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Sobre la encíclica "Deus Charitas est" (Dios es amor)

Sobre la Pascua desde la encíclica "Deus Charitas Est"

DCE: "Deus Charitas est" (Dios es amor).

Ya en el segundo párrafo de la introducción la encíclica se muestra que el sentido último de nuestro ser y actuar como cristianos está basado en el misterio de la muerte y resurrección de Jesús.

DCE 1: "Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimeinto con las siguientes palabras: 'Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna' (Jn 3,16) ... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (1Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un mandamiento, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro".

* La contemplación de la cruz y el encuentro con Cristo muerto y resucitado nos muestra que nuestra respuesta ya no es un mandamiento o una imposición motivada por el deber, sino por el amor que surge de nuestro corazón conmovido ante cómo nos amó Él primero.

* ¿En qué situaciones has visto una respuesta tuya o en otra persona que haya sido motivada no por deber, sino por amor?. Comenta la diferencia entre hacer las cosas por deber o por amor.

DCE 12: Jesucristo, el amor de Dios encarnado: "La verdadera originalidad del Nuevo Testamento no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito. Tampoco en el antiguo Testamento la novedad bíblica consiste simplemente en nociones abstractas, sino en la actuación imprevisible y, en cierto sentido inaudita, de Dios. Este actuar de Dios adquiere ahora su forma dramática, puesto que, en Jesucrito, el propio Dios va a tras la "oveja perdida", la humanidad doliente y extraviada. Cuando Jesús habla en sus parábolas del pastor que va tras la oveja descarriada, de la mujer que busca el dracma, del padre que sale al encuentro del hijo pródigo y lo abraza, no se trata sólo de meras palabras, sino que es la explicación de su propio ser y actuar. En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (Jn 19, 37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta encíclica: 'Dios es amor' (1 Jn 4,8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar."

El sentido de la cruz y de la muerte a la luz de este versículo de DCE:

* "Un realismo inaudito": la novedad del Nuevo Testamento es precisamente que Cristo pone carne y sangre en las palabras, promesas y conceptos de los que se habló en el Antiguo Testamento.

* El sentido de la cruz como la "actuación imprevisible y, en cierto modo inaudita, de Dios".

* El sentido de la cruz como la expresión inequívoca de que Dios quiere entrar en contacto con el hombre, que no es indiferente ante su sufrimiento: "el propio Dios va tras la 'oveja perdida', la humanidad doliente y descarriada".

* El sentido de la cruz como "el amor en su forma más radical".

* Sobre "Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo" para que nos ayude a comprender el punto de partida del amor de Dios.

Posibles respuestas a esta "Contemplación del costado traspasado de Cristo" según DCE: "Los responsables de la acción caritativa de la iglesia".

DCE 33: "Por lo que se refiere a los colaboradores que desempeñan la práctica el servicio de la caridad en la iglesia, ya se ha dicho lo esencial: no han de inspirarse en los esquemas que pretenden mejorar el mundo siguiendo una ideología, sino dejarse guiar por la fe que actúa por el amor (Ga 5, 6). Han de ser, pues, personas movidas ante todo por el amor de Cristo, personas cuyo corazón ha sido conquistado por Cristo con su amor, despertando en ellos el amor al prójimo. El criterio inspirador de su actuación debería ser lo que se dice en la Segunda carta a los Corintios: 'Nos apremia el amor de Cristo' (1Co 5,14). La conciencia de que, en Cristo, Dios mismo se ha entregado por nosotros hasta la muerte, tiene que llevarnos a vivir no ya para nosotros mismos, sino para Él y, con Él, para los demás".


Poema anónimo:

“Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte”.

* La motivación última de la actuación caritativa es la conmoción del corazón ante tanto amor recibido. "Un corazón conquistado por Cristo" y no necesariamente una ideología concreta. La conciencia y el sentir de que "nos apremia el amor de Cristo".

* ¿Percibes este amor de Cristo?. ¿En qué situaciones concretas?. Intenta traer a tu memoria situaciones en las que los testimonios que has recibido te han hecho pensar, dudar o simplemente cuestionarte sobre por qué se hacen, cómo se hacen. Situaciones que hayan traspasado la razón hasta conmover el corazón.

