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Confinados

Ahora tenéis tiempo, como yo, confinados en Madrid, España. Da tiempo a orar, atender cosas pasadas, cuidar de la gente aunque sea por teléfono. Al menos mi iglesia cercana está abierta y justo al lado de una panadería, de modo que también puedo visitar al mejor Pan sin que me detengan o multen.

 

Hago oración alegre como nunca antes.

 

Y me retumba una frase de Pablo D'Ors, a quien le compro todo o casi todo: nos faltan hoy escritores luminosos. Cito de memoria. Sí señor. Escribir para arreglarle el día a la gente. Que la alegría no esté bajo sospecha. Cuando escribes en modo queja me parezco a esa gente que goza de sus propios olores.

Sealed

 

No obstante, como si estuviéramos en un laboratorio y os mostrase yo un matraz con un líquido maloliente, si os parece vamos a analizar dos sustancias que burbujeaban hace años y que ahora hemos depurado en nuestro alambique.

 

Esto es de cuando yo era adolescentito caballerete, Viernes veintinueve de julio de 1983.  La Clave, tremenda emisión televisiva sesuda. Aparece un Jordi Petit joven yogurín... ¡Los kilómetros y millas que hemos avanzado!

 

 

Mirad, esto otro de abajo es de cuando no había aplicaciones para ligar y los teléfonos eran de baquelita y pesaban mucho.

 

También es de cuando los seriales televisivos eran lentos, sin efectos especiales, tan sólo buen trabajo de actores. Decurso paciente de las secuencias. Como yo mismo, una antigualla viejuna.

 

Algunas generaciones hemos vivido este antiguo aire de plumas / criminales / desgraciados invertidos escondidos, hasta el zeitgesit promiscuo app GPS de hoy; músculos y tatuajes, espaldas tiesas, miradas arrogantes, sélfis en el wáter del gimnasio o en espejos de ascensor, egos y autoestimas cabales y hasta disparadas. La primera vez que yo leí la palabra «homosexual» fue en el museo de cera ante la figura de algún criminal en las escenas del crimen del expreso de Andalucía.  Hemos vivido, estamos viviendo perplejos, las dos situaciones el antes y el ahora. Esas bandadas de pájaros o sardinas que cambian de rumbo en un santiamén.

 

 

 

 

 

Hay mucho buen cine LGBT, incluso cine LGTB con guiño cristiano [o vicecersa, recuerdo algunos momentos de La Cabaña, S. Hazeldine, USA, 2017]  y recomiendo siempre el cine alegre, luminoso. Pero también acabo de recuperar esto más oscuro que vi en mi infancia. Recuerdo sobre todo ese minuto veintisiete: «Usted, ¿qué va a saber?» [ Ricardo Franco, ESP, 1985]. Una hora de vuestro tiempo, por si no tenéis nada mejor que hacer, que seguro que sí.

 

Por si vuestra pantalla es incómoda o pequeña, esto.

 

Oraciones, paz y bien.

 

Jesucristo, Señor de la Historia.

Jesucristo, Señor de la Historia

Jesucristo resucitado, Señor de la Historia.

 

 

 

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