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2019-10-03 “No sólo de pan vive el hombre”

Domingo I de Cuaresma

Entramos en el tiempo cuaresmal. El término cuaresma significa cuadragésimo día, es decir, cuarenta días. Es el tiempo litúrgico destinado a la preparación espiritual para la fiesta de Pascua, marcado por signos de purificación y de conversión. Este tiempo transcurrirá durante cinco domingos, con el Domingo de Ramos con que comienza la Semana Santa.

Los cuarenta días tienen gran significación en toda la Sagrada Escritura. En el Antiguo Testamento, la cifra evoca los cuarenta años de la marcha del pueblo de Israel por el desierto. El desierto es el lugar de la prueba y la purificación por antonomasia, donde frecuentemente somos tentados, pero también es el momento propicio para el encuentro con nosotros mismos y con Dios. Y en el evangelio de hoy, Lucas sitúa las tentaciones al comienzo de la misión de Jesús.

Como les ocurrió a los israelitas, muchas veces la tentación se presenta con apariencia de bien: pan para satisfacer el hambre, seguridad en las cosas que se poseen, y autoestima y reconocimiento personal. 

En el relato de las tentaciones, el diablo, en primer lugar, ofrece a Jesús que haga un acto de poder para demostrar su condición divina, con el fin de desbaratar el plan de Dios. Sin embargo, Jesús no actuó como un taumaturgo: no convirtió innecesariamente las piedras en pan. Nos dio el pan, no mediante magia, sino que, sin adelantar el tiempo de su misión, lo hizo con su predicación y su sacrificio en la cruz.

En segundo lugar, el diablo ofrece a Jesús el poder y la gloria humana, para confundir su mesianismo con el poder religioso y temporal. Sin embargo, Jesús realizó su misión, no arrojándose del alero del templo para ser salvado en su caída por los ángeles, sino colgado de un madero, y sólo fue coronado como rey muriendo en la cruz.

Por tanto, Jesús fue tentado con caminos más fáciles, pero los rechazó todos, porque era necesario que experimentase en sí mismo toda la condición humana y no concluir su misión hasta el momento en que todo fue cumplido (Jn 19, 30). Jesús así se mantuvo fiel a su misión de Hijo de Dios.

En este tiempo de cuaresma que comenzamos seamos conscientes de que estrenamos una oportunidad nueva: en la prueba, hay posibilidad de hacer bien las cosas, de elegir siempre el buen camino, de mirar a Dios. También es el tiempo de vivir de manera especial la misericordia de Dios. Es el tiempo de la conversión y el perdón. Dios nos regala una oportunidad nueva: la gracia para vivir esta nueva vida y hacerlo al estilo de Jesús.

 

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le contestó: «Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”». Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».  Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”». Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

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