DCE 35: "Este es un modo de servir que hace humilde al que sirve. No adopta una posición de superioridad ante el otro, por miserable que sea momentáneamente su situación. Cristo ocupó el último puesto en el mundo (la cruz), y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, también él es ayudado; el poder ayudar no es mérito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia. Cuanto más se esfuerza uno por los demás, mejor comprenderá y hará suya la palabra de Cristo: 'Somos unos pobres siervos' (Lc 17,10). En efecto, reconoce que no actúa fundándose en una superioridad o mayor capacidad personal, sino porque el Señor le concede este don. A veces, el exceso de necesidades y lo limitado de sus propias actuaciones le harán sentir la tentación del desaliento. Pero, precisamente entonces, le aliviará saber que, en definitiva, él no es más que un instrumento en manos del Señor; se liberará así de la presunción de tener que mejorar el mundo (algo siempre necesario) en primera persona y por sí solo. Hará con humildad lo que le es posible y, con humildad, confiará el resto al Señor. Quien gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio sólo en lo que podemos y hasta que Él nos dé fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que está en nuestras manos con las capacidades que tenemos, es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: 'Nos apremia el amor de Cristo' (2Co 5,14)".

* La contemplación de la cruz o del "Costado traspasado de Cristo", nos indica cómo hemos de desempeñar este ministerio de entrega.

La encíclica da pistas de cómo afrontar, en el misterio de la pasión, el sufrimiento más grande, desde el enfado o sin sentido.

DCE 38: "Es cierto que Job puede quejarse ante Dios por el sufrimiento incomprensible y aparentemente injustificable que hay en el mundo. Por eso, en su dolor, dice: '¡Quién me diera saber encontrarle, poder llegar a su morada! ... Sabría las palabras de su réplica, comprendería lo que me dijera. ¿Precisaría gran fuerza para disputar conmigo? ... Por eso estoy, ante él, horrorizado, y cuanto más lo pienso, más me espanta. Dios me ha enervado el corazón, el Omnipotente me ha aterrorizado' (Jb 23, 3.5-6.14-16). A menudo no se nos da a conocer el motivo por el que Dios frena su brazo en vez de intervenir. Por otra parte, Él tampoco nos impide gritar como Jesús en la cruz: 'Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?' (Mt 27,46). Deberíamos permanecer con esta pregunta ante su rostro, en diálogo orante: '¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar sin hacer justicia, tú que eres santo y veraz?' (Ap 6,10). San Agustín da a este sufrimiento nuestro la respuesta de la fe: 'Si comprehendis, non est Deus', si lo comprendes, entonces no es Dios. Nuestra protesta no quiere desafiar a Dios, ni insinuar en Él algún error, debilidad o indiferencia. Para el creyente no es posible pensar que Él sea impotente, o bien que 'tal vez esté dormido' (1Rm 18,27). Es cierto, más bien, que incluso NUESTRO GRITO ES, como en la boca de Jesús en la cruz, EL MODO EXTREMO Y MÁS PROFUNDO DE AFIRMAR NUESTRA FE EN SU PODER SOBERANO. En efecto, los cristianos siguen creyendo, a pesar de todas la incomprensiones y confusiones del mundo que les rodea, en la 'bondad de Dios y su amor al hombre' (Tt 3,4). Aunque estén inmersos como los demás hombres en las dramáticas y complejas vicisitudes de la historia, permanecen firmes en la certeza de que Dios es Padre y nos ama, aunque su silencio siga siendo incomprensible para nosotros".

* Estas palabras nos dan la clave de que la pasión, la existencia del sufrimiento humano es un misterio que nos rebasa. Sólo se puede entender desde la fe, desde el convencimiento de que a pesar de todo lo que no entendemos, el Señor nos sigue amando. La fe en la resurrección es creer que Dios nos sigue amando contra todo el desamor, creer que no nos va a dejar solos, que va a salir al encuentro nuestro de forma original, inesperada, desconcertante, como sólo Él lo hace, para que no podamos tener duda de que se trata solamente de Él, de un regalo suyo.

* ¿En qué momentos de desaliento has echado la culpa a Dios, o te han entrado dudas, o has experimentado el sin sentido?. ¿Entendías por qué ocurría?. ¿Qué respuesta en el contexto de DCE 38 podrías encontrar a esta situación?.


* Oración final:

“No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera”.

Mensaje de Cuaresma antes de la renuncia del Papa

Es curioso que el inicio del mensaje de Cuaresma del Papa, empieza igual que su primera encíclica "Deus Charitas est" (Dios es amor).

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