero incluso ahora sé que todo cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá.
23 —Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.
24 Marta le respondió:
—Ya sé que resucitará en la resurrección, en el último día.
25 —Yo soy la Resurrección y la Vida —le dijo Jesús—; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá, 26 y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?
27 —Sí, Señor —le contestó—. Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido a este mundo.
28 En cuanto dijo esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en un aparte:
—El Maestro está aquí y te llama.
29 Ella, en cuanto lo oyó, se levantó enseguida y fue hacia él. 30 Todavía no había llegado Jesús a la aldea, sino que se encontraba aún donde Marta le había salido al encuentro. 31 Los judíos que estaban con ella en la casa y la consolaban, al ver que María se levantaba de repente y se marchaba, la siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar allí. 32 Entonces María llegó donde se encontraba Jesús y, al verle, se postró a sus pies y le dijo:
—Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
33 Jesús, cuando la vio llorando y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se estremeció por dentro, se conmovió 34 y dijo:
—¿Dónde le habéis puesto?
Le contestaron:
—Señor, ven a verlo.
35 Jesús rompió a llorar. 36 Decían entonces los judíos:
—Mirad cuánto le amaba.
37 Pero algunos de ellos dijeron:
—Éste, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que no muriera?
38 Jesús, conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra. 39 Jesús dijo:
—Quitad la piedra.
Marta, la hermana del difunto, le dijo:
—Señor, ya huele muy mal, pues lleva cuatro días.
40 Le dijo Jesús:
—¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?
41 Retiraron entonces la piedra. Jesús, alzando los ojos hacia lo alto, dijo:
—Padre, te doy gracias porque me has escuchado. 42 Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la muchedumbre que está alrededor, para que crean que Tú me enviaste.
43 Y después de decir esto, gritó con voz fuerte:
—¡Lázaro, sal afuera!
44 Y el que estaba muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y con el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo:
—Desatadle y dejadle andar.
45 Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en él.
 

[or] Otras lecturas: Ezequiel 37:12-14; Salmo 130:1-2, 3-4, 5-6, 7-8; Romanos 8:8-11

 

[h1] Lectio:

            Es este el último domingo antes de Semana Santa, y en él leemos el tercer fragmento del evangelio de Juan. Primero vimos el signo del “agua” en el diálogo de Jesús con la samaritana; después, la “luz” en la curación del ciego de nacimiento; hoy encontramos la “resurrección y la vida” en el signo de Lázaro llamado de nuevo al mundo de los vivos. Hay, además, algo especial en este signo: es el séptimo, el último de la serie que presenta el evangelio de Juan. Debemos recordar una vez más que esos signos no remiten al lector a dimensiones o realidades espirituales, sino a Jesús mismo: él es el pan de vida, el agua viva, la luz del  mundo, la resurrección y la vida de quienes creen en él.

            En este caso, una serie de detalles ponen de relieve la dimensión simbólica del signo. Tiene lugar inmediatamente antes de la cena que le ofrecerán a Jesús en casa de Lázaro y donde será ungido anticipando su verdadera muerte y sepultura. Después de la vuelta a la vida de Lázaro, los acontecimientos se precipitan de modo inesperado: se reunirá el Sanedrín y tomarán la decisión de dar muerte a Jesús. Con su habitual estilo irónico, Juan recurre de nuevo a la paradoja: la vida de Lázaro, dando un giro insólito, provocará la muerte de Jesús para que no perezca el pueblo (11:50) y “para reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos” (11:52).  

            Pero, como ya es habitual, el dramático relato de los acontecimientos encierra muchas cosas más. En primer lugar, como en el caso del ciego de nacimiento, hay un propósito y un sentido en la enfermedad y muerte de Lázaro: “mostrar la gloria de Dios, y también la gloria del Hijo de Dios” (11:4). Eso podría explicar la tardanza de Jesús para ponerse en marcha, sanar a su amigo e impedir su muerte. Las circunstancias, además, nos dan el “tono” en que se desarrollará toda la historia: un clima de amenaza de muerte. Jesús y los discípulos evitan ir a Judea, ya que en la anterior visita estuvieron a punto de apedrear a Jesús (10:31-39). Por eso, la decisión de ir a Betania es arriesgada. No obstante, provoca una reacción valiente de parte de Tomás: “Vamos también nosotros, para morir con él” (11:16).   

            Los acontecimientos en Betania presentan toda una gama de sentimientos, actitudes y detalles sobre Jesús mismo, Marta y María, y los personajes que las rodean. Tenemos una de las descripciones más dramáticas de la dimensión humana de Jesús. Poco hay de nuevo en su actitud compasiva, en su capacidad para compartir el dolor y el duelo de las hermanas. Nada nuevo, tampoco, en la clara consciencia de su identidad: “Yo soy la resurrección y la vida”, “el que cree en mí”, “Padre… Yo sé que siempre me escuchas” (11:25-26, 41-42). Lo más importante, creo, es descubrir los hondos sentimientos humanos que experimenta Jesús y que comparte con nosotros al enfrentarse a la muerte de un amigo: “¡Miren cuánto lo quería!” (11:36) resume todo lo que el evangelista describe con términos sumamente patéticos: Jesús “se conmovió profundamente y se estremeció”, se sintió “otra vez muy conmovido” (11:33, 38), “lloró” (11:35)… Podemos entender ahora la profunda verdad del prólogo del evangelio: “La Palabra se hizo carne/hombre” (1:14). No se trata de una apariencia de hombre, sino alguien del que Juan puede decir: “lo hemos visto con nuestros propios ojos… y hemos tocado con nuestras manos” (1 Juan 1:1-3).

            A pesar de su angustia, Marta y María pueden proclamar su confianza en Jesús, aunque las cosas no se hayan desarrollado como ellas esperaban: ambas repiten la misma queja, “Señor, si hubieras estado aquí…” (11:21, 32). Marta da un paso del todo sorprendente, y su profesión de fe en Jesús es una de las más solemnes que podemos hallar en todo el Nuevo Testamento: “SÍ (y ese “sí” subraya toda las palabras que le siguen), Señor, yo creo que tú eres el Mesías…” (11:27). Y llega mucho más lejos de lo que Jesús le había preguntado.

            En cuanto a las “acciones”, parece que todo el mundo se ha “puesto en marcha”; Jesús, que había viajado para visitar a su amigo aunque ya estuviera muerto; las dos hermanas, yendo de la casa a donde está Jesús; los judíos, que han ido a Betania para consolarlas; los que fueron a informar del suceso a las autoridades… Hay dos “órdenes” discordantes: la que recibe Jesús, “Ven a verlo…” las mismas palabras que él había usado para invitar a los primeros discípulos. Y las que pronuncia ahora Jesús, todas ellas liberadoras: “Quiten la piedra”, “¡Lázaro, sal de ahí!”, “Desátenlo, y déjenlo ir” (11:39, 43, 44). Ni piedra, ni tumba, ni mortaja, ni siquiera la muerte, pueden retener prisioneros a quienes creen en él, que es la resurrección y la vida.  

 

[h2] Meditatio:

            ¿Cuál puede ser nuestra respuesta a un texto tan rico? Tal vez, algo tan sencillo como centrar nuestra atención en cada uno de los personajes y en sus actitudes y acciones. Especialmente, las acciones, ya que el texto es esencialmente dinámico, y cada verbo revela un estado y una reacción personales frente a los acontecimientos: malentendido frente a la respuesta de Jesús a la llamada que ha recibido; valor para seguirle incluso hasta la muerte; esperanza junto con cierto desencanto; fe y esperanza frente a la desesperación; dolor y duelo compartidos; confianza en el Padre por encima de todo; traición y temores…Como pudimos experimentar en las semanas anteriores, podemos descubrir una imagen de nosotros mismos en cada personaje y en cada acción.

 

[h3] Oratio:

            Reza por quienes temen su propia muerte o la de aquellos a quienes aman: para que se les conceda el don de la fe y la esperanza en aquel que es la resurrección y la vida y, a su vez, puedan consolar a quienes han perdido a un ser querido.

            Recemos por nosotros mismos: para que nos convirtamos en heraldos de la esperanza en la resurrección de Cristo y anunciemos ese mensaje vivificador y luminoso a quienes viven en la tiniebla del duelo y la desesperanza.

 

[h4] Contemplatio:

            El texto de Ezequiel (37:1-14), del que hoy sólo hemos leído los últimos versículos, habla de la “resurrección” simbólica del pueblo de Israel, “muerto y sepultado en la desesperanza”. Aunque es un llamamiento a la esperanza, hay una distancia enorme entre el contenido y el mensaje del evangelio de Juan. Compara y contrasta ambos textos y descubre con cuál te sientes más identificado.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 11-Mayo-2014: Jesús es un buen pastor

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 10, 1-10
 
En aquel tiempo, dijo Jesús:
 
-- Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
 
 
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
 
-- Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir, Y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.
 
 

[or] Otras lecturas: Hechos 2: 14, 36-41; Salmo 23:1-2, 3-4, 5, 6; 1 Pedro 2:20-25

 

[h1] Lectio:

            Salvo por un par de excepciones, en las que se leen algunos fragmentos de Mateo y Lucas, puede decirse que la mayor parte de la Cuaresma y de Pascua está “tomada” por el evangelio de Juan. Este hecho nos da pie para revisar algunos detalles de su estilo. Poco son los “signos” que se narran en este evangelio, largos son los diálogos y los discursos pronunciados por Jesús, y no aparece ni una sola parábola. Ni siquiera la palabra como tal: en su lugar, Juan usa, y sólo cuatro veces, “paroimía”, que podría traducirse como alegoría, comparación, incluso  proverbio. Sin embargo, recurre a un buen número de imágenes para describir distintos aspectos de la personalidad de Jesús. “Pan de vida”, “Resurrección y vida”, “Luz del mundo”… Y el rasgo más notable de estas imágenes es que son mucho más que meras “comparaciones”. En el evangelio de Juan, Jesús nunca dice “Yo soy como la luz”, o “Soy semejante a una puerta o a un pastor”. Por el contrario, en lo más hondo de esas palabras hay una auténtica identificación entre la imagen y él mismo. ‘Puedo daros un alimento, yo mismo, que es más real que el pan que coméis’, o ‘Puedo hacer que veáis con una claridad que no puede daros la luz del sol”, o ‘La vida que encontrareis en mí va más allá de los límites de la existencia humana’.

            En este domingo, dedicado tradicionalmente al “Buen Pastor”, el texto de Juan usa en realidad dos imágenes distintas: puerta y pastor. Como siempre, es preciso situarlas en su contexto: la discusión con los fariseos. Las palabras utilizadas para describirlos son sumamente duras y recuerdan otras usadas por los demás evangelistas: están “ciegos” y por eso son incapaces de conducir a su rebaño; cierran la puerta a quienes no reconocen su voz; como si fueran ladrones o bandidos, roban y matan. Jesús, en cambio, no es una puerta sin más, que puede impedir la entrada o dejar encerrados a quienes le siguen: quienes le aceptan, pueden entrar y salir libremente, saben que pueden sentirse a salvo, “se salvarán”, y encontrarán pastos. La manera de relacionarse con Jesús se basa en el conocimiento y la confianza mutuos: reconocemos su voz, nos llama por nuestro nombre propio, no hay nada que temer, porque Jesús, además de ser la “puerta”, es también el “pastor” que encarna cuanto se anticipaba ene el Salmo 23.

            Por desgracia, la historia y la tradición son losas pesadas colocadas como estratos encima de una imagen básica que en su tiempo y su contexto era entendida correctamente, pero que a menudo ha quedado enterrada y olvidada. Frente a la concepción pastoril, bucólica, que podemos tener de un pastor, la áspera realidad reflejada en la palabra implicaba largas horas de vida solitaria en los campos, lejos de los demás, dormir al raso, estar al tanto y cuidar del rebaño, defenderlo frente a las fieras teniendo incluso que poner en peligro la propia vida… Podemos entender fácilmente todas las tareas que debía desempeñar un pastor si volvemos a leer Ezequiel 34, un largo capítulo en el que el profeta describe con exactitud lo que un auténtico “buen pastor” debería y no debería hacer. Comparadas con este texto, las palabras de Jesús contra los pastores de Israel de su época resultan sumamente suaves. Un último detalle: recordemos que nuestro Buen Pastor es al mismo tiempo el “Cordero de Dios”, muerto por nuestros pecados para que pudiéramos participar de su propia vida.

 

[h2] Meditatio:

            Para entender los términos del evangelio de hoy debemos tener en cuenta  la distancia que nos separa, en el tiempo y el contexto cultural, de unos contenidos que podemos interpretar de manera errónea, olvidando la clave simbólica que les da sentido. Para entender la puerta y su relación con los pastores de Israel, y esa imagen aplicada a Jesús, es preciso recordar la crítica que el mismo Jesús les hace: “echan cargas pesadas… sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo” (Mateo 23:4), y contrastarla con las palabras de Pablo. “Cristo nos dio la libertad para que seamos libres” (Gálatas 5:1). ¿Encontramos en Jesús la libertad para entrar y salir y sentirnos a salvo y salvados? Con excesiva frecuencia tendemos a reducir a Jesús al nivel de un salvador histórico, alejado en el tiempo y todavía más alejado en el ámbito de los sentimientos y la intimidad. ¿Podemos decir sinceramente que “reconocemos” su voz entre las mil voces que nos tientan para que las sigamos? ¿Hemos experimentado alguna vez que nos llama por nuestro nombre? Dejemos a un lado las connotaciones peyorativas de la expresión, pero pertenecer al “rebaño” cristiano ¿nos ha hecho entender que hemos sido llamados a compartir su vida y a tenerla en abundancia porque proviene de Jesús? Estas sencilla preguntas podrían ayudarnos a visualizar nuestra relación con Jesús y con nuestra comunidad cristiana bajo la luz de la confianza, la libertad y la cercanía.

 

 [h3] Oratio:

            Recemos por las comunidades cristianas dispersas por todo el mundo: para que el Buen Pastor suscite vocaciones al ministerio, y a ninguna iglesia le falten pastores que conduzcan al Pueblo de Dios en fidelidad al evangelio.

            Reza por quienes se sienten “cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36): para que descubran en Jesús la esperanza y el alivio que necesitan y participen de su vida abundante. 

 

[h4] Contemplatio:

            Dos breves frases podrían ayudarnos a crear un clima de confianza, cercanía y libertad en nuestra manera de relacionarnos con Jesús. Después de que algunos seguidores le hayan abandonado, Jesús les recuerda a los suyos que pueden quedarse o marcharse con toda libertad: “¿También ustedes quieren irse?” La respuesta de Simón puedes ser nuestra primera frase: “Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna” (Juan 6:68). La otra, también palabras de Pedro, es muy sencilla: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero” (Juan 21:17). Que estas palabras sean nuestro “estribillo” y jaculatoria durante los próximos días.

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón, Sacerdote católico, Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 13-04-2014: La Pasión del Señor

 La Pasión según san Mateo Mateo 26:14 – 27:66

 

Traición de Judas

14 Entonces uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, 15 y dijo: ¿Qué estáis dispuestos a darme para que yo os lo entregue[a]? Y ellos le pesaron treinta piezas[b] de plata.16 Y desde entonces buscaba una oportunidad para entregarle.

Preparación de la Pascua

17 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura[c], se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua? 18 Y El respondió: Id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: “El Maestro dice: ‘Mi tiempo está cerca; quiero celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.’” 19 Entonces los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.

 

 

Jesús identifica al traidor

20 Al atardecer, estaba El sentado[d] a la mesa con los doce discípulos. 21 Y mientras comían, dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me entregará. 22 Y ellos, profundamente entristecidos, comenzaron a decirle uno por uno: ¿Acaso soy yo, Señor? 23 Respondiendo El, dijo: El que metió[e] la mano conmigo en el plato, ése me entregará. 24 El Hijo del Hombre se va, según está escrito de El; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido[f]25 Y respondiendo Judas, el que le iba a entregar[g], dijo: ¿Acaso soy yo, Rabí? Y El le dijo: Tú lo has dicho.

Institución de la Cena del Señor

26 Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: Bebed todos de ella; 28 porque esto es mi sangre del nuevo[h] pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

30 Y después de cantar un himno, salieron hacia el monte de los Olivos.

Jesús predice la negación de Pedro

31 Entonces Jesús les dijo*: Esta noche todos vosotros os apartaréis[i] por causa de mí, pues escrito está: “Herire al pastor, y las ovejas del rebaño se dispersaran.” 32 Pero después de que yo haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 33 Entonces Pedro, respondiendo, le dijo: Aunque todos se aparten[j]por causa de ti, yo nunca me apartaré[k]34 Jesús le dijo: En verdad te digo que esta misma noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35 Pedro le dijo*: Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré. Todos los discípulos dijeron también lo mismo.

Jesús en Getsemaní

36 Entonces Jesús llegó* con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo* a sus discípulos:Sentaos aquí mientras yo voy allá y oro. 37 Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. 38 Entonces les dijo*: Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quedaos aquí y velad conmigo. 39 Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras40 Vino* entonces a los discípulos y los halló* durmiendo, y dijo* a Pedro:¿Conque no pudisteis velar una hora conmigo? 41 Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. 42 Apartándose de nuevo, oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si ésta no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 43 Y vino otra vez y los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño44 Dejándolos de nuevo, se fue y oró por tercera vez, diciendo otra vez las mismas palabras[l]45 Entonces vino* a los discípulos y les dijo*: ¿Todavía estáis[m] durmiendo y descansando? He aquí, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levantaos! ¡Vamos! Mirad, está cerca el que me entrega.

