2020-03-01 “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”

1º Domingo de Cuaresma

Con este pasaje de las tentaciones de Jesús en el desierto, Mateo está recordando la etapa fundamental del pueblo de Israel, cuando Dios lo sacó de Egipto y lo condujo por el desierto durante cuarenta años. Jesús, como Moisés en Éxodo 24, 18, permanece cuarenta días por el desierto. Jesús aparece como un verdadero israelita que enfrentó tres clases de tentaciones comunes al pueblo de Israel durante su travesía en el desierto, hecho que los judíos recuerdan en su oración cotidiana llamada el Shemá: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas», que se encuentra en el libro del Deuteronomio 6, 4-5. Con la oración del Shemá el judío le pide a Dios la capacidad para amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

Jesús, para conectarse con un público judío, resume aquí las muchas tentaciones del diablo durante esos cuarenta días. Mateo indica las maneras específicas que el tentador emplea para debilitar la misión de Jesús. Las tres tentaciones recuerdan otros tantos momentos de prueba en el camino de Israel por el desierto: la petición del pan (Ex 16), la del agua (Ex 17) y el culto a los ídolos (Ex 32).

La primera tentaciónes la propuesta diabólica de aprovecharse del hecho de ser Hijo de Dios y resolver el problema de las necesidades vitales con abundancia de alimento, transformando las piedras del desierto en pan. Esta primera tentación refleja el clima apocalíptico de la época. Se esperaba un mesías que fuera a cambiar rápidamente la situación de pobreza por abundancia, sin ningún esfuerzo del pueblo. Sin embargo, según Jesús, la abundancia de pan no será una manifestación de poder, sino de la solidaridad fraterna, la comunión y la gratuidad de Dios. Jesús responde al diablo citando Dt 8,3: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" . Jesús recurre a la Escritura como alimento, y toda palabra que sale de la boca de Dios (Jesús es la Palabra de Dios, nos dice Juan 1, 1) será el alimento del hombre que le ayudará a superar la tentación.

En la segunda tentaciónJesús es tentado a acumular gloria, usar su poder y poner en duda su confianza en la protección de Dios. El diablo cita el Salmo 91, 11-12, donde Dios promete que va a amparar al justo. Como respuesta, Jesús cita Dt 6,16 y muestra que usar el proyecto de Dios para exaltarse ante los otros es lo mismo que tentar a Dios. La segunda tentación dejó muy claro el sueño político del pueblo judío de un mesías triunfalista. Era una idea de grandeza y poderío que estaba muy presente en la vida del pueblo. Jesús no participó de esta idea. Fue una contradicción para muchos judíos. El poder lo ha adquirido Jesús de otra manera; en vez de postrarse y adorar al mal, ha entregado su propia vida por amor a la humanidad y haciendo el bien.

La tercera tentaciónes la tentación del poder: revela lo que está en juego en la historia y en la proclamación del Reino. El diablo ofrece a Jesús el poder sobre "todos los reinos del mundo" y la gloria humana -a cambio de renunciar a su filiación divina-, y así confundir su mesianismo con el poder religioso y temporal. Tentación también de la comunidad cristiana: entender el servicio como un poder de dominación. Se trata de una perversión que nos amenaza continuamente. Jesús, desasido de sí mismo, evita esa tentación honrando y adorando sólo a su Padre Dios.

El evangelista por tanto está hablando en categorías reconocidas de reflexión espiritual diaria para los creyentes de todas las épocas. Con la vista puesta en Deuteronomio y en la historia del éxodo del pueblo de Israel, Mateo nos sugiere así una forma de lucha contra la tentación, la Palabra de Dios: Leerla, meditarla, orarla, hacerla nuestra, incorporarla a nuestro sentir y a nuestra forma de comprender el mundo y la vida: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas».

Hemos comenzado la Cuaresma, que significa cuarenta días. Los cuarenta díasde Jesús en el desierto tienen un sentido teológico. ¿Por qué cuarenta días? Cuarenta es un número simbólico en la Biblia. Cuarenta días o cuarenta años es el tiempo suficiente para que algo nuevo pueda germinar, es decir, tras las tentaciones se espera un cambio. En la Biblia Dios siempre quiere llevarnos a la liberación, nunca esclavizarnos, pero también deja que nosotros escojamos el camino. Los cuarenta años de penurias de los israelitas en el desierto fueron una prueba antes de entrar en la tierra de la promesa a través del Jordán (Josué, 3-4). En cierta manera, era un tiempo de preparación. En su forma condensada, los cuarenta días de Jesús en el desierto preparan la iniciación del nuevo Pueblo de Dios junto al Jordán. Nosotros también a veces nos encontramos en el desierto, y el desierto es momento de iniciación, de encuentro con nosotros mismos y oportunidad de cambio.

Pidamos a Dios en esta Cuaresma que nos dé la gracia de amarle con todos y cada uno de nuestros pensamientos, con todas y cada una de nuestras acciones. Pidámosle que no nos deje caer en tentación y nos libre del mal.

                                                                                                                              

Evangelio según san Mateo (4, 1–11) En aquel tiempo Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.