Experiencial-vivencial

"Zerolo, la mirada de un amigo"

A continuación se recoge una carta escrita por Xabier Pikaza a Pedro Zerolo y publicada en el blog de Xabier en Periodista Digital.
 
Querido Pedro:
 
Nos hemos visto un día y me sorprendiste. No te conocía, sólo había oído algunos rumores sobre tu manera poco “ortodoxa” de hacer política, al servicio de grupos y personas que ordinariamente habían sido marginadas. Pero la suerte quiso que nos encontráramos aquella vez, hace un año, en torno a una mesa, en el Ateneo de Madrid disertando sobre temas de inserción y política social.
 
Yo hablé de lo que suelo, es decir, de la Biblia y del Dios de Jesús, que acoge y escucha, abriendo un extenso abanico de vida donde todos caben y donde deben ser privilegiados aquellos que parecen estar expulsados o que malviven en las franjas de la marginación por impotencia o pobreza, por “raza” o condición social, sanitaria o sexual. Hice un discurso que me pareció convencional, hasta que de pronto me fijé en tus ojos y vi que te interesaba, que estabas siguiéndome con pasión de compañero, con ojos de amigo; y así pude decir mucho mejor lo que pensaba y pienso..
 
 
Luego hablaste tú (¡o no sé si antes, que ya me confundo!) y lo hiciste muy bien, y sentí que merecía la pena dedicarse a la política (¡ese “oficio” que hoy parece casi infame). Nos contaste las cosas que debían hacerse a favor de la igualdad, de la dignidad de los proscritos, de la verdad y la transparencia en un mundo confuso como es el de Madrid y España.
 
Me reconcilié un poco con lo que puede ser la política. Contigo no tuve que reconciliarme, porque te sentí en el mismo barco, a favor de la vida, desde el principio, desde el momento en que me diste la mano y un abrazo que sigo sintiendo en mis hombros y en mis brazos. Gracias, Pedro, por lo que nos dijiste aquel día, por lo que piensas hacer, si el “dios” de la vida te sigue concediendo salud.
 
No pudimos terminar aquella conversación de mesa de Ateneo porque yo tenía que salir muy pronto, pues mi tren se iba… Me saludaste al marchar con la mano del corazón, como diciendo: ¡Xabier, seguimos hablando! Pues sí, Pedro, me gustaría seguir hablando contigo, para decirte que te deseo mucha salud, ahora que he visto por la prensa que estás enfermo.
 
Quería añadir que te necesitamos, por lo que eres y por lo que quieres. He visto que algunos “compañeros” míos que se dicen cristianos te han criticado de una forma infame. Pero muchos otros, la gran mayoría, te queremos, y así te lo digo ahora: me gustaría volver a verte y ser tu amigo. Y me gustaría, sobre todo, que te cures y que sigas mucho tiempo haciendo lo que haces, y aún mejor.
 
Nada más, Pedro ¡cúrate! Desde aquí te mando mi buen deseo, eso que algunos llaman healing power y que yo prefiero llamar oración. No te enfades si le digo a “mi Dios”, que es el Dios de la vida, que te conceda fuerza para seguir, para querer, para hacer que este mundo pueda ser más habitable, como lo es, con personas como tú.
 
Un abrazo, Pedro. Soy yo, Xabier Pikaza (Fuente: Periodista Digital)

Estamos mal programados

 

Esta es una reflexión y comentario de José Antonio Pagola con motivo de la festividad de Todos los Santos el 1 de noviembre de 2012. Nos invita a reflexionar sobre cómo alcanzar la felicidad interior a la luz de caer en la cuenta de cómo nuestra sociedad nos programa, nos da instrucciones de cómo ser y cómo encontrar la satisfacción, que nos llevan a la infelicidad y la frustración.
 
 
MAL PROGRAMADOS
 
Todos experimentamos que la vida está sembrada de problemas y conflictos que en cualquier momento nos pueden hacer sufrir. Pero, a pesar de todo, podemos decir que la «felicidad interior» es uno de los mejores indicadores para saber si una persona está acertando en el difícil arte de vivir. Se podría incluso afirmar que la verdadera felicidad no es sino la vida misma cuando está siendo vivida con acierto y plenitud.
 
Nuestro problema consiste en que la sociedad actual nos programa para buscar la felicidad por caminos equivocados que casi inevitablemente nos conducirán a vivir de manera desdichada.
 
Una de las instrucciones erróneas dice así: «Si no tienes éxito, no vales». Para conseguir la aprobación de los demás e, incluso, la propia estima hay que triunfar.
 
La persona así programada difícilmente será dichosa. Necesitará tener éxito en todas sus pequeñas o grandes empresas. Cuando fracase en algo, sufrirá de manera indebida. Fácilmente crecerá su agresividad contra la sociedad y contra la misma vida.
 
Esa persona quedará, en gran parte, incapacitada para descubrir que ella vale por sí misma, por lo que es, aun antes de que se le añadan éxitos o logros personales.
 
La segunda equivocación es ésta: «Si quieres tener éxito, has de valer más que los demás». Hay que ser siempre más que los otros, sobresalir, dominar.
La persona así programada está llamada a sufrir. Vivirá siempre envidiando a los que han logrado más éxito, los que tienen mejor nivel de vida, los de posición más brillante.
 
En su corazón crecerá fácilmente la insatisfacción, la envidia oculta, el resentimiento. No sabrá disfrutar de lo que es y de lo que tiene. Vivirá siempre mirando de reojo a los demás. Así, difícilmente se puede ser feliz.
 
Otra consigna equivocada: «Si no respondes a las expectativas, no puedes ser feliz». Has de responder a lo que espera de ti la sociedad, ajustarte a los esquemas. Si no entras por donde van todos, puedes perderte.
 
La persona así programada se estropea casi inevitablemente. Termina por no conocerse a sí misma ni vivir su propia vida. Sólo busca lo que buscan todos, aunque no sepa exactamente por qué ni para qué.
 
Las Bienaventuranzas nos invitan a preguntarnos si tenemos la vida bien planteada o no, y nos urgen a eliminar programaciones equivocadas. ¿Qué sucedería en mi vida si yo acertara a vivir con un corazón más sencillo, sin tanto afán de posesión, con más limpieza interior, más atento a los que sufren, con una confianza grande en un Dios que me ama de manera incondicional? Por ahí va el programa de vida que nos trazan las Bienaventuranzas de Jesús.
 
 
LA FELICIDAD NO SE COMPRA
 
Nadie sabemos dar una respuesta demasiado clara cuando se nos pregunta por la felicidad. ¿Qué es de verdad la felicidad? ¿En qué consiste realmente? ¿Cómo alcanzarla? ¿Por qué caminos?
 
Ciertamente no es fácil acertar a ser feliz. No se logra la felicidad de cualquier manera. No basta conseguir lo que uno andaba buscando. No es suficiente satisfacer los deseos. Cuando uno ha conseguido lo que quería, descubre que está de nuevo buscando ser feliz.
 
