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El inventario de lo creado y las clasificaciones

Esta sesión de formación tiene lugar el sábado 15 de septiembre a las 19:30 a 21:30h en Barbieri 18. Contaremos con la presencia de José Cristo Rey que nos hablará sobre la teología de la creación.

Las ciencias humanas se han ocupado de hacer el inventario de todo lo creado y de clasificarlo. Tarea honrosa, pero siempre deficiente. También el ser humano ha sido clasificado desde los más variados criterios: uno de ellos y decisivo ha sido el binario heterosexual: hombre o mujer, comprendido por su complementariedad.
 
Hoy, en el siglo XXI, descubrimos la sorprendente bio-diversidad de “lo humano” y la compleja gama de tendencias en la sexualidad humana -tal como nos dicen psiquiatras y psicólogos-; desde ahí se cuestiona el dualismo binario heterosexual; y hasta se constata que el concepto moderno de homosexualidad es un constructo cultural relativamente tardío.
 
Entonces, la teología se pregunta: ¿forma parte del proyecto del Creador esta nueva forma de ver la realidad o se trata, más bien, de una desviación? La respuesta teológica nos lleva a la interdisciplinariedad: al diálogo serio y recíproco con la ciencia, la filosofía y a la espera de que el Espíritu de la Verdad guíe y dirija nuestros razonamientos para acercarnos cada vez más a la verdad. La teología de la creación se vuelve cada vez más ecuménica.
Vídeo de presentación:

 

 

Están disponibles los registros de AUDIO y VÍDEO de y la charla en PDF.

José Cristo Rey García Paredes: natural de Castellar de Santisteban (Jaén), claretiano, es doctor en Teología y catedrático de Teología de la Vida Religiosa en el Instituto Teológico de Vida Religiosa de Madrid (UPSA), profesor invitado en Sanyasa (Instituto de Vida Religiosa) de Bangalore (India) y en el Formation Centre de Taiyuan (Shanxi, China). Ha sido nombrado Consultor de la Congregación para Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólico.

 

 


 

“UNA COMUNIDAD HUMANA - CRISTIANA (LGTB+I)
NOS HA SOBRESALTADO ”
José Cristo Rey García Paredes, cmf
Madrid, 15 de septiembre 2018
 
Tiempo de sobresaltos es nuestro tiempo, si estamos atentos a las señales del Espí-
ritu, o al espíritu del tiempo. “Unas mujeres nos han sobresaltado” (Lc 24,22), decían
los discípulos de Emaús. Hoy podemos decir que, “las comunidades cristianas LGTB-
I nos han sobresaltado” 1 . Ante las cuestiones que ellas nos plantean -tanto en clave
antropológica, religiosa y cristiana- nos sentimos perplejos.
 
De ello hablamos, aunque con un cierto sigilo y nos cuesta dejar de pensar “como
siempre se ha hecho”. Bien sabemos que no es fácil encontrar la síntesis entre lo que
un nuevo paradigma antropológico nos propone y lo que la fe tradicional y su teología,
o las religiones han enseñado.
 
En el fondo, la cuestión que las comunidades LGTBI nos proponen, tiene que ver
con la identidad de cada persona: poco importa si esa persona es religiosa, agnóstica o
atea, si pertenece a una confesión cristiana o a otra, si pertenece a la vida consagrada,
laical o ministerial. La cuestión que las comunidades LGTBI nos afecta a todos.
Pero ¡no hay que alarmarse, ni sobresaltarse! Escuchemos lo que el Espíritu nos dice
a través de las “comunidades de diversidad sexual” y a través de las personas que
forman parte de nuestros grupos, comunidades, familias. De seguro que llegará un
momento en que se nos dirá:
 
“lo que yo digo en lo oculto, decidlo a la luz; lo que decís en voz baja, proclamadlo en las
azoteas” (Mt 10,27).
 
