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2019-12-01 “Estad preparados porque viene el Hijo del hombre”

1º Domingo de Adviento  

Hoy primer domingo de Adviento comienza el Año Litúrgico, con cuatro domingos de preparación para la Navidad. Este año seguiremos la lectura del evangelio de Mateo.

Hace dos mil años, cuando los primeros cristianos tenían conciencia de la venida inminente de Cristo, los evangelistas utilizaron un lenguaje apocalíptico para hablar del fin del mundo. A Mateo le preocupa la repentina parusía o venida de Cristo en el mundo. Los discípulos querían saber cuándo iba a ser el juicio de Dios, cuándo terminaría la historia y quiénes estaban preparados para salvarse. Jesús les responde que el fin ni se sabe ni se puede saber. ¿Cómo será esa venida? Repentina: El evangelista menciona el relato de Noé, en el libro del Génesis, cuando el diluvio vino sobre el mundo y nadie se lo esperaba; sólo Noé, que tenía la actitud adecuada, estaba preparado. Y refiriéndose a los dos hombres del campo y las dos mujeres que muelen juntas, los divide en dos grupos: esa venida, a unos se lleva y a otros deja atrás, lo que quiere decir que unos están más preparados que otros. Del mismo modo, esa venida es como el amo de la casa que se prepara porque sabe cuándo viene el ladrón.

Jesús vendrá de nuevo. Su venida será rápida y sorprendente. En esos ejemplos no hay ningún indicio sobre el cuándo, pero sí un mensaje claro sobre la necesidad de una actitud expectante. El capítulo 24 de Mateo no da ninguna pista sobre la fecha del fin del mundo, y además quita la preocupación por el final y nos centra en la salvación presente desde la esperanza del futuro.

Pero el mensaje de Jesús es insistente: “estad también vosotros preparados”. Nos invita a estar siempre preparados para recibir al Señor, que pronto viene a salvarnos. Si esperamos ahora a Jesús como salvador, se nos recuerda que el día final ha de venir como juez. Que el Hijo del hombre vendrá y nos pide que velemos, significa que al final prevalecerá su verdad; Jesús quiere decirnos que Él es la verdad definitiva. Los creyentes tenemos la certeza que la salvación de Jesús está todavía haciéndose en una misteriosa venida continua, por ello celebraremos la Navidad y a la vez esperamos que Jesús regrese al final de la historia.

Pues bien, ¿cómo podemos velar hoy día? Han pasado dos milenios desde que Jesús pronunció esas palabras y nuestra sensibilidad hoy es muy diferente; ya no nos preocupa el fin del mundo inminente. Pero el mensaje de atención y estímulo sigue vigente. Dios interviene en la historia cuando lo cree oportuno, y no nos pide permiso para presentarse. Y sabemos que la historia es siempre historia de salvación.

Velar es prestar atención a la fe, responder al amor de Dios como lo más importante. Las dos exhortaciones de Jesús sobre Noé y el dueño de la casa atento al ladrón, nos animan a estar en alerta para no echar a perder el mayor regalo que hemos recibido de Dios, la oportunidad de vivir como hijas e hijos queridos suyos. Si Mateo nos advierte de la despreocupación de la gente del tiempo de Noé ante la llegada del diluvio, o ante la llegada del ladrón, ¿qué no nos diría hoy a nosotros, sumidos, muchas veces, en cosas sin importancia, completamente despreocupados de lo sustancial de la vida? Ya hace tiempo que no vivimos en una «sociedad cristiana», pero todavía hay cristianos que no nos planteamos en serio que somos los primeros que hemos de responder a la propuesta de Jesús. Lo que realmente importa es la actitud con la que el cristiano debe vivir cada día: actitud de espera, de escucha de la Palabra, de atención al mensaje de Jesús.

Las exhortaciones de Jesús subrayan que el hombre es un proyecto y puede ocurrir que no lo realice porque está desprevenido, y entonces habrá perdido todas las oportunidades. Pero el mismo Dios camina con nosotros para ayudarnos a llevar a cabo ese proyecto. Hoy en día cualquier cristiano tiene multitud de posibilidades a su alrededor para una alcanzar una vida de auténtico creyente. No vayamos a mínimos en nuestra religión, no regateemos a Dios los minutos de nuestro tiempo; que la mínima excusa no nos sirva para dejar de lado nuestras convicciones. Ahora es tiempo para plantearse en serio un proyecto en el seguimiento de Jesús; para aprender más sobre la Palabra de Dios; para celebrar con la comunidad; para implicarse en la atención a los necesitados; para participar en una comunidad cristiana y ayudar a construirla; para leer y conocer mejor a Jesús, en grupos de estudio y catequesis; para rezar solo, o en grupo, o en familia; para fortalecer la fe en encuentros junto a otros creyentes; para reflexionar a fondo sobre el modo de vivir y las propias actitudes; para dejarse ayudar y acompañar por otros hermanos en esta reflexión. El Adviento es momento propicio para construir un proyecto personal que nos haga madurar en la fe.

La vida es demasiado preciosa para malgastarla o desperdiciarla. A pesar del tono austero del evangelio de hoy, su único objetivo es prevenirnos para que no malgastemos la vida. No pretende atemorizarnos con un juicio severo el día de mañana. La preocupación por el futuro desvirtúa la verdadera fe, nosotros hemos de centrarnos en el presente, con un cambio personal y el compromiso ético para la transformación del mundo. Y el reto es demasiado importante para que desperdiciemos esta oportunidad de prepararnos a la Navidad.

                                                                                                                                                                                                       Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (24, 37-44)

Dijo Jesús: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

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