Arresto de Jesús

47 Mientras todavía estaba El hablando, he aquí, Judas, uno de los doce, llegó acompañado de[n] una gran multitud con espadas y garrotes, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48 Y el que le entregaba les había dado una señal, diciendo: Al que yo bese, ése es; prendedle. 49 Y enseguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Rabí! Y le besó[o]50 Y Jesús le dijo:Amigo, haz lo que viniste a hacer. Entonces ellos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.51 Y sucedió que[p] uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo al siervo del sumo sacerdote, le cortó[q] la oreja. 52 Entonces Jesús le dijo*: Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán. 53 ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y El pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones[r] de ángeles?54 Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que así debe suceder? 55 En aquel momento[s] Jesús dijo a la muchedumbre: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y garrotes para arrestarme? Cada día solía sentarme en el templo para enseñar, y no me prendisteis.56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron.

Jesús ante el concilio

57 Y los que prendieron a Jesús le llevaron ante el sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58 Y Pedro le fue siguiendo de lejos hasta el patio del sumo sacerdote, y entrando[t], se sentó con los alguaciles[u] para ver el fin de todo aquello59 Y los principales sacerdotes y todo el concilio[v] procuraban obtener falso testimonio contra Jesús, con el fin de darle muerte, 60 y no lo hallaron a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Pero más tarde se presentaron dos, 61 que dijeron: Este declaró: “Yo puedo destruir el templo[w] de Dios y en[x] tres días reedificarlo.” 62 Entonces el sumo sacerdote, levantándose, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 63 Mas Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo[y], el Hijo de Dios. 64 Jesús le dijo*: Tú mismo lo has dicho; sin embargo, os digo que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo sobre las nubes del cielo. 65 Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído la blasfemia; 66 ¿qué os parece? Ellos respondieron y dijeron: ¡Es reo de muerte! 67 Entonces le escupieron en el rostro y le dieron de puñetazos; y otros le abofeteaban[z]68 diciendo: Adivina[aa], Cristo[ab], ¿quién es el que te ha golpeado?

La negación de Pedro

69 Pedro estaba sentado fuera en el patio, y una sirvienta se le acercó y dijo: Tú también estabas con Jesús el galileo. 70 Pero él lo negó delante de todos ellos, diciendo: No sé de qué hablas. 71 Cuando salió al portal, lo vio otra sirvienta y dijo* a los que estaban allí: Este estaba con Jesús el nazareno.72 Y otra vez él lo negó con juramento: ¡Yo no conozco a ese[ac] hombre! 73 Y un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: Seguro que tú también eres uno de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. 74 Entonces él comenzó a maldecir y a jurar: ¡Yo no conozco a ese[ad] hombre! Y al instante un gallo cantó. 75 Y Pedro se acordó de lo que[ae] Jesús había dicho:Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.

Jesús es entregado a Pilato

27 Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Y después de atarle, le llevaron y le entregaron a Pilato, el gobernador.

Muerte de Judas

3 Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: A nosotros, ¿qué? ¡Allá tú[af]!Y él, arrojando las piezas de plata en el santuario, se marchó; y fue y se ahorcó. Y los principales sacerdotes tomaron las piezas de plata, y dijeron: No es lícito ponerlas en el tesoro del templo, puesto que es precio de sangre. Y después de celebrar consejo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para sepultura de los forasteros. Por eso ese campo se ha llamado Campo de Sangre hasta hoy. Entonces se cumplió lo anunciado[ag] por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron[ah]las treinta piezas de plata, el precio de aquel cuyo precio habia sido fijado por los hijos de Israel; 10 y las dieron[ai] por el Campo del Alfarero, como el Señor me habia ordenado.

Jesús ante Pilato

11 Y Jesús compareció delante del gobernador, y éste[aj] le interrogó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 12 Y al ser acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondió. 13 Entonces Pilato le dijo*: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 14 Jesús no le respondió ni a una sola pregunta[ak], por lo que el gobernador estaba muy asombrado.

Jesús o Barrabás

15 Ahora bien, en cada fiesta, el gobernador acostumbraba soltar un preso al pueblo, el que ellos quisieran. 16 Y tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. 17 Por lo cual, cuando ellos se reunieron, Pilato les dijo: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?18 Porque él sabía que le habían entregado por envidia. 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó aviso, diciendo: No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por causa de El. 20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes que pidieran a Barrabás y que dieran muerte a Jesús. 21 Y respondiendo, el gobernador les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos respondieron: A Barrabás. 22 Pilato les dijo*: ¿Qué haré entonces con Jesús, llamado el Cristo? Todos dijeron*: ¡Sea crucificado! 23 Pilato dijo: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! 24 Y viendo Pilato que no conseguía nada, sino que más bien se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: Soy inocente de la sangre de este justo[al]; ¡allá vosotros[am]25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! 26 Entonces les soltó a Barrabás, pero a Jesús, después de hacerle azotar, le entregó para que fuera crucificado.

Los soldados se mofan de Jesús

27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al Pretorio, y reunieron alrededor de El a toda la cohorte[an] romana28 Y desnudándole, le pusieron encima un manto escarlata. 29 Y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y una caña[ao] en su mano derecha; y arrodillándose delante de El, le hacían burla, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Después de haberse burlado de El, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron para crucificarle.

32 Y cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene llamado Simón, al cual[ap] obligaron a que llevara la[aq] cruz.

La crucifixión

33 Cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa Lugar de la Calavera, 34 le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero después de probarlo, no lo quiso beber. 35 Y habiéndole crucificado, se repartieron sus vestidos, echando suertes[ar]36 y sentados, le custodiaban allí. 37 Y pusieron sobre su cabeza la acusación contra El, que decía[as]: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDIOS. 38 Entonces fueron crucificados* con El dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39 Los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza 40 y diciendo: Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo, si eres el Hijo de Dios, y desciende de la cruz. 41 De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de El, decían: 42 A otros salvó; a sí mismo no puede salvarse[at]. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en El. 43 En Dios confia; que le libre ahora si El le quiere; porque ha dicho: “Yo soy el Hijo de Dios.” 44 En la misma forma le injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con El.

Muerte de Jesús

45 Y desde la hora sexta[au] hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena[av]46 Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lema sabactani? Esto es: Dios mio, Dios mio, ¿por que me has abandonado? 47 Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: Este llama a Elías.48 Y al instante, uno de ellos corrió, y tomando una esponja, la empapó en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 49 Pero los otros dijeron: Deja, veamos si Elías viene a salvarle[aw].50 Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu. 51 Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se partieron; 52 y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían dormido resucitaron; 53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús[ax], entraron en la santa ciudad y se aparecieron a muchos. 54 El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, cuando vieron el terremoto y las cosas que sucedían, se asustaron mucho, y dijeron: En verdad éste era Hijo de Dios[ay]55 Y muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle, estaban allí, mirando de lejos;56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Sepultura de Jesús

57 Y al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había convertido en discípulo de Jesús. 58 Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que se lo entregaran. 59 Tomando José el cuerpo, lo envolvió en un lienzo limpio de lino, 60 y lo puso en su sepulcro nuevo que él había excavado en la roca, y después de rodar una piedra grande a la entrada del sepulcro, se fue. 61 Y María Magdalena estaba allí, y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

Guardias en la tumba

62 Al día siguiente, que es el día después de la preparación[az], se reunieron ante Pilato los principales sacerdotes y los fariseos, 63 y le dijeron[ba]: Señor, nos acordamos que cuando aquel engañador aún vivía, dijo: “Después de tres días resucitaré[bb].” 64 Por eso, ordena que el sepulcro quede asegurado hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, se lo roben, y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”; y el último engaño será peor que el primero. 65 Pilato les dijo: Una guardiatenéis; id, aseguradla como vosotros sabéis. 66 Y fueron y aseguraron el sepulcro; y además de poner la guardia, sellaron la piedra.

 
 

Otras lecturas: Isaías 50:4-7; Salmo 22:8-9, 17-18, 19-20, 23-24; Filipenses 2:6-11, [Si hay procesión de entrada, se lee el evangelio de Mateo 21:1-11].

 

[h1] Lectio:

            Antes de comenzar nuestras Lectiones de Semana Santa, debemos tener en cuenta algunos detalles. Junto con el tiempo de Navidad – Epifanía, este periodo de tiempo, relativamente corto, concentra el nivel más elevado de “contenido bíblico”. Dejemos a un lado el número de textos usados en los dos periodos preparatorios de Adviento y Cuaresma. Los datos son abrumadores: la Semana Santa, por sí sola, contiene: 12 fragmentos del Antiguo Testamento; 13 Salmos (de hecho, dos son cánticos del Antiguo Testamento); 4 textos de los escritos del Nuevo Testamento, y 8 fragmentos de los Evangelios (de los cuales, dos son los relatos completos de la Pasión). No se trata de una catarata, sino de una auténtica inundación de información bíblica que el oyente en verdad no puede “digerir” en las celebraciones. Si vuelves a leer mis Lectiones de los tres pasados años[1], podrás encontrar distintos enfoques, sugerencias y algunos consejos para abordar los textos y las oraciones utilizadas en la liturgia.

            Este año podríamos centrar nuestra atención en algo que puede pasar inadvertido en nuestra Lectio. El ciclo litúrgico A sigue una lectura continua del evangelio de Mateo. Pero en los tres domingos anteriores a Semana Santa y en todos los domingos de Pascua (sí, ¡en todos!, con la sola excepción del tercero, en que leemos a Lucas), la liturgia utiliza el evangelio de Juan; sólo el 6 de Julio, el domingo decimocuarto del Tiempo Ordinario, volveremos a Mateo. Por eso creo que debemos dedicar algo más de tiempo a los elementos peculiares contenidos en los tres textos que se le han asignado a Mateo esta semana. A no ser que se indique algo distinto, todas las citas pertenecen a este evangelio.

            “Contraste” y “paradoja” son dos palabras que he utilizado con suma frecuencia en estas páginas. El hecho de que los caminos de Dios sean distintos de los nuestros no es una teoría teológica, sino una realidad fácilmente constatable en nuestras lecturas. En el caso de Mateo (a él me limitaré en estas reflexiones), esa diferencia estaba patente desde el comienzo mismo de la historia de Jesús, tal como vimos en los textos leídos en tiempo de Navidad: el nacimiento del Mesías de Israel era un  cúmulo de contradicciones: desde la visita de unos sabios extranjeros, pasando por la matanza de los inocentes, hasta su propio exilio. Más tarde, encontramos un ejemplo especial en la paradoja de llamar “dichosos” o “bienaventurados” a quienes sufrían persecución o padecían hambre o eran pobres. Jesús usaba ese contraste entre nuestra manera de valorar la realidad aplicando la mentalidad de este mundo, y el espíritu que él quería comunicar al exponer los valores del Reino mediante las Bienaventuranzas. A este estilo alternativo de plantearnos la vida podríamos llamarle “el camino según Jesús”, que manifiesta la manera en que él vivió y que nos invita a vivir si estamos dispuestos a seguirle.

            La línea que quiero seguir hoy no es nueva: una vez más, voy a intentar ofrecer algunos “fogonazos” de la Pasión según Mateo, pero puedes utilizar más tarde el mismo recurso comparando estos ejemplos con los que puedes hallar en la Pasión según Juan que se leerá el Viernes Santo. Aunque el evangelio de hoy comienza en Mateo 26:14, no debemos renunciar a un pasaje que, comparten, tanto en el tiempo como en el espacio, Mateo (26:6-13) y Juan (12:1-8) y que no se ha incluido en el leccionario: la unción en Betania. Dejando al margen la cuestión de la identidad de la mujer que le unge los pies a Jesús, el pasaje puede ofrecernos una de las claves para entender la paradoja de la Pasión. Los discípulos (en el evangelio de Juan, sólo Judas) se indignan por el derroche de aquel perfume tan caro…, pero en realidad parecen estar más interesado en el dinero que en descubrir el sentido profético de aquel gesto: la unción de Jesús es en realidad un embalsamamiento anticipado del Siervo sufriente y sacrificial. Judas, en una acción paralela, discute con los sumos sacerdotes el precio que han de pagarle para que les entregue a Jesús. El dinero, en este caso treinta monedas de plata, significará el paradójico cumplimiento de la profecía de Zacarías (11:12).

            Desde este punto de partida, podemos seguir una línea de contrastes que muestran sin lugar a dudas que los planes de Dios y los de los hombres son bien distintos y que, incluso cuando los hombres se empeñan en forzar las cosas, los designios de Dios acaban por cumplirse. Fijémonos en los planes de los sumos sacerdotes: no quieren que se dé muerte a Jesús “durante la fiesta” (26:5) por miedo a una revuelta de la gente, pero también porque eso significaría profanar la Pascua; pero la traición de Judas impone una fecha inesperada. Pedro está dispuesto a defender a Jesús y mantenerse leal a él (26:33-35): tres veces les negará (26:69-75). También los demás discípulos prometen permanecer al lado de Jesús (26:35), pero tal como él lo había anunciado (26:31), al cabo de unas horas “dejaron solo a Jesús y huyeron” (26:56). Ni siquiera los discípulos más cercanos a él, “los tres” de la Transfiguración, son capaces de permanecer en vela junto a él cuando sienta “en su alma una tristeza de muerte”… y se quedarán dormidos (26:40-45). Por el contrario, desde lo más hondo de su angustia, Jesús es capaz de poner su confianza en el Padre y aceptar su voluntad (26:39-44). La declaración falsa de dos testigos respecto a que Jesús iba a destruir y reconstruir el Templo (26.59-62; véase Juan 2:18-22) se cumplirá será verdad tres días después de su muerte (28:1-10). Las autoridades judías, que deberían entender el mensaje de los acontecimientos y reconocer a Jesús como Mesías, son incapaces de aceptarle, consideran que es culpable y hacen que sea condenado a muerte (26:65-66). Los que piensan que es inocente y lo dicen en voz alta son paganos como la mujer de Pilato (27:19) o el mismo Pilato (27:24)…  o el “pecador por antonomasia”, Judas (27:3-4). El centurión llega a proclamar la escondida naturaleza de Jesús: “¡De veras este hombre era Hijo de Dios!” (27:54). Los soldados encargados de impedir una hipotética resurrección o el robo del cuerpo son los primeros testigos de la resurrección (27:62-66; 28:1-4), junto con las mujeres, los testigos menos fiables según la mentalidad judía.

            Podríamos seguir, pero puedes hacerlo por tu cuenta sin necesidad de ayuda. Permíteme recordar, de todos modos, algo que dije en otra Lectio: Jesús no es un mero “profeta itinerante”, un “predicador callejero” o uno de tantos “milagreros”: representa la manera en que Dios actúa en la historia, lo que denominé “el camino según Jesús”. Y eso significa hacer que salten en pedazos nuestra mentalidad y nuestra concepción de la vida. Podemos hallar el estilo nuevo y diferente de concebir y realizar la salvación, entonces y ahora, en el himno de Filipenses 2:6-11, nuestra segunda lectura de hoy. Esos versos expresan cómo era el camino de Jesús y cómo ha de realizarse, poniendo en tela de juicio nuestra concepción de la realidad, basada en el poder, la autocomplacencia y la realización de sí mismo: “auto-“, “mismo”, “yo”… En el evangelio de Juan (15:11-17) escuchamos de los labios mismos del Maestro lo que significa su camino: el amor, el sacrificio, incluso la propia muerte por los demás son la llave para entrar por la puerta angosta al Reino de Dios y compartir la gloria y el gozo de Jesús.

 

[h2] Meditatio:

            Debo reconocer que la anterior Lectio se ha convertido en buena medida en una Meditatio, pero una simple pista puede reconducirnos a una profundización en nuestra respuesta personal a la palabra de Dios. La paradoja y la contradicción no son sólo dos factores que impregnan nuestros textos, sino una cualidad que podría definir nuestra propia actitud respecto a las palabras y acciones de Jesús, a la manera en que valoramos las cosas, los acontecimientos, a nosotros mismos y a los demás. En muchos casos, nuestros criterios se mantienen en el ámbito de lo que Pablo llamaría “la vieja condición humana”, que no ha llegado a renovarse plenamente por el Espíritu de Cristo. Como otras veces, dejemos a un lado nuestra tendencia a la moralización y a los sentimientos de culpa: reconozcamos humildemente que nuestras propias paradojas y contradicciones están ahí y no son nuevas. Son las mismas que Jesús encontró a su alrededor.

 

[h3] Oratio:

            Reza por el don de una mente clara y receptiva: para que durante la Sema Santa que hoy comenzamos, podamos percibir la realidad de los proyectos salvíficos de Dios en acontecimientos tan estremecedores como la pasión y la muerte que sufrió Jesús; que su imagen fortalezca nuestra decisión de reconocerle como nuestro Salvador y seguirle.

            Reza para que sepamos aceptar nuestras contradicciones y limitaciones: para que la sangre de Jesús, derramada por nosotros, nos conceda el don de la reconciliación con  nosotros mismos y nos haga capaces de superar nuestro  miedo a aceptar también los planes del Padre para con nosotros.