Deseo iniciar mi intervención -que se sitúa en el ámbito de la reflexión teológica-
con un breve texto del papa Francisco, tomado de la Constitución Apostólica “Veritatis
Gaudium” sobre las Universidades y Facultades Eclesiasticas del 8 de diciembre del
2017:
 
“El teólogo que se complace en su pensamiento completo y acabado es un mediocre. El buen
teólogo y filósofo tiene un pensamiento abierto, es decir, incompleto, siempre abierto al maius de Dios y de la verdad, siempre en desarrollo» (VG, 3).
 
1 LGTB+I: sigla del colectivo de personas Lesbianas, Gais, Transsexuales, Bisexuales e Intersexuales.
 
También hay un colectivo cristiano-ecuménico que se integra en este Colectivo más global. Aquí deseo establecer un diálogo con el colectivo cristiano-ecuménico y las personas de diversidad sexual presentes en la Iglesia y en nuestras comunidades.
 
La teología se siente hoy interpelada por la comunidad de cristianos y cristianas
LGTB+I, la comunidad de diversidad sexual. Esta comunidad nos plantea cuestiones
que hemos dado por zanjadas, pero que todavía siguen pendientes. Es necesario, por
ello, pulsar el botón para resetear y reconfigurar de nuevo el debate. Propongo tres
claves, que sirven de título también a las tres partes de esta conferencia:
 
  • La eco-teología de la Creación y del Espíritu.
  • Los rostros de la identidad
  • El paradigma eclesiológico-pastoral de la inclusión y sus tres virtudes.
 
I. LA ECO - TEOLOGÍA DE LA CREACIÓN Y DEL ESPÍRITU
Una famosa canción de Ricardo Arjona dice así: “Jesús es verbo, no sustantivo”.
También hay que decir que la teología es “verbo”, “no sustantivo”. La teología es in-
quietud permanente, es aventurarse, es descubrir, es inventar, emocionarse, corre-
girse, buscar. La teología es un “quaerere Deum”, buscar la divinidad inquieta de la
que nos hablaba Metchild de Magdenburgo, una santa y sabia mujer medieval. Hoy la
teología, más que nunca, debe estar atenta a todo, debe conectarse con todo para inte-
grarlo todo: “Del Señor es la tierra y todo cuanto la habita”. Por eso, el título de esta
primera parte es: La eco-teología de la creación y del Espíritu. Este mundo no está
dejado de la mano de Dios. ¡Todo le pertenece! El Espíritu cuida de todo.
 
1. Creo en Dios Padre-Madre… Creador
En el primer artículo de “Credo” confesamos:
 
“Creo en Dios Padre-Madre .... Creador”.
 
El Creador lo es desde su condición de Padre-Madre. Toda la creación tiene carácter
filial y sagrado. Entre todos formamos una gran familia hermanada: hermano sol, her-
mana luna, hermana tierra... ¡Cuánto más, todos los seres humanos en nuestra hu-
mano-diversidad!
 
Al concluir su obra “vio Dios cuanto había hecho y todo era muy bello” ( ֤ רְ א אֱ לַֹיּ ַ ו ִ י ם֙ ה
אֶ ת ָ ל ־ כּ ־ ֵ ה נּ ִ ְ ה ֔ ה ו ָ שׂ ָ ֣ ר עֶשׁ ֲא ־ ֑ ד ֖ וֹ ב מְ א ֹט : Gen 1,31).
 
a) El modo de crear Dios es evolutivo: “creatio continuata”.
Así también, crea la vida humana. Por eso, se habla hoy de “perspectivas de una
creación en evolución”: (God’s way of creating life)” 2 . En uno de los himnos de la liturgia
nos dirigimos a Dios diciendo: “Verte sin pausa creando”. Podemos hablar de una
“historia de la creación”, de las “generaciones (toledoth) del cielo y de la tierra” (Gen
2,4a) que culminan en la creación del ser humano, que no podría existir sin las demás creaturas (Gen 1,30), que nació de la tierra (ha adama) y por eso fue llamado “Adam”
y a quien Dios le inspiró aliento de vida (Gen 2,7).
 