También es claro que la felicidad no se puede comprar. No se la puede adquirir en ninguna planta de ningún gran almacén, como tampoco la alegría, la amistad o la ternura. Con dinero sólo podemos comprar apariencia de felicidad.
 
Por eso, hay tantas personas tristes en nuestras calles. La felicidad ha sido sustituida por el placer, la comodidad y el bienestar. Pero nadie sabe cómo devolverle al hombre de hoy el gozo, la libertad, la experiencia de plenitud.
 
Nosotros tenemos nuestras «bienaventuranzas». Suenan así: Dichosos los que tienen una buena cuenta corriente, los que se pueden comprar el último modelo, los que siempre triunfan, a costa de lo que sea, los que son aplaudidos, los que disfrutan de la vida sin escrúpulos, los que se desentienden de los problemas...
 
Jesús ha puesto nuestra «felicidad» cabeza abajo. Ha dado un vuelco total a nuestra manera de entender la vida y nos ha descubierto que estamos corriendo «en dirección contraria».
 
Hay otro camino verdadero para ser feliz, que a nosotros nos parece falso e increíble. La verdadera felicidad es algo que uno se la encuentra de paso, como fruto de un seguimiento sencillo y fiel a Jesús.
 
¿En qué creer? ¿En las bienaventuranzas de Jesús o en los reclamos de felicidad de nuestra sociedad? Tenemos que elegir entre estos dos caminos. O bien, tratar de asegurar nuestra pequeña felicidad y sufrir lo menos posible, sin amar, sin tener piedad de nadie, sin compartir... O bien, amar... buscar la justicia, estar cerca del que sufre y aceptar el sufrimiento que sea necesario, creyendo en una felicidad más profunda.
 
Uno se va haciendo creyente cuando va descubriendo prácticamente que el hombre es más feliz cuando ama, incluso sufriendo, que cuando no ama y por lo tanto no sufre por ello.
 
Es una equivocación pensar que el cristiano está llamado a vivir fastidiándose más que los demás, de manera más infeliz que los otros. Ser cristiano, por el contrario, es buscar la verdadera felicidad por el camino señalado por Jesús. Una felicidad que comienza aquí, aunque alcanza su plenitud en el encuentro final con Dios.
 
José Antonio Pagola

Lo que quiero ahora

La Vanguardia, por Ángeles Caso. Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

 
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
 
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
 
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.
 

Sobre orientación sexual y espiritualidad

Este documento contiene la experiencia de encuentro con Dios de una persona a través de la integración y aceptación de su orientación sexual.

 

Is 50,4-9:

"Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañaname espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído: yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba;

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí?. Compadezcamos juntos. Quién tiene algo contra mí?. Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?. Mirad, todos se consumen como ropa, los roe la polilla".

 

Hoy me dirijo a vosotros con una lengua de iniciado, no porque mi palabra sea especialmente iniciada o brillante o bien entrenada, sino porque es mi Señor quien la inspira. Porque es Él quien me enseña a acertar en cómo decir al abatido una palabra de aliento.

Fue mi Señor quien hace dos años me transmitió con este mismo texto una llamada a compartir una experiencia de encuentro con Él desde una perspectiva de la que se habla bastante poco: la de un homosexual. Siendo consciente de lo mucho que a mí en su día me ayudó el escuchar a gente como yo hablar sobre su proceso de salida del armario, ese Señor no se ha cansado de insistir en que esta experiencia no me la podía guardar para mí y que aunque fuera sólo por unos pocos tenía que compartirla. Durante estos dos años y con este mismo texto, el Señor me ha ido repitiendo recurrentemente este mismo mensaje. Me ha abierto el oído y tras bastante resistencia por mi parte ya no he podido resistirme más.

Cuando se tira de la manta, uno se expone a que le miren y señalen, a no ser aceptado o a no poder ser uno mismo. Hoy el Señor me ayuda para que al hacerme vulnerable sea Él también el que me ayude a poder estar expuesto a todo esto en ocasiones con alegría, en otras con un profundo dolor.

La historia que quiero compartir con vosotros comienza en tercero de BUP. Allí conocí al que sería mi mejor amigo aquel año. Aquella amistad superó todas las previsiones de lo que yo hasta entonces entendía por amistad. Se trató de alquien que me transformó y me hizo sentir una alegría y ardor en el corazón que jamás había experimentado anteriormente. También notaba mis altibajos cuando este chico no me prestaba toda la atención que a mí me hubiera gustado. Fue bastantes años más tarde cuando fui poco a poco cayendo en la cuenta de que aquella amistad, nunca fue una amistad. Se trataba de la primera vez en la que yo me enamoraba de alguien. En ese momento yo no estaba preparado para acoger que era homosexual.

En torno a los 25 años es cuando fui cayendo en la cuenta de cómo era y quién era. Fue entonces cuando me decidí decírselo a mis padres y a mi hermano. Fue bastante rápido. Les convoqué. Me acuerdo que mi hermano estaba de cachondeo ante tanto misterio y formalidad. Mis palabras fueron: "Os quería simplemente decir que soy homosexual". Después de un tiempo de silencio mi madre hizo algunas preguntas y la reunión se disolvió. Tras decírselo a mis padres decidí que no se lo iba a decir a nadie más y así fue. He tenido la inmensa suerte de que mis padres lo acogieron bien y siempre me mostraron su apoyo y aceptación.

Durante esos años de mi vida siempre me experimenté como distinto. Alguien que no seguía los procesos de todo el mundo. Que no hablaba de tías ni tenía novia. Durante esta época no tuve la suerte de conocer a alguien homosexual como yo con quien poder compartir. Podía haberlo buscado pero no lo hice, quizá porque no tuve una necesidad suficientemene imperiosa y porque en todo momento sentí la presencia de mi Señor que me hacía no caminar solo. Mi vida se llenó de actividades y personas que valieron mucho la pena (familia, amigos, parroquia, Círculo, trabajo) que me fueron acercando más y más hacia una intimidad cada vez más intensa con el que desde entonces siempre estaría y siempre había estado conmigo: mi Señor.

 

La segundo gran mensaje que deseo transmitir está recogido en este pasaje de Isaías.

 

Is 55, 6-9:

"Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos (oráculo del Señor). Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes".

 

Es la experiencia que uno tiene tras el camino recorrido. De confiar y empezar a no considerar mis criterios, mis planes como lo mejor para mí y los demás. Se trata de empezar a abrirse a otros planes, a otros criterios que no son los míos y descubrir que es así precisamente como mi Señor se me revela. Y a posteriori confirmar la sabiduría y el acierto de esos planes que me desencajan y cuánto más feliz me hacen que los míos propios.

