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2020-01-26. “Jesús proclama el evangelio y cura toda enfermedad y dolencia”

3º Domingo del TO

Hoy leemos el comienzo programático que nos presenta el evangelista Mateo de la misión de Jesús. Este pasaje realiza la transición entre la presentación de Jesús del capitulo 1 y el comienza de su misión en Galilea. Jesús abandona Nazaret, su lugar de residencia y se establece en Cafarnaúm, que será desde este momento su ciudad. En este hecho descubre Mateo un significado profundo a la luz de Is 8, 23-9, 1, pues Cafarnaúm está situada en el límite de Zabulón y Neftalí, en el camino del mar. Mateo quiere mostrar que el comienzo de la predicación de Jesús se ajusta al anuncio hecho por los profetas, y que la predicación cristiana llegará a toda la humanidad. Galilea es tierra de paganos, y allí la luz del evangelio debe alumbrar a todos los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte.

Esto, que podría no tener mayor importancia, es visto por Mateo con mucha más profundidad, porque él conoce las Escrituras y la historia del pueblo judío. Precisamente en Galilea, siglos antes, comenzó la deportación del pueblo de Israel cuando fue vencido por el ejército de Asiria alrededor del año 721 a.C. Después de la dispersión de las diez tribus, los asirios repoblaron la tierra con exiliados venidos de otras naciones conquistadas. La deportación no era simplemente perder la casa y la tierra, era perder la tierra prometida por Dios, suponía el desplome de las creencias del pueblo. Por eso Isaías les anunció la salvación como una liberación: «El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande». Mateo se da cuenta de que Jesús es la auténtica luz resplandeciente, y ha ido a vivir precisamente junto al lago. Los maestros de la Ley y los sabios del pueblo nunca lo hubiesen imaginado; pensaban que el Mesías debía vivir en Jerusalén, el centro religioso y de poder. Jesús, en cambio, comenzó su obra salvadora en Galilea, y Mateo entiende que es allí donde debía comenzar el anuncio de que el reino de Dios está a punto de llegar; de hecho, ya ha llegado porque Jesús está presente. Así comenzó Jesús su predicación diciendo: «Convertíos porque está cerca el reino de los cielos». Cuando Jesús supo que Juan estaba preso, volvió a Galilea y retomó el mismo mensaje de Juan invitando a la conversión (Mt 3,2).

A continuación, Mateo nos narra el primer relato de vocación. Jesús pide a unos pescadores que le sigan. ¿Por qué Jesús busca discípulos? Es importante tener presente que el plan de Dios para la humanidad incluye a cada hombre y mujer como sus actores principales. Es misión universal desde el comienzo (Mt 4, 23-25): Jesús empieza por toda Galilea. No queda parado esperando que la gente llegue. Él mismo va a las reuniones del pueblo, en las sinagogas, para anunciar su mensaje. El pueblo lleva a los enfermos, a los endemoniados, y él los acoge a todos y los cura. La curación de los enfermos forma parte de la Buena Noticia y revela al pueblo la autoridad de Jesús y la presencia de su reino. Así, la fama de Jesús se extiende por toda la región. El evangelio de Mateo está preocupado en mostrar que la salvación que Jesús trae no es sólo para los judíos, sino para toda la humanidad. Anticipación ya del envío último de Jesús resucitado (Mt 28,19): haced discípulos a todas las naciones, a todos los pueblos.

La Buena Noticia afirma que todos tienen un lugar en el reino de Dios y somos convocados a que nos pongamos a trabajar para construir el reino de Dios. No hay persona por sencilla que sea que no tenga algo importante que hacer en el reino de Dios. Es más, eso es algo que ninguna otra persona puede hacer por él o ella. Así debemos ver nuestra propia participación en la tarea que nos toque hacer. Por eso, invitar a la fe es también invitar a descubrir que Dios nos ama y estima lo que somos y lo que hacemos.

Jesús pasa y nos llama a dejarlo todo atrás y a seguirlo. Nos invita a que hagamos brillar la luz, que Dios ha depositado en nuestro interior, para las personas que andan en oscuridad, en sombras de muerte sin conocerle a él. Cuando descubrimos lo mismo que aquellos hombres que dejaron la pesca para seguir a Jesús, y respondemos, somos dueños de nuestra vida, encontramos la energía para vivir sin esclavitud, la libertad y el amor para vivir y compartir, nos hacemos más cercanos y acogedores. La mejor forma de transmitir el amor de Dios es sentirlo y vivirlo. Y una vez que hayamos tomado conciencia de ello, no quedarnos para nosotros el hallazgo, sino compartirlo con alegría y vitalidad.

 

Ricardo Rodríguez Villalba

Evangelio según san Mateo (4,12–23)

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo

 

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