b) Y Dios crea, creando creadores:
Es decir, también nosotros intervenimos en los procesos de creación: como continúa
el himno al que acabo de hacer referencia, se dice: “y verte necesitando del hombre
más cada día”. La creación de los seres humanos dio también inicio a una espectacular
humano-diversidad que nunca llegaremos a comprender del todo y que nos resultará
siempre misteriosa.
 
c) El resultado de la creación es de una belleza y bondad insuperable.
Y esta belleza-bondad se muestra en una espectacular biodiversidad, en admirables y
complejas conexiones y relaciones: todo está interconectado 4 . El culmen de la creación
no acontece el día sexto; la creación culmina el día séptimo, el sábado, es el día en que
Dios contempla su creación y ve que todo era “muy bueno”, “muy bello” (tob).
 
2. Creo en el Espíritu
La teología de la creación no se puede entender sin el Espíritu, que Dios Padre y
Jesús Resucitado nos envían y que permanece con nosotros. En el Credo lo confesamos
así:
 
“Creo en el Espíritu Santo, señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo”
El Espíritu es el autor de tantas diversidades…. Y al mismo tiempo, el interconector,
que, manteniendo la diversidad, genera una sorprendente “unidad en la variedad”.
Es el Espíritu de la diversidad y el Espíritu de la comunión.
 
Cuando contemplamos la biodiversidad, la humano-diversidad y todo aquello que
no sabemos cómo integrar en nuestra mente, sintamos la llamada a confesar: “Creo en
el Espíritu Santo”.
 
El olvido de la dimensión pneumatológica de la Creación -como frecuentemente
sucede en la Iglesia occidental- nos ofusca, nos hace ver la realidad solo unilateral-
mente. Lo que es armonía, nos puede parecer caótico, lo que es bondad-belleza, nos
puede parecer diabólico. Para comprender la creación de Dios necesitamos del Espíritu
de Dios, que lo llena todo, que lo penetra todo.
 
Consecuencias de esta fe en el Espíritu son las siguientes:
 
a) La teología católica debe abandonar su autosuficiencia.
También el Espíritu está presente en las búsquedas de las religiones, de otras confe-
siones cristianas, de las filosofías y de las ciencias, de las artes.... El diálogo entre las diversas ciencias y artes (interdisciplinariedad) genera conexiones espirituales, donde la verdad del Espíritu se asienta y resplandece más.
 
¿No nos prometió Jesús que el Espíritu nos llevaría a la verdad completa? Jesús
esperaba que el Espíritu de la Verdad guíe y dirija nuestros razonamientos, nuestros
sueños y realizaciones 5 . La teología de la creación se vuelve cada vez más ecuménica,
más apasionada por el Todo.
 
No hemos de olvidar que el Espíritu es también el Espíritu de la belleza. Algunos
teológos lo denominan el “Beautyfier”, el que embellece.
 
b) La teología no debe separar al ser humano de la naturaleza
Para afirmar una supuesta superioridad: si el ser humano es creado a imagen y se-
mejanza de Dios, también es creado a imagen y semejanza del mundo 8 . Aceptar la
emergencia de lo nuevo en el ser humano no exige desconectarlo de los animales, de
la misteriosa materia y de las energías del mundo (Theilhard de Chardin). Tanto la
astronomía, como la biología, como el psicoanálisis, nos plantean nuevas cuestiones y
perspectivas 9 . Hoy nos resulta difícil reconocer que el ser humano es el centro del mundo. Desde el Espíritu leemos la Palabra de Dios (la Biblia) siempre en perspectiva no jerárquica, sino holística, bio-céntrica, o cosmo-céntrica.
 
c) Hablar de la sexualidad es, ante todo, hablar de una dimensión importantísima del cuerpo humano, pero no la única.
 
La sexualidad ha sido tantas veces idolatrada, tantas otras maldecida. La teología de la creación nos pide que sea “amada”: pues surge de las manos del Abbá-Amor, Gozo y Fecundidad.
 
