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2019-05-19 “Conocerán todos que sois discípulos míos si os amáis unos a otros”

Domingo V de Pascua

Continuamos en el tiempo pascual, el tiempo de la glorificación de Jesús, Pero adelantando su despedida que tendrá lugar con la ascensión, el evangelio de hoy nos recuerda el mandamiento nuevo pronunciado momentos antes de su pasión. Jesús está celebrando la última cena con los suyos. Acaba de lavar los pies a sus discípulos. Judas había tomado ya su trágica decisión, y Jesús dijo: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros». Este es el testamento de Jesús.

Jesús habla de un ‘mandamiento nuevo’, ¿dónde está la novedad? La consigna de amar al prójimo está ya presente en la tradición bíblica, Dios ya había dado el mandato del amor (Lev 19,18). El antiguo testamento no presentaba ningún modelo de amor, sino que formulaba solamente el precepto de no vengarse de los hijos del pueblo de Dios y amar al prójimo. ¿Cuál es la novedad de Jesús? «Nuevo», «novedad», son palabras que evocan siempre significados positivos, como una vida nueva, un nuevo día, un nuevo empleo, el año nuevo, etc. Lo nuevo es noticia (news, en inglés). El Evangelio significa «buena noticia» precisamente porque contiene la novedad por excelencia.

Pero lo nuevo no se opone a lo antiguo, sino a lo viejo. El nuevo testamento de Jesús no se opone al antiguo testamento, sino que lo perfecciona. Jesús se presenta a sí mismo como nuevo modelo y como fuente de amor. Jesús, Dios hecho hombre, es la perfección del amor. Su amor no tiene límites, es universal, es capaz de transformar a toda la humanidad para progresar en el amor.

Pero también su mandamiento es nuevo porque Jesús añade algo muy importante: «Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros». Lo nuevo es precisamente este amar como Jesús ha amado.

Todo nuestro amar está precedido por el amor de Jesús y se refiere a este amor, se inserta en este amor, se realiza precisamente por este amor. Lo primero que los discípulos han experimentado es que Jesús los ha amado como a amigos, y los ha amado hasta el extremo: No os llamo siervos... a vosotros os he llamado amigos.

En la Iglesia nos hemos de tratar y querer como se amaron aquellos discípulos. Y entre los discípulos de Jesús se han de cuidar el servicio y la caridad. Jesús les recuerda su estilo: no he venido a ser servido, sino a servir. Y ése es el amor más grande, el de quien es capaz de dar la vida por sus amigos.

El mandamiento de Jesús es un mandamiento nuevo en sentido activo y dinámico: porque «renueva», hace nuevo, transforma todo. El amor fraterno (que la Eucaristía engendra y promueve) lo hace ya todo nuevo. “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”. El amor mutuo no es sólo el compendio del nuevo testamento sino, sobre todo, el distintivo del nuevo pueblo de Dios. De esta manera la vida de la iglesia comenzó sostenida por una fuerza de cohesión y de expansión absolutamente nueva y de extraordinario poder, en cuanto basada no sobre el amor humano, frágil, sino sobre el amor divino: el amor de Jesús revivido en las relaciones mutuas de los creyentes. Jesús resucitado es capaz de transformar la realidad y hacer nuevas todas las cosas; vivamos de modo sencillo y concreto el amor de Dios, en las familias, con el prójimo, en las comunidades, en los barrios. Y de este modo seremos signo de nuevos tiempos y testimonio ante el mundo que no cree o no experimenta el amor. Si nos amamos los unos a los otros, Jesús sigue estando presente entre nosotros, y sigue siendo glorificado en el mundo.

 

                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Juan (13, 31-33a. 34-35)

 

En aquel tiempo, cuando Judas salió del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros».

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