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Disponiéndose para el encuentro con Dios

San Juan de la Cruz dice que Dios dispone todas las cosas con suavidad. Dios actúa atrayendo, invitando. Somos invitados. Esto es una buena clave para saber lo que viene de Dios. Cuando nos vemos forzados, acorralados u obligados no parece que esa sea la forma en la que Dios se acerca. Dios trabaja sobre nuestros deseos y nos pregunta ¿quieres? Ignacio de Loyola dice en el libro de los ejercicios que el encuentro de Dios en la consolación es como una gota de agua que cae sobre una esponja (cae sin hacer ruido y va calando). La desolación es ruidosa, como una gota que cae sobre una piedra y salpica. Dios mueve todas las cosas al modo de ellas, dice San Juan de la Cruz: Dios nos lleva según somos cada uno, según nos conviene, cada uno a su modo, a su paso. Dios no es de masas sino de tú a tú. Lo que es bueno para el vecino no necesariamente lo es para mí, no es necesario que nos comparemos. Dios se acomoda a cada alma, a cada persona. Se las apaña para entrar y acomodarse según le conviene a cada persona, con la humildad del amor. No hay que preocuparse, llegamos a ejercicios como llegamos, no importa que este no sea quizá nuestro mejor momento.

No MÁS ....

"Aleluya" es un concepto queer / circo sobre la religión y la importancia de elegir la bondad independientemente de nuestras diferencias o creencias. La religión es un tema difícil para muchos en la comunidad LGBTQ, y esta pieza es un reflejo de la lucha y el rechazo que a menudo sentimos. Cuenta la historia de un individuo preocupado por el odio en el mundo y su compañero que está luchando para levantarlo, para recordarle que es hermoso exactamente cómo es. Mi mensaje es que la religión debe inspirar más amabilidad y brazos abiertos, incluso hacia aquellos que no entiendas.
Mi objetivo es crear arte que inspire un mundo más amable para la comunidad queer desafiando las normas sociales, planteando preguntas y comenzando conversaciones.

Una película de MATTHEW RICHARDSON 

En el Camino ...

 Un regalo de Gracia, un regalo de Vida, es el Camino a Santiago de Compostela.

He escuchado mucho de ese camino, y leído, durante décadas, pero mi devoción no tiene tintes de peregrinación a lugares terrestres, a pesar que he realizado varios.

Mi espiritualidad es la peregrinación interna, hacia las alturas.

Un regalo de Gracia que recibí en esta Pascua 2019 me puso en el camino de Santiago.

Ya realizado el Camino solo puedo estar agradecido.

Ya realizado el Camino solo he podido comprobar que transforma ontológicamente.

Ya realizado el Camino solo puedo decir que se toca el cielo caminándolo y estando de pie frente a los restos del Testigo, Amigo y Santo Varón... san Yago de Compostela.

Dios cumple su palabra

 Hace mucho tiempo que al mirar las estrellas del cielo, recuerdo que Dios cumple su palabra, a veces de forma extraña y nueva.
Pasada esta Semana Santa donde la figura de Jesús lo abarca todo, quiero regresar a las figuras olvidadas que precedieron a Jesús. Creo en Jesús como Hijo, parte de la Trinidad, como sujeto histórico y carnal, que trajo una nueva visión de la palabra de Dios, y como Maestro y Señor. Pero en mi día a día, también la figura de los antiguos profetas, me ayudan a comprender más a mi Dios desconocido.
Soy un peregrino en esta tierra y si bien la Misericordia de Dios expresada en su Hijo Jesús, es el modo que debo caminar en la fe, el camino me lo marcan también las estrellas. Las estrellas son esos hombres y mujeres que se relacionaron con Dios sabiendo que su multiplicidad no puede ser abarcada por el conocimiento sino por la recta intención del corazón, y aun esto sigue siendo un conocimiento mínimo.
No se toma en el cristianismo la importancia debida para la humanidad de aquellxs que precedieron a Jesús. Nuestros hermanos judíos y musulmanes lo tienen más claro. 
Abraham fue el primer ser en la historia de la humanidad que creyó en un Dios Uno. Esto en la historia del pensamiento y de la espiritualidad humana, es "EL SALTO" más significativo que se haya podido dar. El "hombre" no comprende la unidad de las cosas, su intelecto va en contra de ello, no puede abarcar la idea.
Y recordemos que si bien se considera a Abraham "el padre", no fue el primero en conocer al Dios uno. Ya antes estuvo Noé, a su manera. 
Pero vuelvo a Abraham. Él creyó sobre toda posibilidad, dejo todo y siguió la palabra de este Dios desconocido en su entorno. Creyó y dudo en esa palabra y sintió la desesperación de la fe, y hasta el regateo, en su relación con este Dios Uno. Muchxs otrxs profetas vinieron después y hay un libro de cada unx en la biblia contando sus historias de relación con Dios. Mucho antes de la existencia de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, los grandes doctores místicos y cristianos de la vida espiritual.
Pero todxs dicen lo mismo: escuchar en la interioridad; cumplir con lo escuchado cueste lo que cueste; dejar todo y salir a caminar sin saber donde; confiar; sacrificar; llorar; soportar la prueba; soportar la ceguera y la duda; soportar que te cambie el "nombre" haciendote un hombre nuevo; amar todo el tiempo de la mejor manera que salga de nuestra miseria; hablar todo el tiempo con Dios; preguntarle hasta la saciedad; soportar el peso de la respuesta cuando llegue; ser feliz en el camino y glorificar a Dios y solo a Él ante cada letra cumplida de su promesa; llevar a otr@s a conocerlo y a seguirlo; servir; trabajar y solo descansar en Él.
Dios le dijo a Abraham en su encuentro: "Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia."
Hace un tiempo en mi vida miré el cielo y vi las estrellas. Ese día se me regalo, para que recuerde el resto de mi vida, la comprensión del cumplimiento de las promesas de Dios. Ese día comprendí que yo, a más de 3500 años de distancia, en otro continente del de su nacimiento, de una nacionalidad diferente, de una "religión" diferente, era una estrella en ese cielo. Comprendí que soy un descendiente de Abraham y que en mi, como en mis hermanxs cristianos, esa promesa de Dios dada a un hombre se había cumplido.

