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2012-06-28 Manifiesto de CRISMHOM en relación al matrimonio entre personas del mismo sexo, emitido con motivo de la marcha estatal del Orgullo 2012

Hace  más  de  40  años  un  grupo  numeroso  de  personas  LGTB  en  los  llamados “disturbios de  Stonewall” se rebelaron contra el miedo, las leyes y la persecución solapada o abierta contra el  colectivo LGTB. Fueron personas valientes que pusieron en riesgo su prestigio, su posición social e  incluso sus vidas. Después de siglos de sufrimiento, negación y ocultamiento, muchas personas de  nuestro colectivo fueron tomando  conciencia  de  que  ninguna  persona  debe  avergonzarse  de  lo   que  es, cualquiera que sea su sexo, orientación o identidad sexual. Estas personas, conscientes de su dignidad, salieron a la calle, a proclamar que su orientación sexual no los hacía menos dignos que las  personas heterosexuales, y que por lo tanto había llegado la hora de salir a la luz y recobrar los derechos negados.

Han sido muchos los avances sociales en estas décadas: la visibilidad cada vez mayor, la  despenalización, el reconocimiento social, y sobretodo la aprobación en diversos países del matrimonio igualitario.

Tristemente uno de los focos de resistencia más fuertes a nuestros derechos procede de las religiones y en concreto de las Iglesias cristianas. Por eso ha llegado también la hora  de  vivir  en  el  seno  de  las  religiones  la  misma  experiencia  de  valentía  y  de liberación que vivieron las personas que participaron en los disturbios de Stonewall. La experiencia bíblica nos habla precisamente de que los  hombres y mujeres creyentes experimentaron a Dios precisamente en la liberación de la esclavitud  de  Egipto. Por eso, la Sagrada Escritura, tantas veces usada para condenarnos, se convierte para las personas creyentes en una invitación a salir fuera, recuperar nuestra dignidad, nuestro orgullo de ser  personas LGTB cristianas, creyentes y enfrentarnos a la hostilidad de aquellos que desde las diferentes Iglesias nos oprimen en la esclavitud del rechazo y del desamor. Por eso las personas  creyentes tenemos que desafiar a las Iglesias a experimentar el Evangelio, Buena Noticia de Jesús, sin añadidos homofóbicos.

Los cristianos y cristianas LGTB no sólo defendemos el matrimonio igualitario como legal, sino que  también defendemos la sacramentalidad del matrimonio igualitario. Dos personas que se aman, en  una relación de amor preferencia, son sacramento, signo del amor de Dios, independientemente que sean heterosexuales o no.
 
Iguales en la dignidad, iguales ante la ley, iguales en todo, como Dios manda. También en el matrimonio. El matrimonio es una vocación, una llamada de Dios. Por eso cuando dos personas LGTB  deciden formar una familia, lo primero que están haciendo, más que unos planes comunes es responder a una vocación, una vocación que es llamada a un pleno desarrollo personal, la mutua santificación, en definitiva a la glorificación de Dios. No reconocer la familia cristiana LGTB, es negar a Dios la libertad para llamar a estas dos personas a una vida plena humana y cristiana en un proyecto común.

La familia cristiana LGTB, expresa de una manera igual de nítida la gratuidad del amor. Pues  el  amor  entre  dos  personas  LGTB  no  tiene  otra  fin  primario  que  crear  una comunidad de amor. Esto no quiere decir que el amor homosexual no sea fecundo. En primer lugar, la familia LGTB es fecunda para los propios contrayentes, que encuentran la posibilidad de liberarse de la soledad y de vivir en diálogo íntimo y personal con el otro. Este dialogo conyugal ofrece la posibilidad de abrir este diálogo al  diálogo con Dios. Superando el propio egoísmo, abriéndose cada vez con más hondura al otro cónyuge,  compartiendo  los  gozos,  temores  y  alegrías  pueden  avanzar  los  esposos cristianos en el diálogo con Dios, la escucha de Dios, el encuentro con ÉL.

El matrimonio LGTB cristiano es fecundo porque en él encuentran la complementación   mutua,   y   el   enriquecimiento   al   encontrarse   con   el   otro, descubriendo en el otro que es “hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gn 2,23). La fecundidad se manifiesta también  en el encuentro sexual, como fiesta del amor, de intimidad, de placer, de descubrir, compartir y disfrutar la intimidad sexual, y el valor del cuerpo como medio de expresión y comunicación del amor. Viviendo así el sexo, hacen de este el signo y presencia del amor de Dios. En la familia LGTB la unión de los cuerpos  expresa  la  unión  de  los  corazones.  El  matrimonio  LGTB  es  una  auténtica comunidad de amor, un amor que se manifiesta fecundo también en el don de los hijos naturales o en la adopción manifestando así la gratuidad y fecundidad de un amor que no queda encerrado, sino que crece y se expande en la educación y crecimiento de los hijos.

Por eso, como cristianos LGTB defendemos el reconocimiento legal del matrimonio igualitario, porque un amor secreto, oculto a la sociedad, y no reconocido socialmente, difícilmente conducirá a las personas que lo viven a su realización y expansión plenas. Por eso, una convivencia sexual estable, basada en el amor y la ayuda mutua, pide una integración en el marco social con todos los derechos y deberes de cualquier familia heterosexual. Por eso, este 30 de Junio invitamos a todas las personas  creyentes a defender en la manifestación del “día del orgullo” nuestro derecho civil y cristiano a formar una familia, a ser iguales en todo, como Dios manda y quiere.

 

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