 

[h4] Contemplatio:

            Hemos centrado nuestra atención en una sola dimensión del relato de la Pasión y tan sólo hemos mencionado un texto crucial, el de Filipenses. Pero ni hemos aludido siquiera al primer texto, el de Isaías 50:4-7. El Siervo de Yahvé no sólo sufre por su pueblo, sino que también “consuela a los cansados con palabras de aliento”. Durante estos días que preceden al Triduo Sacro, busca algún rato de silencio para leer Isaías 42:1-7; 49:1-6, y el texto de hoy. Pero, y esto es sumamente importante, termina tu tiempo de Contemplatio con Juan 20:19-29. Que el gozo de los discípulos te llene el corazón: no olvides que la Semana Santa, la pasión de Jesús, es el camino hacia la Resurrección (la suya y la nuestra).

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 18 de marzo de 2014: "Yo soy el camino"

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 14, 1-12
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
 
-- Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no, os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
 
Tomás le dice:
 
-- Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
 
Jesús le responde:
 
-- Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.
 
 
Felipe le dice:
 
-- Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
 
Jesús le replica:
 
-- Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.

 

[or] Otras lecturas: Hechos 6:1-7; Salmo 33:1-2, 4-5, 18-19; 1 Pedro 2:4-9

 

[h1] Lectio:

            Los textos que leemos este domingo proceden de épocas y momentos distintos y reflejan toda una gama de elementos en los que despliega toda su riqueza nuestra vida cristiana. El texto de Hechos presenta el crecimiento de la primera comunidad de Jerusalén: descubrimos sus dificultades y problemas, así como la creatividad que les concedió el Espíritu Santo para que avanzaran en su fidelidad al Evangelio. El fragmento de 1 Pedro abre nuestras mentes a nuevas dimensiones del sentido profundo de la pertenencia al pueblo de Dios, “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa” (2:9). En cuanto al evangelio, en realidad forma un bloque con el pasaje que leeremos el domingo próximo, y es el comienzo de un largo discurso (capítulos 14-16)  dirigido a los discípulos. A lo largo de sus versículos, Jesús explica a los Doce el misterio y el sentido de los acontecimientos de los que serán testigos y que les resultarán tan difíciles de entender.

            Antes del pasaje evangélico que hoy leemos, ha habido dos anuncios desconcertantes: la traición de Judas (13:21-30) y las negaciones de Pedro (13:38), así como una pregunta de éste: “Señor, ¿a dónde vas?” (13:38). En este contexto, Jesús trata de tranquilizar a los discípulos: “No se turbe su corazón” (14:1). Pero la frase contradice sus propios sentimientos, ya que, según el mismo Juan, se había sentido sumamente conmovido en tres momentos de profunda tristeza: al compartir el dolor y el llanto de las hermanas de Lázaro (11:33); cuando experimentó con angustia lo cerca que estaba la “hora” de su muerte y su glorificación (12:27); y al hablar abiertamente de la traición de Judas (13:21). Conoce y experimenta (ya lo vimos el domingo pasado) nuestra condición humana en todas sus dimensiones, incluyendo el dolor, el duelo y el temor. No obstante, su consejo a los discípulos es una invitación a la fe en el Padre y en él mismo, y esa fe no es la simple aceptación de una serie de dogmas o principios teológicos, sin o la actitud de confianza en aquel que “ha vencido al mundo” (16:33). Esto, a su vez, nos remite de nuevo al contexto: sus palabras de consuelo y esperanza se dirigen en realidad a su “pequeño rebaño” (Lucas 12:32), justo antes de su pasión y muerte, cuando más habrán de necesitar apoyo para entender su ausencia y vencer el sentimiento de que ha fracasado su proyecto del Reino. Pero también van dirigidas a la primera Iglesia cristiana, que se preguntará cuándo va a volver en gloria, y que tendrá que enfrentarse entretanto a los asuntos cotidianos: desde organizar la pequeña comunidad hasta enfrentarse al rechazo y la persecución…

            Hay en el texto un paso nuevo: al tiempo que responde a la pregunta de Pedro, también explica Jesús u propia identidad y anticipa la respuesta que no dará a la de Pilato, “¿Qué es la verdad?” (18:38). “Camino, Verdad y Vida” es una de las muchas definiciones metafóricas que hallamos en el evangelio de Juan, pero es también una itinerario para los que crean en Jesús. Si aceptan sus palabras y le siguen a él, Camino, comprenderán su propia existencia y la edificarán sobre él, que es la Verdad, y participarán de él, Vida del mundo. Por complejas que puedan perecer estas palabras, conducen a una convicción básica: en su vivir con Jesús, los discípulos no sólo le han visto a él, sino al Padre. Y su identificación con Jesús significará una comunión que sobrepasa cualquier expectativa: podrán realizar acciones, “obras”, que serán “todavía más grandes” que las que él ha hecho. Está a punto de cerrarse el círculo: el Espíritu será la garantía de que la ausencia de Jesús no es un abandono, sino un periodo en que preparará la  morada a donde conducirá a quienes creen en él.

 

[h2] Meditatio:

            Paso a paso, en los capítulos 14-16 de Juan, Jesús habla a sus discípulos, no como Maestro o Amo, sino como un amigo que está a punto de dejar a quienes ama y por los que está dispuesto a entregar su vida. Por eso no los llama “siervos”, sino amigos, ya que su relación es de confianza y conocimiento mutuos (15:1-17). Y por eso todo el pasaje es una serie de palabras de advertencia y ánimo. Se enfrenta libremente a la muerte, consciente del dolor físico y espiritual que entraña su obediencia a los designios del Padre, pero sabedor también de que cuando “sea levantado de la tierra”, esto es, crucificado, “atraerá a todos a sí mismo” y será glorificado (12:23-36). Al cabo de veinte siglos de historia cristiana, deberíamos preguntarnos por nuestros sentimientos hacia Jesús como Señor y Salvador nuestro, e intentar descubrir si, igual que los primeros discípulos, las dudas, los temores, los malentendidos y el desconocimiento son el terreno común que compartimos con ellos. Podríamos resumirlo todo en una sencilla pregunta, la misma que les planteó a ellos Jesús y que deberíamos dirigirnos a nosotros mismos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mateo 16:15). Ahora nos toca a nosotros responder.

 

[h3] Oratio:

            - Este domingo, una sugerencia muy amplia para nuestra oración. Podemos interpretar “Camino, Verdad y Vida” a niveles muy distintos. Un ejemplo: la “Vida” puede abarcar desde la vida física (sus realidades materiales, biológicas y económicas, que incluyen vivienda, alimentos, sanidad…) hasta la vida espiritual (cultura y educación, significado y sentido de nuestra existencia, relaciones con Dios y con el prójimo, consciencia de nuestra dignidad y de la de los demás como seres humanos y cristianos…) Deja que el Espíritu te guíe libremente para reconocer las necesidades por las que pedir y las razones para dar gracias en cualquiera de esos ámbitos.

 

[h4] Contemplatio:

            “Luz del mundo”, “Palabra”, “Buen Pastor”, “Pan vivo”, “Puerta”, “Vid”, “Camino, Verdad y Vida”… El número de imágenes usadas por Juan es abrumador. Toma cualquiera de ellas y busca la manera de encontrar alguna dimensión o aspecto en que pueda mejorar o verse fortalecida tu relación con Jesús o te ayude a identificarte con él. Tal vez prefieras hacer algo semejante con las imágenes usadas en 1 Pedro 2:9 para describir a la comunidad de los cristianos: “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…”

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón, Sacerdote católico, Arquidiócesis de Madrid, España

 

Lectio Divina 20-04-2014: La resurrección del Señor

 Juan 20, 1-9

 

20  El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.

Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.

Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.

Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.

Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,

y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.

 

Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.

 

 

[h1] Lectio:

            Puede sonar extraño encontrar una cita del Apocalipsis como lema para nuestra Lectio del Domingo de Pascua. Pero ese “vivo para siempre” puede ser el contrapeso de todas las lecturas que escuchamos anoche en la Vigila. Desde la Creación misma, los textos seguían la historia de la salvación. Y la historia está siempre vinculada, y en muchos casos confinada, a los acontecimientos del pasado. Lo cierto es que anoche también tuvimos un número de elementos relacionados con el presente: los signos “Cristo ayer y hoy” en el cirio pascual, para el que el solemne pregón pide que “el lucero matinal lo encuentre ardiendo” son un ejemplo; pero también la renovación de nuestras promesas bautismales mira al futuro de los que participan en la celebración. Con todo, la memoria permanece como el sentimiento que penetra la mayor parte de la liturgia. Por eso escogí esa proclamación del Cristo resucitado, que vive para siempre en un presente salvífico sin límites. 

            Como indiqué al comienzo de la Semana Santa, el evangelio de Juan es la referencia bíblica permanente durante todo el tiempo pascual, e incluso desde antes. Por esa razón, y también como “contrapeso”, me fijaré casi exclusivamente en el texto de Mateo para esta misa del domingo (en realidad, es el mismo que leímos anoche). Pero volvamos a la sencilla frase del Apocalipsis: como sucede siempre que el misterio de la presencia de Dios se acerca a los humanos, es preciso desechar los sentimientos de temor. En el breve texto del evangelio de Mateo, tanto el ángel como el Señor mismo tienen que repetir: “No tengan miedo”. En el caso del ángel, era comprensible el temor, teniendo en cuenta el terremoto y la apariencia misma del mensajero: incluso los soldados “temblaron de miedo y quedaron como muertos”. Pero Jesús debería haber provocado en las mujeres una reacción más tranquilizadora que la sola adoración. Incluso hoy día, acostumbrados como estamos a la presencia misteriosa de Jesús en nuestras vidas, creo que también nosotros habríamos necesitado unas palabras de aliento para acercarnos al Señor sin miedo.

            En este contexto básico, fijémonos en algunos detalles que puedan hacernos más accesible el texto, y que enumero uno tras otro, sin llegar a desarrollarlos. Las primeras testigos son las mujeres (como sabemos, en el mundo antiguo eran las personas menos dignas de confianza en caso de declarar ante un tribunal) y unos soldados paganos. Es importante tener en cuenta y subrayar este hecho: los que están más cerca cuando Dios se hace presente son precisamente los menos importantes o “fiables”. El mismo hecho físico de la tumba vacía provoca reacciones distintas según la actitud de los sujetos: ante los mismos acontecimientos, Jesús sólo resucita para quienes abren los ojos con fe. Hay una total identificación entre el Jesús que murió en la cruz y el Cristo resucitado: Mateo usa el nombre Jesús y no el “título” Cristo cuando describe la aparición a las mujeres… Y su presencia no es el mero objeto de reverencia piadosa o devota, sino que implica una auténtica misión: “Vayan a decir a mis hermanos…” Lo cierto es que las mujeres, que han seguido a Jesús durante su ministerio, han permanecido a su lado incluso cuando los discípulos, los apóstoles, “los enviados con una misión”, han huido y le han abandonado. Son ellas las que le han “servido” (recuérdense todas las alusiones a su servicio, “diakonía”, desde la suegra de Pedro) como “diaconisas” del Señor, y ahora ¡se convierten en sus “mensajeras”! Un último detalle nos obliga a volver la mirada a la unción  en Betania: para Mateo, el acontecimiento revistió una importancia y una significación extraordinarias: “Les aseguro que en cualquier lugar del mundo donde se anuncie esta buena noticia (lit.: “evangelio”) se hablará también de lo que hizo esta mujer y así será recordada” (Mateo 26:13). Tanto, que el evangelista no menciona que a Jesús le embalsamaran antes de su entierro ni que las mujeres llevaran consigo ningún perfume para ungirlo entonces.   

 

[h2] Meditatio:

            En la Lectio aludí casi de pasada a al verbo “ver”, aunque es sin duda el vínculo más directo con el evangelio alternativo para la misa de hoy (Juan 20:1-9). En ambos textos la visión desempeña un papel fundamental. Aunque las mujeres, los soldados romanos, Pedro y el discípulo “a quien Jesús quería mucho”, todos ellos vieron la piedra corrida o la tumba vacía, sus reacciones son diferentes: parece que la diferencia estriba no en lo que vemos, sino en nuestra manera de “mirar”. En cualquier caso, debo decir de antemano que volveremos a encontrarnos con el verbo “ver” en los próximos domingos: Tomás o los dos discípulos que van a Emaús necesitan “ver”, aunque su visión traicione su percepción, como le pasó a María. Podría decirse que, al menos en el ámbito de la fe, no siempre se cumple lo de “ver para creer”. En nuestro propio caso, ¿hasta qué punto depende nuestra fe de lo que vemos en nuestras Iglesias o en quienes las representan? En la actualidad, el pecado y el escándalo son un tema espinoso. Pero, incluso a riesgo de parecer políticamente incorrecto o moralizante, permíteme plantear una humilde pregunta: ¿debería rechazarse el anuncio del evangelio y de la resurrección por parte de Pedro porque hubiera negado a Jesús? ¿O despreciar el testimonio de los Doce porque uno de ellos era un ladrón y un traidor, o porque todos habían abandonado a Jesús? ¿O porque nosotros mismos seamos unos pecadores? Deberíamos recordar las palabras de Pablo: “Tenemos esta riqueza [Jesucristo y su salvación] en nosotros, como en vasijas de barro, para mostrar que ese poder tan grande viene de Dios y no de nosotros” (2 Corintios 4:7). Y esto debería llevarnos a una pregunta básica: ¿somos conscientes de la misión que hemos recibido, lo mismo que las mujeres, de ser testigos de una resurrección que no hemos visto pero constituye el cimiento y la columna vertebral de nuestra vida cristiana? O a otra todavía más básica: ¿brilla la luz del Cristo resucitado en nuestro estilo gozoso de vida, de tal modo que invite a los demás a seguirle?

 

[h3] Oratio:

            Reza por quienes, aun habiendo encontrado a Jesús en el camino de sus vidas, no pueden o no saben comunicar su mensaje salvífico; y por todos nosotros que todavía tenemos miedo de encontrarnos con Cristo, ser transformados y seguirle sin ataduras.

            Reza por quienes no pueden “ver” al Señor o necesitan pruebas o demostraciones para creer: para que la luz de Cristo, por medio del testimonio convincente de los cristianos, pueda ayudarles a reconocer a Jesús como su Salvador.

 

[h4] Contemplatio:

            La Pascua es el tiempo del gozo y la esperanza por excelencia. Todos tenemos cerca a alguien que sufre por las consecuencias de la crisis económica o porque ha roto una relación personal, o ha perdido a un ser querido… Hay demasiadas razones para sentirse hundido o descorazonado. Busca la ocasión de arrojar algo de luz y esperanza en esas situaciones. O vuelve los ojos a Cristo resucitado y glorioso, si eres tú quien necesita de su luz.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 2013-03-30: La curación del ciego

 
Jn. 9, 1-41
 
Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».
 
Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista.
 
Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: « ¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». El respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: « ¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé».
 
 
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». 16 Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta».
 
Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». 20 Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él».
 
Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.
 
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís "vemos", vuestro pecado permanece.
 
[or] Otras lecturas: 1 Samuel 16:1, 6-7, 10-13; Salmo 23:1-3, 3-4, 5, 6; Efesios 5:8-14
 
[h1] Lectio:
De todo el Nuevo Testamento, el evangelio de Juan es el libro que utiliza en más ocasiones la palabra “signo” (semeîon en griego): quince veces. Los demás autores pueden usar la palabra en contextos distintos, pero en el caso de Juan, el término se refiere siempre a las acciones significativas realizadas por Jesús. ¿Por qué “signos”? Puede haber varias explicaciones. La más inmediata es así de sencilla: Jesús no es un charlatán, un falso sanador o un milagrero. Hay algo más hondo en sus acciones, y puede decirse que esta es la dimensión más importante que quiere poner de relieve el evangelista. Tanto si cura a un enfermo, como si da de comer a la multitud o devuelve a la vida a un muerto, Juan trata de transmitir un mensaje que va más allá de cualquiera de aquellas acciones “maravillosas”. De hecho, el espacio dedicado a describir el “milagro” jamás excede un par de líneas en textos sumamente largos, que son como una especie de discurso teológico o una predicación para comunicar el significado del “signo”.
 
En la liturgia de hoy, Juan describe la curación del ciego en dos versículos dentro de un capítulo de cuarenta y uno. Tal como sucedía la semana pasada, el texto está lleno de connotaciones y, como entonces, subrayaré sólo algunos de los detalles que pueden ser el punto de arranque para nuestra reflexión y nuestra oración.  Hay algo que decir de antemano. Tal vez sea este el relato en el que Juan recurre a la ironía, la paradoja e incluso a la burla sutil hasta extremos insospechados dentro de todo su evangelio. 
 