El Banquete del Cielo.

 Si algo he aprendido de estas décadas de caminar en la fe, es que Todo se cumple.
Más temprano o más tarde.

De forma literal o con sentido nuevo.

Con carga ligera o con pesada cruz.

Todo se cumple.
Hemos comenzado la semana santa y con ella la posibilidad que aceptemos morir y resucitar con Él.
Si no aceptamos, mañana Él volverá a golpear la puerta.
Y si mañana no aceptamos, golpeará al siguiente día y al siguiente y al otro y al otro, en un ciclo sin fin.
Porque está VIVO y Jesús nos quiere consigo, compartiendo el banquete del cielo.

Muchas cosas ... Mucha Vida

 En los últimos tiempos no puedo estar más que agradecido.

 He tenido la fortuna de regresar nuevamente, luego de 5 años de mi retiro espiritual,  al Monasterio de san Isidro de Dueñas en Palencia.

Regresar al silencio es uno de los regalos más hermosos que me hace mi Dios siendo mi vida un espacio donde la palabra es tan importante. Disfruto cada decima de segundo y mi naturaleza exulta.

Es curioso comprobar cómo mi cuerpo calla en los primeros segundos de una forma natural. A mi mente - emoción le cuesta un pelin más (un minuto y poco). Pero es mi alma la que late fuertemente al ritmo de ese silencio de Dios desde el momento cero. Cuando todo mi ser se alinea...  el mundo desaparece y la presencia del cielo lo llena todo.

 También he tenido la posibilidad de visitar el Monasterio La Cartuja en Granada. Regresar a un recinto de la orden de mi san Bruno volvió a movilizar todo mi ser. No solo de recuerdos en mi paso por esa orden sino con la belleza del propio monasterio con una mezcla de simplicidad y ostentación celestial en sus pinturas y frescos. ¡Sublime!

 

 

 Y ya más cercano: mi cumpleaños. Día de celebración, día de Amor. Donde mi Cristo ha estado presente, con su sonrisa cada segundo, viendo como su "niño" se sorprendía, y se dejaba sorprender, a cada paso y lo glorificaba. 

No alcanza el tiempo de esta vida para ver esa sonrisa divina en tan bello rostro. 

María, la del Fiat.

 Hola María:

Hoy te recuerdo como esa niña de 15 años que permitió que llegara "mi" Jesusito a este mundo y que Él me llevara al Padre.

Recuerdo la primera vez que leí sobre la Anunciación, y eso que ya han pasado cuatro décadas, y parece que fue ayer.

Ya sabes que tu presencia es solo un detalle en algunas creencias cristianas y yo me encontraba en una no católica.. Pero si bien pregunté y no recibí instrucción, sabes que esa imagen quedó grabada en mí hasta que pudiera comprenderla. Ya luego de mi primera conversión el adviento fue mi periodo hasta los 30 años, hasta que el misterio de cuaresma caló hondo y se convirtió en "el tiempo" litúrgico de mi vida. Pero no por eso has dejado de alimentarme.

