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2020-02-16 “No he venido a abolir la Ley sino a dar plenitud”

6º Domingo del TO

En el evangelio de hoy Jesús nos dice «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud» ¿Qué es la Ley? ¿Qué son los Profetas? Por Ley y Profetas se entienden dos conjuntos diferentes de libros del Antiguo Testamento. La Ley se refiere a los escritos atribuidos a Moisés, esto es, el Pentateuco; los Profetas, como el propio nombre lo indica, son los escritos de los profetas y los libros sapienciales. Jesús está haciendo referencia al código moral del Antiguo Testamento: los mandamientos de la Ley de Dios, los cuales Dios había entregado inicialmente a los israelitas al pie del monte Sinaí (Éxodo 20, 1-17).

Entre los primeros cristianos había diferentes criterios sobre la interpretación de la ley de Moisés. Para unos, la Ley ya no tenía sentido porque Jesús, con su muerte y resurrección, habría derogado el judaísmo. Para otros, sobre todo los cristianos herederos del judaísmo, la Ley debía cumplirse hasta en los mínimos detalles. Según la doctrina de los fariseos, el hombre debía practicar las obras buenas que le hacen justo ante Dios y le alcanzan la salvación. Entonces ¿cómo debían ser interpretados dichos preceptos? ¿Estaban obligados todos a cumplirlos, o habían sido abolidos por Jesús?

Jesús enumera algunos ejemplosde esos Diez Mandamientos. Jesús va más allá del enunciado de los preceptos y rompe con las interpretaciones erradas sobre la literalidad de la Ley para reafirmar que el fin último de la misma es alcanzar la justicia nueva y mayor, que es el amor. Jesús nos ha dicho: “no he venido a abolir la Ley, sino a dar plenitud”, queriendo enseñar, proponer y hacernos cumplir la nueva ley de Dios, que consiste en la novedosa escala de valores que se contienen en las bienaventuranzas.

La interpretación de la Ley según los fariseos se limitaba a cumplir unos mínimos. Veamos. El Antiguo Testamento nos dice: no matarás, no cometerás adulterio, no jurarás en falso. En la interpretación de Jesús, la Ley es ampliada hasta las últimas consecuencias: Si caemos en la cuenta, aunque no matamos, a veces en nuestro interior sentimos ira, odio, violencia; Jesús exhorta sobre la necesidad del perdón mutuo, y el respeto por la vida está unido a la erradicación del odio, de la venganza y de la ofensa; sin esta constante reconciliación no es posible la relación con Dios, porque no se puede vivir unido a Dios sin estar unido a los hermanos.

En este pasaje también se abordan dos cuestiones relacionadas con la vida matrimonial según el plan original de Dios: la castidad del cuerpo pasa por la fidelidad y por la indisolubilidad. Aunque no seamos adúlteros, sin embargo, nuestros pensamientos y nuestras relaciones a veces no buscan el compromiso y la fidelidad. Y la verdad de la palabra dada consiste en el respeto a los pactos; no juramos en falso, pero a veces levantamos falsos testimonios y no vamos con la verdad por delante.

Las enseñanzas de la Ley y de los Profetas deben ser asumidas desde dentro, con una fidelidad interior que inunde la mente y el corazón, como expresión del sentir de Dios. Para Jesús, todo se cifra en el corazón, en «vivir la alegría del Evangelio», porque la plenitud de la Ley está en buscar el reino de Dios y su justicia.

Los mandamientos no están para atemorizar y provocar culpa, están para recordarnos ese camino, el que nos indica que la plenitud está en el amor a Dios y al prójimo. Esta es la ley de Jesús. Esto es ser cristiano.

 

                                                                                                     Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (5, 17-37)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. Os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

 

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