Años más tarde fui a estudiar a EEUU. Al graduarme busqué un trabajo en Oklahoma. Esta decisión no la tomé a la ligera. Realmente este trabajo encajaba perfectamente en lo que yo entonces entendía como el plan de mi Señor para mi vida profesional: formarme en un área interesante para poder regresar a la universidad de Madrid y desarrollar mi tarea profesional en la enseñanza y la investigación. Aquel trabajo nunca salió. Me rescindieron el contrato dos semanas antes de incorporarme, ya hecha la mudanza. Este hecho que en ese momento me dejó por completo descolocado sería un instrumento de encuentro muy profundo con mi Señor.

Es la percepción de que hay alguien que cuida de uno, que tiene un plan de felicidad hecho para uno con un cariño inmenso. Que los pasos de ese plan se van comunicando poco a poco, cada cosa a su tiempo. Es la experiencia de la mano delicada del Señor que hiere y sana simultaneamente. Es la mano que combina pasión y resurrección. Es la experiencia en las palabras de Santa Teresa de Jesús:

 

"Hirióme con una fecha

Enherbolada de amor

Y mi alma quedó hecha

Una con su Criador;

Yo ya no quiero otro amor,

Pues a mi Dios me he entregado.

Y mi Amado es para mí

Y yo soy para mi Amado".

 

Tras tener mi contrato rescindido, encontré otro trabajo en Nueva York. Fue allí donde salí del armario: encontré una parroquia gay, grupos de discusión, convivencias para gente como yo y un entorno donde podía empezar a vivir y expresarme tal y como era sin ninguna presión, ni juicio, sin tener que controlar quién sabe, quién no.

Hoy agradezco profundamente a mi Señor que me trajera a Nueva York a pesar de empeñarme yo en ir a Oklahoma para mayor gloria suya. Hoy voy confíando más en su criterio, porque supera tantísimo el mío, porque es tantísimo más acertado que el mío. Hoy agradezco profundamente a mi Señor que tenga planes para mí. Sé que me descolocan, que no coinciden con los míos, que hubiera querido otras cosas, en otros momentos. Sin embargo reconozco el inmenso amor que mi Señor puso en ellos y cuánto más feliz me han hecho que los míos.

El segundo año de estancia en Nueva York comencé a hacer en esta parroquia gay de los jesuitas los ejercicios en la vida diaria. Fue en parte cuando los estuve haciendo, cuando empecé a caer más y más en la cuenta del plan tan doloroso pero también tan delicado y amoroso que mi Señor trazaba para mí. El motivo por el que me embarqué en la experiencia de los ejercicios se remontaba a unos años antes, cuando mi Señor y yo escribimos un Principio y Fundamento. El año anterior a iniciar los ejercicios en la vida diaria, hice un retiro en silencio y mi tema de trabajo durante los cuatro días fue ese Principio y Fundamento y el "Tomad Señor y Recibid" de La contemplación para alcanzar Amor. El trozo central de este Principio y Fundamento es el siguiente:

 

"El fundamento de mi vida es un compendio de cosas sencillas y pequeñas. Cosas que ocurren en un día como otro cualquiera. Se van sucediendo en el tiempo y otro día cualquiera, piensa uno si la vida vale la pena. Al intentar responder una vez más sobre el fundamento de mi vida, aparecen de nuevo las cosas pequeñas. ¡Qué pequeño es el fundamento de mi vida! y lo cierto es que al juntar muchas cosas sencillas y pequeñas se va formando un gran motivo por el que dar gracias, un inmenso motivo por el que la vida vale la pena. Hay veces que cuando quiero responder grandes cosas, las palabras llenan mi boca; incluso hasta me atraganto a veces. Pero las palabras abandonan mi boca sin llevarse un pedacito de corazón. Por el contrario, las cosas sencillas y pequeñas no atragantan mi boca y es mi corazón quien sale y no mis palabras".

 

Fue la experiencia de comenzar a no ser impresionado tanto por los grandes acontecimientos, las grandes palabras, los grandes experiencias, los grandes compromisos, las faraónicos proyectos. Fue la experiencia de dejar de mirar tanto a la gente de primera línea: los famosos, los graciosos, los guapos, los listos, los fuera de serie, a los que todo el mundo presta atención. Fue la experiencia de mirar los pequeños detalles, los pequeños actos de amor, las pequeñas palabras o la ausencia de ellas, la presencia silenciosa, los saludos, los besos, los apretones de manos, los abrazos a gente conocida o no tan conocida. Fue la experiencia de empezar a mirar a la gente de segunda línea: los no famosos, los que hacen las cosas aunque nadie se entere, los que acompañan en silencio sin llamar mucho la atención, los que están disponibles para las tareas que nadie quiere hacer.

Cuando compartía en las reuniones, me dejaron de interesar los grandes discursos o comentarios intelectuales y me empezó a interesar más el llanto o la alegría o el grito por la paz de aquellos que transcriben de las lecturas de su corazón. No sobre sentimientos perfectos sino sobre los del propio corazón. Sin preocuparse de los pensamientos ajenos pero compartiento sinceramente los propios.

Los ejercicios espirituales en la vida diaria me trajeron ese contacto inicialmente menos intenso pero más permanente que con el tiempo se fue intensificando al hacerme consciente de cómo mi Señor actúa en mi vida.

 

Los momentos más intensos de encuentro con mi Señor quedan recogidos en estas sencillas anotaciones:

* El proceso de encuentro con el Señor es tantísimo NO sobre mí (lo que hago o dejo de hacer) pero tantísimo más sobre ÉL: lo que Él puede lograr en mí, lo que hace, lo que hizo y lo que con tantísimo entusiasmo está deseando hacer por mí.

* Gracias, mi Señor, gracias; gracias; muchas gracias; muchísimas gracias, porque elegiste esta forma de entregarte (muriendo en una cruz) para enseñarme a amar.

* Thank You, my dearest Lord, thank You; thank You very much; thank You so much, for you chose this very way of giving You (death on a cross) to teach me how to love.

* ¿Cómo podré devolver al Señor todo el bien que Él ha hecho en mí?.

* How shall I make a return to the Lord, for all the good He has done in me?.

 

Durante mi época en Nueva York tampoco estuve buscando activamente un novio. No frecuentaba mucho los lugares propiamente "gay" y me limité a conocer gente en el entorno de la parroquia de Nueva York. Encontré gente que me interesó con los que hice amistad y de hecho comencé a enamorarme de uno de ellos. Durante el segundo año de mi estancia en Nueva York no le dije lo que sentía por él porque se estaba planteando una vocación sacerdotal. Hubo un momento en el que dio el paso para entrar en el noviciado. Me lo dijo en un retiro y yo decidí quitarme de en medio y no interferir en su proceso.

Ese fin de semana me sentí bastante solo. Yo he vivido muchos años solo, fuera de España y estoy acostumbrado a esta situación. Sin embargo aquel fin de semana me sentí especialmente solo. Al final del fin de semana empecé a caer en la cuenta de que me sentía así en buena parte porque había decidido quitarme de en medio. Esa decisión era racional pero el corazón todavía se estaba resistiendo. Pensaba que de toda esta situación a mí no me quedaba nada (lo había entregado todo).

