30º Domingo del TO

El evangelio de este domingo comienza con una advertencia de Jesús hacia los que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás, proponiéndoles una parábola. Lucas se refiere, simultáneamente a los hombres del tiempo de Jesús y a los de las comunidades cristianas de tradición antigua, que despreciaban a las personas que procedían del paganismo (Hch 15,1-5).

En aquella época, se decía que un publicano, cobrador de impuestos, no podía dirigirse a Dios, porque era una persona impura. El publicano sabe que su presencia en el templo es mal vista por todos. Su oficio de recaudador es odiado y despreciado.

Con esta parábola del fariseo y del publicano, el evangelio nos habla de la religiosidad de dos hombres. Ante Dios, son dos actitudes muy diferentes. Uno cree que puede salvarse por sí solo. Solamente tiene en cuenta sus méritos, pues ha observado escrupulosamente la Ley y se considera justo, no cuenta nada sobre sus pecados. Al rezar se alaba a sí mismo, contemplando complacido su perfección moral y presentándose justificado ante Dios. El otro es un pecador que tiene conciencia de serlo y lo confiesa sinceramente. Su oración se reduce a pedir misericordia porque como pecador sólo tiene necesidad de piedad. Ni siquiera se atreve a levantar los ojos pues sabe que ha cometido pecado delante de Dios.

Escrito por crismhom el Sáb, 26/10/2019 - 18:48

Esta charla tiene lugar el 19 de octubre de 2019 en Barbieri 18 de 19:30 a 21:30h. En esta charla contamos con la presencia de Marisol, que nos compartirá su testimonio como madre sobre el descubrimiento, aceptación e integración de la diversidad sexual y de género, cómo experimentó la acción de Dios en medio de este proceso y cómo le hizo "despertar" para sumarse a la causa del colectivo LGTBI a través de un activismo que va logrando cambios y avances en realidades concretas y colectivas, a veces en medio del dolor. Está disponible el registro de AUDIO y VÍDEO de esta charla. También la PRESENTACIÓN que se utilizó durante la charla.

Escrito por charles el Dom, 20/10/2019 - 09:41

29º Domingo del TO

En este relato que contiene la parábola que se conoce como la parábola del juez y la viuda, Lucas nos presenta uno de los temas favoritos de Jesús, que es la oración. Lucas es el evangelista que más veces presenta a Jesús invitando a la comunidad a poner en práctica la oración. Se trata de la necesidad de orar siempre y sin desfallecer. La parábola enseña que la fe en Dios y en su capacidad de mostrar misericordia y justicia debe ser la base de nuestras oraciones.

El contexto en que se escribió el evangelio de Lucas, el de la iglesia naciente que esperaba en medio de las dificultades el regreso de Jesús en el día de la salvación definitiva, da sentido a esta parábola que conecta con la sección anterior, el capítulo 17, 20-37, donde se menciona la venida del Hijo del hombre. El final de la parábola dice cómo hay que esperar esa venida manteniendo una fe y oración persistentes.

Jesús nos presenta un caso en el cual había posibilidades casi nulas de que la viuda lograría ser escuchada. La viuda estaba entre las personas más vulnerables de la sociedad palestina; era una persona a quien constantemente se le negaba la justicia. Sin embargo, su persistencia en exigir justicia es un modelo para nosotras y nosotros. Las personas pobres y vulnerables nos enseñan cómo deberíamos relacionarnos con Dios. Muchas veces, aquellas personas a quienes se les niega la justicia son quienes más creen en la capacidad de Dios para socorrerles, porque viendo cómo los demás seres humanos les han fallado, creen que en última instancia sólo Dios les escuchará.

Jesús nos da el ejemplo de una situación que parecía imposible, pero en la cual lo improbable sucedió. La viuda fue finalmente escuchada por alguien sin ninguna inclinación a prestarle atención. La enseñanza de Jesús viene a reforzarnos porque a veces dudamos del poder de la oración: Nuestras oraciones son efectivas y son escuchadas, aunque a veces no nos parezca que sea el caso. ¿Cuántas veces nos parece que nuestras oraciones no reciben respuestas? ¿Tenemos fe en que Dios es más justo que ese juez, y en que Dios pone todo interés en escucharnos? ¿O nos desalentamos demasiado pronto creyendo que nuestras oraciones no son oídas?

Veamos cómo oramos. Solemos pedir mucho pero oramos poco. Y oramos mal porque “agotamos” a Dios para que al fin nos haga caso. Pero ya sabe nuestro Padre lo que necesitamos y lo que nos conviene.

