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La oración y sus dificultades

Imagen de Javim

La definición de oración según San Juan Bautista María Vianney, también conocido como el  Santo Cura de Ars :  « La oración no es otra cosa que una unión con Dios »

Según Santa Teresa de Jesús: « Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor tanto en las penas como en las alegrías », según el Padre Carlos de Foucauld: « Orar, es pensar en Jesús, amándolo »

La oración es la adoración, la escucha de Dios; es nuestra conversación con Dios. La oración es la mirada interior del alma dirigida hacia Dios por la fe y el amor, pues la oración en sí misma no consiste en recitar y repetir  fórmulas de manera automática, es únicamente enfocar hacia Dios la mirada interior del alma.

¿Cómo comenzar nuestra oración?

Tenemos en primer lugar que tomarnos nuestro tiempo para entrar en oración, no tener prisa, colocarnos en una posición estable, adoptar una actitud corporal de oración. Podemos comenzar nuestra oración poniéndonos « en presencia de Dios ». Debemos vaciarnos de nosotros mismos para ponernos delante de Dios.

En efecto, Dios está presente en el corazón del hombre, y es necesaria concentración sobre uno mismo para encontrar a Dios. El silencio que necesitamos para hacer oración, es por tanto un silencio interior. Es bueno pedir ayuda con humildad al Espíritu Santo para conseguir este propósito.

¿Cómo podemos encontrar apoyos para realizar nuestra oración?

Nuestra oración puede ser más enriquecedora con soportes externos: Un texto que nos conmueva, una imagen religiosa, una pequeña capilla, la potencia religiosa de la llama de una vela, el calor de las personas reunidas juntas en oración, el fervor de los cantos, un grupo de oración, la oración con nuestros hijos y en familia… Todo esto puede estimular nuestra oración y reforzarla. Cada uno puede utilizar todo aquello que más le ayude.

DIFICULTADES ANTE LA ORACIÓN

No tengo tiempo de orar, estoy realmente ocupado en mi vida.

Es cierto, esto es para muchos de nosotros una gran dificultad. A saber, cuando decimos « no tengo tiempo de hacer esto », eso quiere decir que al hacer cosas que consideramos importantes, ya no nos queda tiempo para hacer nada más. Es pues, la escala de valores que nosotros mismos nos hemos establecido. Si no tenemos tiempo de orar, es que lo consideramos menos importante que el resto de nuestras actividades. Por tanto, si la oración es importante para nosotros podemos encontrar el momento, a condición de poner los medios necesarios, cada uno en la medida de sus posibilidades, y de una manera realista que no condicione nuestros quehaceres cotidianos y necesarios. Aunque no olvides algo, también podemos alcanzar una oración muy profunda, en un pequeño espacio de tiempo.

No alcanzo el recogimiento, me distraigo mucho cuando estoy orando

Es cierto, somos continuamente asaltados por distracciones cuando oramos, y tenemos la impresión que no llegamos a orar realmente. Pero las distracciones, son a menudo los motivos  y parte de esa vida nuestra, que subyacen en el núcleo de nuestra oración. Piensa que Dios conoce nuestras debilidades y es sensible a nuestra buena voluntad. Nos prefiere distraídos que ausentes. Cuando estemos distraídos, simplemente tenemos que recordar que el Espíritu Santo habita en nosotros, y ora en nosotros mismos. Podemos ofrecer a Dios todo lo que somos, incluso con nuestras distracciones. « No menosprecies tu oración, porque Dios no la menosprecia » (San Bernardo)

No siento nada, tengo el corazón seco, la oración me aburre

A veces nos ocurre que no sentimos la presencia de Dios, que nos encontramos a disgusto en nuestra oración, que nos aburre. Es verdaderamente una prueba difícil de soportar, pero el amor de Dios no es sólo sentimiento. El amor verdadero de Dios rebasa el lado afectivo. Esta prueba es un camino de purificación para descubrir el amor verdadero. Si sientes que tu corazón se endurece, es que ha llegado la hora de perseverar.  Cuando nos enamoramos, podemos aceptar el aburrimiento gracias al amor que sentimos. Aprendamos  a escuchar el silencio de Dios.

No sé qué decir cuando estoy orando

Cuando no encontremos las palabras en nuestra oración, podemos recurrir al rezo de oraciones conocidas o a leer una oración. Además, no te tienes que preocupar, en la oración no se trata de recitar y formular palabras y frases de oratoria perfecta, la oración es ante todo la disposición del espíritu y del corazón, que puede ser representada también por nuestras actitudes. Es muy conveniente que antes de hablar a Dios escuches o leas la Palabra, que llega a nosotros de diferentes formas (particularmente por la Biblia). Dios nos ha hablado antes de que nosotros le habláramos. Si no encuentras las palabras, no te preocupes, permanece en el recogimiento del silencio ante Dios, pues Él acoge nuestra presencia simple y generosa.

Me desanimo, pues nada de lo que pido me es concedido.

Cuando hacemos una oración de petición, tenemos que aceptar desde el corazón que a veces Dios no nos satisface como nosotros deseamos (como cualquier padre a sus hijos). Nuestra plegaria es siempre escuchada, pero no siempre de la forma que nosotros querríamos. Estemos seguros que Dios nos escucha y nos da su ayuda, pero ésta puede serte dada de diferentes maneras. La oración de petición es la expresión de nuestras necesidades, pero ésta debe consumarse únicamente con la entrega de nuestra confianza.

No estoy seguro de tener fe

Cuando dudemos de la existencia de Dios, podemos dirigirnos a Él pidiéndole que nos manifieste su existencia y que nos aclare su realidad. La oración nos coloca en una actitud de apertura y disponibilidad. Es nuestra oración al Dios desconocido.

Simplemente confía y abre tu corazón

Javier M

De acuerdo

estoy totalmente de acuerdo contigo en cómo sientes la oración. Para mí es una conversación con Dios, muy sincera, la más sincera, donde le expongo todo, donde le alabo por todas las maravillas que nos da, donde le pido por otros y por mi. Descanso en Dios mis problemas y los dejo en Él, y todo va de maravilla. Mi amigo Jesús, el hijo, siempre está en mi corazón, le pido que se quede por siempre. Como dice la canción "Contigo hasta el final, Señor". Gloria a ti por siempre.

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