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que nos nos miren: ¡que nos admiren!

Vivimos en una sociedad de escaparates. Nos encanta fisgar y en cierta manera que nos fisguen. Copiamos ideas de los demás, les imitamos en lo que nos gusta, aprendemos valores y soñamos con sus ideales. Todo depende de los que muestres en tu escaparate: según seas o vistas o hables o charles tendrás más o menos seguidores, admiradores o - digámoslo sinceramente- fisgones.

La mayor desgracia hoy es vivir sin escaparate, o tenerlo simplemente abandonado. Es el momento en el que pasarás a engrosar la temible lista de los que nada tienen que decir, mostrar. Si no aportas nada que la gente quiera ver: a echar las persianas del cierre. No se trata de mostrar tu mercancía, estamos obligados a que esa mercancía sea atractiva, guste a los demás.

Por eso a veces es tan complicado vivir en sociedad. Requiere un esfuerzo por estar al día, por acatar los dictámenes de las modas de turno. "Hay que estar al día" nos repiten incansablemente aquellos que han decidido engrosar las listas de los que no quieren pensar por libre o decidirse a tirar la toalla en el ring del conformismo. También nosotros: la sociedad tiene ya decidido "nuestro" escaparate, cómo debe ser y comportarse un homosexual. No hay nada peor que salirse de la "norma" para sacar de las casillas a más de uno.

Y así el orgullo gay se convierte en escaparate de los 364 días en los que no somos así, en los que se vive entre las miradas compresivas de aquellos que, claro, se les escapa un: "pobres, son normales", o los que prefieren condenar antes de preguntar.

Pero nuestra historia es demasiado aburrida de esta manera. No podemos ser todos iguales. La vida la construyen los decididos a pensar por si mismos. Siempre habrá conformistas, siempre existirán parásitos que serán 'algo' a costa de confundirse con el resto. Pero si en algo hay que incidir no es en el simple "que te miren". Los valientes dan un paso más: que me admiren.

La vida es una oportunidad para que te admiren: por tu forma de ser, de trabajar, de ser buen amigo. Los chulitos de playa caducan en septiembre, los listillos de turno se desvanecen en los exámenes de mayo, los que tanto prometen mudan en cuanto toca arrimar el hombro. Por eso necesitamos, no escaparates, sino personas. A las que imitar, admirar, por las que dejarse sorprender. Sólo te enamoras del que admiras, lo demás no son amores sino simples gustos. Nos enamoramos de personas, no de fotos de chasts o cuerpos masacrados en gimnasios (bueno, de alguno quizás si)

La tarea es nuestra, de nadie más. Pueden seguir mirándonos como los amigos que todo el mundo dice tener, o a la manera de "a ver por dónde sale esta loca"... o podemos demostrar que tenemos algo que decir, una manera de vivir y afrontar la vida.

No seamos simples escaparates de mercancías varias que la vida va agrietando. El tiempo va poniendo cada cosa en su sitio, el ridículo mayor es querer detener su avance. Tú se de los que admiren, que merezca la pena estar contigo. Por tus palabras, por tu sinceridad, por tu dedicación, por tu discreción, por tu entrega.

Que no te miren: que te admiren!

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