Cambiaste, de niña a Madre Dolorosa, pero la niña aun me sigue hablando.
Ya pasados los años de infancia donde la imagen de Gabriel, tanto como la tuya, se disfrazaba en ensoñaciones, de alas angélicas exuberantes y luces brillantes de efectos especiales en vuestro ENCUENTRO, me fuiste mostrando con la madurez de la vida que un ENCUENTRO con la voluntad de Dios es de lo más simple. Y un encuentro con su mensajero, también.

Me has enseñado que cualquier herman@, con plumas o sin ellas, es el transmisor de la voluntad de mi Padre. Me has enseñado que sentiré temor al escucharla pero que inmediatamente ese temor desaparecerá si me abro a la confianza en Dios y pago el precio de cumplir, en acto, SU voluntad.
Tu tenias 15 años y vino un tío a decirte que serías madre soltera en una sociedad que, seguro, te mataría con piedras, donde serías repudiada por tus padres, donde todo tu entorno te señalaría con el dedo, perderias la seguridad del status quo, donde tu prometido sería el primero que te dejara sola, donde tu vida, tu cuerpo, tu mente y tu espiritualidad cambiaría. Donde esa voluntad nueva de TU Dios desdecia, no solo todo el orden social establecido, sino también SUS propias leyes anteriormente pronunciadas. ¿Te pareció contradictorio?

Pues seguro que si, ni siquiera conocías varón.

¿Te pusiste a pensar en tu zona de confort con todo lo que ya conocías de Dios y de la ley de los hombres y te propusiste seguir como estabas?

Pues no. Apostaste por el Dios desconocido, el Dios del misterio que siempre se revela nuevo, por el Dios que te pedía que cambies tu forma reglada de vivir para llegar a ser libre y que pagaras el costo, con su auxilio, de todo lo que debías afrontar para llevar su voluntad nueva a buen puerto.

¿Lo entendiste acaso intelectualmente? No.

Lo entendiste con el corazón, confiando, ampliando tu capacidad de AMAR, ampliando tu capacidad de DAR y DARTE. Primero a ÉL, luego a el fruto de tu "SI, Hágase" y, acto seguido, a todos los frutos que venimos después, Madre Mía. 
Por eso estoy profundamente agradecido.

Porque comprendiste desde el corazón. No intelectualizaste lo irracional, no te quedaste en tu sitio, sino que avanzaste a un nuevo mundo desconocido donde me diste VIDA. Y donde yo intento, a duras penas, seguir ese ejemplo de aceptación irracional del misterio de Dios en mi vida (porque reconocerás que me diste VIDA pero que no saqué tus genes).
Gracias Madre por tu constante ejemplo de una grandeza, a la que sé, que nunca llegaré pero bajo la cual sé que puedo cobijarme.

Tuyo SIEMPRE.

Norberto

El vencimiento último

 Afortunadamente no seremos juzgados por los conocimientos ni por los rituales religiosos  sino por haber vivido o no la compasión, la ternura, la misericordia y la solidaridad con nosotros mismos, en primer lugar, y con aquellxs que están a nuestro lado.. 

Todo se juega en este momento. 
El vencimiento último, la cita con lo eterno, ¡es hoy!.

20 años de amor

 Hoy  9 de marzo quiero revivirr con gozo el recuerdo de otro 9 de marzo de otra Cuaresma en el año 1999.

Ese día, hace 20 años, ingresé en el monasterio Nuestra Señora de los Ángeles de la orden O.C.S.O.(Ordo Cisterciensis Strictioris Observantiae, Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, llamados Trapenses) en la localidad de Azul, Argentina. Esa noche ya, comenzó el camino que me convirtió en el HERMANO CRISTIANO ( mi nombre religioso).

Una entrada en la vida religiosa que hizo que esa cuaresma comenzara 6 meses antes de esa fecha, donde dejé padre, madre, hermanos, hermanas, amig@s, bienes, fama, gloria, al mundo y todo lo que había y tenía en el. Una decisión de la que nunca me arrepentí como tampoco me arrepentí, aunque tarde un poco más en comprender, de abandonarlo años después. Ambas decisiones cumplieron con la voluntad de Dios, lo único importante. Pero solo Él sabe lo feliz que fue mi alma en ese tiempo. Pero no dejé el claustro ni la cuaresma de ese día, solo amplié mi celda y así, hoy, mi claustro es el mundo y mi vida una cuaresma de conversión para volver a vivir, pero ya en otra vida, la felicidad que viví en esos años.