La escena inicial nos presenta la concepción básica de la enfermedad en Israel: “¿Quién pecó, este o sus padres?” Porque alguien tiene que ser el responsable de la situación del hombre. Los discípulos no pueden admitir que el mal es universal y que a veces puede servir para un fin oculto. Lo veremos más tarde. Sucede ahora algo inesperado que contrasta con la mayor parte de las curaciones y signos que encontramos en los evangelios: el ciego no pide que le curen, ni da muestras de fe que pudieran mover a Jesús para realizar un milagro. Es por pura misericordia y con un objetivo “teológico” por lo que realiza un signo realmente “provocativo”: imita la acción creadora de Dios y, no sólo eso, sino que hace barro, “trabaja” como un alfarero, ¡en sábado! Este es el punto de partida de la serie de diálogos que constituyen todo el capítulo. Todo el mundo parece estar desconcertado: hasta la gente que conocía al mendigo ciego duda de su identidad. Tras esto, los fariseos se convierten en el hilo conductor y siguen un  proceso que es todo un modelo de obstinación ciega, literalmente, de “obcecación”. No pueden creer que un pecador, alguien que no respeta el sábado, pueda realizar esos signos. A continuación, no creen que el que ha sido curado sea un auténtico ciego de nacimiento, y recurren a los padres. Ese diálogo sencillamente provoca temor en ellos y crea una distancia en los padres y el hijo… Quieren oír una vez más cómo se había realizado la curación; en este caso, el diálogo termina declarando pecador al ciego y “excomulgándolo”.
 
Lo sorprendente es que el ciego, que al comienzo de la historia no aparece como hombre de fe, experimenta un proceso de “conversión”. Primero, ni sabe quién es Jesús ni dónde está; luego, dice que es un profeta; más tarde, deduce que debe venir de Dios, porque le ha abierto os ojos, algo totalmente inaudito… Por último, cuando vuelve a encontrarse con Jesús, aunque tampoco parece “ver” con mucha claridad qué significa eso de “Hijo del Hombre”, acepta a Jesús y pronuncia una auténtica y solemne profesión de fe: “Creo, Señor”. ¡Se ha librado de la ceguera en todas sus dimensiones! En un proceso paralelo e inverso, los que “sabían” y podían “ver” la realidad con la “óptica” de la religión verdadera, permanecen “ciegos” ante la “luz del mundo”. Es ahora cuando llegamos a entender el propósito oculto, el significado y la razón por las que aquel hombre había nacido ciego: no para castigar ningún pecado, ni suyo propio ni de sus padres, sino “para que las obras de Dios se manifiesten en él.” 
 
[h2] Meditatio:
Nada de preguntas en nuestra Meditatio de hoy. Limítate a comparar las actitudes de Samuel y su mensaje sobre la manera en que Dios “mira” más allá de las apariencias y ve el corazón; la de los discípulos de Jesús y su manera de relacionar la enfermedad y el pecado; la de los vecinos y los padres del ciego. Pero, en especial, compara las actitudes de los fariseos y del ciego con tu propia manera personal de enfocar la realidad, de ver y juzgar las cosas, la luz con la que las iluminas, y la manera en que contemplas a Jesús mismo. Todos compartimos rasgos comunes… 
 
[h3] Oratio:
Reza por quienes padecen ceguera física y por quienes los cuidan: para que Jesús, luz del mundo, conceda a los unos alivio en sus dolencias; y a los otros, espíritu de servicio amoroso.
Por quienes no han recibido el don de la fe: para que no se queden encerrados en su propia ceguera, puedan contemplar a Jesús, luz del mundo, y caminen bajo el resplandor de la esperanza.
Por quienes creemos poseer la luz de la fe y vivimos en realidad en nuestra propia tiniebla: para que superemos nuestro orgullo y nuestra suficiencia y nos dejemos iluminar por el evangelio de Jesús, luz del mundo.
 
[h4] Contemplatio:
Vuelve a leer el prólogo de Juan (1:1-18) y el evangelio de hace unas semanas (Mateo 5:13-16). A la luz de esos textos, abre los ojos y mira a tu alrededor: seguro que encuentras a alguien que necesita la luz de una palabra de aliento que le ilumine en medio de su oscuridad. Utiliza el don que has recibido.
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España
 

Lectio Divina 2014-01-01: Santa María, Madre de Dios

Siempre que los humanos pensamos en Dios (o en los dioses, da lo mismo), esperamos algo extraordinario, maravilloso, en los que estén presentes el poder y la gloria como signo de la divinidad. Hasta cierto punto, puede decirse que el Antiguo Testamento responde a ese esquema mental: Dios realizó grandes signos y portentos con los hebreos, trasladándolos milagrosamente de la esclavitud a la libertad. Por medio de Moisés, fulminó al Faraón, hizo que su pueblo atravesara el mar Rojo por tierra seca, les dio de comer en el desierto… Podríamos seguir recordando el número de batallas y gestas en las que mostró su poder. Pero, al cabo de una larga historia de contrastes entre la fidelidad de Dios a sus promesas y la desobediencia de Israel, “cuando se cumplió el tiempo”, se hizo presente de una manera nueva: por medio de su propio Hijo.

1 de Enero de 2014

 Santa María, Madre de Dios

 

DIOS ENVIÓ A SU HIJO, QUE NACIÓ DE UNA MUJER, SOMETIDO A LA LEY

Lucas 2:16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

 

Otras lecturas: Números 6:22-27; Salmo 67:2-3, 5, 6, 8; Gálatas 4:4-7

 

Lectio:

            Al volver la mirada a las Lectiones que he escrito a lo largo de estos tres años pasados, tengo la impresión de que una de las palabras que más he usado es “paradoja”. La frase de Isaías (55:8): “mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya” aparece como verdad indiscutible. Lo que llamamos “historia de la salvación” es un choque permanente entre lo que los humanos podemos esperar, consideramos lógico y razonable, y los acontecimientos y las personas por medio de los cuales actúa y se manifiesta Dios. El domingo pasado veíamos la manera tan extraña en que podíamos llamar “sagrada familia” a Jesús, María y José. Podemos decir que este no es sino un ejemplo de esos “giros” del leguaje de Dios que nos desconciertan y arrojan la sombra de mil dudas sobre cuanto damos por sentado, arraigado con firmeza en nuestras mentes. No, “sus ideas no son como las nuestras”.    

            Siempre que los humanos pensamos en Dios (o en los dioses, da lo mismo), esperamos algo extraordinario, maravilloso, en los que estén presentes el poder y la gloria como signo de la divinidad. Hasta cierto punto, puede decirse que el Antiguo Testamento responde a ese esquema mental: Dios realizó grandes signos y portentos con los hebreos, trasladándolos milagrosamente de la esclavitud a la libertad. Por medio de Moisés, fulminó al Faraón, hizo que su pueblo atravesara el mar Rojo por tierra seca, les dio de comer en el desierto… Podríamos seguir recordando el número de batallas y gestas en las que mostró su poder. Pero, al cabo de una larga historia de contrastes entre la fidelidad de Dios a sus promesas y la desobediencia de Israel, “cuando se cumplió el tiempo”, se hizo presente de una manera nueva: por medio de su propio Hijo.

            Y en ese momento culminante, supremo, lo que encontramos es algo tan sencillo como un niño nacido de mujer y sometido a la Ley. Punto. Si nos fijamos en los personajes que aparecen en nuestro fragmento del evangelio de Lucas, dejando aparte al grupo sobrenatural o misterioso de los ángeles, son todos, al igual que el contexto, más o menos “corrientes”: un niño recién nacido envuelto en pañales, junto con sus padres, algunos pastores y el asombro que siempre provoca un nacimiento. Podemos decir que la admiración de estos podría estar causada por el hecho de que el niño no estuviera en una cuna, sino en un pesebre. Si, además, combinamos los relatos de Mateo y Lucas, encontramos, eso sí, un número de acontecimientos gloriosos, extraordinarios. Pero, salvo para los afectados, la gente desconocía la mayor parte de aquellos hechos: ¿Quién tenía noticia de las palabras de Gabriel a María, de la promesa del nacimiento del Mesías, del origen y naturaleza de aquel embarazo, de los sueños de José y de los Magos…? Nadie.

            Todo esto nos conduce de nuevo a un tema familiar, que ya hemos visto en semanas anteriores. Permítanme algunas variaciones “ad libitum” sobre el mismo motivo de aquellos pasajes bíblicos: “Señor, ¿cuándo te vimos como Mesías poderoso, impresionante como un rey en su corte?” (Mateo 25:31-46). O, “¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido lujosamente, o con armadura, al mando de un ejército, como corresponde al heredero del trono de David?” (Mateo 11:7-15). De hecho, las palabras sobre el juicio a las naciones o las referidas a Juan Bautista también podrían aplicarse al “descubrimiento” del Mesías. Pero a él se le encuentra donde nadie imagina que está. Los pastores, los Magos, Simeón y Ana más tarde… Lo que vieron, todo lo que vieron, no era más que un niño chico, nacido de mujer, de origen humilde, circuncidado a los ocho días como cualquier otro niño judío. Se llamaba Jesús. De nuevo, “punto”.  

            ¿O no? “María guardaba todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente” son las palabras que usa Lucas (2:19, 51) para describir a la única que es realmente consciente de lo que sucedía, o tal vez la única que percibía algo mucho más sencillo y más profundo: hay un significado oculto, un misterio que ni ella ni los demás pueden abarcar en plenitud. No hay duda, debemos repetir: “las ideas de Dios no son como las nuestras”.

 

 Meditatio:

            Es su actitud de asombro, de silencio reflexivo, cargado de preguntas y de respuestas en fe, lo que convierte a María en símbolo de los creyentes. Podemos decir que este hecho, por sí solo, hace que María, junto con su Hijo, ocupe el comienzo del Año Nuevo. Volviendo la mirada a nuestros textos, podemos encontrar en ellos inspiración para enfrentarnos a la época actual, agitada por el temor y la ansiedad, con la confianza de que también nosotros somos “hijos de Dios”. No podemos negar que con gran frecuencia nos sentimos desconcertados, incapaces de entender el significado y la meta de la vorágine en que vivimos. Lo hemos hecho una y otra vez, todos los “uno de enero”, pero repitámoslo: con la misma actitud de María, leamos de nuevo Números 6:24-26. Aunque oscuras nubes hagan que nuestros cielos se presenten sombríos y descorazonadores, aunque no podamos abrigar sentimientos de optimismo en medio de la crisis, recordemos que nuestro año, nuestro presente y nuestro futuro, están en las manos de Dios y que su proyecto para nosotros está bajo el signo de su bendición.

 

Oratio:

            Recemos por todos los padres y los niños que les nacen y están destinados a vivir en duras condiciones económicas, sociales y culturales: para que los políticos, especialmente los responsables de la economía, la sanidad, la educación y la vivienda, los tengan presentes continuamente como el punto más importante de su agenda.

            Recemos por nosotros mismos: para que nuestra contemplación de la realidad humana con una visión de fe nos haga superar nuestra superficial actitud de “mentalidad caritativa” y luchemos por descubrir la presencia salvadora de Dios en quienes nada cuentan para este mundo: para que sepamos reconocer y defender su dignidad como auténticos “hijos de Dios”.

            No es la primera vez que lo recomiendo: recemos especialmente por los “olvidados”, los que nunca aparecen en nuestras “listas” de oraciones. 

 

Contemplatio:

            Es prácticamente imposible sustraerse a las rutinas y los rituales. Los propósitos de Año Nuevo no son la excepción. Hace un par de años propuse leer al menos dos libros que pudieran inspirarnos o fortalecer nuestra vida espiritual. Debo admitir que alcancé el número de seis. ¿No podríamos repetir algo semejante? Este año, el ciclo litúrgico tiene como columna vertebral el evangelio de Mateo. Una humilde propuesta: visita tu librería religiosa habitual y busca un comentario fiable a este evangelio. Además de ampliar tu conocimiento de la Escritura, podrías contrastar y complementar las reflexiones que escribo cada semana…

            Como de costumbre, una última línea para desearles a todos un Año Nuevo abundante de paz y bendiciones de parte del Señor. Y que sigamos compartiendo la alegría de acercarnos juntos a él.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España

 

Lectio Divina 2014-01-05: La Epifanía

La Epifanía del Serñor: En esta celebración, el signo que destaca es sin duda la actitud de los Magos, su respuesta a una llamada que les hizo abandonar su casa y su tierra en Oriente para buscar al rey de Israel. La pregunta que plantean y el lugar que visitan para encontrar al niño también merecen nuestra atención. El lado positivo es su deseo de encontrar y adorar a aquel cuya importancia les parece tan grande que no dudan en seguir una pista tan incierta como una estrella en el cielo, y viajar de noche (de nuevo la oscuridad) enfrentándose al peligro y la zozobra de lo desconocido. La dimensión negativa (como siempre, la paradoja) es el lugar donde buscan al niño. Su búsqueda sigue las reglas más estrictas de la lógica: ¿en qué otro sitio se ha de encontrar a un rey recién nacido sino en palacio? Y de nuevo (sí, la paradoja), tienen que abandonar la corte y la capital del reino y encaminarse a una aldea diminuta, a una casa humilde (Mateo no menciona ni el establo ni el pesebre), donde al cabo encuentran y adoran al rey recién nacido. Y ellos, varones “sabios”, observadores de signos en los cielos, encuentran la Verdad, la Sabiduría misma, la Palabra de Dios, encarnada en un niño, ¡un “infante”, incapaz de hablar!

 

¿DÓNDE ESTÁ EL REY DE LOS JUDÍOS QUE HA NACIDO?

 

Mateo 2, 1-12

“Jesús nació en Belén,a un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios de Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrellad en el orientee y hemos venido a adorarle. El rey Herodes se inquietó mucho al oír esto, y lo mismo les sucedió a todos los habitantes de Jerusalén. Mandó llamar a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Mesías. Ellos le respondieron: En Belén de Judea, porque así lo escribió el profeta: ‘En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre  las principales ciudadesh de Judá; porque de ti saldrá un gobernante que guiarái a mi pueblo Israel.’ Entonces llamó Herodes en secreto a los sabios de Oriente, y se informó por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Luego los envió a Belén y les dijo: Id allá y averiguad cuanto podáis acerca de ese niño; y cuando lo encontréis, avisadme, para que yo también vaya a adorarlo. Con estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde se hallaba el niño. Al ver la estrella, los sabios se llenaron de alegría. Luego entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Y arrodillándose, lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Después, advertidos en sueños de que no volvieran a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

 

Otras lecturas: Isaías 60:1-6; Salmo 72:1-2, 7-8, 10-11, 12-13; Efesios 3:2-3, 5-6

 

Lectio:

            Ya casi ha terminado el tiempo de Navidad, y el evangelio de hoy es el último pasaje en que el niño Jesús ocupa el centro de la escena. Esta semana será algo así como un “tránsito” hasta el domingo siguiente, el Bautismo del Señor. Esto no es un manual de liturgia, pero convendría recordar que existía (y pervive) un vínculo profundo entre la celebración de la Navidad, la Epifanía y el Bautismo. Aunque debamos tomarlo de manera un tanto amplia, podemos decir que el núcleo es en realidad una celebración de la  “Teofanía”, la manifestación de Dios. Tampoco es esto un manual de exégesis bíblica, por lo que no tiene objeto ahondar en el fundamento histórico de los relatos del nacimiento o de las diferencias y coincidencias entre las tradiciones elaboradas por Mateo y Lucas. Permíteme, pues, un enfoque simbólico no sólo de los textos de hoy sino también de otros temas que han aparecido en este tiempo de expectativas y cumplimientos de los planes salvíficos de Dios para la humanidad. (Permíteme también omitir citas exactas de la Escritura que nos entorpecerían el trayecto.)

            Hay un elemento que penetra cada acontecimiento, escenario y personaje particulares: la luz. La luz está presente desde la profunda y “metafísica” luz del mundo proclamada en el prólogo de Juan, Jesús mismo, hasta las circunstancias de su nacimiento. La descripción de Israel en Isaías 9:1 como “el pueblo que andaba en la oscuridad” es un espléndida definición de la humanidad en busca de sentido, de una respuesta significativa a la vida humana. Israel contempló aquella luz, eran su propio pueblo, pro no la recibieron. Sin embargo, esa luz se nos sigue ofreciendo una y otra vez y, aunque la rechacemos, la tiniebla no pudo ni podrá apagarla. En este contexto, la estrella que siguieron los Magos es un símbolo de Jesús mismo que llama a los hombres para que tengan vida y la tengan en abundancia (Juan 10:10).

            Con todo, en esta celebración, el signo que destaca es sin duda la actitud de los Magos, su respuesta a una llamada que les hizo abandonar su casa y su tierra en Oriente para buscar al rey de Israel. La pregunta que plantean y el lugar que visitan para encontrar al niño también merecen nuestra atención. El lado positivo es su deseo de encontrar y adorar a aquel cuya importancia les parece tan grande que no dudan en seguir una pista tan incierta como una estrella en el cielo, y viajar de noche (de nuevo la oscuridad) enfrentándose al peligro y la zozobra de lo desconocido. La dimensión negativa (como siempre, la paradoja) es el lugar donde buscan al niño. Su búsqueda sigue las reglas más estrictas de la lógica: ¿en qué otro sitio se ha de encontrar a un rey recién nacido sino en palacio? Y de nuevo (sí, la paradoja), tienen que abandonar la corte y la capital del reino y encaminarse a una aldea diminuta, a una casa humilde (Mateo no menciona ni el establo ni el pesebre), donde al cabo encuentran y adoran al rey recién nacido. Y ellos, varones “sabios”, observadores de signos en los cielos, encuentran la Verdad, la Sabiduría misma, la Palabra de Dios, encarnada en un niño, ¡un “infante”, incapaz de hablar!

            La alegría que sienten al ver a la estrella es similar a la que experimenta el pastor que recobra a la oveja descarriada o la mujer que encuentra la moneda que había perdido (Mateo 15:6-9). Podemos decir que si dejan tras de sí el tesoro de sus regalos, regresan a su casa (a sí mismos) “por otro camino”, enriquecidos con un gozo que nadie les podrá arrebatar (Juan 16:22). 