El día siguiente, cuando hacía los ejercicios en la vida diaria, leí la oración de la generosidad de S. Ignacio. La había leído antes en varias ocasiones pero no me había llamado especialmente la atención. Aquel lunes mi Señor quiso mostrarme quien es Él a través de la última frase de esta oración:

 

Señor eterno, hijo único de Dios,

enséñame verdadera generosidad.

Enséñame a servirte como mereces.

A dar sin llevar la cuenta del coste,

A luchar sin preocuparme mucho de las heridas,

A trabajar sin buscar descanso,

A sacrificarme sin buscar recompensa,

salvo el conocimiento de haber hecho tu voluntad.

Amen

 

Eternal Lord, only begotten son of God,

Teach me true generosity.

Teach me to serve you as you deserve.

To give without counting the cost,

To fight heedless of wounds,

To labor without seeking rest,

To sacrifice myself without thought of any reward

Save the knowledge that I have done your will.

Amen.

 

La última frase de esta oración marca el camino hacia no buscar recompensa en nuestras acciones salvo el conocimiento de haber hecho la voluntad de nuestro Señor. Quiso mi Señor conmover mi corazón al leer esta última frase. Lo que quedaba para mí era simplemente el conocimiento interno y verdadero de que estaba haciendo la voluntad de mi Señor. Y eso era más que suficiente. Realmente mucho másde lo que necesitaba. Tras ese encuentro ya no volví a sentirme solo y nunca dudé de que aquella decisión de quitarme de en medio hubiera sido incorrecta.

Finalmente, este chico de quien me enamoré no llegó a entrar en el noviciado y al finalizar mi segundo año en Nueva York, empecé a hacer planes parpa regresar a España. Mi intención original era regresar a España sin desvelar mis sentimientos hacia él. Por un lado por no molestar puesto que de poco sirve decir a alquien que uno le quiere y marcharse a las pocas semanas. Por otro lado porque no quería comprometerme hasta el punto de hacer una propuesta que contemplara la posibilidad de quedarme en Nueva York.

Unas semanas antes de regresar, coincidí en una misa con él y nos sentamos juntos (normalmente nunca lo hacíamos). En aquella misa, quiso mi Señor conmover fuertemente mi corazón para que no regresara a España sin decir lo que sentía. Hasta el punto de que al terminar la misa se lo dije en aproximadamente tres minutos porque tenía que irse y no había más tiempo. No se trataba únicamente de decir "te quiero" sino un "me quedo" un año y medio más en Nueva York si él deseaba iniciar una relación. Lo cierto es que él no estaba al corriente de cómo me sentía ni tampoco estaba en situación como para iniciar un relación conmigo. Sin embargo quedó en llamarme para decirme algo.

Me resulta muy difícil poder expresar con palabras el paso del Señor en esta misa o en otros momentos. Momentos en los que uno entiende quién es Dios mismo, porque es Él mismo quien nos expresa con pequeñas cosas quién es Él. Se trata de un entendimiento que en mi caso se realiza mucho más a través de la afectividad que de la razón. Para intentar expresar este encuentro, le pido prestadas unas palabras a San Juan de la Cruz.

 

"Entréme donde no supe,

y quedéme no sabiendo,

toda sciencia trascendiendo.

 

Yo no supe dónde entraba,

pero, cuando allí me vi,

grandes cosas entendí;

no diré lo que sentí

que me quedé no sabiendo,

toda sciencia trascendiendo.

 

El que allí llega de vero,

de sí mismo desfallece;

cuanto sabía primero

mucho bajo le paresce;

y su sciencia tanto cresce,

que se quede no sabiendo,

toda sciencia trascendiendo.

 

Y si lo queréis oír,

consiste esta suma sciencia

en un subido sentir

de la divina Esencia:

es obra de su clemencia

hacer quedar no entendiendo,

toda sciencia trascendiendo".

 

Es la expresión de dejarse conducir hacia terreno desconocido, a salir de uno, a exponerse a la inseguridad, a dejar de controlar todo para empezar a no controlar nada. Y en esa situación, uno descubre que entiende sin saber. Yo no sabía lo que el Señor quería de mí. Sabía lo que quería yo: no decir nada. Pero quiso mi Señor conducirme hacia terreno desconocido y cuando allí me vi, entendí el mensaje. Todas mis razones quedaron en segundo plano.

Cuando uno llega a esta situación "de vero" (en verdad) uno desfallece de sí mismo. Uno ya no se aguanta con tantas razones que buscan el propio interés. Lo importante ya no es lo que uno quiere. Y todas las razones "mucho bajo le parecen". Es la expresión de San Pablo de que "todo lo tengo por pérdida en comparación con el Mesías".

Finalmente, y "si lo queréis oír", consiste esa suma ciencia en un subido sentir de la divina Esencia. Porque siempre que se produce un encuentro con el Señor (al menos en mi caso), no surgen grandes ideas, ni palabras, ni pensamientos, ni razonamientos. Surgen cosas sencillas y pequeñas que provocan un subido sentir de quién es el Señor, de cómo se entrega, de cómo nos ama. Un sentirque conmueve el corazón cuando uno piensa en esas pequeñas cosas. En este caso decir dos palabras: "te quiero". En otros casos, escribir un correo, o hacer una llamada, o contemplar una persona en una situación difícil, o formular una sencilla oración por alguien y enviársela. Todo esto "es obra de su clemencia" porque aunque sea por un momento uno no puede por más que reconocer que se trata de un regalo de Dios y dar gracias por él.

Una persona del grupo de Acogida ha pasado un mes en Calcuta trabajando con las Misioneras de la Caridad. Esta persona también recibió su llamada en una misa. No porque el sacerdote dijera grandes palabras, sino porque quiso el Señor enviar su mensaje en esa misa. Y esta persona fue muy generosa y escuchó.

Tras decir lo que sentía, me apropié del regalo de mi Señor a través de un espíritu triunfalista que vanagloriaba mi gran paso. Pero quiso mi Señor enseñarme a ser humilde cuando ese espíritu triunfalista del domingo fue descendiendo hasta tocar fondo el viernes siguiente cuando la persona a la que me declaré no llamaba ni decía lo más mínimo. El Señor me hizo sentirme pequeño, menudo,minúsculo y hoy se lo agradezco. Fui yo entonces quien escribí y quedamos el sábado por la tarde.

