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2019-05-12 “Mis ovejas escuchan mi voz y ellas me siguen”

Domingo IV de Pascua

Hoy es el domingo del buen Pastor. La imagen del buen Pastor ha sido representada infinidad de veces en el arte cristiano de todos los tiempos: en pintura, escultura, en música… Es una imagen lírica y bucólica que ha inspirado a muchos poetas, músicos y artistas como tema de sus composiciones, y también a los Santos Padres y teólogos.

 

Pero mucho antes que en el arte y las letras, la figura del pastor con sus ovejas ya apareció primero en los profetas del antiguo testamento, y después, con el mismo Jesús.

 

Hace dos mil años, en el entorno rural de Palestina, la imagen del pastor era habitual: se podían ver rebaños de ovejas pastando bajo el cuidado de su pastor, que conocía cada oveja de su propiedad. En el lenguaje teológico-espiritual de las Escrituras, el pastor es Dios, y las ovejas, el pueblo elegido. Y en la predicación de Jesús, el pastor es Él mismo y las ovejas, nosotros, su Iglesia. San Juan hoy nos trae las palabras de Jesús, que compara a la humanidad con ovejas de un gran rebaño. En su discurso, Jesús mismo se define como el buen Pastor, el verdadero. Es el pastor por antonomasia. Éste apacienta a sus ovejas con amor, fidelidad, rectitud y misericordia. A éste lo conocen las ovejas, oyen su voz y las ovejas lo siguen; no hacen caso a los extraños porque no conocen su voz (Jn 10, 4-6). En abierta oposición a los falsos pastores, Jesús se presenta como el verdadero y único pastor del pueblo: los malos pastores explotan a las ovejas o las sacrifican; el pastor bueno piensa en sus ovejas y se esfuerza por ellas, las cuida y las conduce a pastos fértiles para que se críen y aumenten en número y en producción.

Él se ocupa de cada una de ellas, crea un vínculo, que hace que haya confianza entre pastor y ovejas. Por ello conoce a sus ovejas.

 

Pero las ovejas de las que habla Jesús no son un simple rebaño, sino que ellas conocen el coste que el pastor ha arriesgado para salvarlas. A diferencia del pastor asalariado, Cristo pastor participa en la vida de su rebaño, no busca otro interés, no tiene otra ambición que la de guiar, alimentar y proteger a sus ovejas. Y todo esto al precio más alto, el del sacrificio de la propia vida.

Jesús buen Pastor siempre estará dispuesto por sus ovejas para tener una relación personal, cercana e íntima. Para un semita, el conocimiento no es una actividad meramente intelectual, es también una actividad del corazón. El que conoce se acerca al objeto con interés y afecto. Cuando se trata de una persona, lo hace con amor. Por eso en este caso conocer es sinónimo de amar, y por tanto podemos decir que el buen pastor ama a sus ovejas y ellas lo aman a él. Indica por tanto una relación personal.

 

San Juan, que ha dedicado este capitulo 10 ala teología del buen pastor, llega a esta conclusión: El Padre está presente y se manifiesta en Jesús y, a través de él, realiza su obra creadora, que lleva a cumplimiento con su entrega pascual: yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Yo y el Padre somos uno. Las ovejas del rebaño de Jesús nos dejamos guiar, mimar, nos integramos en el redil de la nueva humanidad, que es la Iglesia, donde imperan el amor, la justicia y la solidaridad. Por ello debemos, dentro de la comunidad, cultivar y crecer en estos aspectos, y, además, estar abiertos a que las ovejas alejadas y perdidas fuera del redil puedan integrarse cuando comprendan, a través de nuestro testimonio, que el Pastor siempre está dispuesto a acoger y amar.

 

Formar el rebaño y seguir a Jesús buen Pastor es vivir como él. Andar por la vida con rectitud y mansedumbre, sin perjudicar, ayudando a los demás, cuidando la naturaleza, trabajando por la justicia… La Palabra del evangelio nos apremia a que nuestra fe no sea teórica, sino viva. Esto supondrá estar vigilantes para que en nuestra vida no nos ajustemos a los criterios de nuestra sociedad. Si creemos que Jesús es nuestro Pastor y Salvador, o nos convertimos en cooperadores y defensores de la humanidad con Él, o no somos de Jesús.

 

¿Cómo podemos escuchar hoy día esa voz del buen Pastor y sentir el amor de Jesús? Eso es lo que han de ofrecer los pastores de la Iglesia: ellos entregan al rebaño la enseñanza de Jesús, ellos dan a la comunidad vida eterna a través de los sacramentos, ellos guían al pueblo con su consejo. Pero, sobre todo, ellos hacen sentir el amor de Jesús, porque entregan su vida por el rebaño.

En este domingo también se celebra la Jornada mundial de oración por las vocaciones. Unámonos en oración por aquellas personas que se sienten llamadas a la tarea del pastoreo en sus comunidades.

 

                                                                    Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Juan (10, 27-30)

 

En aquel tiempo dijo Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre es mayor que todas las cosas que me ha dado, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno”.

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