            Una última pista que considerar y, desde luego, no es la menor: al comienzo de esta sección hablábamos de la “Teofanía” como núcleo de nuestra celebración, y de cómo abarcaba el Nacimiento, la Epifanía y el Bautismo de Jesús. Pero el contenido va mucho más allá de los límites que podríamos trazar: la encarnación de Dios no consiste solamente en compartir nuestra condición humana, sino también en una revelación a todas las naciones. Y no sólo a los justos y santos de Israel, ni a Israel como Pueblo Escogido, sino también a los que para nada cuentan, como los pastores dispersos por los montes, los extranjeros, los “gentiles” como los Magos, la humanidad entera que sufre de cualquier dolencia en el cuerpo o en el espíritu. Desde esta perspectiva cobra pleno sentido el llamamiento a los pequeños, a los cansados y agobiados por las cargas de cada día: la Palabra no es solo manifestación sino también alivio y liberación (Mateo 11:25-30).

 

Meditatio:

            Los Magos abandonaron su patria y emprendieron la búsqueda de nuestro Salvador. Fijémonos en ellos y formulemos algunas preguntas muy sencillas. ¿Hasta qué punto nos hemos habituado a tener a Jesús “tan cerca de nosotros” que no nos atrevemos a cambiar nuestra rutina y buscarle en espacios que estén más allá de nuestro “domesticado” mundo religioso? La reciente celebración de la Navidad, ¿nos ha hecho volver a nuestra vida cotidiana “por otro camino”? ¿Ha cambiado algo en nuestra vida tras la mezcla de vacación secular y celebración religiosa?·Además de las sonrisas, saludos, comidas y visitas, intercambio de regalos, ¿hemos experimentado la “alegría” de estar más cerca de Jesús? ¿Hemos hecho algún regalo espiritual (un destello de esperanza, una mano amiga, una palabra de aliento o un consejo) para hacer que los demás encontraran un sentido o sintieran la presencia de Dios en sus vidas?

 

Oratio:

            Hoy he utilizado un enfoque “simbólico” para nuestra Lectio. ¿Por qué no mantenemos ese mismo registro en nuestra Oratio? Tomemos el símbolo de la luz y recemos por quienes viven en la “oscuridad”. La densa tiniebla del dolor emocional de quienes han perdido a la persona que iluminaba sus vidas o, aún peor, se han visto abandonadas; el tenaz sufrimiento de los enfermos que no ven en el futuro ni un final ni una curación para su mal. La confusión de quienes se ven atrapados en la adicción; o en otros casos, la falta de capacidad mental para ser dueños de la propia vida; o la carencia de una formación básica para abrirse camino por el mundo. El denso velo de quienes no han recibido el don de la fe para entender o hallarle sentido a la existencia… No son más que unos ejemplos teóricos. Abre los ojos, y mira: veras fácilmente a tu alrededor personas así con nombre y apellido.

 

Contemplatio:

            El domingo que viene celebraremos el Bautismo del Señor. Antes de seguir al Jesús adulto, volvamos la mirada al misterio de la Encarnación. Observa la manera en que Jesús ha mostrado su comunión con la humanidad, especialmente con los pequeños, los pobres, los abandonados de este mundo. Y mira de qué manera puedes compartir también tú la suerte de los que sufren en tu entorno y ayudarles a salir de su postración.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 2014-01-12: El Bautismo del Señor

 Mateo 3:13-17
 
Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
 
Otras lecturas: Isaías 42:1-4, 6-7; Salmo 29:1-2, 3-4, 3, 9-10; Hechos 10:34-38 
 
Lectio:
 
Después de la huida a Egipto, la Sagrada Familia se asienta en Nazaret (Mateo 2:19-23). Aparte del viaje a Jerusalén para la Pascua con el episodio de Jesús y los maestros de la Ley en el Templo (Lucas 2:41-52), no tenemos noticia alguna de su vida familiar como tal.
 
 
Los últimos detalles con que contamos son muy escuetos: “Jesús seguía creciendo en sabiduría y estatura, y gozaba del favor de Dios y de los hombres”. Y nada más. Existe un vacío temporal entre esta frase y la descripción de la persona de Juan Bautista, el contexto geográfico de las orillas del Jordán, su predicación de un bautismo de conversión y su anuncio de que “viene uno que los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego” (Lucas 3:16). Ese vacío en el relato ha dado pie a mil conjeturas y teorías para satisfacer la curiosidad y el deseo de información sobre los “años oscuros” de la vida de Jesús antes de su ministerio. Desde una supuesta formación mística en el Nepal, a su vinculación con algún grupo de esenios, puedes encontrar innumerables hipótesis y especulaciones, ninguna de las cuales tiene el más ligero soporte histórico.
 
Por el contrario, el hecho del bautismo de Jesús y su relación con Juan y su entorno son los temas con más fundamento respecto a su vida. Los relatos del bautismo y la Pasión son los elementos comunes a los cuatro Evangelios que no parecen estar sujetos a dudas serias en cuanto a su base histórica. La condena a muerte en virtud de la cual crucificaron a Jesús como blasfemo, predicador herético y agitador político era tan ignominiosa que los discípulos la habrían escondido de no ser verdad innegable. De igual modo, si no hubiera tenido lugar el acontecimiento del bautismo, no habrían mencionado que Jesús se había sumado a un grupo de “pecadores” o penitentes, ya que eso habría provocado dudas sobre su condición de “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). El mensaje es simple: si el Hijo de Dios ha de compartir nuestra condición humana, eso significa que también ha de ser “contado entre los malvados” (Isaías 53:12). Esto, a su vez, resulta tan anómalo que Mateo no duda en incluir un diálogo que sólo él recoge: era conveniente que se cumpliera “todo lo que es Justo ante Dios”. Aun cuando resulte oscura la frase, el significado puede ser tan sencillo como “los caminos de Dios son distintos de los de los hombres”... la paradoja a la que ya nos tiene acostumbrados la historia de la salvación.   
 
Pero, a pesar de las apariencias, la presencia misteriosa del Espíritu pone en su sitio todos los elementos individuales. Juan era “la voz que clama en el desierto”; Jesús, en cambio, es la Palabra. Y por encima de todo, hay otra voz que viene de los cielos y explica el verdadero sentido de aquel rito de purificación por el agua: se trata en realidad de la confirmación de Jesús como el Hijo Amado del Padre, en el que se complace. Más tarde, los discípulos se sentirán desconcertados al oír a Jesús hablar de su futuro como el Mesías “esperado” que se presenta de manera tan “inesperada” como lo es el someterse a la injusticia, la tortura y la muerte y resucitar de entre los muertos. En este caso, la Transfiguración, la voz de los cielos volverá a confirmarle como el Hijo Amado, el único al que han de escuchar (Mateo 17:1-8).
Y así se cierra el ciclo de la Teofanía de Dios: el nacimiento en Belén entre los miembros más humildes de Israel; la adoración de las naciones representadas por los Magos; y la proclamación como el enviado para bautizar con fuego y Espíritu santo en el bautismo. La vida pública de Jesús, su ministerio, está a punto de empezar. 
 
Meditatio:
 
Como otras veces, una sencilla sugerencia para nuestra Meditatio: como antes vimos, el bautismo del Señor es la última etapa en el ciclo litúrgico de la Teofanía de Dios. Pero, ¿hemos entendido de veras lo que para el Verbo significó “encarnarse”, asumir la condición humana? ¿Podemos ampliar estos misterios al resto de la existencia de Jesús, incluyendo su muerte y su resurrección?
 
Para quienes pertenecemos a Iglesias “históricas”, donde es habitual el bautismo de niños, la experiencia vital que suponía el sacramento para los primeros cristianos era una vivencia personal que no hemos experimentado. ¿Cómo podemos asumir y hacer realidad el sentimiento de transformación, de pasar por la experiencia simbólica y física de volver a nacer? Y no sólo eso, ¿cómo podemos “ponernos nuestros vestidos bautismales” de una vida nueva en Cristo? ¿De qué manera podemos seguir los pasos de Jesús y andar “haciendo el bien y sanando” a los oprimidos por el diablo? 
 
Una última pregunta: ¿somos conscientes de nuestra dignidad (y de la de los demás cristianos bautizados) como miembros del cuerpo de Cristo, “sacerdote, profeta y rey”? 
 
Oratio:
 
Recemos por nosotros mismos y por todos los cristianos que fueron bautizados de niños: para que renovemos consciente y seriamente las promesas bautismales que n en nuestro nombre pronunciaron nuestros padrinos. Reza por quienes están preparándose para recibir el bautismo: para que profundicen en el conocimiento y en el amor de Cristo y sepan asumir las responsabilidades de un paso tan serio. Reza también por quienes han abandonado la Iglesia en que fueron bautizados: para que el Espíritu les conduzca por sendas de fidelidad a sí mismos y al Evangelio y reencuentren al Señor en sus vidas.
 
Contemplatio:
 
Lee un par de pasajes en los que Jesús expone las condiciones que les exige a quienes quieren seguirle: los textos paralelos de Mateo 16:24-28 y Lucas 9:23-27. Si hubiéramos de aceptar esas exigencias, ¿estaríamos deseosos y dispuestos a recibir el bautismo? Lee también Mateo 4:18-22. De nuevo, ¿seríamos capaces de dejar nuestra casa, la familia y el trabajo para seguir a Jesús? Seamos objetivos. Comparada con la suya, nuestra respuesta es muy limitada y pobre. Pero, al menos, podemos ser conscientes de esas limitaciones y deficiencias. Aceptémoslas y hagamos propósito de comprobar nuestra capacidad para luchar contra el egoísmo y fomentar nuestra generosidad en este año que apenas ha comenzado. 
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España
 

Lectio Divina 2014-01-19: Bautismo de Jesús

El relato del bautismo de Jesús en el evangelio de Juan (1:29-34) es muy peculiar. En primer lugar, no menciona el bautismo como tal; ni cita las palabras exactas que oyó Jesús cuando se apareció sobre él el Espíritu (si es que tenía noticia de las mismas); en realidad, toda la descripción de un acontecimiento tan importante como aquel se basa exclusivamente en el testimonio del Bautista: “He visto al Espíritu… Yo lo he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios”. Hay, con todo, algunos detalles que deberíamos tener muy en cuenta, ya que nos proporcionan una síntesis de su mensaje respecto a Jesús. Ante todo, tenemos la afirmación solemne de su naturaleza de “Hijo de Dios”, aun cuando puede que el mismo Juan no tuviera una idea muy clara de las implicaciones de ese título mesiánico y de lo que en realidad significaba para Jesús.

 

YO YA LO HE VISTO, Y SOY TESTIGO DE QUE ES EL HIJO DE DIOS

 

19 de Enero, 2014

Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

 

Juan 1:29-34:

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel."Y Juan dio testimonio diciendo: "He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios."

 

Otras lecturas: Isaías 49:3, 5-6: Salmo 39:2, 4, 7-8, 8-9, 10; 1 Corintios 1:1-3

 

Lectio:

            Estos dos domingos que siguen al Bautismo del Señor son una especie de tránsito entre la presentación oficial de Jesús en medio de Israel, y su “programa”, las Bienaventuranzas, el anuncio inicial del Reino de Dios, que escucharemos el Cuarto Domingo. Todos los pequeños acontecimientos e imágenes de estos dos domingos presentan también un nexo entre las promesas de los profetas (en realidad, dos textos de Isaías) y su cumplimiento en la vida de Jesús. Comenzamos, además, la lectura de la primera carta a los Corintios, que se prolongará durante ocho domingos hasta el comienzo de la Cuaresma.

 

            En cierto sentido, nos encontramos ante una gran “obertura” que introduce los motivos que aparecerán en la predicación y en las acciones que pronunciará y llevará a cabo Jesús, así como las consecuencias prácticas de ese mensaje, tal como se realizó en la comunidad cristiana de Corinto. Salvo este domingo, en que leemos un fragmento del evangelio de Juan, el resto del año seguiremos el de Mateo, de tal modo que tendremos una buena oportunidad para conocerle a él y a la comunidad para la que escribía.

 

            El relato del bautismo de Jesús en el evangelio de Juan (1:29-34) es muy peculiar. En primer lugar, no menciona el bautismo como tal; ni cita las palabras exactas que oyó Jesús cuando se apareció sobre él el Espíritu (si es que tenía noticia de las mismas); en realidad, toda la descripción de un acontecimiento tan importante como aquel se basa exclusivamente en el testimonio del Bautista: “He visto al Espíritu… Yo lo he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios”. Hay, con todo, algunos detalles que deberíamos tener muy en cuenta, ya que nos proporcionan una síntesis de su mensaje respecto a Jesús. Ante todo, tenemos la afirmación solemne de su naturaleza de “Hijo de Dios”, aun cuando puede que el mismo Juan no tuviera una idea muy clara de las implicaciones de ese título mesiánico y de lo que en realidad significaba para Jesús.  

            Además, en dos ocasiones (1:29 y 36) llama a Jesús “Cordero de Dios”. También en este caso es bastante difícil que fuera consciente de todas las dimensiones del término “cordero” en un contexto mesiánico. No es el carnero sacrificado en lugar de Isaac; ni el cordero cuya sangre en el dintel y las jambas de las casas de los hebreos libraba de la muerte a sus primogénitos la noche de la Pascua en Egipto. En este caso, el papel que Jesús está llamado a desempeñar es el de “quitar el pecado del mundo”. No ha venido para evitar el sacrificio cruento de un jovencito; ni para salvar a los primogénitos del pueblo; su misión abarca al mundo entero, de tal modo que llegue  “salvación hasta las partes más lejanas de la tierra” (Isaías 49:6). Ni ha venido a “perdonar” el pecado, sino a “quitarlo”, a tomarlo sobre sí mismo: “cargará con la maldad de ellos… cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores” (Isaías 53:11-12). La sangre de toros y machos cabríos no era capaz de salvar o purificar a los pecadores, aun cuando el sacrificio se repitiera año tras año (Hebreos 10:1-4): ahora, en estos días últimos, es “el Cordero degollado” quien nos ha reconciliado con Dios (Apocalipsis 5:8-10).

 

            Un último detalle del testimonio de Juan puede mostrarnos que, a pesar de su grandeza, hay una diferencia radical entre cuantos estuvieron cerca de Jesús y quienes le seguiríamos en el futuro: todos ellos “vieron” y creyeron. En nuestro caso, debemos considerarnos dichos y benditos, porque sin ver hemos creído (Juan 20:29).

 

Meditatio:

            Este domingo volvemos a encontrar varios detalles que estaban presentes en la liturgia del domingo pasado, pero que olvidamos o pasamos por alto. Tratemos de recuperarlos y relacionarlos con las lecturas de hoy. Se describía a Jesús como el que pasó “haciendo bien y sanando a todos los que sufrían bajo el poder del diablo” (Hechos 10:38). ¿Somos conscientes de que hemos sido bautizados en el mismo Espíritu que impulsó a Jesús para quitar el pecado del mundo? ¿Y que eso implica ser dóciles a su llamada y salir a “hacer el bien y sanar”, tal como hizo él? ¿Nos damos cuenta de que al compartir ese Espíritu también estamos llamados a ser santos, lo mismo que él, y a ser luz de las naciones y comunicar el poder salvífico de Jesús? ¿Identificamos al “Hijo amado” del Padre con “el Cordero degollado”? Quiero decir: ¿creemos que el Señor al que se debe adorar es también el Siervo que sufre y necesita de nuestro espíritu de servicio y entrega hacia la humanidad que sufre?

 

Oratio:

            Ayer, por todo el mundo, los cristianos de distintas confesiones comenzaron la Semana de Oración por la Unidad. Uno de los problemas más graves que encontró Pablo en la comunidad de Corinto fue la división y las rivalidades. Hasta tal punto, que el apóstol llegó a preguntar: “¿Acaso Cristo está dividido? ¿Fue crucificado Pablo en favor de ustedes?” (1 Corintios 1:13). Junto con todos esos hermanos nuestros, que fueron bautizados en Cristo y le confiesan como Señor, reza por la unidad cristiana a todos los niveles de la Iglesia.

            Reza especialmente por las minorías cristianas que todavía se sienten (y de hecho están) discriminadas, aisladas o ignoradas en su propio entorno cristiano.

 

Contemplatio:

            Averigua si hay alguna celebración ecuménica en tu ciudad o en tu bario, y asiste a la misma. Si no te es posible, vuelve a leer 1 Corintios 12:1 – 13:13. Las imágenes que utiliza Pablo para describir la diversidad en aquella iglesia se podrían aplicar a nuestras Iglesias históricas. Teniendo esto en cuenta, y aun cuando lo consideres una labor humilde y sin importancia, busca la manera de ser un instrumento de unidad en tu propia pequeña comunidad.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 2014-02-16: Han oído que se dijo, pero yo les digo ...

La aplicación básica del modo en que Jesús entiende la Ley se basa en el contraste entre la tradicional interpretación legalista, farisea/farisaica, y su propio punto de vista. “Han oído que se dijo…, pero yo les digo…” Paso a paso, Jesús escoge un número de cuestiones morales y trata de hacer que sus oyentes vayan a la raíz de los mandamientos. Jesús les insta (a ellos y, claro está, también a nosotros) a descubrir que, más allá de la mera observancia de las palabras de la Ley, hay un compromiso mucho más hondo con la voluntad de Dios. Los temas básicos son el homicidio y la ira; el adulterio, el divorcio y la lujuria; el juramento y la veracidad; venganza y la condescendencia; la reconciliación y el amor.