Necesitamos descubrir la erótica teológica, que desde la inmanencia sexual lanza a
fines trascendentes, que de suyo asume muy diversas formas en el cuerpo espiritual
del ser humano y que, por el pecado, puede convertirse en elemento idolátrico y dia-
bólico.
 
d) Hablar de igualdad entre la mujer y el varón es referirse a una larga historia que llega hasta nuestro tiempo, sin conseguir todavía su objetivo total,
 
Que no es ni la subordinación, ni la complementariedad, sino la afirmación de la
plena humanidad. El ser humano en cualquiera de sus formas está llamado a entrar en
relación de Alianza consciente y cordial con Dios. La semejanza con Dios no se puede
vivir en el aislamiento, en sociedad, en comunidad. Es erróneo pensar a Dios solo en
términos masculinos; Dios no fundamenta ningún predominio de un sexo sobre el
otro.
 
e) La teoría de género se hace cargo de una dimensión importante de los proce-
sos educativos y culturales:
se hace necesaria la distinción entre natura y cultura, existencia y esencia de la que nos
han hablado filósofos y filósofas, como Simone Beauvoir.
Una es la realidad humana que nace con una identidad sexual, y otras es la realidad
humana que se va configurando según los cánones de masculinidad o feminidad pre-
valentes en la cultura de los pueblos.
Esa cultura está infectada por no pocos males que el feminismo está denunciando y
no deja de denunciar. Los procesos culturales y educativos están llamados a un serio
cambio de paradigma, para honrar así la creación de Dios.
Se malentiende la teoría de género cuando se piensa que aspira a un mundo sin
hombres y mujeres y solo con individuos indiferenciados, sustituibles los unos por los
otros, indeterminados sexualmente, y libres par vagabundear a través de las identida-
des y la sexualidad.
 
3. El Mesías de la inclusión
También confesamos en el Credo:
 
“Creo en Jesucristo, … por quien todo fue hecho, que por nosotros los hombres y por nuestra
salvación bajo del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la virgen y se hizo
hombre, y por nuestra causa fue crucificado…”.
 
a) Jesús el incluyente
El Espíritu nos hace hoy ver con enorme convicción que Jesús fue el Mesías de la
inclusión, y no de las exclusiones: su misma comunidad de los 12 y las mujeres-discí-
pulas, con sus enormes diferencias internas, ya lo mostraba...
 
No se nos dice si la suya era una comunidad de diversidad sexual; pero podría serlo.
Cuando Jesús aludió a los “eunucos por el Reino de Dios” 12 los incluyó en la gran
Alianza para que no puedan decir más:
 
“no soy más que un árbol seco… A los eunucos que mantengan mi alianza les daré dentro
de mi casa y de mis muros, parte y renombre mejores que hijos e hijas… Les daré nombre
eterno que no será borrado” (Is 56,3-7) 13 .
 
b) La familia de Jesús
Jesús, en su etapa profética, se preguntó: “¿quiénes son mi madre y mis hermanos?”.
 
c) Los “eunucos” por el Reino de Dios
Jesús de Nazaret, en el famoso texto de los "eunucos" por el Reino de los cielos su-
pone que hay realidades y condiciones diversas en el plano del sexo y del género, de-
jando el tema abierto a la búsqueda del Reino de Dios, pues lo que importa, en último
término, no es el sexo, ni el género sin más, sino el Reino de Dios. J. David Hester
interpreta que los “eunucos” a los que Jesús se refiere son aquellos que simbolizan a
quienes están fuera del paradigma sexual binario, hombre o mujer: “El eunuco es una
figura que no solo viola el dualismo binario heterosexual, sino que no puede participar
en él. En Cristo todos somos uno. Jesús es un posgénero y también algunos de sus
seguidores y seguidoras”
Eso significa que hay caminos distintos, que cada uno/una ha de asumir con res-
ponsabilidad, para hacerse persona (para ser mejor persona), como tú dices.
 
d) Pablo y la humano-diversidad
También Pablo interpretó adecuadamente la humano-diversidad, cuando dijo que
en Cristo Jesús todos somos “uno” y no hay distinción entre judío o gentil, hombre o
mujer, esclavo o libre… Nada extraño que el Espíritu de Jesús quiera reconfigurar la
Iglesia desde la no-exclusión y casi diríamos desde una “hospitalidad radical” y desde
visiones de totalidad. “Sólo la totalidad es sagrada” (Gregory Bateson).
 
