Skip to content

2019-11-17 “Esto os servirá de ocasión para dar testimonio”

33º Domingo del TO  

El año litúrgico va llegando a su fin, y la palabra de Dios hoy parece que quiere hablarnos de los signos del final de los tiempos.

Jesús ya se encuentra en Jerusalén y el relato nos va aproximando a su pasión. Dice el evangelio que algunos discípulos valoraban la belleza del templo de Jerusalén, uno de los edificios más grandes e impresionantes de la antigüedad. Jesús insiste en la efímera existencia del templo porque Jerusalén y aquel templo, como anuncia proféticamente, serán destruidos por la invasión de los romanos en el año 70 d. C.

El texto evangélico nos habla de acontecimientos trágicos, guerras, revoluciones, terremotos, signos en el cielo, etc., que todavía nos impresionan hoy. A través de estas imágenes, parece que Jesús quiso hacernos pensar en el fin del mundo, y los discípulos quieren prepararse para ese momento.

¿Por qué esta predicción de violencia y de destrucción? Los cristianos esperaban que la venida definitiva de Jesús fuera a suceder en seguida. Se preocupaban por reconocer los signos y creían descubrirlos en las persecuciones que ellos mismos sufrían. Pero aquí Jesús habla no tanto del fin del mundo y de su segunda venida, sino más bien del fin de “un mundo”, de nuestro mundo, que es temporal y está sacudido por el pecado. Las dificultades que describe Jesús son reales y hoy continúan: En el mundo hay males, sufrimiento y dolor, situaciones que se perpetúan por el pecado. Jesús describe el fin de los días como una acumulación y consecuencia de esos males: Las guerras, causadas por enfrentamientos; los terremotos y cataclismos climáticos, manifestación de una naturaleza sobreexplotada y frágil; la enfermedad de la peste y el hambre, producidas por deficiente salubridad y por la escasez, y que causan estragos entre los más vulnerables.

Sigue Jesús diciendo que el final no vendrá en seguida, sino que antes será necesario que ocurra esto. Cuando la comunidad de Lucas recordaba estas palabras de Jesús, vivía un momento muy tenso, de sufrimiento. Ya estaba teniendo lugar la persecución de los cristianos, también con denuncias de los propios familiares y allegados, y con consecuencia incluso de cárcel y pena de muerte. Lo cual le interesaba recalcar al evangelista para mantener la expectación ante la segunda venida de Jesús.

Pero después de todas las calamidades que ha descrito, el evangelio acaba con una llamada a la esperanza: «Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá». ¿Cómo entender esto, si antes hemos leído que algunos morirán por causa de Jesús? Jesús quiere indicar que ni la muerte será capaz de separar a los discípulos. Jesús mismo, anunciando de manera implícita su pasión, sufrirá la muerte, y resucitará, como el primero entre muchos. El mundo viejo del pecado (aunque todavía veamos sus consecuencias nocivas) ya ha sido destruido por la cruz de Cristo, el pecado ha sido vencido, y devuelta la Vida con la resurrección, porque el nuevo mundo de Dios ya ha comenzado. Pero todavía debemos esperar la venida definitiva de Jesús.

Jesús quiere decirnos que no nos dejemos paralizar por el miedo, el desánimo y la angustia ante los profundos cambios y crisis globales que nos amenazan y sacuden nuestra religiosidad, concretamente la identidad de la fe cristiana. «Que nadie os engañe», «no vayáis tras ellos», significa que cuando en momentos de crisis, desconcierto y confusión se escuchan mensajes proponiendo otras alternativas de salvación, evitemos personas o doctrinas que nos separan del verdadero Jesús liberador, único fundamento y origen de nuestra fe.

Con todo, la recomendación del evangelio es la perseverancia: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». Se trata de una perseverancia comprometida, defendiendo nuestras identidades. Significa que si en el mundo presente hay mal, trabajemos por el bien, mirando al mundo futuro que ansiamos; si en nuestro ambiente existen la mentira y el descrédito, seamos siempre sinceros, defendiendo la verdad; si en el mundo hay odio, pongamos amor; si hay venganza, pongamos perdón; si nos domina el egoísmo, practiquemos la generosidad; si hay injusticias, trabajemos por la justicia; si la codicia impera y el mundo sólo piensa en acumular, compartamos los bienes y vivamos con sobriedad; si hay individualismo, rivalidades, divisiones y enfrentamientos, pongamos unidad, concordia y paz.  

Así pues, el evangelio de este domingo no es un mensaje de temor, sino de esperanza. No nos habla de algo lejano e intemporal sino de algo que nos afecta hoy, a vivir estos tiempos con identidad cristiana. Lo importante es que todos los días estemos vigilantes, firmes en la fe a pesar de las dificultades que encontramos para vivirla. Por eso Jesús nos tranquiliza: «no tengáis pánico». Por un mundo que dejará paso a una nueva creación.                                                                

                                                                                             

                                                                           Ricardo Rodríguez Villalba                                                                                                      

Evangelio según san Lucas (21, 5-19)

Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Usuarios nuevos

  • pierrewb
  • normanrod49
  • charles
  • horacio
  • kike

Quién está conectado

Actualmente hay 0 users y 14 guests en línea.
glqxz9283 sfy39587p07