Blog de colaboradores

Domingo XIX del Tiempo Ordinario

Mt 14, 22-33

Me gustaría hoy tener en cuenta dos pequeñas frases del Evangelio: "pasó la noche a solas, orando" y "ánimo, soy yo, no temáis" 

Después de alimentar a un grupo grande de personas, Jesús se queda sólo: despide a la gente y a sus discípulos. Y busca la única compañía que le hace falta: el Padre. ¿Qué encontraría el Señor en la soledad, en lo alto del monte, a solas? 

Es sorprendente cómo el Señor busca esos momentos de continuo, el encuentro con Dios, con el Misterio y la fuente de la vida. Cuanto nos cuesta buscar y vivir esos momentos tan intensos de soledad y a la vez de comunión...

Pero unido a esa experiencia de encuentro con Dios, Jesús vive otra experiencia: se hace presente en mitad de la tormenta, de lo que amenaza a todo ser humano simbolizado en la oscuridad, el mar, la inseguridad de las aguas revueltas, el huracán. 

Hoy os invito a contemplar así a Jesús: el hombre lleno de Dios que se hace presente en mitad de nuestras oscuridades, y nos dice "no temáis, soy yo". 

Contemplar el Evangelio, hacer silencio interior y exterior, visualizar paso a paso este pasaje, dejarnos empapar y llenar por él. 

Acojámos al señor en nuestra vida.

Ángeles

"Ángeles" Hoy 2 de agosto es el día de Nuestra Señora de los Ángeles.

Hace 35 años este día se convirtio en una fecha especial en mi calendario personal. Siempre recibo regalos de la vida en este día. A veces son esas situaciones milagrosas de la cotidianidad y a veces es el regalo de la paz y el silencio. Estos segundos son los que más me molan.

Hoy vuelvo a agradecer a María, a los ángeles y a vosotros (aquellos otros caminantes) por este camino recorrido.

El tiempo no existe, el caminar es lo que marca el tiempo. Todos los días se toman decisiones y se construye la vida. 
Mis queridos/as peregrinos/as: que tengáis un bello día. Nos vemos en el camino! 

Domingo XVII del Tiempo Ordinario

Mt 13, 44-52.

Me encantan estas parábolas. 

Me identifico mucho con la parábola de la perla. Tal vez por mi alma de coleccionista.

Creo que el encuentro con Dios es esa gran perla preciosa.

Durante el confinamiento creo que eso fue lo que me salvó, a nivel humano y a nivel espiritual. Pero conforme se va abriendo la vida, y caminamos hacia la normalidad, donde la actividad y el encuentro pastoral va tomando más cuerpo en mi vida, voy teniendo más obstáculos y la dimensión de encuentro con el Señor va disminuyendo. Como si esa perla fuera disminuyendo de valor. Y, sin embargo, creo que es el gran valor de nuestra vida, de la vida. 

Efectivamente, hay otras perlas, pero creo que todas ellas dependen de la grande, la importante, el encuentro con el Señor. Y, por supuesto, muchos encuentros no llevan a ese Encuentro. Y muchos encuentros son un don, un regalo de ese gran Encuentro, para que por ellos, nos podamos. encontrar con Él.

 

Vivir hoy está parábola es descubrir esa gran perla, y poner todas las demás junto a ella: descubrir ese gran amor de Dios para orientar todo el sentido de nuestra vida desde ese gran amor. Vivir unidos a esa gran perla.

Miércoles XVI del Tiempo Ordinario: Santa María Magdalena.

Jn 20, 1-2. 11-18

Creo que es uno de los pasajes más bellos de la Escritura. Podríamos ir frase tras frase, y creo que cada una de ellas tiene algo que decirnos. 

Pero para contemplar hoy podríamos quedarnos en dos ideas. 

María va buscando un cuerpo muerto rota por el dolor: Aquel a quien quiere ha sido cruelmente torturado y muerto. Sólo  queda el recuerdo, y hacer lo que se hace por los muertos: en este caso, limpiar su cuerpo, su sepultura, y tal vez hasta ponerle flores. Rota por el dolor. Hasta el punto de no extrañarse de por qué el cadáver no está ahí, de ver unos ángeles, o de quién ha movido la roca de la entrada del sepulcro. Rota por el dolor porque ama intensamente a Aquel que sin condiciones la ha amado y sanado. Y este ha sido ejecutado. 

Ni tan siquiera le descubre cuando alguien le pregunta porqué llora; ahora bien cuando se la llama por su nombre de una forma muy especial,  donde indica que es muy muy conocida por quien la llama, es cuando cae en la cuenta de quién es Aquel que está delante de ella.

Sentirnos hoy llamados por nuestro nombre de esa forma tan especial. Sentir ese amor que derrama el Amante y Amado; sentir que ese Alguien es muy especial en toda nuestra vida. Porque Él nos ha amado, como a María Magdalena, sin condiciones. 

Vivir amados en definitiva, igual que esta mujer. Amados y amando.