4. El inventario de lo creado y las clasificaciones de lo humano
Las ciencias humanas se han ocupado de hacer el inventario de todo lo creado y de clasi-
ficarlo. Tarea honrosa, pero siempre deficiente.
 
a) El binario heterosexual
También el ser humano ha sido clasificado desde los más variados criterios: uno de
ellos y decisivo ha sido el binario heterosexual: hombre o mujer, comprendido tradicio-
nalmente desde la clave de la complementariedad.
Hoy, en el siglo XXI, descubrimos la sorprendente bio-diversidad de “lo humano”
y la compleja gama de tendencias en la sexualidad humana -tal como nos dicen psi-
quiatras y psicólogos-; desde ahí se cuestiona el dualismo binario heterosexual; y hasta
se constata que el concepto moderno de homosexualidad es un constructo cultural re-
lativamente tardío.
Pero no nos ponemos de acuerdo a la hora de clasificar y entender al ser humano
en sus diversas posibilidades.
 
b) La identidad sexual y sus componentes
La identidad sexual es una de las identidades más fuertes y arraigadas. Tiene com-
ponentes biológicos y psicológicos. Es la identidad unida al nacimiento y es continua-
mente confirmada y reforzada por los demás en el curso de la infancia. Pero ¿qué su-
cede cuando una persona descubre que existe una discrepancia entre su anatomía y
sus inclinaciones? ¿Qué ocurre cuando uno se descubre transexual? No resulta nada
fácil abandonar una identidad a la que todos los demás están habituados 15 .
¿Qué pasos prácticos dar para asegurar que las personas transgénero y no confor-
mes con el género puedan participar en la esfera pública en plano de igualdad con la
mayoría que mantiene el género de su nacimiento.
 
No tenemos que olvidar las experiencias de quienes sufren cuando no actuamos en
su favor. Como Judith Butler escribe:
“No es cuestión de cerrar los ojos a la apariencia de una persona, sino preguntarse porque
se me ciegan los ojos y no soy capaz de reconocer la dignidad y capacidad de esa persona?”.
 
II. E L PARADIGMA ECLESIOLÓGICO - PASTORAL DE LA INCLUSIÓN Y SUS
TRES VIRTUDES
La posición de la Iglesia católica respecto a la comunidad LGTB+I se ha mostrado
en el nuevo Catecismo de la Iglesia católica, en el apartado dedicado al sexto
mandamiento (nn. 2331-2400) 18 y concretamente en los nn. 2358-2359. Allí se pide que
quienes tengan “tendencias homosexuales” sean acogidos/as con respecto, compasión
y sensibilidad, evitando “todo signo de discriminación”. Pero se describe la
homosexualidad como una “inclinación objetivamente desordenada”. Cuando una
mujer norteamericana, madre de un hijo gay de 14 años, escuchó este texto, exclamó:
“¡Una frase así puede destruir a mi hijo!”. Dejo, de momento, este segundo elemento
del Catecismo, para centrarme en las tres virtudes de la inclusión que el mismo Cate-
cismo propone: respeto, compasión y sensibilidad.
 