El sábado por la mañana, a pesar de estar como estaba, decidí acompañar a un amigo al funeral de su padre. De sus amigos estaba yo sólo. Antes de llegar a la iglesia, recogimos a su abuela, un amigo de la familia y su madre. No hacían más que discutir. Al contemplarlos se me cayó bastante el alma a los pies. Al llegar a la iglesia me encontré rodeado de extraños y mi amigo tampoco se pudo ocupar mucho de mí (tenía que atender a su familia). Me situé en un rinconcillo pidiendo por quien apenas conocía. Fue entonces cuando la hermana de mi amigo, cargada de humanidad comenzó a hablar sobre su padre. Sus palabras conmovieron mi corazón y los desconocidos comenzaron a ser familiares. Aquella situación al principio sin sentido, empezó a cobrarlo. Cuando regresaba a Manhattan, me encontraba mucho mejor que cuando salía para el funeral.

Al llegar a Manhattan quedé con la persona a la que me había declarado una semana antes y allí me confirmó que no podía ofrecerme lo que yo necesitaba. Lo que más daño me hacía no era la negativa a mi ofrecimiento sino su profundo cambio de planes respecto a su propia vida. Abandonaba la mayoría de lo que había estado trabajando durante el último año.

Llegué a mi casa y allí estaba una buena amiga que pasaba unos pocos días en mi casa. Le conté lo que había pasado y cómo estaba. Sólo Dios sabe cuánto agradecí su presencia. En la madrugada del día siguiente escribíun correo al que no pudo ofrecerme su amor. Ese mensaje lo inspiró mi Señor. Le decía que no podía abandonar todo el proceso de búsqueda del último año. Tras coincidir la pasión propia con la de los ejercicios, aquel correo me curó o al menos comenzó a hacerlo. A partir de ese momento ya sólo evolucioné hacia arriba dando comienzo a la cuarta semana de los ejercicios: la resurrección.

 

Como dice San Juan de la Cruz en su "Llama de amor viva":

 

"¡Oh llama de amor viva,

que tiernamente hieres

de mi alma en el más profundo centro!

Pues ya no eres esquiva,

acaba ya si quieres,

rompe la tela deste dulce encuentro".

 

Recuerdo el comentario de mi director de los ejercicios en la vida diaria: Has contemplado la pasión de Cristo y has experimentado tu propia pasión. Me pidió que hiciera el ejercicio de contemplar cómo mi Señor se afectaba al contemplar mi propia pasión. Cuando hice ese ejercicio, quiso mi Señor conmover mi corazón con esta acción de gracias que pronunciaba mi Señor:

 

"Gracias xxxx, gracias, muchas gracias, muchísimas gracias, porque elegiste esta forma de entregarte, para mostrarme cómo es tu amor".

 

En Semana Santa me tomé una semana de vacaciones para hacer entrevistas de trabajo en España, previendo mi regreso tras el verano. En una empresa me hicieron entrevistas a través de un conocido que trabajaba allí. Finalmente no me quisieron en el departamento para el que me entrevisté. Pude comprobar que esta persona no me ayudó a entrar en este departamento. Él pensó probablemente que yo no encajaba allí. Hoy le agradezco profundamente su decisión . Sin embargo, en aquel momento me encontraba desencajado y enfadado.

Este amigo mío había trabajado en una gran empresa en Londres y decidió dejar su supertrabajo y volver a España porque su padre tenía cáncer y se estaba muriendo. Me dijo en la última entrevista de "trabajo" que a su regreso pudo estar con él durante unos seis meses antes de que muriera. Aquellas palabras conmovieron entonces mi corazón, aunque no le dije nada, quizá porque aquella situación era demasiado "laboral" y porque tampoco nos conocíamos tanto.

Cuando me dijeron que no me ofrecían trabajo, hubo desconcierto y enfado. También vino a mi memoria esta persona con cierto enfado. No obstante pensé que yo en su lugar podría haber hecho lo mismo. Esa misma noche le escribí un correo en el que mi Señor tomó la palabra y convirtió mi enfado en algo muy distinto:

 

"Querido xxxx:

Aunque al final del proceso de selección no hayan surgido oportunidades, yo no puedo por menos que agradecerte tu interés y ayuda. Tú has sido el enlace que me ha dado al menos la oportunidad de conocer vuestro grupo y líneas de trabajo (inicialmente, esas eran mis únicas expectativas).

Antes de aceptar mi trabajo en Nueva York, encontré otro que creía que era mejor para mí en Oklahoma. Resultó que una semana antes de comenzar ese trabajo y con la mudanza ya hecha, rescindieron mi contrato (la compañía donde iba a trabajar en Energy Trading cayó tras Enron). Dos años más tarde, creo firmemente que me hicieron un gran favor y hoy me permito pensar en la posibilidad de que quizá la empresa xxxx me esté también haciendo otro gran favor. Tengo buenos motivos para creer que las cosas vienen como vienen por alguna razón y que la providencia irá explicando el porqué.

En nuestra última entrevista, no me sentí con la confianza necesaria, quizás porque no nos conocemos demasiado, o quizás porque estabas al otro lado del "paredón". Ahora que ya hay resolución en el proceso de selección, simplemente quería comentarte que estoy muy de acuerdo en tus motivos de regreso a España. Despiertan en mí un profundo respeto y admiración. Creo que nunca te entrarán dudas de por qué regresaste. En los últimos años voy educando mi criterio para elegir también con ese tipo de prioridades.

Finalmente (y quizá fue esto lo que con más ganas me quedé de decirte tras la entrevista), siento mucho la muerte de tu padre.

 

Un abrazo,

 

xxxx".

 

Con este correo simplemente quiero expresar de forma sencilla lo que el Señor puede lograr en un corazón enfadado y descolocado cuando se hace presente. Tras escribir este correo, no volví a sentir enfado hacia este conocido. Más aún, comencé a sentir un profundo agradecimiento.

Cuando regresé a Madrid, mi intención inicial era plantear la posibilidad de formar un grupo gay dentro del Círculo. Quedé con Jxxx para ver lo que le parecía esta propuesta y también le propuse el poder contar mi experiencia en un acto. Fijé una entrevista con Jxxx a finales de noviembre. A principios de octubre Vxxx me habló de que se necesitaba una persona que llevara el grupo de acogida. Yo pensé que podía estar llamado a ofrecerme para llevarlo. Sin embargo, inicialmente prefería decicarme a formar un grupo gay. Pensé en hacer la consulta primero y después ofrecerme al grupo de acogida si no se consideraba apropiada en este momento.

Fui a un retiro de inicio de curso con la Plataforma Acoger y Compartir y allí quiso mi Señor nuevamente cambiar mis planes. Mi corazón se conmovía por el hecho de pensar que no podía hacer esperar un mes y medio al grupo de acogida para ver si salía adelante mi propuesta de formar un grupo gay. Fue entonces cuando antes de hablar con Jxxx y de hacer ninguna propuesta, me ofrecí para conducir el grupo de acogida.

Es nuevamente la expresión de cómo el Señor cambia mis planes. De cómo sus planes van por encima de los míos y cuánto más feliz me hacen sus planes que los míos. De cómo ese Señor tiene un plan para mí trazado con un cariño inmenso. Posteriormente encontré un grupo gay dentro de COGAM que ahora empieza a caminar como comunidad cristiana.

