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Tres arqueros

 

Paz y bien. ¡Jesús resucitado!  ! יֵשׁוּעַ לתחייה

Espíritu: ayúdame a no decir tonterías.

 

Sabemos de tres escuelas para disparar al arco, tres modos de ser arquero de flechas. Loto Eterno, Tigres Rojos y Perro Estrella.

 

 

 

LOTO ETERNO

A los catorce años el futuro arquero hace su rito de iniciación. Participa en la comunidad de la meditación del arco. Aprende a meditar el tiro, a lo largo de nueve años irá aprendiendo las nueve disciplinas del disparo. Al cumplir veintitrés, recibirá de la comunidad un arco y una flecha. Pero antes hará las nueve disciplinas, una para cada año, que son: postura del cuerpo, postura de los brazos. Después un año de aquilatación, depuran escorias, y siguen estos tres: postura de las manos y de los ojos y otro año de refinamiento. En los tres últimos: la elección de la presa, la liberación de la flecha y más decantación, concentración final. El iniciado recibe entonces un sólo arco y una sola flecha que llevará siempre consigo. Durante nueve años tan sólo los ha imaginado, ahora ya los usa. Cuando sea el caso, hará un único disparo y acertará.

 

Presenta a su comunidad la presa flechada, los dos miembros de mayor edad separan el animal de la flecha, y devuelven esta al joven arquero, por si quisiera otro disparo.

 

 

 

PERRO ESTRELLA

Pronto se le regala al joven arquero un arco. Se le enseña el modo rápido de hacer o rehacer flechas. Durante un año va en compañía de otros arqueros mayores que él ―pero no aún cazadores― y disparan. No menos de quinientas flechas al día: tantas como son capaces de confeccionar o de recuperar. Disparan vulgarmente a todo lo que se menea. Puntería asombrosa a sus veinte años, todo lo que imaginábamos acerca de puntería nos queda ridículo. La caza escasea en el ecosistema de Perros Estrellas, diríamos que sus esfuerzos están recompensados pero de ningún modo con creces.

 

 

 

TIGRES ROJOS

Las tres escuelas están alejadas, no tenemos noticia de conocerse entre ellas. Pero de los tigres rojos parecería que toman elementos de las otras dos. A los catorce años el adolescente ―etimología: adolecer, carecer; suponemos de que capacidades y por tanto de compromisos, pero no para siempre― recibe de juguete arcos y flechas. Puede disparar solo o en grupo cuanto quiera, pero se debe a ocho visiones previas al lanzamiento. Cómo está mi cuerpo, uno: dos, cómo está mi hambre. Tres, a dónde disparo: agua, suelo, de frente o cielo. Cuatro, contra qué disparo. Cinco, a quién le apunto. Esta distinción entre a qué y a quién disparar es importante para Tigres Rojos; tardan, y cuando la aprenden reciben un arco adulto. Seis, cómo retirar flechas de las presas, siete cómo no disparar a otros arqueros ―fuego amigo diríamos― y la octava meditación consiste en algo como la nobleza del disparo: ahí ya sabe disparar de verdad.

 

 

* * *


Si a alguien le ha molestado, y porque lo ha entendido, que me lo diga y lo borro.

 

 

 

 

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