Escrito por crismhom el Sáb, 19/10/2019 - 19:36

28º Domingo del TO  

En este relato que sigue al del domingo pasado, Lucas nos ofrece el episodio de los diez leprosos. Jesús continúa hacia Jerusalén, pasando entre Samaría y Galilea. En el camino, enseña, predica, anuncia el reino de Dios y cura a las personas de todo tipo de dolencias. Y Lucas nos cuenta que Jesús se encuentra con diez leprosos que piden su compasión.

Los leprosos vivían fuera de las poblaciones y aislados del resto. El leproso produce rechazo, se mantiene aislado. El leproso mismo tiene la conciencia de ser una persona marginada. De ahí el dato de que los leprosos “se pararon a lo lejos” para no contagiar, pero también porque se sienten rechazados. La Ley de Israel mandaba que los leprosos vivieran separados (cf. Lev 13, 46). Y el día en que estuvieran curados tenían que presentarse ante un sacerdote para que éste comprobara su curación y les permitiera reintegrarse a la vida normal (cf. Lev 14), pudiendo a partir de entonces participar en las celebraciones del culto. Por eso, este milagro de Jesús significa no sólo una curación física, sino una restauración en la vida social de su pueblo.

Una vez sanados de la lepra, el evangelio dice que el grupo se divide: los nueve por un lado, el samaritano por el otro. El centro de interés del relato está en que sólo el samaritano, un extranjero, tuvo fe para reconocer la bondad de Dios que actuaba en Jesús, y se volvió para dar gloria a Dios. Esa diferencia queda cualificada desde otro ámbito, el de la capacidad de dar gracias, actitud que no tienen los nueve restantes.

Escrito por crismhom el Sáb, 12/10/2019 - 21:07

Queridos hermanos y hermanas en la Fe: Desde CRISMHOM (Comunidad Cristiana Ecuménica LGTBI+H de Madrid, Comunidad de diversidad sexual e identidad de género), seguimos con atención los pasos del camino sinodal que habéis iniciado en vuestra iglesia de Alemania. Estamos esperanzados al saber que da comienzo un camino hacia una Iglesia más horizontal y participativa, en la que se escuchen las voces de los laicos que formamos, junto con nuestros pastores, el Pueblo de Dios. Como cristianos y cristianas LGTBI, católicos en su mayoría, nos gustaría ver que en nuestra Iglesia, a la hora de hablar de diversidad sexual e identidad de género, no se abordan los temas única y exclusivamente desde posturas dogmáticas y desde la jerarquía, sino que se dialoga y se escucha lo que las personas LGTBI tenemos que decir sobre nosotras mismas y nuestra experiencia de Fe. Por eso, oramos a Dios fervientemente para que este camino sinodal que ahora se inicia, no sin dificultades, y que va a abordar entre otros temas el papel de la mujer en la Iglesia y la moral sexual, obtenga frutos de honestidad, de libertad y de caridad. También para que se vayan abriendo sendas por las que todos y todas podamos caminar, que conduzcan al fin de la discriminación de las mujeres y las personas LGTBI en nuestra iglesia y en las demás iglesias cristianas. 

Escrito por crismhom el Mié, 09/10/2019 - 19:43

27º Domingo del TO

El evangelio de este domingo contiene dos partes bien distintas: un dicho de Jesús sobre la fe y una pequeña parábola referida al carácter incondicional del servicio y la disponibilidad del creyente. Aunque ambas partes no se parecen literariamente, poseen un hilo conductor al tratar la fe como la respuesta que nace del encuentro entre la realidad divina y la realidad humana.

1) El dicho de Jesús responde a una súplica de los apóstoles. “Señor -le dijeron-, auméntanos la fe”. El Señor les dice: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería”. Esta frase sigue las reglas lingüísticas en la cultura de Israel, que utilizaban símbolos e imágenes de gran fuerza expresiva para impactar en lectores y oyentes. Es el caso de la morera que se desarraiga y que se implanta en las aguas del mar.

Jesús utiliza la imagen de un prodigio, imposible en la realidad, sólo explicable desde la fe. Jesús quiere referirse no a hechos extraordinarios, ni a una fe cuantitativa que se pueda medir, sino que se refiere a una fe auténtica. Y esta fe puede ocupar el espacio que llena un granito de mostaza. Un grano de mostaza es muy pequeño, tanto como la pequeñez de los discípulos. Pero, por medio de la fe, pueden llegar a ser fuertes, más fuertes que la montaña o el mar.

Escrito por crismhom el Dom, 06/10/2019 - 07:17