Por daros una idea de en qué consiste esta sucesión de cosas sencillas y pequeñas de las que hablaba al principio de esta charla, hace unas semanas leía el salmo del domingo:

 

Sal 130

"Guarda mi alma en paz junto a ti, Oh Señor.

Oh Señor, mi corazón no es orgulloso,

ni mis ojos arrogantes.

No me he ido detrás de cosas demasiado importantes,

ni maravillas por encima de mí.

 

En verdad he dejado mi alma en silencio y paz.

Como un niño privado de la leche materna en los pechos de su madre,

así se encuentra mi alma.

 

Oh Israel, espera en el Señor

ahora y siempre".

 

Este texto cobró su luz en un contexto en el que en el ámbito laboral uno se siente un poco impotente y limitado. Un contexto en el que uno no avanza al ritmo que uno espera. Y el mensaje recibido es una honda acción de gracias porque en esta situación mi corazón no es orgulloso ni mis ojos arrogantes. Porque no tengo ganas de irme detrás de cosas demasiado importantes, ni maravillas por encima de mis posibilidades.

En cuanto a mi relación con la iglesia, lo único que puedo decir es que sé de quién me he fiado y ese es Dios mismo. Mi criterio de actuación viene dado por lo que en conciencia y en verdad percibo y discierno junto a miembros de dentro o fuera de la iglesia como la voluntad de mi Señor. Este es quizás el motivo por el que me he ahorrado abundantes conflictos con la iglesia jerárquica. Siento que desde el amor y el discernimiento en verdad, las condenas de la iglesia hacia el colectivo gay no me han afectado demasiado. Conozco a bastante gente que vive la relación con la iglesia jerárquica de forma muy conflictiva y beligerante. Con grandes sentimientos de culpabilidad y exclusión. Pienso (y aquí me puedo equivocar), que esta situación surge porque esta gente no ha recibido el don inmenso de haber conocido o de haberse encontrado con Dios mismo. Esto se puede atribuir en buena parte porque algunos sectores de la iglesia no han acertado a mostrar ese rostro. Yo he tenido la inmensa suerte de haber dado con una iglesia que me ha desvelado el rostro de Cristo y a ella le estoy muy agradecido.

Para terminar, desearía aclarar que como homosexual no siento que mi condición se deba a una disfunción, fallo o enfermedad que haya que evitar o corregir. Ciertamente, no he sido yo quien ha elegido ser homosexual. Sin embargo, creo que fue mi Señor quien decidió crearme como soy y pienso firmemente que no cometió ninguna equivocación. Creo que eligió hacerme como soy con un propósito, una vocación. Él tenía ya pensada una forma y un proyecto para expresarse al mundo a través de mí, tal y como soy. Creo que el Señor se vale del colectivo gay como de otros muchos colectivos aún más excluidos, pobres y humillados, para darnos a conocer su rostro y expresarnos su amor por el mundo.

 

Testimonio de llamada vocacional para entrar a formar parte de una orden religiosa .

 


Buenas tardes a todos.


Quisiera en primer lugar agradecerle a Alberto y a Crismhom su confianza en mí para participar en este foro. Cuando Alberto me llamó para pedirme que compartiera con vosotros mi historia de revelación divina, acepté, no con el ánimo de ser un acaparador de espacios egocéntrico, sino porque siento que mi historia puede ser de interés para todos aquellos de vosotros que en algún momento habéis sentido dudas acerca de vuestra fe, de la existencia de un Dios milagroso que a nosotros los cristianos se nos ha revelado encarnado en su Hijo Jesucristo, o si bien por el contrario os sentís o habéis sentido en el lado opuesto, si en alguna ocasión habéis sentido una llamada del Padre de entrega absoluta de vuestra vida (vocación), pero no habéis sabido identificarla, o simplemente, esta llamada os ha asustado.


Hoy es un día muy importante para mí, porque por fin mi madre se ha animado a venir a conocer a la Comunidad. Esta comunidad que sin ni siquiera conocer a mi madre, tanto ha pedido por ella en momentos de adversidad y que con tanto cariño la ha acogido. Con vuestro permiso, quiero romper el protocolo y leer una pequeña carta que con ayuda del diario devocionario le he preparado, para agradecerla entre otras cosas su fortaleza y arrojo en momentos bien complicados de su, nuestras vidas, como los vividos en los últimos años.


Querida mamá, pensar en ti siempre me ha dado fuerza. He visto y sentido a través de los años esa fuerza interior que llevas. Ese ímpetu que tienes para superarte y seguir hacia adelante ante las tormentas que la vida siempre inspira.


Yo no tengo mucho que darte, pero a través de estas letras quiero dejar impreso todo ese amor que siento por ti. Quiero que sepas que vivo muy orgulloso de que seas quien eres; el regalo más maravilloso que Dios me dio. No eres mi madre por casualidad, Dios te escogió para mí.


El proverbista decía que "la mujer que teme al Señor, será alabada". Y tú como sierva de Dios siempre me has dado un buen ejemplo. Tu confianza en Dios y en las cosas que Él hace es tan plena y certera, que cuando he pasado por el valle de las sombras, recuerdo toda esa fe y esa fuerza tuya, y trato de seguir adelante.


Tantas veces que sin querer te he fallado... Y sabes bien que no soy persona que le guste prometer para luego no cumplir. Pero una de mis peticiones a Dios es poder honrarte siendo mejor hijo, siendo un mejor ser humano. Trato de luchar con los desafíos que la vida me presenta y aunque no siempre es fácil, si hasta aquí lo he logrado, mucho tienes que ver tú en ello.


Viviré encaminado a cumplir con los sueños que Dios ha trazado y depositado en mi corazón.


Gracias por ser ese soporte en mi vida, esa luz, esa guía. Gracias por tu corrección y por tus consejos. Por permanecer ahí siempre conmigo, apoyarme y consolarme cuando lo he necesitado. Pero sobre todo gracias por esas oraciones que haces al Dios del cielo para que me cuide y siempre me proteja.


Mamá, antes de partir, quería escribirte estas líneas para recibir tus bendiciones. Quiero que sepas que te agradezco mucho el apoyo que me estás dando, es una verdadera lección de vida.


Sé que hemos empezado un camino difícil, que la meta aún está lejos de conseguir, pero ÁNIMO!. Estamos en el inicio de una etapa muy difícil mami, pero juntos la dificultad va a ser menor. Tengo un compromiso de amor y lealtad contigo, y aunque las cosas pintan de diferente manera, te aseguro y te afirmo que estoy contigo en igual medida a la que tú estás conmigo. Pronto verás que esta semillita de lucha que sembraste en mí, dará sus frutos.


Quiero que sepas que ya inicié esto, y si Dios tiene para mí destinado un camino con muchos obstáculos, no me voy a detener y lo voy a conseguir.