1. Respeto
Los cristianos LGTB merecen respeto porque han entrado por la puerta de la Vida en
el Espíritu, que es el bautismo, porque forman parte del pueblo de Dios y son miem-
bros de la Iglesia de pleno derecho (CICat, 1213). Se muestra respecto cuando:
 
a) Reconocimiento y visibilización
Se reconoce y visibiliza a la comunidad LGTB dentro del pueblo de Dios.
Se llama a esta comunidad por el nombre con que ella quiere ser denominada: LGTB+I
y se evita cualquier denominación que le resulte ofensiva. El cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago se dirige a ellos como “nuestros hermanos gay, nuestras hermanas lesbianas, nuestros hermanos transgénero”.
 
b) Tras la homofobia sufrida
Se les honra, tras el desprecio, la marginación e incluso homofobia sufrido: “Dios ha for-
mado el cuerpo dando más honor a los miembros que carecían de él para que no hu-
biera división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocuparan lo
mismo los unos de los otros” (1 Cor 12,24-25).
 
c) Agradecer los dones
Se agradece a Dios por los dones que a través de ellos nos concede: el don de su
perseverancia -a pesar de incomprensiones y humillaciones-, su capacidad de perdón
-a pesar de nuestras ofensas-, su entrega evangelizadora, su cua capacidades indivi-
duales, su santidad, su ministerialidad -pertenezcan al laicado, al ministerio ordenado
o a la vida consagrada. Los cristianos LGTB están llamados a la santidad y de seguro
que en tantos de ellos ha florecido 21 : los santos y santas gays, lesbianas o bisexuales:
¡eso puede apreciarse basándose en sus escritos, en lo que conocemos de sus vidas! Ser
gay o lesbiana no es pecado 22 .
 
d) No a la discriminación
Respetar el lugar de trabajo, el grupo al que se pertenece; y no dar lugar a la selección
basada en discriminación; lo cual no es ni humano ni evangélico.
 
2. Compasión
La lógica de la compasión brota de cuatro verbos: acercarse, escuchar, defender y
cuidar.
 
a) Acercarse
Acercarse: El papa Francisco- en la homilía a un grupo de nuevos cardenales en 2015-
les dijo: “lo que importa, sobre todo, es alcanzar a quienes están lejos, curar las heridas
de los enfermos, restaurar la familia de Dios. ¡Y esto es escandaloso para algunas per-
sonas!
 
b) Escuchar
Escuchar: si no preguntas, no escuchas; si no escuchas no conoces lo que está suce-
diendo en un hombre gay, a una mujer lesbiana a una persona trans-gender: cómo viven, qué experimentan, cuál es su experiencia de Dios, de Jesús, de la Iglesia, qué esperan, qué añoran, porqué rezan.
 
c) Defender
Defender: en más de 70 países las relaciones con el mismo sexo son un crimen; en 13
países el simple hecho de ser gay o bisexual es punible con la muerte; recordemos la
masacre en un club nocturno gay en Orlando el 2016. la Iglesia de Jesús tiene la obli-
gación moral absoluta moral de ponerse públicamente al lado de sus hermanos y her-
manas.
 
e) Cuidar
Cuidar: Sabemos de los no pocos intentos de suicidio en el grupo LGTB. El Cate-
cismo de la Iglesia católica que ha de ser evitado “cualquier signo de discriminación
injusta”, ayudando, defendiendo y cuidando.
 
3. Sensibilidad
Ser sensibles ante la comunidad ante la comunidad LGTB+I quiere decir dejarnos
afectar. El cardenal de Viena, Christoph Schönborn, cuenta que una pareja gay que él
conoció, transformó su modo de entender a la gente.
 
a) Cambiar el lenguaje oficial
La sensibilidad nos ha de llevar a cambiar nuestro lenguaje oficial. La afirmación del Cate-
cismo que afirma que la tendencia homosexual es “una inclinación objetivamente des-
ordenada” (CICat, 2358) 23 debe ser suprimida. Muchos cristianos LGTB se sienten he-
ridos por esta consideración, porque supone su condición sexual infecta todo lo que
aman y hacen. Se trata de una frase innecesariamente cruel.
 
b) Contra el maltrato de las minorías
Varios obispos durante el sínodo sobre la Familia pidieron la supresión de esta idea.
En 2016, un obispo australiano, Vincent Long Van Nguyen, dijo en una conferencia:
“No podemos hablar sobre la integridad de la creación, el amor universal e inclusivo de Dios,
mientras al mismo tiempo choquemos con las fuerzas de opresión en el maltrato de las mino-
rías raciales, mujeres y hombres homosexuales… No nos relacionamos con amor y compasión
con las personas gay o lesbianas cuando y añadimos que su sexualidad está intrínsecamente
desordenada”.
 
