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2018-02-01: “Jesús Luz que ilumina a todo hombre”

 
  
Monición introductoria
Hoy, Señor, celebramos la víspera de tu Presentación en el templo, la fiesta de la candelaria, fiesta de la luz. Queremos aprender  a guardar y meditar tu Palabra en nuestros corazones. Ayúdanos a ser dócil y hacer de Ti el centro de nuestra vida.
 
Canto: El Señor es mi Luz (Salmo 26) Hermana Glenda.
 
Liturgia de la Luz
El gran acontecimiento de la Encarnación, la pasión, muerte y Resurrección del Hijo de Dios han disipado en nuestras vidas toda oscuridad y tiniebla, por eso encendemos el cirio que recuerda la luz con la que el Hijo ha iluminado la humanidad de todo tiempo y lugar.
 
Canto: Sé mi luz.
De esta luz vamos a encender las luces que a cada uno de nosotros nos va a acompañar en esta noche de víspera de la fiesta de la presentación del Señor, ellas recuerdan la luz que ha iluminado nuestra vida el bautismo.
 
Canto: Sé mi luz.
Señor, que iluminas nuestras vidas, que nos ayudas a ver cuando estamos solos y desorientados. Enciende tu Luz en nuestro interior para que nuestra vida sea una señal luminosa en el camino de nuestros hermanos. Limpia nuestros ojos para poder descubrir las luces que brillan en la vida de los otros. Queremos compartirlas y formar una gran familia, una gran comunidad que sea como una antorcha que llegue hasta los rincones lejanos.
 
ORACIÓN DE ANA: AQUÍ ESTOY, SEÑOR
 
1- Aquí estoy, Señor, en el umbral de tu tiempo, estremecida, aturdida, vigilante,
Expectante…enamorada, percibiendo cómo avivas en mí pobre corazón los rescoldos del deseo de otros tiempos.
 
2- Aquí estoy, Señor, en el umbral de tu tiempo, sintiendo cómo despiertas, con un toque de nostalgia, mi esperanza que se despereza y abre los ojos, entre asustada y confiada, deslumbrada por el agradecimiento.
 
1- Aquí estoy, Señor, en el umbral de tu casa, enfrentada a las paradojas de esperar lo inesperable, de amar lo caduco y débil, de confiar en quien se hace humilde, de enriquecerse entregándose.
 
2- Aquí estoy, Señor, en el umbral de tu casa, con la mirada clavada en tus ojos que me miran con el anhelo encendido y el deseo en ascuas, luchando contra mis miedos, queriendo entrar en tus estancias.
 
1- Aquí estoy, Señor, en el umbral de tu tiempo y casa, medio cautiva, medio avergonzada, a veces pienso que enamorada, queriendo despojarme de tanto peso, inercia y susto... para entrar descalza en este espacio y tiempo de gracia.
 
2- Aquí estoy, Señor, en el umbral de tu tiempo y casa, intentando traspasar la niebla que nos separa, rogándote que enjugues tú mis lágrimas, queriendo responder a tu llamada con alegría y salir de mí misma hacia el alba.
 
1- Aquí estoy, Señor, orientando el cuerpo y el espíritu hacia el lugar de la promesa que no veo, aguardando lo que no siempre quiero, lo que desconozco, lo que, sin embargo, es mi mayor certeza y anhelo.
 
2- Aquí estoy, Señor, ¡Tú sabes cómo, mejor que nadie! ¡No te canses de venir! ¡No te canses de llegar! ¡No te canses de entrar en nuestras vidas y en nuestras historias! Yo continuaré aquí, confiando en tu promesa y anunciando tu presencia.
                                                                                                                    Florentino Ulibarri
 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (2,22-40)
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”. Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”. Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Lectura espiritual de San Sofronio Obispo
«Ha llegado ya aquella luz verdadera que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre. Dejemos, hermanos, que esta luz nos penetre y nos transforme. Ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor; todos juntos, iluminados, salgamos a su encuentro y, con el anciano Simeón, acojamos aquella luz clara y eterna; imitemos la alegría de Simeón y, como él, cantemos un himno de acción de gracias al Engendrador y Padre de la luz, que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho partícipes de la luz verdadera. También nosotros, representados por Simeón, hemos visto la salvación de Dios, que él ha presentado ante todos los pueblos y que ha manifestado para gloria de nosotros, los que formamos el nuevo Israel; y, así como Simeón, al ver a Cristo, quedó libre de las ataduras de la vida presente, así también nosotros hemos sido liberados del antiguo y tenebroso pecado».
 
Canto: Eres La Luz  
 
BREVE ESPACIO PARA COMPARTIR
 
(Reflexiones, peticiones y Acción de gracias)
 
PADRE NUESTRO
 
ORACIÓN COMUNITARIA:
Señor Jesucristo, imploramos tu protección e intercesión ante el Padre por toda la comunidad LGTBI, por todas aquellas personas que no se aceptan a sí mismas, que sufren en soledad, son perseguidas por su orientación sexual o su identidad de género y que no son comprendidas, ni aceptadas en su entorno más cercano. También te damos gracias y te pedimos por CRISMHOM, para que juntos construyamos tu Reino y seamos luz y faro en nuestra comunidad LGTBI de Madrid. Amén.
 
BENDICIÓN.
El Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su rostro y tenga misericordia de nosotros, vuelva su rostro a nosotros y nos conceda la paz. El Señor nos bendiga, hermanas y hermanos. Amén.

 

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