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2012-09-17 A la memoria de Andrés

Andrés se nos ha ido y nos hemos quedado perplejos. Sin saber muy bien qué hacer, ni qué decir. De forma repentina, sin aviso, sin despedida. Perdónanos, si no hemos sabido estar más cerca de ti. Descansa en paz, Andrés. Goza del Amor de Dios para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

Unas palabras sobre Andrés
 
 
Conocí a Andrés en el movimiento 0’7%, en el que colaboraba como voluntario activamente. Un día lo encontré en el local de CRISMHOM y me contó que era gay y cristiano. Participaba también en actividades de San Egidio, como algún otro hermano nuestro.
 
Lo recuerdo con una sonrisa agradable y una mirada dulce y brillante, con un velado trasfondo de cansancio y tristeza. Participó en nuestro grupo de fe y vida. Cuando quiso ser socio, me pidió que fuera su padrino y acepté con gusto.
 
Más adelante vino a nuestra casa y me contó muchas cosas. Había sido religioso marista.



Algunos le recordaremos siempre con cariño y esperanza. Cariño, porque se lo ganó. Esperanza, porque Dios Padre y Madre lo habrá acogido en su casa definitiva.



Descansa en paz, Andrés. Goza del Amor de Dios para siempre.
 
 
Andrés nos despide con esta oración formada por fragmentos del evangelio de Juan como si él mismo se dirigiera a nosotros:
 
En la casa del Padre hay muchas estancias. Cuando Jesús nos prepare sitio, volverá y nos llevará con Él, para que donde está Él, estemos también nosotros.
 
Aunque la tristeza os inunde, os conviene que me vaya, porque así os enviaré el Espíritu Santo, el Consolador. Me quedan muchas cosas por deciros, pero no las entenderíais ahora. Será el Espíritu quien os las vaya diciendo, poco a poco, en el tiempo venidero.
 
La paz os dejo, mi paz os doy. No la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque Él es más que yo. Dentro de poco no me veréis y os lamentaréis, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría y nadie os la arrebatará.
 
Padre, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como Tú Padre en mí y yo en Ti. Para que sean completamente uno y el mundo sepa que fuiste Tú el que me enviaste y que los amas como a mí me amas. Padre, este es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy.
 
Amaos unos a otros como yo os he amado. El Padre no nos llama siervos sino amigos, porque todo nos lo ha dado a conocer. Como el Padre me envíó, os envío yo a vosotros. Y todo lo que pidáis en nombre del Padre se os concederá. Si me amáis, guardad la palabra del Padre y el Hijo y yo os amaré y haré morada con ellos en vosotros.
 
Esta es la vida eterna: que conozcáis al Padre y al que envió. Tú también me has dado a muchos y ellos han guardado tu palabra y han creído que tú me has enviado. Por vosotros ruego, por los que me dieron, porque son del Padre y todo lo del Padre es mío y lo mío del Padre.
 
En la casa del Padre hay muchas estancias. Cuando Jesús nos prepare sitio, volverá y nos llevará con Él, para que donde está Él, estemos también todos nosotros.
 
 

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