Porque si algo he aprendido de ti todos estos años, es a ser un luchador incansable de metas y sueños, e irme a intentar seguir lo más fielmente a Jesús, es ya una meta de vida; así que la batalla es más fácil de ganar si nos unimos con amor y paciencia, pues ambos tenemos un mismo fin; el amor a Dios y a la familia.


Gracias mami por tu respeto; sin tu apoyo y sin tu ejemplo no estaría ahora aquí cumpliendo mis sueños: TU ERES MI EJEMPLO MÁS GRANDE. Tú eres el ejemplo que quiero seguir, y es a ti a quien quiero premiar con mi esfuerzo. Gracias mamá por sacrificarte y dármelo todo; sobre todo el amor y el cariño que nunca de ti me ha faltado.


Mamá, eres mi ley de amor


En relación a la resurrección de Jesús, y ante la incredulidad de Tomás; Juan nos cuenta en su versículo 20, que tras aparecerse Jesús a Tomás, Jesús le dijo "Has creído porque has visto, Dichosos los que crean sin haber visto".


Mi experiencia es muy parecida a la de Tomás. Mi fe no tiene mérito porque yo he visto, y porque he visto, creo. Dichosos sois muchos de vosotros que creéis sin haber visto.


Narración de la historia de:


- Tienda de informática -quiebra. Alto nivel de vida


- Hambre


- Creación de TLS-Bureau: - Por iniciativa de mi hermano ser profesor de francés


- Creación de una página web para ser traductor en Francia. Trabajé duro durante todo el verano en la elaboración de la página. Mi madre por cierto estuvo presente en todo ese proceso.


- Inserción de publicidad gratuita


- Venta de una traducción a una chica francesa de 50 euros, dificultades


Una noche de desesperación absoluta, encontré conectada en Facebook a mi mejor amiga de Francia. Isabelle es una chica fuertemente creyente y espiritual que me aconsejó acudir a Dios.


Unos meses atrás y por mediación de otros amigos, había conocido a un chico (Carlos, miembro de Crismhom). Carlos es un hermano que tiene la predicación grabada en su corazón. Su vida consiste en evangelizar. Era una constante en nuestras conversaciones su insistencia en la existencia de Dios. Yo, no le escuchaba. Mi ateísmo (quizá agnosticismo) era grande. Mis dudas hacia la existencia de Dios eran tan aplastantes que ni siquiera permitía que nadie intentara hacerme creer que el mundo se creó en 7 días, y que existía un Dios de misericordia que era amor, pero que permitía que existieran desgracias en el mundo tan tremendas como la inquisición, las guerras mundiales, la explotación humana, el capitalismo actual, las hambrunas…


Cuando mi amiga me dijo que me dirigiera a Dios, volvió a despertar en mí el enfado ¡Dejadme todos en paz!. Le empecé a enumerar uno a uno todos mis motivos para no creer. Sin embargo el Señor, ávido de ganas por acogerme en su camino como hijo suyo, utilizó a mi amiga como instrumento de dialogo y comunicación directa conmigo. Ya sabeis que el Señor nos utiliza como instrumentos humanos, para comunicarse con sus hijos.


Mi amiga soportó estoicamente mi repulsa hacia un Dios que para mí no existía, y que si existía era injusto. Estaba ya harto de tener que estar escuchando la palabra "Dios" durante tantos meses, primero con Carlos, y ahora ella.


Le empecé a lanzar preguntas como misiles; pero por primera vez empezaron a tener respuesta.


Isabelle, como instrumento del Señor esa noche, respondió todo desde la serenidad. Sus respuestas poco a poco fueron calando en mí. Me parecían muy coherentes; tanto que no admitían objeción.


Ya eran las 7 de la mañana. Me dijo que era el momento y la hora idónea para hacer oración. Yo, no tenía nada que perder por hacerla, así que le dije que me parecía muy bien, que la haría siguiendo sus indicaciones: forma y modo, ambiente, pistas y trucos para alcanzar la concentración necesaria. Entre todas estas pistas y enseñanzas sobre como hacer oración, me dijo que no me olvidara que a Dios podemos pedirle, pero que al mismo tiempo tenemos que ofrecerle algo a cambio. Algo que fuera agradable a sus ojos y su voluntad. Me dijo que todo lo que yo diera, Dios me lo devolvería multiplicado por mil. Pero que fuera humilde en mis peticiones, pues yo venía de la opulencia económica.


Así que comencé a hacer oración siguiendo los pasos que ella me había dado: invocarle, darle luz, ofrecerle mi voluntad de reconocerme hijo suyo, si se hacía presente en mi vida.


Como yo venía de esa desgracia económica; en esa recién estrenada oración, le propuse un trato: Si Él me ayudaba, yo repartiría con sus hijos necesitados parte de los beneficios económicos que yo obtuviera fruto de su milagro.


Durante 3 días me encerré prácticamente en casa: pasé a la vida contemplativa. Ella, mi amiga Isabelle me acompañó en todo momento durante esos 3 días desde Francia. Vimos juntos películas a través de Internet; la más significativa "Conversaciones con Dios" – me ayudó bastante a enfocar mi dialogo con Dios –


El tercer día en la oración de la mañana, en torno a las 7 de la mañana, noté algo diferente. Mi amiga me había dicho que pidiera a los angeles de Dios que me abrazaran. Se lo pedí, y os aseguro que sentí que realmente lo estaban haciendo. Sentí verdaderamente que lo estaban haciendo. Sentí su presencia en mi habitación. Una paz inmensa me hacía sentir que ese día era diferente.


A las 9 de la mañana sonó el teléfono era un ….. tarjeta.


Yo no sabía cómo facturar: hice cálculos


Cliente me dio su tarjeta por teléfono ¿?, fui a la compra, pagué a mis compañeros


Señor por qué me has dado tanto. Me sobra con esto.


Llamada de mi amiga, niño enfermo


Le entregué todo sin miedo


Al día siguiente me llamó de nuevo este cliente. Nuevo encargo en inglés. Llamé a mi padre para contarle. Me habló de las necesidades de mi prima.


Ya Le había encontrado. Mi forma de ver la vida era otra. Ahora Dios estaba conmigo, había dejado de estar solo. Lo sentía a mi lado continuamente; tanto que ese mismo día (el segundo desde que se hiciera el primer milagro), estaba bajando a Madrid por la autovía de Valencia; cuando de repente vi a poquísimos metros delante de mi como se producía una aparatosísima colisión en cadena de varios vehículos. Frené en seco, y solo me vino a la cabeza algo inimaginable en otras épocas que saliera de mi boca: - SEÑOR VEEEN!. Perdí el control de mí mismo dos segundos. Todos los coches que había delante de mi, empezaron a colisionar unos con otros, y todos los que venían detrás mío también. Sin embargo yo quedé en medio de todo sin un solo rasguño. Dios acababa de actuar por segunda vez en mi vida.