 

16 de Febrero de 2014

Sexto Domingo del Tiempo Ordinario

 

HAN OÍDO QUE SE DIJO… PERO YO LES DIGO…

 

Mateo 5:17-37 (Traducción Reina Valera 1995):

17 : No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir, 18 porque de cierto os digo que antes que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido. 19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; pero cualquiera que los cumpla y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. 20 »Por tanto, os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. 21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: “No matarás”, y cualquiera que mate será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga “Necio” a su hermano, será culpable ante el Concilio; y cualquiera que le diga “Fatuo”, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 »Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo pronto con tu adversario, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante. 27 Oísteis que fue dicho: “No cometerás adulterio.” 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. 30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. 31 También fue dicho: “Cualquiera que repudie a su mujer, déle carta de divorcio.” 32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere, y el que se casa con la repudiada, comete adulterio. 33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: “No jurarás en falso, sino cumplirás al Señor tus juramentos.” 34 Pero yo os digo: No juréis de ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea vuestro hablar: “Sí, sí” o “No, no” porque lo que es más de esto, de mal procede.

 

Otras lecturas: Eclesiástico 15:16-21; Salmo 119:1-2, 4-5, 17-18, 33-34; 1 Corintios 2:6-10

 

Lectio:

            Puede que veas que algunos misales presentan dos textos alternativos como primera lectura de la liturgia de hoy: Deuteronomio 30:15-30 o Eclesiástico 15:16-21. De hecho, los dos fragmentos representan una manera fundamental común de abordar la Ley y la Alianza, aunque sus fechas de composición disten en el tiempo. En ambos casos, no obstante, hallamos la misma idea: un israelita, puede decirse que cualquier creyente, tiene que tomar decisiones que en ocasiones son vitales. No es un cuestión de “blanco o negro”, pero nuestra manera de enfocar la vida exige opciones, decisiones, en las que nuestra respuesta ha de ser inequívoca, ya que las consecuencias pueden ser radicalmente distintas. Las imágenes del agua y el fuego representan, al cabo, la diferencia entre la muerte y la vida: eres tú quien ha de escoger la ruta que quieres seguir. La misma idea se expresa de manera también poética en el salmo 1, que describe los dos caminos y a dónde conducen uno y otro.

            Ya estamos acostumbrados al papel fundamental que desempeña la Ley en la historia de Israel: el pueblo de la Alianza debe su identidad e incluso su existencia al pacto que estableció Yahveh con ellos: “Los tomaré como pueblo mío, y yo seré su Dios” implica cumplir con una serie de cláusulas de comportamiento. Dios fue siempre fiel a sus promesas, pero Israel tropezó y se olvidó de sus compromisos de manera constante, obstinadamente. Después de ciclos repetidos de pecado, castigo y reconciliación, la situación de Israel alcanzó un abismo tan hondo que llegaron a considerar que la única manera de ser restaurados era “reconstruir” la Alianza observando la Ley del modo más estricto y escrupuloso. De aquí la importancia de dos grupos de judíos observantes: los escribas o maestros de la Ley, que interpretaban y explicaban todas y cada una de las exigencias legales, y los fariseos, que centraban toda su existencia en un estilo de vida religiosa extremadamente rigorista. Esto llevó a una situación de confusión, de dudas permanentes respecto a lo que era o no era legal y, en definitiva, a un profundo sentimiento de culpa.   

            Este enfoque y estos sentimientos eran tan graves, que la pregunta fundamental que le hace la genta a Juan el Bautista es “¿Qué debemos hacer?” (Lucas 30-14). Si, como dice, el final está cerca, ¿Qué posibilidades tienen de expiar sus faltas? En este contexto se enmarcan las palabas de Jesús en el Sermón de la Montaña. Tal como antes había hecho Juan, Jesús propone un estilo de vida. Si tenemos en cuenta lo que cuentan los cuatro evangelistas, ya sabemos cuál era su actitud respecto a la Ley y que los dos grupos de judíos observantes ya la habían criticado. Por eso podemos entender las palabras con que Jesús introduce su visión de la Ley: tiene que disipar cualquier duda sobre su punto de vista y su actitud. Así, su afirmación fundamental es: no soy un revolucionario, ni he venido a destruir los valores y normas tradicionales, ni a socavar la ética de Israel. Como “dirigente” religioso, no tiene la intención de abolir, sino de dar pleno valor a la Ley y a los profetas. Y eso significa ser radical, ir a las raíces de la Ley, contrastar lo que en realidad dice y lo que entienden y enseñan sus intérpretes oficiales.  En gran medida, el papel de Jesús en su enfrentamiento dialéctico con aquellos intérpretes será el de dirigirse al sentido y objeto más hondos de la Ley. De la misma manera que las Bienaventuranzas eran una manera básica de abordar el sentido de la vida, su afirmación sobre la necesidad de cumplir hasta el último punto y tilde de la Ley será su manera básica de abordar la Alianza. Y ese punto de vista radical pondrá de manifiesto que su manera de entender la Ley desde la perspectiva del Reino entraña un sentido más profundo de la justicia que el que tienen los escribas y los fariseos.

 

Meditatio:

            La aplicación básica del modo en que Jesús entiende la Ley se basa en el contraste entre la tradicional interpretación legalista, farisea/farisaica, y su propio punto de vista. “Han oído que se dijo…, pero yo les digo…” Paso a paso, Jesús escoge un número de cuestiones morales y trata de hacer que sus oyentes vayan a la raíz de los mandamientos. Jesús les insta (a ellos y, claro está, también a nosotros) a descubrir que, más allá de la mera observancia de las palabras de la Ley, hay un compromiso mucho más hondo con la voluntad de Dios. Los temas básicos son el homicidio y la ira; el adulterio, el divorcio y la lujuria; el juramento y la veracidad; venganza y la condescendencia; la reconciliación y el amor. El leccionario ha distribuido el texto entre este y el próximo domingo, pero el pasaje tiene una cohesión y una unidad internas, abarca desde Mateo 5:17 hasta 7:48, y debería ser leído unitariamente. De todos modos, el fragmento de hoy es un buen punto de partida para que profundicemos en nuestra propia respuesta a las normas y reglas que hemos recibido en nuestra tradición cristiana particular. Tal vez, mejor que contemplar los mandamientos seleccionados hoy, podríamos hacernos preguntas más sencillas. ¿Cómo aceptamos las palabras de Jesús cuando habla como nuevo “legislador”? ¿Entendemos nuestras culpas como la transgresión de una ley, o como un signo de infidelidad a él, a nuestros hermanos o a nosotros mismos? ¿Cuáles son los verdaderos criterios con los que evaluamos una acción o una opción morales?  

 

Oratio:

            Reza por quienes se sienten agobiados y abrumados por el peso de las leyes, preceptos y mandatos cuya observancia parece estar fuera de su alcance: para que pongan su confianza en la misericordia de Dios y en la presencia de Jesús, y sientan su auxilio y consuelo en el seguimiento del evangelio. 

            Reza por cuantos tratamos de enmascarar nuestra falta de amor y entrega tras la observancia de reglas y normas minuciosas e insignificantes: para que aprendamos a profundizar en las verdaderas exigencias del llamamiento de Jesús a la fidelidad y la verdad.

 

Contemplatio:

            Lo que hoy sugiero es una tarea que puede (y tal vez debería) abarcar hasta la semana próxima. Puede parecer un poco pesada, pero además de sencilla puede ser muy provechosa. Compara las afirmaciones en torno al “mandamiento más importante de la Ley” (Mateo 22:34-40, Marcos 12:28-34 y Lucas 10:25-28) y el único mandamiento “personal” que les da Jesús a sus discípulos en el momento más íntimo y dramático de todo su proceso de amistad: Juan 15:9-17. Este sencillo ejercicio te resultará sumamente fructífero y enriquecedor, ya que te obligará a ahondar en tu propia relación con Jesús y cuantos te rodean.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España

 

Lectio Divina 2014-03-16: La Transfiguración del Señor

 
Del Evangelio según san Mateo (17, 1-9) (Mc 9,2-13; Lc 9,28-36)
 
Seis días después, Jesús tomó aparte a Pedro y a los hermanos Santiago y Juan y los llevó a un monte alto. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. En esto, los discípulos vieron a Moisés y Elías conversando con él. Pedro dijo a Jesús: — ¡Señor, qué bien estamos aquí! Si quieres, haré aquí tres cabañas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Aún estaba hablando Pedro, cuando quedaron envueltos en una nube luminosa de donde procedía una voz que decía: — Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escuchadlo.  Al oír esto, los discípulos se postraron rostro en tierra, sobrecogidos de miedo. Pero Jesús, acercándose a ellos, los tocó y les dijo: — Levantaos, no tengáis miedo. Ellos alzaron los ojos, y ya no vieron a nadie más que a Jesús. 9 Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: - No contéis esta visión a nadie hasta que el Hijo del hombre haya resucitado.
 
 
[or] Otras lecturas: Génesis 12:1-4; Salmo 33:4-5, 18-19; 20, 22; 2 Timoteo 1:8-10 
 
[h1] Lectio:
“Seis días después”… Aunque el leccionario ha omitido estas tres palabras, el pasaje del evangelio comienza c esa curiosa referencia. “Seis días”, ¿después de qué? Si volvemos la mirada a la sección anterior del evangelio de Mateo, el capítulo 16 es una serie de dichos contrastados. Jesús les pregunta a los discípulos qué piensa de él la gente (16:13-14). Después de oír algunas opiniones diversas, les plantea la misma pregunta a los discípulos, pero en este caso quiere saber lo que ellos personalmente creen. La solemne declaración de Pedro, “”Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios viviente” recibe la aprobación y la “recompensa” de una bendición y una promesa especiales de parte de Jesús (16:15-20). A continuación, Jesús anuncia qué clase de Mesías va a ser y cómo le entregarán a las autoridades religiosas de Israel, sufrirá una muerte ignominiosa y resucitará al tercer día. Sus palabras impresionan a Pedro y a los demás discípulos, que no pueden aceptar la idea de su sufrimiento; ni parecen entender las condiciones para ser discípulos de Jesús: “Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame” (16:24-28).  
Eso es precisamente lo que sucedió “seis días antes” del evangelio de hoy. Jesús es muy consciente de que no puede esperar que los discípulos acepten fácilmente la amarga contradicción de su muerte: “¿A qué clase de Mesías andamos siguiendo? ¿Con qué futuro nos vamos a encontrar?” La verdad es que no parecen haber entendido o siquiera escuchado la última frase de Jesús (“al tercer día resucitará”). También es verdad que no habían oído la voz del cielo cuando se bautizó: “Este es mi Hijo amado…” (Mateo 3:17). Es obvio que el temor, el desánimo y las dudas debieron de ser los sentimientos que les hacen sospechar que han tomado el camino equivocado, que están siguiendo a un predicador y profeta con éxito (al menos, a primera vista), pero cuyo proyecto está condenado al fracaso y la muerte.
Es este, pues, el momento más oportuno para llevarse aparte a los discípulos más íntimos (los tres que escogerá para que estén con él en Getsemaní justo antes de que lo detengan) y ofrecerles un atisbo de la gloria que va a compartir con las dos figuras más importantes de la historia de Israel: Moisés, el hombre elegido para realizar la alianza de Yahveh con su pueblo; y Elías, el mayor de los profetas, arrebatado al cielo y destinado a anunciar la llegada del Mesías. Su presencia, su conversación con Jesús y la “transfiguración” de éste en una imagen deslumbrante del Hijo del Hombre, los sobrecogen y confunden. Las palabras que oyen no sólo ratifican su condición de “Hijo amado”, sino que subrayan la actitud que han de adoptar: “¡Escúchenlo!”. Tan profunda y tremenda tuvo que ser su experiencia, que Jesús tiene que “tocarlos” y animarlos para disipar sus temores y confortarlos. Lo que han visto y oído no es más que un destello de la gloria que Jesús compartirá con los grandes del pasado y un anticipo del proyecto al se les invita a sumarse.
La liturgia también nos invita a nosotros a fijar los ojos en la celebración de la Pascua, que es la culminación de este periodo cuaresmal: según las palabras de Pablo en 2 Timoteo, el texto de hoy, estamos llamados, “con las fuerzas que Dios nos da, a aceptar nuestra parte en los sufrimientos que vienen por causa del evangelio” (1:8); o, como dirá más adelante, “si sufrimos con valor, tendremos parte en su reino” (2:12).
 
[h2] Meditatio:
Al leer el evangelio de hoy, podemos centrar nuestra atención en la transfiguración de Jesús y considerar que el objetivo del evangelista es animar a una comunidad cristiana que sufre una típica crisis de falta de esperanza y entusiasmo en su seguimiento de Cristo. Sería un enfoque legítimo: fijar la mirada en el Cristo glorificado podría ayudarles a los discípulos, a la primera comunidad y a nosotros mismos. Pero podríamos mirar mucho más lejos y ver que también nosotros podemos ser “transfigurados” a imagen del Señor, que estamos llamados a compartir su propia gloria. En el Nuevo Testamento sólo en otras dos ocasiones encontramos el verbo “transfigurar” aplicado a los cristianos. En ambos casos es Pablo quien habla del proceso por el cual son trasformados los fieles. En Romanos 12:2, se invita a los cristianos a considerar sus propios cuerpos como sacrificios espirituales a Dios: están llamados a abandonar el estilo del mundo y a transformarse por la renovación de su manera de vivir y de pensar… Y en el pasaje resuena la voz de Jesús proclamando el Reino: “metanoeîte”, conviértanse, transformen su mentalidad… En 2 Corintios 3:7-18, Pablo compara a los hebreos, que miraban la cara de Moisés resplandeciente por la gloria de Dios, con nosotros los cristianos, que contemplamos el rostro de Jesús y “nos transformamos en su imagen misma”. Al cabo, se trata del mismo proceso de “conversión”, no sólo de nuestros caminos mundanos y pecadores a la vida de la gracia, sino de una condición puramente humana a compartir la vida divina del Señor. Como otras veces, esta semana, una sencilla pregunta sobre nuestra respuesta a la llamada de Jesús: ¿dirigimos nuestra mirada lo suficientemente lejos, más allá de los sufrimientos del evangelio, y fijamos nuestros ojos fieles en el futuro de la vida verdadera en Cristo?
 
[h3] Oratio:
Reza por quienes se sienten desanimados en el seguimiento fiel de su vocación cristiana: que el Cristo glorificado nos conforte con la esperanza de compartir su propia gloria.
Reza por quienes, como Pedro, querrían quedarse en la paz aislada de la “contemplación”: para que entiendan que hay que vivir y anunciar el Evangelio en el campo de batalla de nuestra existencia cotidiana.
 
[h4] Contemplatio:
El cuarto domingo de Pascua celebraremos a Jesús como Buen Pastor. Lee con calma y espíritu de oración el Salmo 23, y repite con confianza el verso 4: “Aunque pase por el más oscuro de los valles…” No te tengas reparo en contarle a Jesús los padecimientos que a veces sentimos al tratar de seguirle.
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España
 

Lectio Divina 2014-03-23: El Agua de Vida Eterna

Jn. 4, 5 -42. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.

 
La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
 
 
Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
 
La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
 
Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
 
Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
 
Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
 
Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
 
Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
 
Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
 
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
 
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
 
Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.
 
Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
 
En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?
 
Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
 
Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?
 
Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
 
Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
 
El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
 
Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?
 
Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
 
¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
 
Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
 
Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
 
Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
 
Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
 
Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
 
Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
 
[or] Otras lecturas: Éxodo 17:3-7; Salmo 95:1-2, 6-7, 8-9; Romanos 5:1-2, 5-8
 
[h1] Lectio:
Quedan tres domingos antes del Domingo de Ramos. En los tres, la liturgia del ciclo A abandona el evangelio de Mateo e introduce tres fragmentos de Juan. No sólo son largos, sino que presentan un contenido teológico denso y profundo. Tres historias en las que Juan despliega su estilo habitual: múltiples alusiones, referencias ocultas, dobles sentidos…Todos esos elementos hacen que resulte imposible desarrollar toda su riqueza en el limitado espacio de nuestra Lectio. Hoy encontramos a una mujer, una samaritana, y una realidad simbólica, el agua como don de Dios, que podría ser Jesús y el Espíritu Santo. Los siguientes dos domingos encontraremos otros personajes y símbolos: el ciego de nacimiento; Lázaro, Marta y María; la ceguera, la vista física, y la visión de la fe; la tumba, la muerte y la vida eterna… 
Las tres lecturas de hoy son tan complejas que reconozco humildemente que sólo puedo ofrecer algunas pistas, a manera de mosaico, tal como he hecho en otras ocasiones. Es cosa tuya elegir en qué dimensión vas a enfocar tu atención y qué vas a descartar. Recuerda que esto no es una clase de teología bíblica: lo que buscamos es encontrarnos con Jesús y comunicarnos con él. Eso es más que suficiente.
La ironía y los dobles sentidos impregnan toda la liturgia de hoy. En primer lugar, la “geografía” donde se desarrolla la historia: Samaria, “tierra herética”, que a su vez consideraba herejes a los judíos. Curiosamente, la parábola del “Buen Samaritano” comparte con el evangelio de Juan ese mismo rasgo irónico. El personaje de Lucas entendía el significado de  “prójimo”, y los samaritanos de nuestra aldea acogen a Jesús. Es aquí, junto al pozo de Jacob, donde Jesús hará pedazos una de las razones básicas para las hostilidades entre samaritanos y judíos. El primer tema: una paradoja. Jesús, fuente de la vida, como si fuera Israel en el desierto, siente sed y le pide de beber a una mujer. Obviamente, no debe de gozar de mucha popularidad entre las demás mujeres y por eso las evita. De lo contrario, no iría a buscar agua a mediodía bajo el sol más ardiente. ¿Tendrá mala reputación? Probablemente. El diálogo, como de costumbre, es una fuente de malentendidos. Mientras que ella se mantiene en un plano realista, donde el “agua” es “agua”, Jesús introduce una nueva dimensión que ella apenas capta: el agua viva que él le ofrece, un don de Dios, es Jesús mismo, o el Espíritu Santo… En cualquier caso, se siente sobrecogida por el agua viva de Jesús y por lo que él parece saber de su “no-marido” y de los anteriores. ¿Es ella un símbolo de las infidelidades de Samaria y sus esposos/dioses paganos? Tal vez. Pero, como otras veces, Jesús tiene una reacción inesperada: el “profeta” no pronuncia ni una palabra de reprobación. “Tampoco yo te condeno” de Juan 8:11, así como los capítulos 1-3 de Oseas, resuenan aquí con un mensaje de misericordia y reconciliación. Es ahora cuando el diálogo se vuelve más “teológico”: el templo, la razón de la rivalidad entre Jerusalén y Guerizim, ha sido siempre el escollo básico que ha dividido a judíos y samaritanos. Y toda la escena de Juan 2:13-22 se nos viene a la cabeza tan pronto como oímos hablar del espacio real en que debería tener lugar el culto verdadero: “en espíritu y en verdad”. Y ahora entendemos lo que quería decir Jesús cuando dijo que su propio cuerpo, el templo no hecho de piedras, sino el culto espiritual encarnado, no puede ser destruido. El resultado del diálogo no es sólo la aceptación de sí misma por parte de la samaritana, sino su testimonio y la comunicación de la buena noticia recién descubierta. Hay más temas: el malentendido de los discípulos en torno a la comida ordinaria y el ver que “no sólo de pan vive el hombre”, sino de “hacer la voluntad de quien le ha enviado”. Y la necesidad de “ver” más allá de lo aparente y descubrir que van a cosechar lo que ellos ni han sembrado ni han trabajado.   
 
[h2] Meditatio:
El texto de Romanos combina una idea común a las tres lecturas. “Derramar” y “llenar”, dos verbos vinculados al agua, podrían ser su imagen. Igual que el agua, el amor de Dios, su Hijo, su Espíritu, se han derramado sobre nosotros y han llenado nuestras vidas. ¿Somos conscientes de ese amor que les proporcionó agua física a los hebreos en el desierto y que, física y espiritualmente, se derramó sobre nosotros en nuestro bautismo y se nos convirtió en fuente de vida? ¿Somos conscientes de ese amor que, a pesar de la condición pecadora de la samaritana y de nosotros mismos, acoge y justifica a quien se acerca a Jesús? ¿Somos conscientes de nuestros propios ídolos, de nuestros propios “no-maridos”, que nos hacen infieles al Señor? ¿Somos conscientes del don de la gracia que hemos recibido y que se nos ha confiado para que lo comuniquemos a los demás? ¿Somos conscientes de quién es el que nos pide el agua de una respuesta en amor y fidelidad? 
 
[h3] Oratio:
Reza por quienes sienten que su vida es estéril y necesitan refrescarse con una dosis de esperanza: para que Jesús les conceda un espíritu de renovación y los impulse a aceptar el don de su agua viva. 
Pidamos por todos nosotros que con tanta frecuencia limitamos nuestro compromiso cristiano al cumplimiento de normas y preceptos: para que se nos conceda el don de adorar a Dios en espíritu y en verdad.
Da gracias por el don del bautismo por cuya agua salvífica te convertiste en miembro del cuerpo de Cristo y fuiste ungido para participar de su condición de Sacerdote, Profeta y Rey.
  
[h4] Contemplatio:
Cuaresma es tiempo de conversión, renovación y esperanza: después de esta larga peregrinación por el desierto, llegaremos a la Pascua. Dos imágenes de los profetas pueden arrojar algo de luz sobre nuestro camino: las palabras de Jeremías (2:11-18) reprochándonos el haber abandonado el agua verdadera de Dios; y la promesa de Isaías (55:1-13) en torno al agua generosa que Dios nos dará “de balde”. Que estos dos textos nos espoleen hacia la conversión y nos den aliento en nuestro caminar. 
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón, Sacerdote católico, Arquidiócesis de Madrid, España
 

Lectio Divina 2014-06-08: Recibid el Espíritu

 
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-23
 
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
 
-- Paz a vosotros
 
 
 
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
 
-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
 
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
 
-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
 
Palabra del Señor.

 

Otras lecturas: Hechos 2:1-11; Salmo 104:1, 24, 29-30, 31, 34; 1 Corintios 12:3-7, 12-13.

 

[h1] Lectio:

            Desde el comienzo mismo de la historia de la salvación, cuando el autor del Génesis describe el origen del cosmos y de la vida, el Espíritu de Dios has estado presente en cada  momento y en cada acción salvífica. En Génesis 1:2, por encima de una tierra informe y tenebrosa, como un fuerte viento, se cernía el Espíritu y anunciaba la Palabra de Dios, fuente del orden y de la vida. En el Antiguo Testamento podemos hallar al Espíritu, que actúa fundamentalmente en aquellos individuos llamados a realizar una misión especial en Israel. Algunos ejemplos: en Moisés, que compartió su espíritu con los setenta ancianos que profetizaron (Números 11:25); en Josué, que introdujo a los hebreos en la tierra de Canaán (Deuteronomio 34:9); en Sansón, que guerreó contra los filisteos (Jueces 13:25) en Saúl y David, los dos primeros reyes de Israel (1 Samuel 10:10; 16:13). El Espíritu actuará por medio del Mesías prometido: “El Espíritu estará sobre él” (Isaías 11:2); se derramará sobre Israel y su descendencia (Isaías 44:3); o estará sobre el misterioso personaje del Siervo de Yahvé, vislumbre de Jesús mismo (Isaías 61:1), quien citará este pasaje en el momento en que empiece su ministerio en Nazaret, su aldea natal (Lucas 4:16-19).

            Es en el Nuevo Testamento donde el Espíritu desempeña su papel  más importante. En este caso, lo que merece nuestra atención no son sólo los personajes, sino los acontecimientos y momentos en los que actúa, así como las diversas formas que adopta su acción.

            En la historia de Jesús podemos subrayar tres momentos esenciales que la presencia del Espíritu señala como “cumbres” de la salvación. Tanto Mateo como Lucas mencionan la acción del Espíritu como elemento clave en el nacimiento del Mesías. En el caso de Lucas (1:35), la Encarnación no es sólo el resultado de la decisión de María aceptando los planes de Dios para su vida, sino que “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti”… En Mateo (1:18), aunque el evangelista no menciona ningún momento o acontecimientos concretos, el embarazo de María se anuncia como un hecho que escapa al entendimiento de José y tan sólo puede expresarse como el sencillo relato de unos hechos: “María, su madre [de Jesús], estaba comprometida para casarse con José, pero… se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo”.

            En el bautismo de Jesús, los cuatro evangelistas subrayan la importancia del aquel acontecimiento mencionando la presencia del Espíritu bajo la imagen de una paloma, así como en las palabras del Padre declarando que Jesús es su Hijo amado, “a quien ha elegido” (Mateo 3:3-17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21-22, y Juan 1:29-34)

Un último momento en la vida de Jesús es su propia muerte. Para Juan (19:30), cuando murió Jesús, no “expiró” sin más o “murió” (Mateo 27:50; Marcos 15:37; Lucas 25:46), sino que “entregó el espíritu”, algo que no podría hacer “hasta haber sido glorificado” (Juan 7:37-39). Y es eso lo que leemos hoy en Juan 20:22.

            Las lecturas de hoy nos ofrecen, además, algunos detalles respecto a la riqueza y plenitud del Espíritu. Su acción puede ser tan sorprendente y espectacular como la que se describe en la primera lectura: fuego, viento… O tan sosegada y pacífica como el sople del aliento de Jesús en el evangelio de Juan. Puede suscitar acciones orientadas al bien de la comunidad, tales como la sanación o la profecía, o tan llamativas como hablar lenguas o alguno de los demás carismas o dones mencionados por Pablo. En cualquier caso, todas tienen como objeto edificar el Cuerpo de Cristo. 

 

[h2] Meditatio:

            El libro de los Hechos es, en cierto sentido, el Evangelio o la historia del Espíritu en su construcción de la Iglesia, paso a paso y comunidad tras comunidad. Siempre hay algo inesperado, fresco y nuevo, que conduce al crecimiento y anima a los Apóstoles y al resto de los creyentes para encontrar salida a cada conflicto o prueba. La vieja definición del Espíritu, “Señor y dador de vida”, explica la fuerza vivificante que hizo que la Iglesia desarrollara su fidelidad al mensaje de Jesús y a la enseñanza de los Apóstoles. ¿Compartimos  nosotros esa apertura a caminos nuevos para expresar nuestra fe? ¿Nos atrevemos a enfrentarnos con la pesada carga de la rutina, o preferimos apoyarnos en un a observancia puntillosa de normas y regulaciones a veces obsoletas  y que en ocasiones estrangulan y ahogan  al Espíritu en nuestro interior? O, por el contrario, ¿aceptamos con excesiva facilidad y sin analizarla cualquier tendencia nueva como si fuera un carisma cristiano?

 

[h3] Oratio:

            Reza por la Iglesia: Pentecostés, como suele decirse, es su “cumpleaños”. Pídele a Cristo que derrame sobre nosotros los dones de su Espíritu, para que colaboremos en el proceso de renovación y crecimiento en que están comprometidas tantas comunidades.

            Reza por los cristianos “nuevos” que se bautizaron en la Vigilia Pascual: para que su vitalidad se convierta en la nueva savia que reavive a la Iglesia en su fidelidad al Evangelio.

            No te olvides de quienes se sienten abandonados, les falta “espíritu” y han perdido la esperanza en el futuro o la confianza en las instituciones eclesiales: para que sientan la fuerza del Espíritu y se renueven con el gozo de crecer en la fe.

 

[h4] Contemplatio:

            Busca en tu misal o en algún libro de rezos los antiguos himnos “Veni, Sancte Spiritus”, o “Veni Creator”. Fíjate en los dones y acciones que realiza en los cristianos y trata de descubrirlos en ti mismo, aunque no sean más que la sombra de lo que experimentó la primera comunidad. Da gracias por haber sido llamado a compartir aquella misma fuerza que sigue construyendo la Iglesia de Cristo.

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón, Sacerdote católico, Arquidiócesis de Madrid, España

Lectio Divina 2014-06-15: La Trinidad "Tanto amó Dios al mundo..."

 
DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 3, 16-18
 
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
 
 

[or] Otras lecturas: Éxodo 34:4-6, 8-9; Daniel 3:52-55; 2 Corintios 13:11-13

 

[h1] Lectio:

                        Este domingo constituye una auténtica prueba para cualquiera que trate de dar algunas pistas para la oración. Hablar del Dios Uno que despliega su esencia en tres personas distintas debió ser un verdadero rompecabezas para los judíos, cuya fe en Yahveh, el Dios exclusivo de Israel, difícilmente podría aceptar las complejidades de la manera cristiana de entender a su propio Dios. E incluso para nosotros, veinte siglos después del nacimiento de la Iglesia, la Santísima Trinidad sigue siendo uno de los temas más complicados de nuestra teología, a pesar de sus raíces históricas y su fundamental y sorprendente simplicidad.

            En cualquier caso, las lecturas de hoy, tomadas en su conjunto, transmiten un mensaje básico en el que podemos descubrir el núcleo de uno de los elementos más peculiares de nuestra fe cristiana y en el que podemos encontrar inspiración para nuestra Lectio. Cada una de ellas nos ofrece una faceta del misterio que hoy celebramos. El primer texto recuerda un doble rasgo que Dios mostró a los israelitas: “compasión y fidelidad”, reflejo de su naturaleza y de la alianza que estableció con su pueblo. La fidelidad es el fundamento de aquella relación: la hallaremos expresada en la solemne profesión de fe de Deuteronomio 6:4. “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor”. No es un dios “dividido”, voluble como las deidades griegas. Desde este punto de partida de unicidad y compasión podemos entender la afirmación de Jesús en el evangelio de hoy (Juan 3:16): “Dios tanto amó al mundo que dio a su Hijo único…” Sus designios para la humanidad son esencialmente designios de compasión y misericordia, y la clave para entenderlos no es la “reciprocidad”, sino la generosidad, así como su firmeza y su fidelidad en esos designios de misericordia y benevolencia.

            Pero es también el Dios de la comunicación: en el evangelio de Juan, en el largo momento de confidencias con sus discípulos antes de enfrentarse a la muerte, Jesús habla insistentemente de su relación con el Padre y el Espíritu. Y al mismo tiempo, de las relaciones con los discípulos. Bastan unos pocos ejemplos: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (14:9); “Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí” (14:11). Más importante aún: esa unión implica también a los discípulos: “Yo estoy en mi Padre, y ustedes están en mí, y yo en ustedes” (14:20). Por eso reza al Padre por la unidad de todos los que creen en él: “Que todos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros” (17:20-21). Pero esa unión de Jesús con el Padre incluye también al “Abogado”, el “Paráclito”, el Espíritu Santo. Él es el “Espíritu de la Verdad”, y el Padre lo enviará para que permanezca con los discípulos y les recuerde todas las cosas que Jesús les ha enseñado (14:15-17, 26). La comunión de las tres personas se expresa también como un tesoro común que ellos comparten y comunican a los discípulos (16:12-15) 

            Un último detalle respecto a nuestra liturgia: el texto de 2 Corintios nos suena familiar, ya que es el más común de nuestros saludos litúrgicos, y no sólo incluye a las tres personas de la Santísima Trinidad, sino también tres de los rasgos con que podemos describir a Dios en una sencilla definición teológica: gracia, amor y comunión son dimensiones de la realidad divina, pero también ámbitos en los que experimentamos la presencia y la acción de Dios en nuestras vidas. Por gracia fuimos redimidos, al amor estamos llamados, y en la comunión mutua vivimos la salvación que hemos recibido.

 

[h2] Meditatio:

            Las tres palabras que acabo de utilizar en nuestra Lectio pueden ser el punto de partida perfecto para nuestra Meditatio. ¿Hasta qué punto creemos de verdad que no es por nuestros méritos, sino por la generosa gracia de Dios, por lo que hemos sido llamados a la salvación, hemos recibido el don de la fe y hemos sido invitados a entrar en el Reino de Dios anunciado por Jesús? ¿Es el mandamiento “nuevo” de Jesús (“Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amos a ustedes…”, Juan 13:34)la piedra de toque para valorar nuestra fidelidad a su llamada, o seguimos apoyándonos fundamentalmente en las reglas y preceptos humanos?  ¿Vivimos nuestra fe en comunión y comunidad, o seguimos empeñados en “ganarnos la salvación” por nosotros mismos, como si todo en nuestra vida cristiana fuera un asunto a ventilar a solas entre Dios y nosotros? Si nos atrevemos a plantearnos estas tres preguntas, nos estaremos enfrentando a un auténtico examen de nuestra fe trinitaria.

 

[h3] Oratio:

            Reza por quienes viven su fe cristiana en aislamiento, tal vez porque no han hallado una comunidad en la que poder desarrollar su compromiso  con Cristo compartiendo con otros su propia vocación: para que descubran las riquezas de seguir a Jesús con otros hermanos en la fe.

            Pidamos por nosotros mismos: para que nuestra fe en la Santísima Trinidad suscite en nosotros el dese de trabajar por la vida de comunidad en el grupo cristiano o en la Iglesia a la que pertenecemos.

 

[h4] Contemplatio:

            El breve fragmento de 2 Corintios 13:11-13 es la conclusión del largo mensaje contenido en las dos cartas de Pablo a aquella iglesia. En ellas, el apóstol abordaba prácticamente todas las dimensiones de la vida cristiana. Vuelve a leer estos tres versículos y contrástalos con la realidad de tu propia comunidad cristiana. Repite como si fue un estribillo esas tres palabras de despedida: gracia, amor y comunidad. Como sugería en la Meditatio, te ayudarán a evaluar tu fidelidad a los planes de Dios.

 

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

 Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España

 

Lectio Divina 2014-06-22: "Yo soy el pan"

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 51-58
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
 
-- Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. 
 
Disputaban los judíos entre sí:
 
-- ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
 
Entonces Jesús les dijo:
 
-- Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. 
 