4. Respeto a la Comunidad cristiana y práctica de las virtudes: respeto,
compasión y sensibilidad
Si nos ponemos en la otra parte del puente -la de la comunidad humano-cristiana
LGTBI, también desde ahí pedimos respeto, compasión y sensibilidad hacia la comu-
nidad católica institucional.
 
En la Iglesia católica la jerarquía posee un inmenso poder institucional. Tienen el
poder de permitir o prohibir a los individuos recibir los sacramentos y otros. Pero tam-
bién la comunidad LGTBI tiene poderes. Los medios de comunicación occidentales
simpatizan más con esa comunidad que con la Iglesia católica. Se trata de un poder
“soft”. En la iglesia institucional es la jerarquía la que opera desde una posición de
poder.
 
Quienes pertenecen a la comunidad LGTBI son cristianos y en cuanto cristianos ha
de practicar las virtudes cristianas y principalmente el amor. Estas virtudes nos ayu-
dan a construir la comunidad. A pesar de haber sido maltratados estos cristianos de-
ben plantearse qué significa para ellos respeto, compasión y sensibilidad.
 
Nosotros creemos que los obispos tienen una autoridad que viene de los apóstoles,
creemos que el Espíritu Santo guía e inspira a la Iglesia. Su enseñanza merece que los
respetemos. En primer lugar, estamos llamados a escucharlos en todo lo que nos dicen,
no solo en asuntos sobre LGTBI. El episcopado habla con autoridad que le viene de
una larga tradición. Especialmente cuando nos hablan de tema de justicia social, lo
hacen como ninguna otra autoridad en el mundo. Escucharlos también en temas que
afectan a la comunidad LGTBI con respeto, considerar lo que dicen, orar y discernir es
importante.
 
Ante todo, la jerarquía merece respeto humano. No hay que desprestigiarlos di-
ciendo que están encerrados en sus “torres de marfil” porque nieguen el matrimonio
del mismo sexo. Uno puede no estar de acuerdo con ellos, pero ello no da derecho a
mofarse, a ridiculizarlos, a reírse de sus promesas de celibato, sus residencias, sus for-
mas de vestir -diciendo que son “afeminados”, “hipócritas”. No hay que perpetuar el
círculo del odio. En el corazón del cristianismo está el ser respetuosos.
 
CONCLUSIÓN
En la Iglesia católica nos sentimos sobresaltados. Estas dos últimas décadas nuestra
relación con la comunidad LGTB+I ha sido eludida, al menos oficialmente. Mientras
los grupos más tradicionales lo tienen claro: las uniones del mismo sexo son inmora-
les 24 ; los cristianos revisionistas ven en este tema una oportunidad para que la iglesia consagre las uniones del mismo sexo como testimonio de amor y fidelidad ante la pro-
miscuidad, el divorcio, el destrozo causado por determinadas experiencias sexuales 25 .
Hemos de continuar nuestro discernimiento teológico y una praxis pastoral desde
la verdad, la humildad y la búsqueda de nuevos caminos de encuentro y de comunión.
En este momento se nos pide “repensar la herencia recibida”. “Soñando lo imposi-
ble, llegaremos a lo imprevisible”. El Espíritu realizará su obra. Y viene muy bien con-
cluir esta reflexión con un texto extraído de la última exhortación apostólica del Papa
Francisco “Gaudete et Exultate” que nos dice:
 
“No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario,
porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. Depen-
der de él nos libera de las esclavitudes y nos lleva a reconocer nuestra propia dignidad” (GE,
32).
 
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