Nunca olvidaré esa tarde noche, bajando de la camioneta que trasladaba a los visitantes desde la estación de bus hasta el monasterio en un viaje de 30 minutos. Allí estaba yo, lo había dejado todo por una llamada de lo más loca, de lo más irrisoria, de lo más doliente y de lo más liberadora. Lo dejé todo por Dios y no fue la primera vez y no fue la última. Solo que cada vez ese TODO es diferente. Minutos antes de bajar de la camioneta, yo me había mantenido en silencio, un huésped (como yo lo fui tantas veces) me dio conversación. Más bien me pidió que le escuchara sus expectativas, deseos y necesidades que proyectaba en el retiro espiritual de casi 3 días que estaba por comenzar. Cuando al fin le escuché me preguntó por mi y simplemente le dije que hacia mi ingreso. Me miro como si hubiera visto a JESÚS mismo y, titubeante pero decidido, saco de su cuello una cadena y me regalo su colgante. Me dijo que tenía un gran valor para él y que quería que esa medalla y todo el valor que para él tenía, me acompañara en esta nueva etapa que comenzaba en mi vida. Esa medalla era El Cristo de San Damiano, el mismo Cristo que le dijo a mi Francisco de Asís, "Reconstruye mi iglesia". El Cristo del santo que me llevo a mi primera conversión 13 años antes. No pude decir nada pero mis ojos comenzaron a llenarse de amor. Amor a ese niño que también ese día se desprendía de algo que amaba, amor a mi Francisco por decirme que nuevamente me acompañaba en el camino de vuelta hacia mi Dios y AMOR a mi Dios por crear tanta luz en sus hij@s y entre sus hij@s.

Baje de esa camioneta para entrar por la puerta de la hospedería que tantas veces había cruzado pero que nunca más volvería a cruzar como un simple huésped. Me fume el último cigarrillo mientras miraba el camino que se perdía en arboledas y que llevaba a la ruta que conducía a la ciudad. Miré la luna llena y las estrellas tan claras, pensé en mi madre, en mi padre, en mis hermanos (en uno en particular que fue el único que llego corriendo para despedirme en el bus que me llevaba al monasterio), pensé en mis sobrin@s que volvía a dejar y otra vez por Dios, pensé en mis ex novias y en mi ex novio, pensé en mis pacientes, en mis compañer@s, pensé en amig@s, pensé en todo lo que ya no haría y en lo que ya no iba a tener. Me despedí por dentro de ell@s, como lo hiciera en esos 6 meses previos por fuera, pedí por cada un@, acabe mi cigarrillo y me metí dentro de la hospedería.

Llegamos después de haber acabado las Completas por lo que todo el monasterio estaba en semi oscuridad, solo en los pasillos estaban esas luces que iluminan el suelo. Para mi sorpresa me recordaron que ya no era un huésped, como a partir de ese momento no sería otras cosas, sino un postulante y debía dormir en un ala diferente del monasterio que no conocía hasta ese momento y que estaba reservado a las visitas de familiares y a los visitantes especiales. Solo por esa noche ya que a la mañana siguiente ocuparía mi celda en el dormitorio común (este monasterio fue construido antes del Concilio Vaticano II y por ende aun se construían los monasterios de esta orden con los planos originales del siglo XII y la reforma a la Orden efectuada 301 años antes del Concilio). Ingresé sigilosamente al ala del monasterio, por su pasillo en semi oscuridad donde se distribuían 6 dormitorios para visitas especiales, y cogí el que me indicaron. Deje mi pequeña maleta con todo lo que poseía en el mundo dentro del armario. Miré por la ventana que daba a ese camino que minutos antes había estado contemplando y cuando ya no se escuchaba nada más que el silencio, necesité ir a saludar al Santísimo, Ir a ver a ESE que me había seducido y por el cual todo en mí era un sentimiento de pérdida. Y rápido, porque las lágrimas ya comenzaban a brotar. Así que me dirigí, sin apagar la luz, hacia la puerta, y cuando la abrí, gracias a la luz, vi la imagen de un santo justo enfrente de mi habitación, en un pequeño rincón. No podía creerlo. Encendí la luz del pasillo porque estaba seguro que mis ojos me engañaban y necesitaba ver mejor lo que al entrar no había reparado.

Esa imagen era de Francisco de Asís y , simplemente, rompí a llorar de gozo.

Hoy dejo aparcada la cuaresma. Lloro en el recuerdo y regreso a esa cuaresma de 1999 solamente para gozar en Dios y alabar su Misericordia. Hoy, el aún Hermano Cristiano, te dice:

ALABADO SEAS MI SEÑOR CON TODAS TUS CRIATURAS

Solamente un árbol....

 El año, en mi vida, ha comenzado con maravillosos frutos.

El día de ayer llegó, a mí, Jeremías con estas palabras: "Bendito el SER HUMANO que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto".

Creo firmemente en ello y he aprendido, a base de la conversión continua, que mi responsabilidad radica en hacer crecer las raíces hacia la corriente.

De los frutos se encarga Él.