Comprendí el mensaje que Dios tenía para mi: Cuido de ti, te doy alimento, te amo; pero ahora tienes que seguir cumpliendo tu palabra y ayudar a mis hijos.


Recordé lo que mi amiga Isabelle me había dicho el primer dia cuando le hablaba de ese Dios injusto que permitía el hambre del mundo, y recordaba "Dadles vosotros de comer". Comprendí que Dios tenía una misión para mi.


Desde entonces mi vida se ha centrado en localizar necesidades y actuar. Nunca me volvió a faltar de nada. Dios al igual que con el pan y los peces; convirtió aquellos 50 euros llegados de Francia, en varios cientos para que "les diera de comer". Y así ha sido hasta ahora.


Comencé a buscar personas que tuvieran necesidades, que sufrieran. El Señor comenzó a poner en mi camino a inmigrantes residentes en todas partes del mundo, que como ocurre en España, allá donde viven sufren explotación, soledad y calamidades. Desde mujeres que sufrían abusos de sus jefes, hasta personas enamoradas que habían cambiado de país por amor, y que no tenían nada que echarse a la boca. Encontrarles, localizar sus necesidades, ganarme su confianza, y generar trabajo para ellos, ha sido el motor de mi existencia desde que Dios entró en mi vida. VIVIR PARA LOS DEMÁS. Además ser capaz de generar los suficientes ingresos para que mi madre, que como antes os he comentado, estrenaba paro, pudiera vivir cómodamente y sin angustia.


Y es aquí, en todo este proceso de vida donde surge mi vocación. La llamada de Dios comienza a amplificarse; empiezo a sentir que Él quiere más de mí. La agencia de traducción ya empezaba a funcionar, y las tareas que me tenía preparadas en su plan conmigo, pues comenzaban a vislumbrarse hacia otro camino, hacia el camino de la vida consagrada. Así que decidí dar el paso, y comenzar mi búsqueda de Dios de manera más seria, y teológica.


Tras dedicar horas al estudio de las diferentes confesiones cristianas; entendí que con la que más simpatizaba era con la Iglesia evangélica.


Yo, católico bautizado, había cosas que no tenia nada claras de la confesión Universal (de la que me había alejado muchos años atrás)


En esa búsqueda de saber como enfocar mi vocación hacia la vida consagrada, apareció Crismhom, y con Crismhom el ultimo tramo de mi discernimiento.


Aquí, en Crismhom, he aprendido a compartir, a sentir y canalizar las afectividades hacia otro lado diferente al meramente físico. Además, en todo este proceso de acompañamiento que la asociación ha hecho sin saberlo; he vivido el privilegio de aprender las enseñanzas de Jesús, a conocer el Evangelio, a aprender a rezar en comunidad. He conocido el amor fraterno y cristiano. He conocido a los sacerdotes que me han acompañado desde meses en mi proceso vocacional.


Y hablando del proceso vocacional, aquí quiero hacer un pequeño paréntesis.


Cuando Alberto me propuso el otro día que os hablara de mi proceso vocacional. La conversación quedó ahí, sin embargo, es importante que todos seamos conscientes, que el proceso vocacional, es a su vez un proceso vivencial. Un proceso que dura o (al menos debería) durar para siempre: toda la vida, ya que cuando uno decide entregarse a Dios, en realidad le esta entregando su vida, para siempre; igual que cuando nos casamos lo hacemos para siempre.


Cuando llamamos a las puertas de la casa de Dios, estamos pidiéndole matrimonio a Dios, y como en cualquier matrimonio, tenemos que abandonar nuestra casa anterior, o nuestra convivencia con nuestros padres, casi con toda seguridad cambiaremos paulatinamente de amigos, quizá nos cambiamos de ciudad si a nuestra pareja la destinan fuera… La vocación a la vida religiosa, es un enamoramiento, firmar la entrada en el noviciado, es igual que firmar un matrimonio; la diferencia es que no nos casamos con alguien terrenal, sino con Dios, fruto del enamoramiento a su hijo, y con la voluntad inequívoca de que ese amor será para siempre.


Cuando nos casamos con Dios, con casamos con todo su pueblo, en lugar de casarnos con una sola persona.


Pero, que es en realidad la vocación.


La Vocación son nuestros sueños, nuestros anhelos, lo que nos inspira, son la expresión de nuestros valores.


La Vocación apunta hacia los sueños, los anhelos del alma en relación con la vida, con nuestra vida como existencia válida y trascendente. Está por tanto radicada en nuestros valores (en este caso, cristianos, los que Jesús nos enseñó).


La vocación, cuando la he desmenuzado con serenidad, y apoyándome en relatos de otros, he llegado a la conclusión de que podemos desmenuzarla en tres factores de vida importantes:


GUSTO, APTITUD Y ENTREGA


GUSTO: En la llamada de Dios, uno siente placer por el mero hecho de hacer la tarea misma de la Iglesia. No importa que seas todavía novicio, estudiante, postulante o ya estés ordenado sacerdote.


APTITUD: La seguridad en uno mismo durante el proceso INICIAL de vocación a la vida consagrada, es una seguridad diferente a la firmeza de una convicción clara. Algo así como una seguridad INTUITIVA


ENTREGA: Poco hay que decir de este punto


Sin embargo ¿Cómo detectamos nuestra vocación? Cuáles son los signos?, o al menos, como los he detectado yo:


- Cuando el servicio a los demás comienza a ser algo muy importante en tu vida.


- Cuando el servicio pastoral que prestas en tu Parroquia, comienza a llenar tu corazón.


- Cuando la figura de algún religioso o religiosa te atrae y comienza a rondarte la idea de que podrías ser como él o como ella.


- Cuando la Eucaristía y la oración comienzan a ser una necesidad y necesitas encontrarte a solas y en intimidad con el Señor.


- Cuando sientes la inquietud de vivir tu vida más conforme al Evangelio, y la necesidad de consagrarte y comunicar esa vivencia a los demás.


De esa necesidad de comunicar la vivencia, la Palabra y el Evangelio surgió llamar a la puerta de la Orden de Predicadores: Los hijos frailes dominicos de Santo Domingo de Guzmán. Todo el mundo debe conocer la vida de Jesús, y aunque no sean creyentes, mi misión será que incluso los ateos, conozcan la figura de Jesús como hombre que dejó un Mensaje muy concreto de convivencia humana. Podemos ser no creyentes, pero seguir al Jesús hombre.


Bueno, ya no os aburro más, ahora os paso la palabra agradeciéndoos vuestra escucha atenta. Si quereis hacernos cualquier tipo de pregunta, tanto Alberto como yo estamos a vuestra disposición. Igualmente me gustaría que comprtierais con el resto de hermanos vuestras propias vivencias de fe. Que nos conteis si habéis vivido como yo sus obras en carne propia, como han sido, etc