Palabra del Señor
 
 
 
[or] Otras lecturas: Deuteronomio 8:2-3, 14-16; Salmo 147:12-13, 14-15, 19-20; 1 Corintios 10:16-17
 
[h1] Lectio:
Juan siempre nos desconcierta. Sea cual sea el asunto que aborde, tengamos por cierto que vamos a encontrar una perspectiva distinta, un ángulo inesperado desde el que enfocar cualquier tema teológico. Hoy es uno de esos momentos en que descubrimos que se nos ha escapado algo sumamente importante en un tema del que dábamos por supuesto que entendíamos y dominábamos por completo. “Y la Palabra se hizo carne.” “Et Verbum caro factum est”. Creíamos que ya habíamos captado el profundo y misterioso sentido de la “Encarnación”. Dios había aceptado, asumido, nuestra naturaleza humana, era uno de nosotros. Y así, al celebrar la Eucaristía según la tradición sinóptica, el “cuerpo” de Cristo que recibíamos era en realidad un signo simbólico de la vida de Jesús entregada por nosotros. Y, en cierta medida, dejábamos al margen la “caro”, la “carne”.
Muy razonable, fácil de aceptar en un espíritu de fe. En ese contexto y con esas coordinadas mentales litúrgicas, podíamos leer Juan 6:22-50 y entender la multiplicación del pan como un signo del don de Dios, su propio Hijo, en paralelo con el maná que los hebreos comieron en el desierto. La única objeción que podían poner los “expertos”, los judíos de la sinagoga de Cafarnaúm, era aquella idea de que Jesús había “bajado del cielo”, ya que en realidad era hijo de José.
Pero el diálogo da un giro inesperado: ahora, según las palabras de Jesús, no estamos hablando simbólicamente, sino de algo muy físico: “comer mi carne”, “beber mi sangre” no son metáforas, ni es metafórico el verbo “masticar”, “mascar” (ese es significado tosco del verbo griego que usa Juan). “La Palabra”, la revelación de Dios, el nuevo maná, es algo más material y realista de lo que nadie se esperaba: se hizo “carne”. El mensaje de Juan es sencillo y escandaloso: No reduzcan la vida y la muerte de Jesús a una mera teoría, una doctrina similar a cualquiera de los ritos y ceremonias del Templo o, más tarde, de las cenas eucarísticas que celebran en sus casas. De aquí, su peculiar relato. Nada de eucaristía en la Última Cena: en su lugar, lavatorio de los pies. Nada de culto en Guerizim o en Jerusalén, sino “en espíritu y en verdad”. Nada de visiones gloriosas del Cristo Resucitado, sino los agujeros de los clavos en las manos y la herida del costado para meter los dedos en ellas. En cambio, un extraño que camina por la playa y con ellos comparte, una vez más, el pan y el pescado. La paradoja se hace insoportable. 
“Es duro este lenguaje. ¿Quién puede aceptarlo?” (6:60). Y de nuevo, un cambio en el contenido: “¿Esto les ofende?... El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida” (6:61-63). Ahora podemos entender por qué “muchos de sus discípulos le dejaron y ya no andaban con él” (6:66). De repente han entendido las palabras que en otro momento les había dicho Jesús: ”Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá…” (Marcos 8:34-38 y paralelos). Y, también de repente, el descubrimiento por parte de Simón Pedro del verdadero sentido de la vida para quienes creen en Jesús: ”Señor, ¿a quién podemos ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (6:68-69).  
Después de volver a leer las anteriores líneas, comprendo tus propios sentimientos de desconcierto. Sé que este no es el enfoque habitual, pietista, del misterio de la eucaristía, pero todos necesitamos de una buna dosis de teología bíblica realista para compensar (admitámoslo humildemente, en particular los católicos) el enfoque excesivamente azucarado, pseudo-místico, que con frecuencia adoptamos frente a la eucaristía, el sacramento del Cuerpo y Sangre “literales” de Cristo. 
 
[h2] Meditatio:
Demasiado pronto, tal vez, la Eucaristía sufrió las transformaciones que los humanos imponemos a los signos y prácticas nuevos: se convierten en ritos deformados por la rutina y la asimilación de viejos hábitos. La reunión fraterna en memoria de la Última Cena de Jesús sufrió los mismos fallos que cualquier otra cena secular: discriminación, pérdida de discernimiento del hondo significado que tenía compartir el Cuerpo y Sangre del Señor. Tanto Pablo (1 Corintios 11:17-34) como Santiago (2:1-4) señalan las faltas de algunas de aquellas celebraciones primeras. Las Palabras de Pablo en la lectura de hoy subrayan la dimensión que deberíamos tener muy presente al celebrar la Eucaristía. ¿Somos conscientes de la “encarnación” que tiene lugar cada vez que comemos el pan y bebemos de la copa? ¿Que esas realidades son a un tiempo espirituales y físicas, y que las estamos transformando en una partes de nuestra propia realidad? ¿Que, misteriosamente, también nosotros nos estamos transformando en el Cuerpo de Cristo?
 
[h3] Oratio:
Reza por quienes padecen hambre espiritual o material: para que Jesús, el Pan de Vida, satisfaga sus necesidades espirituales y suscite en los cristianos el deseo y el empeño de ayudar a cuantos sufren cualquier necesidad o carencia en sus vidas.
Reza por la comunidad cristiana en la que vives tu fe: que sus celebraciones eucarísticas sean un auténtico signo de caridad y comunión en la vida y en la muerte de Jesús, y se conviertan en el Cuerpo de Cristo en medio del mundo.
Reza por quienes están cerca de la muerte: para que su comunión en el Cuerpo y Sangre de Cristo, Pan de Vida,  les conceda consuelo y esperanza.
 
[h4] Contemplatio:
Compensemos, de manera distinta esta vez, nuestra manera de entender la presencia de Jesús en la Eucaristía. Los católicos reservamos el Santísimo Sacramento para llevárselo a los enfermos como viático, pero también para venerarlo en nuestras iglesias. Esta semana, busca un momento en tu rutina diaria, y hazle una “visita” en oración silenciosa y humilde. Es el hombre que sufre en nuestras calles, claro está, pero también es el Redentor que espera la visita  confiada de quienes creen que él es “el Pan de Vida”. 
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,
Sacerdote católico,
Arquidiócesis de Madrid, España
 

Lectio Divina 2014-08-10: Dadles "vosotros" de comer

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 14, 13- 21
 
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde se acercaron los discípulos a decirle:
 
-- Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.
 
Jesús les replicó:
 
-- No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.
 
 
 
Ellos le replicaron:
 
-- Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.
 
Les dijo:
 
-- Traédmelos.
 
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, son contar mujeres y niños.
 
Palabra del Señor
 
 
 
[or] Otras lecturas: 1 Reyes 19:9, 11-13; Salmo 85:9, 10, 11-12, 13-14; Romanos 9:1-5
 
[h1] Lectio:
Después de alimentar a la multitud, Jesús los despide, manda a los discípulos que se embarque y se dirijan a la otra orilla… y él reanuda lo que intentaba hacer al comienzo del capítulo 14: retirarse al monte para orar al Padre a solas. Hasta este momento, el relato es fluido, sin incidentes… hasta que se desencadena la tormenta y la barca tiene que hacer frente a las olas que la zarandean. No es la primera vez que los discípulos se ven atrapados en una situación semejante. De hecho, en los Evangelios hallamos varios acontecimientos parecidos: Mateo 8:23-27; 14-22-33; Marcos 4:35-41; 6:45-52; Lucas 8:22-5; y Juan 6:16-21.
Si tienes paciencia y algo de tiempo libre, puedes comparar y ver las coincidencias y divergencias entre esos textos. En ellos puedes hallar ciertos elementos combinados de manera distinta: a veces, Jesús s e queda rezando y los discípulos están solos en la barca; o está con ellos, pero profundamente dormido; puede caminar sobre las aguas, y entonces los discípulos creen que es un fantasma; cuando se sienten en peligro, se quejan por su falta de interés o le ruegan que los salve; Jesús se identifica, “Soy yo”, y les dice que no teman; les reprocha que carecen de fe o que es muy pequeña; puede calmar la tormenta y entonces sienten asombro o le adoran; en una ocasión, Pedro le proclama “Hijo de Dios”… Como habrás visto, es notable el número de elementos y la manera de combinarlos.  
Sin poner en duda la historicidad de los acontecimientos narrados por el evangelista, es obvio que estas apariciones tienen un fuerte contenido simbólico. Desde muy pronto, se interpretó la barca con los discípulos a bordo como una imagen de la Iglesia, sometida a las tormentas de la persecución, cuando ser cristiano era un asunto arriesgado y podía implicar verse arrestado, juzgado y torturado, o incluso ejecutado. Teniendo en cuenta, no sólo el texto de Mateo que hoy leemos, sino también todos los elementos comunes antes mencionados, podemos sacar unas pocas consecuencias, sencillas pero sumamente importantes. Por muy dramática que sea la situación, independientemente de las circunstancias, hay algo firme y claro: Jesús es el Señor que da órdenes y domina incluso a la naturaleza; dormido en la barca o ca minando sobre las aguas, está  misteriosamente cerca de su pequeña comunidad. Se preocupa, claro está, de su ansiedad y sus zozobras, y por eso se identifica con las palabras que utilizaría el mismísimo Dios, “Yo soy”, les dice que cobren ánimo y disipa sus temores. Y, al cabo, los salva.  
En este contexto, Pedro desempeña un papel muy peculiar. Sólo Mateo cuenta el episodio de su petición de acercarse a Jesús caminando sobre las aguas y su hundimiento tan pronto percibe la fuerza del viento que hace que se tambalee su fe confiada. Tal vez su fallo es más radical de lo que parece. “Si eres tú”, nos recuerda la propuesta de Satanás en las tentaciones (Mateo 4:3 y 6), la pregunta malévola del sumo sacerdote (23:63), o las burlas de la gente (27:40), y tal vez refleja la contradicción interna, la poca fe, de Simón. Da la impresión de que el evangelista quiere contrastar todo el tiempo el papel relevante de Pedro con la propia debilidad que él comparte con cualquier otro creyente.  
 
 [h2] Meditatio:
Aunque en la liturgia de hoy sólo leemos Mateo 14:22-33, los otros textos paralelos que mencioné pueden resultarnos sumamente útiles y plantearnos un buen número de preguntas que sacudan muchas de nuestras actitudes religiosas que damos por sentado que son fieles a la doctrina del evangelio. Aunque la imagen de la barca nos es más que eso, una imagen de la Iglesia, todavía puede servirnos para describir la situación de nuestra Iglesia actual, e incluso de nosotros mismos. ¿En qué medida el pesimismo, los temores, la falta de confianza en el futuro pueden ser los rasgos que mejor describan nuestra actitud respecto a la Iglesia (y a nosotros mismos) en estos tiempos de aguas turbulentas? ¿Hasta dónde seremos capaces de navegar confiando en Jesús más que en nuestras fuerzas y recursos materiales y espirituales? Pedro no tenía necesidad alguna de dejar a sus condiscípulos en la barca para desempeñar un papel llamativo. ¿Co qué frecuencia preferimos separarnos de nuestra comunidad en vez de compartir con ella la misma suerte?
 
[h3] Oratio:
Reza por quienes pensamos que podemos seguir a Jesús “caminando sobre las aguas”, pero somos incapaces de poner en él toda nuestra confianza y nos “hundimos” en la empresa: para que el ejemplo de Pedro nos proporcione una dosis de humildad en nuestra respuesta a la llamada de Dios.
Reza por quienes sienten miedo ante las duras circunstancias que rodean sus vidas y necesitan signos para creer: que la presencia misteriosa de Jesús se les haga manifiesta y disipe sus dudas y temores.
Reza por los no creyentes, que necesitan respuestas a su angustia y su dolor: para que nuestro espíritu cristiano de solidaridad y cercanía pueda ser un signo que les abra los ojos y les descubra al Cristo Salvador.
 
[h4] Contemplatio:
“No, él nunca duerme; nunca duerme el que cuida de Israel…” Parece como si Mateo tuviera presente este verso del Salmo 121 cunado describió la travesía del lago, la tormenta sobrecogedora que llenó de terror a los discípulos, y el mandato de Jesús para calmar las aguas. Recita este pasaje y busca un verso (tal vez el que he citado) que te sirva como jaculatoria durante la semana y acreciente tus sentimientos de confianza en Jesús, que nunca abandona a quienes confían en él.
 
Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón, Sacerdote católico, Arquidiócesis de Madrid, España
 

Lectio Divina 2014-08-17: ¡Mujer, qué grande es tu fe!

Del Evangelio según san Mateo 15:21-28

 

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: -- Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: -- Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les contestó: -- Sólo me han enviadlo a las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: -- Señor, socórreme. Él le contestó: -- No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso: --Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: -- Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.
 
Palabra del Señor.
 

 

Otras lecturas: Isaías 56:1, 6-7; Salmo 67:2-3, 5, 6, 8; Romanos 11:13-15, 29-32

 

[h1] Lectio:

            Nos enfrentamos hoy a un domingo muy denso. El evangelio, por sí solo, es una caja de resonancia donde podemos detectar varias líneas de pensamiento, actitudes y temas teológicos, junto con alusiones y referencias, todo lo cual nos llevará a la habitual paradoja de un mensaje sencillo y complejo. Vamos a ver, paso a paso, los elementos que han de llevarnos a una comprensión mejor de la salvación de Jesús. Primero, el contexto bíblico: el capítulo 15 de Mateo comienza con una discusión en torno a la verdadera fidelidad a las tradiciones, un tema espinoso y permanente en el que los fariseos y los letrados siempre chocaron con la actitud de Jesús respecto a la Ley. Esta discusión, a su vez, lleva a otra controversia, la de la pureza o impureza legal. Segundo, el contexto litúrgico: las lecturas de Isaías y Pablo tienen un tema común (otra dualidad, por cierto): la diferencia entre pertenecer a Israel, el pueblo escogido de Dios, y ser un gentil. Por último, también deberíamos tener en cuenta el domingo pasado y la situación de inquietud de los discípulos en la barca agitada por las olas, Pedro caminando sobre las aguas, y el papel desempeñado por la fe.

            También es importante la ubicación geográfica. Jesús está en la región pagana de Tiro y Sidón, la tierra de los cananeos. Su diálogo con la mujer del evangelio de hoy es, pues, distinto del que manutuvo con otra mujer, la  samaritana, que creía en el verdadero Dios de Israel. Este punto de partida es vital, ya que estamos ante una gentil, una infiel. Se encuentra en una situación desesperada por causa de su hija, atormentada por un demonio. Tan desesperada, que “grita” (de miedo, de dolor, ese es el matiz del verbo griego) lo mismo que hicieran los discípulos, aterrorizados por la tormenta y por la aparición de Jesús al que toman por un fantasma (Mateo 14:26). Otro elemento común es la actitud de los discípulos: al igual que en Mateo 14:15, la solución más fácil que encuentran para resolver un problema es quitárselo de encima. Así, su propuesta es “Dile que se vaya…” Y eso da lugar a algo completamente inesperado: lo mismo que Abraham había intercedido ante Dios a favor de Sodoma y las ciudades pecadoras, la cananea “negocia” con Jesús a favor de su hija. Le llama “Señor, Hijo de David”, como si supiera el profundo contenido de esos títulos y la diferencia que implicaban a la hora de tratar con una cananea, miembro del pueblo más odiado de Israel. En este caso, tenemos que recordar las palabras de Jesús, “Había muchas viudas en Israel…” (Lucas 4:23-27); y, sin duda, también en aquella época debía de haber muchas mujeres con hijos atormentados por demonios. En cualquier caso, está buscando ayuda desesperadamente: al igual que Pedro, también ella grita “Señor, ayúdame”. Y en su ruego ni siquiera usa un condicional, “Si eres el Señor, el Hijo de Dios…” Y este eslabón es el último paralelo de nuestra historia: en contraste con Pedro, hombre “de poca fe”, tiene tanta confianza que Jesús la alaba por su “gran fe”.

            Esto nos lleva otra vez al contexto litúrgico de este domingo. Junto con su fe en Yahvé, el único Dios verdadero, Israel tenía otro pilar que sostenía toda su estructura religiosa: ellos eran el pueblo elegido, quienes, a pesar de su pequeñez, han sido llamados a recibir la Ley y ser un signo de salvación para el resto de las naciones. Con el tiempo, esa postura radical se suavizaría, llegando a admitir la posibilidad de que los demás pueblos tuvieran acceso a la salvación (como muestra, el texto de Isaías que hoy leemos).En ese sentido, la historia de la mujer cananea es un ejemplo de algo que dividiría a la primera comunidad cristiana: la posibilidad de aceptar miembros del mundo gentil, descubriendo que el mensaje salvífico de Jesús se ofrecía también a toda la humanidad. Recordemos todos los problemas que tuvo Pablo en su misión a los gentiles.

 

[h2] Meditatio:

            Deberíamos tener presente un último detalle antes de nuestra Meditatio: Israel era consciente de ser el pueblo escogido, y debemos admitir que este mismo sentimiento lo compartió la comunidad cristiana, factor que provocaría más tarde parecidas actitudes de discriminación hacia los no-cristianos. Trata de leer entre líneas el texto de Romanos de hoy. Como de costumbre, algunas preguntas. ¿Quiénes son hoy nuestros “cananeos”, “samaritanos”…? ¿Qué tipo de discriminación consideramos tolerable en la confesión a la que pertenecemos? Desde una perspectiva católico-romana, ¿en qué medida hemos aceptado las orientaciones del Decreto de Ecumenismo? ¿Qué sentimientos mantenemos respecto a “herejes y cismáticos”