Martes XVI del Tiempo Ordinario

Mt 12, 46-50

Aparentemente, parece que Jesús desprecia a su Madre y parientes. Pero creo que la cosa va más allá. 

Lo que realmente hace el Señor es ampliar su círculo familiar (cuántas veces nos sentimos más cercanos a amigos que a familiares de sangre).

Por ello hoy al contemplar este pasaje evangélico la convocatoria es a sentirnos miembros de esa familia ampliada de Jesús. Él no se cierra a un parentesco de sangre, sino que se abre a una mayor universalidad. 

Sentirnos hoy miembros de esa gran familia, y como miembros de ella abiertos a su cariño. 

El círculo familiar, de amigos, de íntimos tiene una clara señal de identidad: el cariño. Uno es de ese círculo porque el amor fluye y habita en él. Hoy se nos pide sentirnos amados por Él. Miembros de ese grupo por ser amados sin condiciones. 
Contemplar a Dios como Aquel que desea hacer del mundo una sola gran familia, unidos y habitados por el amor. Unidos y habitados por el Espíritu.

Y además, es Él quién da el primer paso: nos convoca a sentirnos amados, porque lo somos.

Lunes XVI del Tiempo Ordinario

Mt 12, 38-42

Parece una lectura difícil, pero creo que el Señor hoy nos pide que volvamos los ojos a Él. 

Ante la petición de los fariseos, "queremos ver un milagro", se mantiene la oferta de Jesús: aquí hay uno mucho mayor que Salomón o Jonás. 

¿Qué hicieron los habitantes de Ninive o la reina de Saba? Escuchar la Palabra, y dejar que obrara en ellos, vivir la conversión. 

¿A qué nos invita hoy a nosotros esa Palabra? A escuchar, a dejar que actúe en nosotros, a contemplar al Señor, que es mucho más que aquel rey o aquel profeta. 

Escuchar y contemplar, escuchar y contemplar. 

Descubramos un día más a nuestro Señor, escuchemosle, dejemosnos llenar por Él.

Sobre nuestra mirada al mundo en medio de la pandemia

¿Castigo, silencio de Dios? La proyección de futuro es incierta pero es preciso hacer alguna. Situación nueva y global.

¿Qué veo cuando miro el mundo ahora en la pandemia? ¿Quiero mirar? No vemos las cosas como son, sino como somos. Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. ¿Ha cambiado el confinamiento mi mirada?

  • Las gafas de la alegría: ¿es posible vivir la alegría? Mirar con las gafas de la alegría, aunque parezca que la situación no deja espacio para ello.
  • Las gafas de la bondad: ¿aprendí? ¿Saqué consecuencias? Ojos que ven cosas malas pero las dan la vuelta y sacan lo mejor. Miradas que traspasan las apariencias.
  • Las gafas de la esperanza: miran y ven que lo mejor está por llegar, confían y creen que cada día es nuevo y nos sorprende.
  • Las gafas que ven todo negro (opacas): conviene esconderlas y olvidar dónde están para no usarlas. Frases que no ayudan: “cualquier tiempo pasado fue mejor” (Jorge Manrique), “siempre se ha hecho así”.
  • Las gafas de Jesús: miraba de cerca, se aproximaba, tocaba y se dejaba tocar, se juntaba con lo peor de la sociedad.

Sobre la mirada:

  • Nuestra mirada contemplativa: para dejarse afectar, impactar, golpear. ¿Cuál es mi granito de arena? ¿Cómo me comprometo y actúo? No podemos estar en todas las batallas. No importa que sea mucho o poco, sino algo sobre lo que hayamos hecho una elección (e.g. quedarnos en casa, llevar mascarilla, aplaudir a las 20h, seguir las recomendaciones del gobierno, estar suficientemente informado, llamar a amigos y familiares, abierto a ayudar económicamente o a través de voluntariado).
  • La mirada transforma: ¿cómo miramos al extranjero, al extraño, a lo diverso? ¿Cómo acogemos y hacemos hospitalidad?
  • Dios contemplando al mundo que sale de sus manos, se enamora de él. Y lo abraza enviando a su Hijo.
  • ¿Cómo nos afecta? ¿Qué nos mueve? ¿Cuál es nuestro grano de arena?
  • La diversidad es una riqueza y no una amenaza.
  • ¿Cómo es nuestra mirada al mundo? Necesitamos la mirada de Jesús para intuir y discernir nuevas respuestas.
  • Sumarnos para buscar con otros y otras, abiertos a la novedad. Hay muchos escenarios y muchas formas para colaborar.

Surgen necesidades espirituales, más solidaridad, clases de religión. Necesitamos besos y abrazos y no los podemos dar. Los duelos de las personas fallecidas con muertes sin muertos, donde no ha podido haber despedidas, son doblemente severos. Se puede vivir con menos, con menos prejuicios, con más complicidad y responsabilidad, se pueden organizar las cosas mejor. El valor de la cotidianeidad, el compromiso, la valentía. Hacer silencio interior en medio de una dinámica de trabajo constante. Nos enfrentamos a Dios porque nos pone al límite.

En este contexto, no nos juzguemos por lo que hicimos o dejamos de hacer: tendría que haber dicho, hecho … Cada uno reaccionamos como podemos, no como quisimos. No sabemos. A veces nos sentimos con el corazón duro, puede ser una defensa. Hemos hecho lo que hemos podido.

¿Qué nos deja esta situación?

Soy periodista y consumo muchas noticias. He tenido que limitar mi consumo de ellas, porque no lo soportaba. La gestión política me ha dejado hundida. Mis gafas más necesarias son las de la esperanza. Me cuesta mucho leer algunas noticias, declaraciones. No acierto a saber qué puedo aportar. ¿Saldremos mejores? Quizá algunos no. Se han puesto las cartas encima de la mesa y me horroriza. Querría salir y mi mejor contribución es quedarme pacientemente en casa.

Miércoles XIII del Tiempo Ordinario: Jesús se acerca y nos salva

Mt 8, 28-34

Llegó Jesús a la otra orilla ... Me sorprende este pasaje: parece que el Señor se doblega ante la petición de unos espíritus inmundos. O al menos habla con ellos. 

Es sorprendente ver cómo Jesús escucha y acoge a unos marginados de su tiempo: unos endemoniados (locos agresivos) que viven entre las tumbas, muy cerca de una piara de cerdos (animal despreciable para los judíos), al otro lado del mar de Galilea (lugar poco correcto de la fe judía).

Todo nos presenta a un Señor atrevido que se acerca a la pobreza humana. Y cuando lo hace, realiza una acción para salvar a unas personas.

No efectúa un comentario doctrinal correcto, ni regaña a esta pobre gente, ni les da consejos, sino que realiza una acción salvífica para estos endemoniados. Cuando Dios actúa, y lo hace mucho, siempre es para salvar.

Contemplar hoy este Evangelio es contemplar a este Dios que salva, que se acerca a cualquier orilla, a cualquier lugar, y obra siempre salvando.

Muy lejos de dogmatismos y posturas morales intransigentes, Jesús trae la salvación y la liberación de todo aquello que hace infeliz al ser humano. 

Contemplar al Señor, pedirle que se me acerque a mis orillas, a ni persona, sentirme tranquilo y en paz con Él, dejarle que me salve. 

Domingo XIII del Tiempo Ordinario: la fe, vertebradora de nuestra vida

Mt 10, 37-42.

La fe no es una prenda de vestir que me pongo, ni algo externo a mí.

La fe "funciona" igual que cuando descubrimos a alguien y nos enamoramos de esa persona, está pasa a formar parte de nuestra vida. 

La fe no es algo exterior, sino que nos cala hondo, y es algo nuestro, porque el Señor Jesús no es una ideología, ni unas ideas que nos convencen. Es Alguien que pasa a formar parte de nuestro yo. 

Así se puede entender hoy el Evangelio. No como algo que contrapone nuestra vida con nuestra fe, sino que esta nos cala tanto, que empapa todo lo que sentimos; no hay en nosotros departamentos estancos, sino que todo está impregnado por nuestra relación con el Señor. No es posible decir que queremos más a alguien que al Señor, sino que nuestro encuentro con Él orienta y da identidad a nuestra vida, y todo tiene "su color". Dios que es Amor, llena de amor todo nuestro ser, y, por supuesto, da identidad a nuestras relaciones familiares y sociales. 

Contemplar hoy el Evangelio no es pensar a quien queremos más, sino sentir que nuestra relación con Dios inunda toda nuestra vida y nuestra persona, y así en todo vivimos unidos con Él, hasta haciendo insignificante (dar un vaso de agua), estamos unidos con Él. 

Qué vivamos hoy el Evangelio sintiendo que nos convoca a estar unidos con el Señor.

Martes XI del Tiempo Ordinario

Mt 5, 43-48

"Amad, sed hijos, sed como vuestro Padre Celestial..." 

En pocas palabras, Jesús ha presentado claramente quién es Él, y nos presenta la vocación a la que somos todos llamados. 

Jesús es la persona que más plenamente ha vivido y vive el amor. Morirá perdonando a los que le ajustician y le agreden, le escupen, escarnian, e insultan. Su vida entera es de amor y perdón. No sólo en la cruz. Vida completa entregada.

Vive plenamente ser hijo de Dios, y siente a Dios como Padre que le ama intensamente. 

Hoy se nos llama a contemplar al Hijo, a Jesús, a saborear internamente como es Él, como es su vida, y a caer en la cuenta de que somos llamados a ser semejantes a Él. Aquí en la tierra, algún día en el cielo. Pero comenzamos ya a vivir nuestra gran vocación. Vivir como hijos, sentir al Padre todo  Amor y Bondad, ir siendo como Él. La perfección no es la falta de error. Es el Amor sin medida. Ser como el Padre.

Contemplar para acercarnos a Él, llevarle a nuestro interior, unirnos a Él, vivir con Él, ir siendo como Él.